¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 135

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  4. Capítulo 135 - Porque la necesito para besarte
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Las ondulantes olas mecían el enorme yate. Xiyang nunca había visto el mar y prefería soportar el viento marino antes que entrar.

La fina ropa que llevaba se levantaba ligeramente con el viento, dejando al descubierto su esbelta cintura.

Lin Feng entrecerró los ojos detrás de él y, con toda calma, se quitó el abrigo y lo colocó sobre los hombros de Xiyang.

Xiyang giró la cabeza para mirarlo, pero enseguida apartó la vista y continuó contemplando las olas ocultas por la oscuridad de la noche.

Lin Feng siguió su mirada, intentando comprender qué tenía de interesante observar aquellas aburridas olas. Al final no logró entenderlo y bostezó.

Tomó las dos copas de champán que había preparadas sobre la mesa cercana y le entregó una a Xiyang.

Xiyang la aceptó y, antes de que Lin Feng pudiera siquiera brindar con él, se la bebió de un solo trago.

Lin Feng se quedó inmóvil a mitad del movimiento.

—Cariño, el champán se bebe despacio, hay que saborearlo.

Xiyang dejó la copa vacía sobre la mesa, con la mirada perdida.

—Mi porte no puede compararse con el del joven señor Song. Aunque nunca lo he conocido, sé que no nací para esas cosas. Por muy despacio que beba, tampoco sabría apreciar el sabor.

La voz de Xiyang era baja y no dejaba traslucir emoción alguna, pero para Lin Feng sonaba como una queja celosa.

Una sonrisa apareció en sus labios y sus ojos curvados brillaron.

—No has sonreído desde que subimos al barco. ¿Así que todavía estás enfadado por lo que dijo Du Jun? ¿Qué tendría que hacer para que estés contento? ¿Quieres que le corte la lengua y te la regale?

Xiyang imaginó la escena y sintió un escalofrío.

—¿Para qué querría yo su lengua?

—No sabe medir sus palabras y te hizo enfadar.

—…

Xiyang soltó una risita desdeñosa.

—Creo que tú tampoco sabes medir tus palabras. ¿Por qué no me das tu lengua?

Lin Feng reflexionó un momento mientras bebía un sorbo de champán. Después extendió la mano, sujetó a Xiyang por la nuca y juntó sus labios para pasarle la bebida directamente de boca a boca.

El sabor dulce y estimulante se extendió por la punta de su lengua.

Xiyang tardó un instante en reaccionar antes de apartarlo de un empujón.

—¡¿Qué haces?!

Lin Feng no respondió.

Volvió a besarlo. La punta de su lengua rozó el colmillo de Xiyang y se deslizó hacia el interior, haciendo que el sabor del champán impregnara toda su boca.

Xiyang no consiguió apartarlo y poco a poco dejó de resistirse.

Ya había comprendido cómo era Lin Feng.

Cuanto más se negara, más se entusiasmaría él.

Y, tal como esperaba, después de que Xiyang correspondiera al beso, Lin Feng finalmente lo soltó.

Sus ojos estaban llenos de ternura mientras observaba detenidamente a Xiyang.

—No puedo darte mi lengua, porque la necesito para besarte.

—…

Los ojos de Xiyang se abrieron de golpe y retrocedió un par de pasos, casi incapaz de mantenerse en pie.

Avergonzado, miró instintivamente a su alrededor y solo se tranquilizó al comprobar que no había nadie más cerca de la cubierta.

Pero, al mismo tiempo, se dio cuenta de que algo no encajaba.

¿Dónde estaba el secretario de Lin Feng?

No lo había visto desde que subieron al barco.

¿No solía estar siempre rondando alrededor de Lin Feng?

Xiyang frunció el ceño.

—Lin Feng, ¿dónde está tu secretario?

La expresión de Lin Feng permaneció inmutable.

—En otro barco.

—¿Otro barco? —los labios aún ardientes de Xiyang temblaron ligeramente—. ¿Por qué está en otro barco? Este es enorme. ¿Para qué preparar otro?

—Es molesto. No quería verlo.

—…

—Es tu secretario. Si tanto te molesta, ¿por qué no lo despides?

Lin Feng estaba demasiado concentrado en los labios enrojecidos de Xiyang y, por un momento, bajó la guardia.

—Es un hombre de mi padre. Está aquí para vigilarme.

—…¿Vigilarte?

Xiyang no lo entendía ni tenía interés en comprender los conflictos internos de aquellas familias adineradas. Al ver que Lin Feng tampoco parecía dispuesto a explicarle más, cerró la boca a tiempo.

La mención de su padre hizo que Lin Feng recordara algo.

—Tenía tantas ganas de que vinieras conmigo que olvidé preguntarte por tus padres… ¿Necesitas que haga arreglos para ellos?

—…

Xiyang hizo una breve pausa.

—No hace falta. Soy huérfano.

—…

Lin Feng se sobresaltó.

—…¿Huérfano? ¿Tú… no tienes padres?

Xiyang asintió.

—Desde que tengo memoria, he vivido en un orfanato.

Lin Feng pareció imaginar algo y su expresión cambió.

Cuando volvió a hablar, su voz estaba ligeramente ronca.

—…¿Recuerdas algo de tus padres? ¿O tienes algún recuerdo de antes de llegar al orfanato?

Xiyang frunció el ceño, desconcertado. No entendía por qué Lin Feng le preguntaba aquello.

Intentó recordar y volvió a dirigir la mirada hacia el mar.

—No lo recuerdo bien… Pero parece que siento algo especial por el mar. Quizá el lugar donde nací… estaba cerca de la costa.

Lin Feng se quedó ligeramente rígido.

Permaneció en silencio durante un largo rato, hasta que sonó el teléfono que llevaba en el bolsillo.

Bajó la mirada, comprobó discretamente quién llamaba y rechazó la llamada.

Xiyang preguntó:

—¿No vas a contestar?

—No es importante. Ya es tarde. Será mejor que descanses.

Lin Feng rodeó la cintura de Xiyang y lo condujo hacia las habitaciones.

—Estos días no voy a molestarte. Duerme bien. Estaré en la habitación de al lado; si necesitas algo, ven a buscarme.

Xiyang no creía que fuera a necesitar nada de Lin Feng, así que respondió con indiferencia y, una vez dentro de su habitación, cerró la puerta con llave.

Había partido con tanta prisa que solo había llevado consigo lo puesto.

No tenía equipaje.

Ni siquiera su teléfono.

Tampoco había podido explicarle a la encargada de la florería por qué dejaría de presentarse a trabajar.

…Tampoco sabía cómo estaría el hermano Wen.

Xiyang comenzó a sentirse aturdido. No sabía si se debía a aquella copa de champán. Pensó en muchas cosas y, sin darse cuenta, terminó quedándose dormido.

Lin Feng permaneció un rato frente a la puerta de su habitación antes de regresar a la cubierta.

Devolvió la llamada de Du Jun.

Apenas tuvo que esperar antes de que este contestara.

—¿Cómo fue?

La sombría voz de Du Jun llegó desde el otro lado.

—Todo está arreglado. Ya subí en secreto a Wen Yuluo al barco.

Lin Feng respondió con un murmullo de asentimiento.

—Trátenlo con cuidado. No hace falta vigilarlo como si fuera un criminal. Es inteligente; en cuanto comprenda que no puede escapar, obedecerá.

Du Jun aceptó la orden.

Lin Feng continuó:

—Otra cosa. Al fin y al cabo, es un Omega atractivo. Haz que los Alfas del barco mantengan las distancias. Si alguno tiene malas intenciones hacia él, tíralo directamente al mar. En cuanto lleguen a Hiroshima, llévalo inmediatamente a la Academia de Ciencias. Bajo ninguna circunstancia permitas que se encuentre con Xiyang. ¿Entendido?

Du Jun guardó silencio durante un momento.

—Joven señor, sabe que eso es imposible. Si realmente queremos utilizar la glándula de Xiyang para salvar al joven señor Song, Wen Yuluo inevitablemente tendrá que entrar en contacto con él.

Lin Feng respondió:

—No tengo intención de utilizar la glándula de Xiyang para salvar a Songsong.

—¿Qué? —exclamó Du Jun—. Entonces, ¿por qué se lleva a Xiyang?

—¿Tengo que rendirte cuentas sobre mis asuntos personales?

La voz de Lin Feng reveló cierto desagrado.

Un secretario con un poco de tacto habría sabido que era el momento de dejar de preguntar.

Pero Du Jun continuó:

—Joven señor, no me diga que se ha enamorado de él solo porque se parece al joven señor Song.

—…

Lin Feng permaneció en silencio.

—¿Cree que sus sentimientos por el joven señor Song son algo prohibido y por eso volcó su amor en un Alfa que se parece a él y que, además, tiene exactamente las mismas feromonas?

—…

Las palabras de Du Jun hicieron reír a Lin Feng.

—¿Prohibido?

Hizo una pausa antes de preguntar:

—Llevas tantos años al lado de Lin Yunting. Si soy o no hijo de Lin Yunting… tú deberías saberlo mejor que nadie, ¿no?

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