De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 305

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  4. Capítulo 305 - ¡Aparece el Dios Demonio Beelzebub!
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De las grietas ardientes, donde la lava fundida chisporroteaba y rugía, emergió una figura aterradora. Una criatura con garras esqueléticas, colmillos como navajas y enormes cuernos demoníacos envueltos en llamas rasgó el espacio mismo para salir.

Sin embargo, en cuanto puso un pie en el reino mortal, su forma empezó a cambiar. Se transformó en un hombre refinado de mediana edad, vestido con un traje elegante de noble. Aunque tenía mechones grises en el cabello, su hermosura seguía siendo innegable. Sus ojos zafiro brillaban como gemas preciosas, y tanto su porte como su ropa desprendían una elegancia impecable.

Después de todo, en el pasado había estado a la par de Gabriel, un arcángel de nivel dios. Ahora, solo en combate —o cuando él lo decidía— revelaba su forma demoníaca caída. De lo contrario, el caos y la destrucción que traería devastarían el mundo. En esa apariencia disfrazada, no se veía diferente a un hombre común.

“Qué extraño… aquí no ha habido batalla. ¿Cómo pudo pasarle algo a Celeste?” murmuró Lucifer, de pie en su oficina.

Su expresión estaba llena de dudas, aunque al mismo tiempo una sensación de alivio le recorrió el cuerpo. Confiaba plenamente en la fuerza de ella; por eso le había permitido vivir en el reino mortal.

Se acercó al escritorio, estirando el cuello para mirar a Celeste, que estaba desplomada e inconsciente detrás. El corazón se le encogió de golpe.

“¿Tanta sangre?!” exclamó, agachándose de inmediato para revisarla.

Los ojos de Celeste daban vueltas como trompos, y tenía una sonrisa tonta e inexplicable en el rostro. Cuando Lucifer miró con más atención, se dio cuenta de que la sangre le salía de la nariz.

Se quedó congelado, sin poder creerlo.

“¿Sangrado nasal? Esto es…”

Mientras pensaba, sus ojos cayeron sobre varios dibujos indecentes tirados sobre el escritorio. Poco a poco, tomó uno y empezó a hojearlo. Por un instante, hasta el rostro experimentado de Lucifer se puso rojo. La causa del sangrado de Celeste quedó más que clara.

Su timidez era un rasgo conocido, heredado dentro del linaje Lucifer. La caída de Lucifer había sido impulsada por su deseo de poder, por negarse a seguir siendo un simple lacayo. Aun así, su corazón había permanecido tan puro como el de un ángel. Solo tras convivir durante mucho tiempo con otros demonios su moral comenzó a corromperse. Incluso así, todavía sentía cierta resistencia ante cosas tan vulgares.

“¡Celeste…!!” Lucifer dejó los dibujos sobre el escritorio, listo para despertarla a gritos. Pero justo cuando iba a alzar la voz, se detuvo y respiró hondo.

“Debo calmarme… calmarme…” se dijo. “Es joven. Es normal que sienta curiosidad por estas cosas. Nunca había estado expuesta a la depravación. Además… ya creció…”

En ese momento, Lucifer parecía menos el Gran Dios Demonio del Infierno y más un padre preocupado. Por suerte, Lin Tian había asumido que Celeste era una “veterana” con experiencia y eligió materiales especialmente intensos. Ella ni siquiera alcanzó a disfrutarlos bien antes de desmayarse. Si los hubiera disfrutado de verdad y Lucifer lo descubría, quizá la habrían expulsado del Infierno… o incluso borrado de la existencia.

“Bueno… supongo que ya es hora de buscarle jóvenes demonios de alto rango respetables para pensar en matrimonio,” suspiró Lucifer.

Y con eso, regresó a las Puertas del Infierno, fingiendo que no había pasado nada. Le dejó su dignidad, sabiendo que si ese incidente se hacía público, la reputación de la familia Lucifer quedaría destruida por completo.

Mucho después, Celeste por fin recuperó la conciencia. Lo primero que notó fue algo raro en el aire. Olfateó con suavidad.

“¿El aroma de papá? No puede ser… Él no vendría al mundo mortal. Ese tipo vive obsesionado con el poder.”

Lo dejó pasar y volvió a lo suyo: la curiosidad podía más que sus reservas. Sonriendo con picardía, retomó los dibujos y empezó a hojearlos otra vez.

“¡Ay, no manches! ¡Su Majestad Goblin sí se pasó con estos! ¡No puedo creer que exista algo así!”

“Espera… otra vez mi nariz…”

Se desmayó varias veces más, hasta que poco a poco desarrolló tolerancia suficiente para mantenerse consciente. No le quedó más remedio que irse con calma.

…

Varios días después, en la Ciudad Rey Goblin, Lin Tian ya había torturado a Ladrick hasta dejarlo al borde del colapso. Aun así, la fortaleza mental de ese tipo era increíble, pero su espíritu ya estaba gastado hasta el límite.

“Esta cosa sí hace maravillas,” comentó Lin Tian junto al pilar de piedra en la plaza. “En apenas unos días, ya lo hizo intentar suicidarse varias veces.”

Frente a él estaba Ladrick, con los ojos inyectados en sangre, gruñendo. Pero ya no tenía los dientes completos: Lin Tian se los había hecho pedazos para evitar que se mordiera la lengua y se matara.

Ladrick rugió:

“¡Mátame! ¡Mátame ya, desgraciado! ¡Te vas a arrepentir! ¡Vas a morir de una manera horrible!”

Lin Tian se encogió de hombros.

“¿Ah, sí? Pues sigue maldiciendo. El último que se puso a hablar de más frente a mí terminó estrellándose la cabeza contra una roca.”

Ladrick se atragantó con sus propias palabras.

“Yo… Su Majestad Goblin, por favor deje de torturarme. ¡Puedo darle información valiosa sobre los demonios y el Imperio de los Semidioses!”

Al oír eso, los ojos de Lin Tian brillaron con interés.

“¿Ah, sí? ¿Y por qué no lo dijiste desde antes?”

Esa clase de información era oro puro para él. Al fin y al cabo, sabía muy poco sobre el Imperio de los Semidioses o los demonios del Infierno. En especial el Imperio de los Semidioses: un reino antiguo y poderoso que había logrado mantenerse gracias a una dominación absoluta y habilidades excepcionales.

Ladrick estuvo a punto de llorar.

“¡Sí lo mencioné antes! Pero usted estaba demasiado ocupado riéndose como demonio, disfrutando mi sufrimiento… ¡ni cuenta se dio!”

“¿Y por qué gritas?” lo interrumpió Lin Tian, buscando pleito adrede. No tenía por qué ser razonable con ese tipo; le recordaba a ciertas novias demasiado exigentes.

Ladrick tembló, confundido.

“¿Gritar? ¡Yo… yo no estaba gritando!”

Antes de que pudiera explicarse, Lin Tian le soltó otra ronda de golpes.

“Ya, ya. Habla. Si tu información sirve, te dejo sufrir unos días menos.”

Aplastando su rabia y su locura, Ladrick dudó un instante.

“Su Majestad… ¿me está diciendo que piensa conquistar todo el continente del otro lado del bosque?”

Incluso con el Dios Demonio Beelzebub protegiendo la Zona Deshabitada, ellos solo habían logrado mantener su territorio. Jamás se habló de lanzar una ofensiva contra el Imperio de los Semidioses. Al contrario: varios Imperios de Semidioses habían formado la Alianza Santa para atacarlos.

Los ojos de Lin Tian destellaron con intención asesina.

“¿Tú qué crees? No solo pienso tomar el Imperio de los Semidioses, hasta los dioses mismos serán mi presa.”

La única manera de hacer que el nombre “goblin” le diera miedo a todos era reescribir las reglas del mundo.

Ladrick quedó helado.

“Aunque lo odio, su ambición supera todo lo que imaginé. Usted definitivamente no es solo un goblin, ¿verdad?”

“Que lo sea o no ya ni importa. Empieza a hablar —a menos que quieras volver a probar el dolor del Reino de los Sueños,” dijo Lin Tian, impaciente.

Él ya había aceptado por completo su transformación en goblin. Volver a ser humano era imposible. Incluso si usaba habilidades de disfraz para mezclarse en la sociedad humana, no cambiaría su realidad. La mejor ruta era ponerse encima del mundo como goblin. ¿Para qué esconderse? Eso era lo que un verdadero transmigrador debía hacer.

“Está bien… está bien. ¿Quiere saber primero de los demonios o del Imperio de los Semidioses?” preguntó Ladrick con sumisión.

Lin Tian pensó un momento. Aunque demonios y semidioses no eran su objetivo inmediato, había una amenaza urgente.

“¿Y los ángeles? Tu Dios Demonio del Infierno, Lucifer… antes era un arcángel, ¿no? ¿Cuánto sabes sobre los ángeles?”

Comparados con demonios y semidioses, los ángeles eran su enemigo más cercano. Incluso un arcángel ordinario —un simple líder de escuadrón— podía exudar la presión de un Rey Demonio. Y ni hablar de ángeles de nivel medio, tronos de alto rango o querubines. ¿Y la fuerza de los serafines de doce alas? Esos sí eran seres auténticos de nivel dios.

Pensarlo le pesaba en el pecho a Lin Tian.

Ladrick parpadeó, sorprendido.

“¿Ángeles? Sí, Lord Lucifer fue alguna vez el arcángel del ala izquierda de Jehová, y Gabriel era el del ala derecha. Pero Lord Lucifer, tras obtener un poder demoníaco superior, ahora es más fuerte que Gabriel.”

“¿Más fuerte que Gabriel…?” murmuró Lin Tian. Aparte de Gabriel, quizá podría con los demás. Si llegado el momento lograba que Veronica invocara a Lucifer, tal vez tendrían oportunidad contra los ángeles.

“Ya veo. Ahora dime de los demonios del Infierno. Por ejemplo, ¿es posible invocar a Lucifer aquí?” preguntó Lin Tian.

Ladrick negó de inmediato.

“Imposible. Lord Lucifer persigue constantemente el poder demoníaco perfecto y casi nunca aparece en el mundo mortal. Solo vendría si creyera que puede matar a Jehová. Y con su estatus actual… usted no… usted no me va a golpear por decir esto, ¿verdad?”

Se veía patético y titubeante.

“Dale,” dijo Lin Tian, asintiendo con una paciencia exagerada.

“Su estatus hace imposible invocar a Lord Lucifer. Sin embargo, el Infierno está dividido entre siete Dioses Demonio, cada uno con sus propios deseos. Podría negociar contratos con ellos en su lugar,” explicó Ladrick con cautela, buscando aprobación para evitar otro castigo.

De pronto, lo invadió un frío terror. La expresión de Lin Tian se oscureció; su cara casi se volvió negra de furia.

“¿Te atreves a decir eso en voz alta?”

Aterrorizado, Ladrick forcejeó desesperado.

“¡Espera! ¡Prometiste no pegarme!”

“Crunch…”

La Serpiente Pitón Cornuda enrollada en Ladrick apretó con fuerza, como si quisiera exprimirle los órganos por cada orificio. Sus ojos saltones daban miedo de ver.

“¡Te estoy ayudando con información! ¿¡Y no te preocupa matarme!? ¿Qué clase de lógica es esa? ¡Waaah!” Ladrick no pudo contener el llanto, destrozado por la injusticia. Había sido lo más cooperativo y honesto posible… y aun así lo castigaban. Era demasiado.

Lin Tian soltó una risita.

“¿Qué clase de lógica? Soy goblin… ¿de verdad tengo que explicar más? Ahora, dime del Imperio de los Semidioses.”

“¡Tú… tú!” Ladrick estaba tan furioso que no encontraba qué responder. Resignado, continuó: “El Imperio de los Semidioses está compuesto principalmente por descendientes de los Dioses Principales, y en algunos casos, por los propios Reyes Dioses. Su poder es innegable. Incluso Lord Beelzebub tiene que andar con cuidado cuando trata con ellos. Si planea atacarlos, tendrá que prepararse muy bien.”

“¿Ah, sí? Yo pensé que su fuerza de combate sería similar a la tuya en la Zona Deshabitada,” dijo Lin Tian, fingiendo una realización repentina.

En realidad, en cuanto se encargara de los ángeles, tendría el poder aplastante para destruirlos. Por fuerte que fuera un semidiós, jamás podría compararse con un Dios Verdadero.

Satisfecho con lo que obtuvo, Lin Tian decidió descansar un poco y también dejar que el espíritu de Ladrick se recuperara. Al fin y al cabo, si lo empujaba a la locura, ya no habría diversión.

Al ver que Lin Tian se iba, Ladrick soltó un gran suspiro de alivio.

“Maldito goblin… ¡juro que te haré sentir diez veces mi sufrimiento! Lord Beelzebub debe regresar mañana… ¡y entonces será tu fin!”

Por muy astuto, fuerte o ingenioso que fuera Lin Tian, era imposible que se enfrentara a un dios. Ese era el poder verdadero: aplastante, absoluto.

…

De vuelta en la capital, cuando Lin Tian pasaba frente a la Casa Súcubo, una súcubo pequeñita se le acercó.

“Su Majestad, nuestra jefa lo está buscando. Venga conmigo~”

“¿Celeste?” Lin Tian se sorprendió. Si ella lo mandaba llamar en persona, solo un tonto se negaría.

En su oficina, Celeste se veía tímida al ver a Lin Tian.

“Queridísimo Majestad~ Me encantó el regalo que me dio… y estaba pensando… pensando si…”

Al escuchar eso, Lin Tian sintió que algo no cuadraba. ¿Por qué esa gran Señora Súcubo actuaba tan apenada, como una niña? Impaciente, preguntó:

“Dilo ya. Quieres más, ¿no?”

“¡Ah!” Celeste se sobresaltó como si la hubieran agarrado con las manos en la masa. Asintió con timidez.

Las expectativas de Lin Tian se desplomaron.

“Está bien, te conseguiré nuevos, pero me va a tardar un poco.”

“¡Qué maravilla! Gracias, querido~ Ahorita no tengo mucho con qué pagarte, pero si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en llamarme. ¡Incluso si involucra al Infierno, te ayudaré!” dijo Celeste con sinceridad, con los ojos llenos de gratitud.

Eso dejó a Lin Tian todavía más decepcionado. ¿Cómo que no tenía con qué pagarle? ¿No era ella el mejor “regalo”? Pero lo dejó pasar. Forzar las cosas, por muy satisfactorio que fuera, no sabría igual de dulce. Una joya como ella valía la pena esperar al momento correcto para reclamarla.

Aun así, vio un lado bueno: quizá Celeste podría servir como un vínculo con Lucifer algún día. Incluso podría ayudarlo a lidiar con Gabriel mientras él se enfocaba en otros ángeles. En cuanto devorara seis ángeles, podría ascender y convertirse en semidiós.

“Bueno, me retiro. Nos vemos la próxima,” dijo Lin Tian con una sonrisa amarga antes de irse.

En cuanto al material que ella quería, solo el Demonio Dibujante podía crear piezas que le encantaran, así que tardaría un poco.

…

Mientras tanto, en la Zona Deshabitada, el espacio mismo tembló. Otra Puerta del Infierno, similar a la de la que había salido Lucifer, fue arrancada a la fuerza. De ella brotó un torrente de energía demoníaca aterradora, desbordándose sin control.

En el centro de la zona se formó un tornado gigantesco, acompañado de nubes negras y relámpagos. Parecía que el fin del mundo había llegado. Aves y bestias huyeron aterradas, e incluso las criaturas mágicas se encogieron y se escondieron, temblando de miedo.

De la puerta salió un demonio amenazante, con dos cuernos que le salían de la frente. A diferencia de los cuernos enormes y ardientes de Lucifer, los suyos eran más pequeños y no estaban envueltos en fuego.

Era Beelzebub, uno de los Siete Dioses Demonio.

“Ah~ el aire del mundo mortal,” exhaló Beelzebub profundamente, saboreándolo.

No tenía necesidad de disfrazarse como humano, dado que estaba en la seguridad de la Zona Deshabitada —su territorio. Sin embargo, su cabeza grotesca se ladeó, y sus ojos fríos escanearon alrededor.

“¿Hmm? ¿Dónde están mis subordinados? ¿Cómo se atreven a no venir a recibirme?”

…

AN: Hermanos, me da un chingo de miedo ver la sección de comentarios por toda la crítica que me está cayendo. Le pido una disculpa enorme a mis hermanos que me apoyan, por si se me pasaron mensajes. Ahorita ni puedo compartir el código del grupo. De verdad lo siento, pero en cuanto termine esto, voy a juntar valor para leer los comentarios y responderles a todos.

Jaja, supongo que los lectores están mentando madres al autor por todos los errores que anda cometiendo al escribir, jaja.

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