¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 101

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Wen Yuluo no supo qué responder. No podía decirle que él mismo había llegado a encontrarse en una situación parecida en el pasado.

Frunció ligeramente los labios y dijo:

—Eres un Alfa joven y sano. Si no tienes dificultades, ¿por qué trabajarías en algo así?

Di Chen respondió:

—…No recibo ningún salario.

Wen Yuluo no entendió.

—¿No recibes salario? ¿Trabajas aquí gratis?

Di Chen pareció avergonzarse. Sus dedos se clavaron en la palma de su mano.

—Mis padres adoptivos me vendieron a este lugar. No puedo escapar, así que solo puedo… obedecer.

Wen Yuluo frunció el ceño.

Di Chen creyó que estaba perdiendo la paciencia y se disculpó apresuradamente.

—Lo siento… señor Wen. Debo estar molestándolo, ¿verdad? Es la primera vez que conozco a un cliente como usted y… terminé hablando de más.

Al verlo comportarse con tanto cuidado, Wen Yuluo no pudo evitar sentir pena por él.

—No. No me molestas. ¿Quieres seguir contándome? Puedo escucharte.

Una emoción todavía ingenua brilló en los ojos de Di Chen. Animado por Wen Yuluo, comenzó a contar lentamente su historia.

Era un niño que había crecido en un orfanato. Por ser Alfa y tener un rostro atractivo, alguien lo adoptó y después lo vendió a aquel lugar.

Había sufrido desnutrición desde pequeño, por lo que incluso sus feromonas de Alfa eran extremadamente débiles. Precisamente por eso resultaba perfecto para entretener a los omegas de las clases altas.

Después de escucharlo, Wen Yuluo guardó silencio durante un buen rato.

—¿Nunca has pensado en escapar?

—No puedo —respondió Di Chen—. No tengo estudios. Incluso si lograra escapar… no podría mantenerme. Aquí… al menos tengo comida y un lugar donde vivir.

—Yancheng es enorme. Hay muchos trabajos que no exigen estudios. Todo depende de lo que elijas.

Di Chen dijo:

—Yo no puedo elegir, señor Wen.

Wen Yuluo nunca se había considerado una persona especialmente bondadosa, pero en ese momento se sentía terriblemente incómodo.

—¿Te gusta vivir así?

Di Chen negó con la cabeza.

—Entonces yo te daré una opción. —Wen Yuluo lo miró directamente—. ¿Quieres seguir aquí soportando que te humillen o quieres venir conmigo?

Di Chen estaba acostumbrado a la oscuridad.

Después de permanecer tanto tiempo bajo aquella intensa iluminación, sintió que los ojos comenzaban a arderle y tuvo ganas de llorar.

Su mirada estaba aturdida, pero respondió sin vacilar:

—Señor Wen… quiero irme con usted.

Wen Yuluo asintió.

—Bien. Llévame ahora mismo con tu encargado. Pagaré para sacarte de aquí.

Para empezar, que Di Chen hubiera sido vendido a aquel lugar era ilegal. Wen Yuluo tenía una educación elevada y cierto estatus social, así que no necesitó decir demasiado. Después de pagar una suma de dinero, consiguió sacar a Di Chen de allí.

Di Chen levantó la cabeza y contempló el luminoso letrero del club nocturno.

En sus diecinueve años de vida nunca se había sentido tan emocionado.

Era como un pájaro criado en cautiverio al que, un día, alguien finalmente le abría la jaula.

—¡Bip, bip!

Wen Yuluo tocó la bocina desde el auto y bajó la ventanilla del asiento del copiloto.

—Sube.

En el pasado, otros clientes también habían sacado a Di Chen del establecimiento.

Pero lo que sentía ahora era completamente distinto.

El señor Wen era atractivo y amable. Era infinitamente mejor que todos los clientes que había atendido antes.

Di Chen estaba dispuesto a seguirlo por voluntad propia.

Abrió la puerta del copiloto y se sentó.

Wen Yuluo dijo:

—Cuando tenga tiempo, te buscaré un trabajo que incluya alojamiento y comida. Si no tienes dónde quedarte, puedes vivir temporalmente en mi casa.

Era la primera vez que Di Chen recibía una muestra de bondad tan grande.

Asintió.

—Ponte el cinturón.

Di Chen se quedó inmóvil.

—…¿Cómo?

Wen Yuluo sonrió.

—¿Nunca has subido a un auto?

—…Sí, pero siempre acompañaba a los clientes en el asiento trasero. Nunca… había ido en el asiento del copiloto.

Al escuchar aquello, Wen Yuluo desabrochó su propio cinturón, se inclinó hacia él y tomó el cinturón del lado de Di Chen.

—Así. Ya está. ¿Entendiste?

Di Chen se apretó el muslo con una mano.

Estaba tan nervioso que, sin poder controlarlo, una tenue ráfaga de feromonas escapó de la glándula de su nuca.

Se cubrió rápidamente.

—Lo siento, señor Wen… Yo… yo no lo hice a propósito.

Las feromonas de Di Chen eran realmente muy débiles.

No resultaban amenazantes en lo más mínimo.

Wen Yuluo sonrió ligeramente, le dijo que no pasaba nada y arrancó.

Cuando llegaron a casa, Wen Yuluo abrió la puerta y sacó un par de pantuflas nuevas para él.

La tía Liu seguía en el sofá entreteniendo a Youyou.

Wen Yuluo se apresuró a tomar al pequeño en brazos.

—Gracias, tía Liu. Lamento haberte hecho venir hasta tan tarde.

La tía Liu hizo un gesto con la mano.

—No es nada. Youyou se portó muy bien.

Miró a Di Chen, que permanecía aturdido junto a la entrada, y buscó una excusa para marcharse.

Wen Yuluo juntó cariñosamente su rostro con el de Youyou.

—¿Extrañaste a papá?

Youyou balbuceó y asintió.

Di Chen se quedó rígido.

—…Señor Wen, este… bebé, ¿es suyo?

—Ah, sí. —Wen Yuluo señaló una de las habitaciones de invitados—. Puedes dormir en esa habitación esta noche.

Di Chen parpadeó.

—¿Yo solo en una habitación?

—Sí. Siéntete como en casa. Si necesitas algo, dímelo.

Wen Yuluo dejó a Youyou en la cuna, cortó un poco de fruta y se la acercó a Di Chen.

—Come algo.

Di Chen parecía un poco inquieto.

—Señor Wen, ¿y su esposo?

—No hace falta que estés tan tenso. En esta casa solo vivimos Youyou y yo. No tengo esposo.

—…

Di Chen se quedó sorprendido.

Wen Yuluo miró la hora. Todavía era temprano y tampoco tenía demasiado sueño, así que se quedó conversando un rato con él.

—…Por cierto, ¿cómo dijiste que te llamabas?

—Di Chen.

Wen Yuluo frunció el ceño.

—¿Quién te puso ese nombre? No suena muy bien.

—…El encargado —respondió Di Chen—. Dijo que era para que recordara en todo momento que soy tan insignificante como el polvo.

—Qué mal gusto. —Wen Yuluo chasqueó la lengua—. ¿Qué tal si te doy otro nombre?

Di Chen mostró una sonrisa tímida.

—Sí.

Wen Yuluo lo pensó durante un momento.

—El pasado quedará atrás. Apenas tienes diecinueve años y el camino que tienes por delante puede ser luminoso y brillante. A partir de ahora te llamarás Xiyang. Que tu esperanza resplandezca como la luz del sol.

El corazón de Di Chen se estremeció.

Le gustaba muchísimo aquel nuevo nombre, pero no sabía expresarse bien y tampoco encontraba la forma de agradecerle a Wen Yuluo.

Solo podía repetir una y otra vez:

—Gracias, señor Wen.

Wen Yuluo bostezó.

—Mañana tengo que levantarme temprano para ir al instituto. Tú también deberías descansar.

Se dio la vuelta y regresó a su habitación, dejando a Xiyang sentado en la sala con expresión desconcertada.

El señor Wen realmente…

¿No pensaba tocarlo?

Entonces, ¿por qué había pagado para sacarlo de allí?

¿Solo quería devolverle la libertad?

O quizá…

¿Al señor Wen le gustaba que la otra persona tomara la iniciativa?

Xiyang se mordió una uña.

Reunió valor y, lentamente, abrió la puerta del dormitorio principal.

Wen Yuluo acababa de conseguir que Youyou se durmiera y lo miró con desconcierto.

—…¿Qué pasa?

Xiyang, avergonzado, comenzó a desabrocharse la ropa y dejó al descubierto su delgado torso. Tenía el rostro completamente rojo.

Wen Yuluo se quedó pasmado.

—…¿Xiyang? ¿Qué estás haciendo?

Xiyang bajó la cabeza y habló con voz suave:

—Señor Wen… usted… ¿no se siente solo durmiendo sin compañía?

Wen Yuluo dirigió rígidamente la mirada hacia Youyou, que dormía en la cuna.

—…No estoy solo.

Xiyang guardó silencio.

Wen Yuluo hizo una conjetura:

—Te quitaste la ropa… ¿porque quieres… complacerme?

El rubor de Xiyang se extendió hasta la base del cuello.

—Señor Wen, yo… estoy muy agradecido porque me sacó de allí y hasta me dio un nombre nuevo. Pero no tengo nada con qué recompensarlo… Usted puede… puede acostarse conmigo.

Wen Yuluo se quedó boquiabierto ante aquellas palabras tan directas.

—…Eres un Alfa. ¿Cómo puedes decir algo así con tanta facilidad?

Xiyang dejó escapar un pequeño sonido de sorpresa.

—…Pensé que me había traído a casa porque quería… acostarse conmigo.

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