¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 143

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Leng Ren fue el primero en percibir aquellas aterradoras feromonas. Protegió a Fang Jin mientras retrocedía varios pasos y depositó todas sus esperanzas en aquel atolondrado de Wang Ran.

Al ver la situación, Wang Ran bajó la cabeza y se aferró a la cintura de Qi You.

—¡Presidente Qi! ¡Cálmese, cálmese! ¡Detrás de Lin Feng está toda la familia Lin! ¿Sabe a qué se dedicaba la familia Lin hace cincuenta años? ¡Asesinaban, robaban, hacían de todo! ¿De verdad cree que puede enfrentarse usted solo contra ellos y ganar? ¡Ahora tenemos que usar la cabeza! ¡La cabeza!

Wang Ran había pensado que Qi You lo apartaría de una patada, pero, inesperadamente, este logró contener poco a poco sus emociones.

Al ver que funcionaba, Leng Ren y Fang Jin comenzaron a hacerle señas desesperadamente a Wang Ran para que continuara.

Wang Ran aprovechó la oportunidad.

—…Además, aunque consiguiera entrar ahora mismo y sacar al señor Wen, ¿cree que Lin Feng lo dejaría así? ¡Todavía estamos en Hiroshima! ¡Basta una sola palabra de Lin Feng para que ninguno de nosotros pueda escapar de aquí! Incluso si logra sacar al señor Wen, después tendría que vivir huyendo de un lado a otro, siempre con miedo. ¿De verdad quiere que viva todos los días sintiéndose inseguro?

Desde cierta distancia, Leng Ren y Fang Jin no pudieron evitar admirarlo.

No en vano Wang Ran era el secretario de un Alfa de nivel superior. Definitivamente sabía hablar mejor que ellos.

Con apenas unas frases había logrado calmar a un Alfa cuyas feromonas estaban completamente descontroladas.

El corazón de Qi You latía rápido y con fuerza.

Se obligó a contenerse y comprendió que algo no estaba bien.

No podía seguir siendo tan impulsivo y arruinar las cosas cuando claramente existía una solución mejor.

Wang Ran tenía razón. Aunque consiguiera sacar ahora mismo a Luoluo, Lin Feng se les pegaría como una lapa y seguiría persiguiéndolos.

Necesitaban encontrar una solución definitiva.

Después de tranquilizarse durante un momento, Qi You apartó a Wang Ran.

—Busquen un lugar donde podamos instalarnos. Ustedes dos me contarán toda la información que han conseguido durante estos dos días de vigilancia. En cuanto a Lin Feng… yo mismo me encargaré de enviarlo a prisión.

Después de extraerle el líquido glandular a Xiyang, Lin Feng estaba visiblemente más contento de lo habitual. Sonreía con frecuencia y llevaba a casa montones de costosos suplementos y medicinas tradicionales, obligando a Xiyang a consumirlos todos bajo su supervisión.

Mientras bebía aquellas amargas medicinas y tónicos, Xiyang preguntó:

—…¿Cuándo podré convertirme en un Alfa de nivel superior?

Cuando se convirtiera en uno y Lin Feng consiguiera lo que quería, quizá ya no tendría que sufrir de esa manera.

Lin Feng sonrió y le dio un caramelo.

—Muy pronto. Mañana podremos desarrollar la hormona. Sin embargo, será un proceso largo, así que no tengas prisa. Yo estaré a tu lado todo el tiempo.

—…

Xiyang quería preguntarle qué era exactamente para él.

Pero cuando las palabras llegaron a sus labios, terminó tragándoselas y preguntó en voz baja:

—…¿Por qué insistes tanto en convertirme en un Alfa de nivel superior? ¿Es porque soy demasiado débil y te avergüenza tenerme a tu lado? Además, los dos somos Alfas… Lo nuestro ya es algo mal visto de por sí.

—No vuelvas a hablar así de ti mismo.

Lin Feng le sujetó el rostro y la sonrisa desapareció de sus ojos.

—Jamás me has avergonzado. Quiero que te conviertas en un Alfa de nivel superior por tu propio bien. El desarrollo de las glándulas está estrechamente relacionado con la salud. Quiero que tengas un cuerpo sano.

—…Pero todos los días tengo que tomar tantos suplementos y medicinas tradicionales, además de recibir inyecciones —dijo Xiyang con amargura—. Son cosas que yo no quiero hacer. Nunca he oído hablar de ninguna hormona capaz de convertir a un Alfa con glándulas débiles en un Alfa de nivel superior. El anciano Yuan me llamó sujeto experimental… Lin Feng, ¿no tienes miedo de que muera durante el experimento?

Las palabras de Xiyang inquietaron a Lin Feng.

Exhaló, regresó a su habitación y sacó un montón de diplomas, medallas doradas y trofeos.

—Cariño, no digas esas cosas.

»Mira todo esto. Míralo bien. Llevo estudiando las glándulas desde que tenía dieciséis años. ¿Cómo crees que conseguí que mi Instituto de Ciencias alcanzara esta magnitud? No dejaré que mueras. Jamás permitiré que mueras.

Además, todavía tenían a Wen Yuluo.

Si ambos trabajaban juntos, definitivamente podrían conseguir que Xiyang y Lin Song coexistieran.

—Confía en mí, ¿sí?

—…

Xiyang no sabía qué responder.

Ese mismo día había escuchado con sus propios oídos el nombre del señor Wen.

Si la persona que se encontraba en aquel laboratorio realmente era el señor Wen, significaba que el hombre frente a él le estaba mintiendo.

Entonces, ¿cómo debía tratar a Lin Feng?

…Él había aceptado obedientemente venir a Hiroshima precisamente para conseguir que el señor Wen recuperara su libertad.

Pero Lin Feng no había cumplido su palabra.

Entonces… ¿podía rebelarse contra él?

Los ojos de Xiyang estaban claros y serenos.

Movió ligeramente los labios y, por iniciativa propia, depositó un beso junto a los labios de Lin Feng.

Con una voz completamente inexpresiva, dijo:

—Confío en ti.

Lin Feng se quedó rígido.

Aquellas tres simples palabras resonaron en sus oídos como un estruendo.

Una tormenta silenciosa se desató en su corazón. Atrajo de golpe a Xiyang entre sus brazos y susurró junto a su oído:

—Con que me digas eso es suficiente… Por cierto, ¿lo sabías? Dos Alfas también pueden tener su propio bebé. Xiyang, ¿te gustaría tener un hijo conmigo?

—…

Xiyang sintió ganas de vomitar.

Apretó los dientes y guardó silencio durante un momento antes de responder:

—Claro.

—¿¡De verdad!?

Lin Feng no esperaba que resultara tan fácil. Levantó a Xiyang entre sus brazos y dio varias vueltas con él por la sala.

Xiyang se aferró con fuerza a su cuello y, aprovechando que Lin Feng estaba eufórico, preguntó:

—Lin Feng, en tu Instituto de Ciencias hay muchísimas puertas con contraseña. ¿Cuál es el código? Tengo curiosidad… Cada vez que quiero entrar a mirar, una puerta me impide pasar.

Lin Feng dejó a Xiyang sobre el sofá, sacó la camisa que llevaba metida dentro del pantalón y acarició su cintura delgada y suave mientras recitaba una serie de números.

—…

Xiyang no tenía demasiado buena memoria y temía olvidar aquella secuencia, así que continuó repitiéndola mentalmente una y otra vez.

Mientras Lin Feng lo besaba y mordisqueaba por todas partes, Xiyang lo soportó en silencio.

De pronto, algo le pareció extraño.

Aquella secuencia de números…

Era su fecha de nacimiento.

Pero ¿cómo podía Lin Feng conocer su cumpleaños?

Él nunca se lo había mencionado, ¿verdad?

—…

Xiyang se esforzó por contener la voz y, aun con el rostro cubierto de lágrimas, no olvidó tantear la duda que acababa de surgir en su mente.

—…Lin Feng, tú… más despacio… ¿Cómo… cómo sabes cuándo es mi cumpleaños?

Lin Feng levantó la cabeza con una expresión desconcertada.

—No lo sé. ¿Se acerca tu cumpleaños?

—…

Xiyang no volvió a decir nada.

¿Sería solo una coincidencia?

—…

El ambiente íntimo de la sala tardó mucho en disiparse. Después de que Xiyang perdiera el conocimiento, Lin Feng lo llevó al baño y, con movimientos expertos, limpió cuidadosamente su cuerpo.

Tras secarlo y acostarlo en la cama, Lin Feng finalmente comenzó a recuperarse de su excitación.

Últimamente todo parecía ir demasiado bien.

Songsong pronto podría despertar.

Y él también tenía a un Alfa dispuesto a tener un hijo con él.

Lin Feng se inclinó y besó las glándulas de Xiyang.

Un intenso deseo atravesó su mente.

Quería estar con Xiyang.

Para siempre…

Para siempre.

A la mañana siguiente, Xiyang no abrió lentamente los ojos hasta las diez.

A esa hora ya había pasado hacía mucho el momento habitual de ir al Instituto de Ciencias. Ni siquiera su reloj biológico había conseguido despertarlo.

—¿Despertaste? ¿Puedes levantarte?

Lin Feng estaba sentado junto al ventanal, mirándolo con ternura.

Xiyang intentó incorporarse y lo consiguió sin demasiada dificultad.

Parecía que los suplementos sí estaban funcionando.

—Sí. Puedo ir al Instituto de Ciencias.

—No hay prisa. Si todavía tienes sueño, puedes dormir un poco más.

Xiyang negó con la cabeza.

Tenía prisa por confirmar quién era realmente la persona que se encontraba en aquel laboratorio.

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