¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 151

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Lin Yunting sonrió. Era una sonrisa difícil de describir.

—En aquel entonces te adopté para intentar retener a una persona.

Su mente pareció alejarse hacia el pasado. Guardó silencio durante unos segundos antes de continuar:

—Después, no conseguí que esa persona se quedara, pero tampoco tuve corazón para devolverte. Más tarde llegó A-Song. Como su salud era delicada, a mis espaldas comenzaste a estudiar biología e investigación de glándulas para darle una oportunidad de seguir viviendo. A decir verdad, A-Feng, te estoy muy agradecido.

—…

—Cuando dice algo así… —Lin Feng finalmente levantó la mirada y observó directamente a Lin Yunting— parece como si estuviera despidiéndose de mí.

—Acertaste.

Todo el cuerpo de Lin Feng se puso rígido.

El asistente sacó un documento del maletín de Lin Yunting y se lo entregó.

Lin Feng lo miró en silencio, con el rostro lleno de desconcierto.

Lin Yunting dijo:

—A-Feng, firma esto y ya no tendrás ninguna relación conmigo.

—…

—Pero me has llamado papá durante tantos años, así que no voy a dejarte con las manos vacías. En la última página aparecen los locales comerciales y los terrenos que te corresponden, además de doscientos millones de yuanes. El Instituto de Ciencias Biológicas Gongye ya era tuyo. Lo que te pertenece seguirá siendo tuyo.

—…

Lin Feng permaneció largo rato sin poder decir una palabra.

Entre él y Lin Yunting nunca había existido el afecto habitual entre un padre y un hijo. En la familia Lin jamás había sentido amor paternal.

No le importaba.

Pero que no le importara no significaba que no lo necesitara.

Una vez que firmara aquello, se convertiría en alguien sin hogar.

Estaría completamente solo.

Lin Feng terminó de leer el documento. Aparte de romper formalmente la relación entre padre e hijo, nada más cambiaría.

Sacó una pluma estilográfica y firmó su nombre con decisión sobre el papel blanco.

Al verlo terminar, el asistente extendió la mano para recoger el documento, pero Lin Feng lo sujetó con fuerza contra la mesa.

Levantó los ojos y preguntó:

—¿Puedo pedirle una razón?

Lin Yunting respondió:

—Mientras exista esta relación entre nosotros, muchas cosas terminarán involucrándonos a ambos.

Lin Feng no lo entendió.

No sabía a quién temía Lin Yunting que arrastraran los asuntos del otro.

Tampoco quiso seguir preguntando. Ya había firmado. Preguntar más solo sería innecesario.

Exhaló lentamente.

—Además de lo que aparece en el documento, quiero pedirle una cosa.

Lin Yunting asintió.

—Dime.

—Songsong está a punto de despertar. Aunque haya roto mi relación con usted, sigo esperando que pueda continuar su tratamiento posterior en mi instituto.

—Está bien. No puedo negarme a eso. Dejo a A-Song en tus manos.

Solo entonces Lin Feng apartó la mano y permitió que el asistente recogiera una de las copias firmadas.

Habiendo cumplido su propósito, Lin Yunting finalmente tomó los palillos.

—Bien, A-Feng. Comamos. Tal vez esta sea la última vez que compartamos una comida.

El asistente tomó otro par de palillos limpios y se los ofreció a Lin Feng.

Lin Feng no los aceptó.

Se puso de pie.

—No. Todavía tengo cosas que hacer, así que me iré primero. Coma con calma.

Se marchó sin volver la cabeza.

Los dos guardaespaldas que custodiaban la entrada dejaron de llamarlo «joven amo» y pasaron a llamarlo «señor».

Lin Feng ni siquiera les dirigió una mirada. Subió directamente al auto, pisó el acelerador y se alejó a toda velocidad.

Había bastado con firmar su nombre para quedarse sin padre.

Aunque en realidad no había perdido nada, sentía una presión contenida en el pecho que hacía que todo su cuerpo estuviera incómodo.

Aquella sensación…

Era como si lo hubieran abandonado.

Lin Feng condujo sin rumbo durante un rato.

Pensó en regresar al instituto para buscar a Xiyang. Parecía que solo volteándolo y follándolo con fuerza podría llenar el profundo vacío y malestar que sentía en ese momento.

Sin embargo, apenas imaginó la mirada aterrorizada que Xiyang le dirigiría al verlo, se sintió todavía peor.

¿Por qué Xiyang tenía que tenerle miedo?

Mientras Xiyang se lo pidiera, aunque quisiera la luna del cielo, él haría todo lo posible por arrancarla y entregársela.

¿Por qué Xiyang no dejaba de pensar en Wen Yuluo, que no tenía poder ni influencia?

¿Por qué quería regresar a aquella pequeña florería?

No era más que una miserable florería.

Él podía abrirle cien.

Diez mil.

Lin Feng pisó el acelerador a fondo y se dirigió a un club de carreras, donde pasó toda la noche desahogándose.

A la una y treinta y siete de la madrugada, Wen Yuluo finalmente consiguió desarrollar las hormonas correspondientes a la segunda fase del tratamiento.

Su mente agotada por fin pudo relajarse.

Solo faltaba una fase más.

Cuando la completara, su tarea habría terminado por completo.

Sin embargo, apenas pensó que, en el futuro, Xiyang tendría que extraerse líquido glandular una vez al mes para dárselo a Lin Song, su cabeza volvió a convertirse en un caos.

Realmente odiaba ser tan inútil.

No conseguía encontrar una solución perfecta.

Wen Yuluo suspiró. Después de limpiar cuidadosamente los instrumentos del laboratorio, apoyó la cabeza sobre la fría mesa de experimentación y se quedó dormido.

A la mañana siguiente, el señor Yuan despertó a Wen Yuluo.

Este apenas había logrado dormitar un poco cuando escuchó que el anciano decía:

—Profesor Wen, el académico Lin dejó instrucciones. Hoy debe ir a administrarle las hormonas al sujeto experimental.

—¿Sujeto experimental? —la nuez de Wen Yuluo se movió—. ¿Se refiere a Xiyang?

—Ah, sí. Creo que se llama Xiyang.

Wen Yuluo cerró los ojos.

Sentía que aquello era demasiado injusto para Xiyang.

Xiyang había hecho tanto por Lin Song: exámenes médicos, medicamentos, extracciones, inyecciones…

Cada una de aquellas etapas había sido extremadamente dolorosa.

Y, después de todo eso, lo único que recibía era el nombre de «sujeto experimental».

Wen Yuluo respondió al señor Yuan, colocó todo lo necesario para la inyección sobre un carrito y dejó que el anciano lo condujera hasta la habitación donde se encontraba Xiyang.

Antes de entrar, Wen Yuluo tomó, como de costumbre, el registro de observación que colgaba junto a la puerta.

Al comprobar que el cuerpo de Xiyang no mostraba signos evidentes de rechazo y que todos sus indicadores eran normales, dejó escapar suavemente el aire que había estado conteniendo.

Sacó una mascarilla, se la puso y abrió la puerta.

En cuanto entró, Wen Yuluo se quedó petrificado.

Sus ojos, visibles sobre la mascarilla, se abrieron enormes y redondos.

—¿Quién hizo esto? ¡¿Quién hizo esto?!

Xiyang todavía estaba dormido. Al escuchar los gritos de Wen Yuluo, abrió los ojos y se incorporó rápidamente en la cama.

Exclamó emocionado:

—¡Hermano Wen!

El sonido de las cadenas de hierro resonó por toda la habitación.

Era insoportablemente estridente.

Wen Yuluo agarró al señor Yuan, que estaba detrás de él, y lo arrastró hacia delante. Señalando las cadenas que sujetaban las manos y los pies de Xiyang, volvió a exigir:

—¡¿Quién hizo esto?! ¡¿Así es como lo tratan?! ¡¿Encadenándolo como si fuera un prisionero?!

Al señor Yuan le agradaba mucho Wen Yuluo.

En su impresión, Wen Yuluo siempre había sido una persona amable, serena y generosa. Ver aquel cambio repentino lo dejó momentáneamente aturdido.

—…Profesor Wen, cálmese. Esto… seguramente fue orden del académico Lin. Nosotros no tenemos autoridad para hacer algo así por nuestra cuenta.

—¿Dónde está Lin Feng? —los ojos de Wen Yuluo se tiñeron de rojo—. ¡Dígale que venga a verme! ¡¿Acaso ya no quiere que su hermano siga vivo?!

—¡Hermano Wen!

Xiyang no supo cuántas veces tuvo que llamarlo antes de conseguir sacar a Wen Yuluo de aquel estado de furia.

—Señor Yuan, ¿podría salir primero? Yo… yo hablaré con él.

El señor Yuan aceptó dejarlos a solas. Sin embargo, antes de marcharse, advirtió:

—Profesor Wen, no importa cuál sea el motivo, hoy debe administrarle las hormonas al sujeto experimental. De lo contrario, usted conoce las consecuencias mejor que yo.

—Se llama Xiyang.

Wen Yuluo giró ligeramente la cabeza. Una sombra lúgubre cubría su rostro pálido.

—No vuelva a llamarlo «sujeto experimental».

—…¿?

El señor Yuan lo miró lleno de desconcierto.

No entendía por qué Wen Yuluo insistía tanto en algo que, a sus ojos, carecía de importancia. Aun así, aceptó y salió de la habitación.

—Hermano Wen…

Al escuchar a Xiyang llamarlo una y otra vez, Wen Yuluo finalmente dejó de poder sostenerse.

Las piernas le fallaron y cayó sentado sobre la cama.

—De verdad no merezco que me llames hermano Wen… Lo siento. Lo siento, Xiyang. Ni siquiera pude salvarme a mí mismo y terminé arrastrándote conmigo. Desde el principio debí romper aquella entrada para las aguas termales. ¿Por qué permití que fueras tú en mi lugar a aquella cita…?

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