¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 109
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- Capítulo 109 - Entonces debes amarme muchísimo
Wen Yuluo sentía el cuerpo como si flotara sobre el mar. Exhaló lentamente y un destello juguetón cruzó por sus ojos antes de preguntar:
—¿Quién eres?
—…
Wen Yuluo solo quería gastarle una broma.
Había imaginado toda clase de reacciones por parte de Qi You. ¿Se quedaría atónito y entraría en pánico? ¿O volvería a hacer una de sus locuras?
Pero no ocurrió ninguna de las dos cosas.
Qi You abrió mucho los ojos y, para su sorpresa, pareció encantado.
—¿¡No me recuerdas!?
Wen Yuluo no entendía por qué estaba tan emocionado.
¿No decía que lo amaba?
¿Su amado había perdido la memoria y su primera reacción era ponerse feliz?
Al ver la mirada desenfocada de Wen Yuluo, Qi You creyó de verdad que había perdido la memoria. Su pecho comenzó a subir y bajar violentamente.
—Luoluo, ¿de verdad no me recuerdas? Soy tu esposo, tu Alfa. Llevamos siete años casados. ¿No te suena de nada?
Wen Yuluo:
—…
Qi You observó con cautela la reacción de Wen Yuluo, con una mezcla de sorpresa y alegría en los ojos.
Wen Yuluo hizo un esfuerzo sobrehumano para no echarse a reír. Recurriendo a todas sus habilidades interpretativas, preguntó débilmente:
—…¿Eres mi esposo? Entonces debes amarme muchísimo, ¿verdad?
—¡Sí! ¡Por supuesto! Eres la persona que más, más, más amo en toda mi vida.
Qi You sonrió de una manera un poco tonta.
—También tenemos un bebé… se llama Youyou. Esposa, tienes que recuperarte pronto. Youyou todavía está esperando que volvamos a casa.
—…
Wen Yuluo estuvo a punto de creérselo.
Ya no pudo seguir actuando.
—Si tanto me amas, seguro que no me aplicaste la ley del hielo durante cuatro años, ni me violaste, ni saltaste al río para obligarme a quedarme contigo, ¿verdad, Qi You?
—…
La sonrisa de Qi You se congeló.
Toda la alegría desenfrenada de sus ojos desapareció en un instante.
La mirada de Wen Yuluo descendió hasta el dorso de su propia mano.
Qi You se apresuró a retirar la suya.
—Lo siento, Luoluo. Yo… me emocioné demasiado. Tú… tú me diste un susto de muerte.
—¿Un susto? —Wen Yuluo se incorporó apoyándose con cuidado—. A mí me parecías bastante contento. ¿Tantas ganas tienes de que pierda la memoria?
—¡No! —Qi You se humedeció los labios—. Jamás desearía nada que pudiera afectar tu salud. Ni siquiera se me pasaría por la cabeza.
—¿Y qué estabas diciendo por teléfono hace un momento? ¿Quién es tu esposa?
Qi You explicó:
—Te saqué de allí en brazos delante de todo el mundo. La policía de tránsito tenía que preguntarme qué relación tenemos, así que simplemente… Lo siento, me aproveché de la situación. No volverá a pasar.
—…
El cambio de actitud de aquel hombre había sido tan radical que Wen Yuluo casi no lograba seguirle el ritmo.
—Hay otra cosa por la que debo disculparme… Volví a golpear a alguien y también insulté. Dijiste que era demasiado inmaduro, así que supongo que golpear e insultar también entra en eso. Pero de verdad estoy haciendo todo lo posible por cambiar. Llevo un mes entero sin perder los estribos. La gente de la empresa cree que alguien se apoderó de mi cuerpo y casi llaman a un sacerdote taoísta para que me hiciera un exorcismo. Perdón, me desvié del tema…
Qi You ya ni siquiera sabía qué estaba diciendo.
—En resumen… estoy cambiando.
Parecía un gatito presumiendo frente a su dueño, esperando que lo elogiara.
Wen Yuluo respondió con un simple:
—Mm. No necesitas informarme de tus progresos. No tiene nada que ver conmigo.
—…
Qi You mostró una expresión herida y bajó la cabeza.
—Lo siento. Hablé demasiado.
—…
El aire pareció congelarse durante un instante.
Ahora hasta Wen Yuluo comenzaba a pensar que alguien se había apoderado del cuerpo de Qi You.
Giró la cabeza hacia la ventana.
El espléndido atardecer bañaba de oro la habitación del hospital, cubriéndola de un cálido resplandor anaranjado.
Solo entonces Wen Yuluo se dio cuenta de que había permanecido inconsciente durante todo un día.
Se tocó la frente y descubrió que estaba envuelta en una gruesa capa de vendas.
—¿Dónde está mi teléfono?
Qi You se apresuró a sacarlo del bolsillo del abrigo de Wen Yuluo.
—Tu asistente te llamó. Contesté sin tu permiso y le dije que habías resultado herido.
Wen Yuluo tomó el teléfono.
Al ver que los informes del grupo de trabajo seguían avanzando de manera ordenada, suspiró aliviado.
Respondió uno por uno los mensajes privados de quienes se habían preocupado por él y luego apartó las mantas para levantarse de la cama.
Qi You seguía allí parado como un tonto, debatiéndose internamente sobre si debía disculparse también por haber contestado el teléfono de Wen Yuluo sin su consentimiento.
Wen Yuluo le quitó su abrigo de las manos.
—Gracias por lo de hoy. Creo que ya estoy bien. ¿Cuánto fueron los gastos médicos? Te hago una transferencia.
Qi You reaccionó de inmediato.
—Entonces… ¿me transfieres por WeChat?
Sacó el teléfono emocionado.
Wen Yuluo observó sus movimientos y entrecerró los ojos.
Qi You nunca había sido una persona a la que le gustaran las cosas llamativas. Por lo que recordaba, siempre había usado el fondo de pantalla predeterminado del teléfono.
Pero ahora tenía como fondo una silueta oscura y borrosa.
Wen Yuluo no alcanzó a distinguir qué era, porque Qi You ya había abierto WeChat.
Su cuenta personal estaba prácticamente vacía.
Solo había un contacto fijado en la parte superior.
Y seguía allí.
Qi You preguntó con extrema cautela:
—…¿Primero podrías desbloquearme en WeChat?
—…
Wen Yuluo respondió:
—Código de cobro de WeChat o código de cobro de Alipay. Elige uno.
—…
Qi You bajó el teléfono con desánimo.
—Entonces olvídalo. No hace falta que me pagues.
Wen Yuluo no siguió discutiendo con él. Se puso el abrigo y caminó hacia la salida.
—Está bien. Haré que el instituto transfiera el dinero al departamento de finanzas del Grupo Qi.
Qi You lo siguió impotente.
—Tienes que volver al hospital cada tres días para que te cambien el vendaje. No te mojes la cabeza… Tampoco te esfuerces demasiado. ¡Si necesitas algo, búscame arriba! Y déjame a mí al hombre que chocó contra tu auto. Tu auto tardará bastante en quedar reparado, pero yo tengo muchos. Puedes usar el que quieras. Ya hice que dejaran varios en el estacionamiento de nuestro edificio…
A Wen Yuluo ya le dolían los oídos de escucharlo.
Se dio la vuelta y lo fulminó con la mirada.
—Hablas demasiado.
Qi You cerró la boca de inmediato.
Wen Yuluo regresó al instituto de investigación aun estando herido para terminar el trabajo pendiente.
Había intentado cubrir con el cabello la parte de la venda donde se había filtrado un poco de sangre, pero cuando de repente aparecía una gruesa venda alrededor de la frente de alguien, era difícil que pasara inadvertida.
Sus empleados se acercaron uno tras otro para preguntarle cómo estaba, hasta casi formar un círculo a su alrededor.
—Ya está, dispérsense. Solo es una herida pequeña. No es nada grave.
En medio del alboroto, una misteriosa persona levantó discretamente el teléfono.
Con movimientos rápidos, tomó una fotografía de la frente vendada de Wen Yuluo, se la envió a Zhou Zeyu y después borró la foto, apagó la pantalla y bajó la mirada.
Todo en una secuencia impecable.
Como había perdido mucho tiempo en el hospital durante el día, Wen Yuluo se quedó trabajando un poco más.
No salió rumbo a casa con su bolso hasta las nueve y media de la noche.
Cuando bajó del ascensor, las luces con sensor se encendieron de inmediato, iluminando todo el pasillo.
Wen Yuluo vio a dos personas frente a la puerta de su casa y se detuvo.
Qi You y Zhou Zeyu estaban frente a frente, mirándose fijamente.
Qi You estaba apoyado contra la barandilla, con las manos metidas en los bolsillos y sus largas piernas colocadas despreocupadamente.
Zhou Zeyu estaba recostado contra la puerta, con los brazos cruzados y una mirada particularmente intensa.
Wen Yuluo:
—…
No tenía idea de cuánto tiempo llevaban manteniendo aquella postura.
Pero solo mirarlos ya resultaba agotador.
Sin ganas de seguir contemplando a aquellos dos jugando a ver quién se movía primero, Wen Yuluo se burló:
—No recuerdo cuándo contraté al presidente Qi y al presidente Zhou para que hicieran de guardias de seguridad frente a mi casa.
Por fin, ambos dejaron de mirarse entre sí.
Sus ojos se dirigieron al mismo tiempo hacia Wen Yuluo.
—Luoluo… ¡volviste!
Qi You fue el primero en hablar. Sacó una bolsa blanca de papel.
—Te fuiste con tanta prisa durante el día que olvidaste llevarte tus medicamentos. Vine a traértelos.
Qi You incluso había preparado de antemano una razón perfectamente válida para presentarse en su puerta.
Zhou Zeyu entrecerró los ojos.
En comparación, aquello lo hacía parecer bastante tonto.
Wen Yuluo aceptó a regañadientes la explicación de Qi You y luego preguntó:
—¿Y usted, presidente Zhou? ¿Qué hace frente a la puerta de mi casa?