¡Dejé de perseguir al Alfa y ahora él está desesperado! - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - La vez número 16,801
El viento frío agitó las cortinas blancas, mientras un tenue aroma a flor de epiphyllum flotaba en el aire.
Los ojos de Wen Yuluo brillaban. Acababa de ser atormentado por el Alfa frente a él y no había una sola parte de su cuerpo que hubiera quedado intacta. Su esbelto cuello estaba cubierto de marcas de dientes y rastros de su encuentro amoroso. Se cubrió un poco con la manta y dijo:
—Qi You, me gustas.
Era la vez número dieciséis mil ochocientas uno que pronunciaba esas palabras.
Las pestañas de Qi You temblaron ligeramente. Apagó el cigarrillo que sostenía sin siquiera mirar a Wen Yuluo, levantó la manta y se metió en la cama.
—Ya lo sé —respondió con pereza.
¿Ya lo sabía?
Wen Yuluo se incorporó de golpe, sorprendido. El movimiento fue demasiado brusco y tiró de cierta parte de su cuerpo, haciéndolo sisear de dolor.
¿Qué quería decir con «ya lo sé»?
Se le había declarado muchísimas veces, y siempre recibía como respuesta una mirada fría o un «no me gustas». Nunca antes le había contestado «ya lo sé».
Wen Yuluo sonrió ligeramente, dejando ver dos tenues hoyuelos en las comisuras de sus labios.
—Esta vez respondiste diferente. ¿Qué significa «ya lo sé»?
Qi You ya había cerrado los ojos. Tenía el puente de la nariz alto y recto, y la luz proyectaba una sombra sobre su rostro.
—Lo has dicho demasiadas veces.
Era cierto.
Demasiadas veces.
Durante cuatro años, prácticamente se lo había dicho todos los días.
Al contemplar aquella expresión completamente indiferente, Wen Yuluo se quedó inmóvil. Por primera vez, sintió que era un poco lamentable.
Se le había declarado tantas veces que, mientras la respuesta de Qi You no fuera «no me gustas», él ya se sentía satisfecho.
—Qi You, llevas cuatro años acostándote conmigo. Incluso si hubieras criado a un perro durante tanto tiempo, ya le habrías tomado cariño, ¿no? Aunque fuera solo un poquito…
Antes de que Wen Yuluo pudiera terminar, los fríos ojos de Qi You se posaron sobre él.
—Wen Yuluo. Mañana salgo de viaje de negocios. Mi vuelo es a las seis. ¿Puedes guardar silencio un rato?
—…
El rostro de Wen Yuluo se ensombreció.
Lo habían rechazado tantas veces. ¿Por qué seguía doliéndole?
Qi You volvió a cerrar los ojos, dejando ante su vista aquellos rasgos tridimensionales y apuestos. Era demasiado guapo. Tanto que, incluso después de cuatro años contemplándolo, Wen Yuluo todavía podía quedarse embobado mirándolo.
Pero en ese momento ya no tenía muchas ganas de hacerlo.
Una idea apareció de repente en su mente.
Si se marchaba, si abandonaba a Qi You… ¿Qi You se sentiría triste? ¿Se resistiría a dejarlo ir?
Apenas surgió ese pensamiento, Wen Yuluo curvó los labios con autodesprecio.
¿Cómo iba a ser posible?
¿Cómo podría Qi You sentirse triste solo porque él se marchara?
Durante esos cuatro años, si no fuera porque Qi You entraba en su periodo susceptible o tenía necesidades fisiológicas, las veces que había ido a buscarlo podían contarse con los dedos de una mano.
A los ojos de Qi You, no era más que un compañero de cama conveniente.
Wen Yuluo se puso la bata y caminó hacia la puerta.
Pisó deliberadamente con fuerza, intentando hacerle saber a Qi You, que mantenía los ojos cerrados, que se marchaba. Que iba a irse.
Pero Qi You solo frunció el ceño, molesto por el ruido que estaba haciendo, sin siquiera dignarse a abrir los ojos.
Wen Yuluo sujetó el pomo de la puerta. Al ver que Qi You seguía sin mostrar la menor intención de preguntarle adónde iba, soltó un fuerte suspiro.
Qué tonto.
¿Qué demonios estaba esperando?
—Mañana tienes que levantarte temprano. Para que no me despiertes, dormiré en la habitación de invitados.
—…
La respuesta de Qi You fue no responder.
Wen Yuluo sabía que todavía no se había dormido. Simplemente no tenía ganas de detenerlo. Ni siquiera se molestaba en decirle «está bien».
Apagó la luz y se dirigió a la habitación contigua.
Cuando se acostó en la fría cama de invitados, se arrepintió.
¿Qué estaba haciendo?
¿Con quién se suponía que estaba enfadado?
Qi You apenas venía a verlo, y por fin tenían la oportunidad de dormir juntos en la misma cama. ¿Y él, en lugar de aprovecharla, había venido a dormir a la habitación de invitados?
Wen Yuluo se dio una fuerte bofetada y murmuró en voz baja:
—Wen Yuluo, eres un maldito arrastrado.
No supo cuánto tiempo permaneció acostado antes de quedarse dormido.
Sin embargo, se durmió con lágrimas en los ojos, empapando la almohada.
A la mañana siguiente, lo despertó el sonido de la puerta del dormitorio principal al cerrarse.
Miró la hora.
Apenas eran las cinco.
Qi You se marchaba de viaje de negocios y, esta vez, Wen Yuluo no sabía cuánto tardaría en regresar.
Entonces, ¿cuándo volvería a verlo?
¿Dentro de una semana?
¿Dentro de un mes?
Al pensar en ello, Wen Yuluo perdió por completo el sueño. Se acomodó apresuradamente la bata que llevaba puesta y, sin importarle el dolor de cintura, salió corriendo de la habitación de invitados.
—¡Qi You!
Tanto el secretario que estaba en las escaleras como Qi You se quedaron inmóviles por un instante.
El secretario, Wang Ran, era un beta masculino. No podía percibir las dulces feromonas de un omega en el aire, pero cualquier adulto que viera las marcas sobre el cuerpo de Wen Yuluo entendería lo intensa que había sido la noche anterior.
Qi You lanzó una mirada a Wang Ran.
Este apartó inmediatamente los ojos.
—Presidente Qi, lo esperaré en el auto.
Qi You respondió con un leve sonido de asentimiento.
Wang Ran tomó su equipaje y se marchó. Solo después de escuchar la puerta de la villa cerrarse, Qi You preguntó:
—¿Qué haces a estas horas?
Ni siquiera Wen Yuluo sabía qué le ocurría.
Simplemente no quería que Qi You se marchara.
Permaneció allí, titubeando durante un buen rato, hasta que finalmente dijo:
—Me despertaste.
El párpado de Qi You dio un pequeño tic.
—Controla tus feromonas.
El aroma a flor de epiphyllum emanaba de la nuca de Wen Yuluo.
Tras recibir aquella advertencia, no solo no se contuvo, sino que se abalanzó sobre Qi You y lo abrazó.
—Cuando estés fuera, no puedes mirar a otros omegas. Tampoco puedes aceptar que ningún omega coquetee contigo, ni…
Qi You lo apartó. En sus profundos ojos apareció un poco más de impaciencia.
—Wen Yuluo, reconoce cuál es tu lugar. ¿Qué derecho tienes a decirme algo así? No empieces a fastidiar a primera hora de la mañana.
Dio un paso y estaba a punto de bajar las escaleras cuando Wen Yuluo, sin la menor dignidad, volvió a agarrarlo del brazo.
—Qi You… ¿cuántos días te irás esta vez?
—No lo sé. Volveré cuando haya resuelto el asunto.
Si decía que no lo sabía, probablemente tardaría alrededor de medio mes.
Solo pensar que tal vez pasaría medio mes sin verlo hizo que el corazón de Wen Yuluo temblara de angustia.
Le suplicó:
—Yo… mi celo está por llegar. No podré soportarlo sin tus feromonas. ¿Podrías… dejarme un poco de tus feromonas?
Al ver que Qi You no reaccionaba, Wen Yuluo añadió humildemente:
—…Por favor.
Qi You estaba a punto de responder cuando la voz de Wang Ran llegó desde la entrada.
—Presidente Qi, vamos a perder el vuelo.
Qi You retiró el brazo.
—Si entras en celo, usa inhibidores. No tengo tiempo.
—…
Se marchó sin la menor consideración, dejando únicamente su espalda ante Wen Yuluo.
A las cinco de la mañana todavía no había amanecido por completo. Cuando la puerta se cerró, la enorme villa quedó sumida en la penumbra.
Wen Yuluo permaneció durante mucho tiempo en las escaleras, vestido únicamente con aquella fina bata, mirando aturdido la puerta por la que Qi You acababa de marcharse.
Sintió un poco de frío.
Un escalofrío recorrió su cuerpo y solo entonces regresó abatido al dormitorio principal.
La habitación ya había sido limpiada a fondo.
Wen Yuluo agarró las sábanas y acercó la punta de la nariz, intentando encontrar siquiera un tenue rastro de aroma a menta.
Pero no había nada.
Absolutamente nada.
Qi You no le había dejado ni una pizca de sus feromonas.
Igual que su amor.
En seis años, ni una sola parte de él había recaído sobre Wen Yuluo.
Wen Yuluo se rindió.
Soltó las sábanas y fue a la habitación de invitados para contestar el teléfono, que llevaba un rato sonando sin parar.
—¿Hola? Hermano mayor, ¿qué sucede? ¿Por qué llamas tan temprano?
La voz de Yi An sonaba algo ansiosa.
—Yuluo, en cuanto te hayas despertado, ven al instituto de investigación. Tu experimento… tuvo un problema.
Wen Yuluo abrió los ojos de par en par e inmediatamente fue a asearse y vestirse.
—Hermano mayor, no te preocupes. Voy para allá ahora mismo.