De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 210

  1. Home
  2. All novels
  3. De Goblin a Dios Goblin
  4. Capítulo 210 - Buscando ayuda del Imperio de Troya
Prev
Novel Info

—Goblin… te voy a matar, te voy a matar, te voy a matar…

Durante todo el camino, Juana de Arco murmuró sin parar, como si estuviera poseída.

Sus hermosos ojos se habían vuelto oscuros y siniestros, llenos de venas enrojecidas.

Nunca había vivido un fracaso así, ni tampoco una humillación tan grande.

Ahora, no solo no podía vengarse… también tenía que ver a su gente morir de hambre mientras ella buscaba comida.

—Su Alteza, por favor no se ponga así. Ellos no la van a culpar; usted siempre ha actuado por el bien de todos.

—Así es, son solo goblins. Ya los mataremos cuando llegue el momento.

—Ánimo, primero vamos al Imperio del Elefante Gigante.

Con la comprensión y el consuelo de sus compañeros, la culpa y el rencor de Juana se calmaron un poco.

Aceleraron rumbo al Imperio del Elefante Gigante, porque el tiempo se les estaba yendo de las manos.

El viaje de ida y vuelta tomaría al menos siete días.

Para entonces, era muy probable que ya hubiera gente muriéndose de inanición.

Un torbellino de polvo se levantó mientras la caravana avanzaba a toda velocidad hacia el Imperio del Elefante Gigante.

Pronto llegaron ante las murallas altísimas.

¡Thump!

Pero los corazones de Juana y su grupo temblaron de golpe.

Al ver las puertas dañadas y las murallas derruidas, una sensación ominosa les subió por la espalda.

Sin perder tiempo, se metieron corriendo.

No había nada… solo ruinas y desolación.

¡Era evidente que aquello se había vuelto una ciudad fantasma!

—¡Imposible! ¡Imposible! ¿¡¡Cómo puede ser esto!!!?

Juana corrió al granero.

Era exactamente lo mismo que en el Imperio del Árbol Sagrado.

Vacío, sin una pizca de polvo.

En ese momento, los soldados que todavía tenían una mínima esperanza empezaron a entrar en pánico.

—¿Será que los goblins… conquistaron los dos grandes imperios al mismo tiempo? ¡¿Cómo demonios es posible?!

—Ya no queda comida… ¿de verdad nos vamos a morir de hambre?

—¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?!

Al ver a su gente así, Juana estuvo a punto de quebrarse, pero se obligó a mantener la calma.

—Bien, no entren en pánico. Sigan buscando. A lo mejor todavía encontramos algo de comida.

—Su Alteza… ya ni le mueva. Esto es parte del plan de los goblins. Quieren matarnos de hambre. No van a dejar comida en la ciudad… —dijo un soldado con gravedad.

La respiración de Juana se volvió irregular.

—A-aún… aún hay…

Quiso decir que aún había esperanza.

Pero viendo la situación… la esperanza parecía inexistente.

Podían ir a otros países pequeños, sí, pero quedaban lejísimos: por lo menos un mes de camino.

Para cuando regresaran con comida, la ciudad ya estaría llena de huesos.

De pronto, Juana recordó algo.

—¡Cierto… el Imperio de Troya!

—Pero Su Alteza, tenemos rencillas con el Imperio de Troya. ¿De verdad su rey nos va a dar comida? Y además… el viaje de ida y vuelta sería de al menos diez días —dijo el soldado, con la cara todavía hundida en la desesperación.

Juana no podía darse el lujo de pensar en rencillas.

—¡Tenemos que intentarlo! Diez días, veinte… mínimo es mejor que volver con las manos vacías.

—¡Entonces vámonos, todos!

El grupo volvió a ponerse en marcha.

Pero ya llevaban días sin comer.

Aparte de tener suerte y encontrar algunas frutas silvestres, no habían probado bocado.

La fruta no los llenaba; uno por uno se debilitaron, se mareaban, y la conciencia se les iba apagando.

Aunque Juana era una semidiosa y aguantaba un poco más, ella tampoco estaba mucho mejor.

Y además… el Imperio de Troya era un reino desértico.

El calor abrasador aceleraba la pérdida de energía.

Por fin llegaron a las murallas de Troya.

Al enterarse de que era la semidiosa Juana de Arco, el Rey de Troya reunió a un gran número de soldados arriba de las murallas y preguntó con frialdad:

—¡Hmph! ¿A qué vienes? ¿Piensas atacarme con este grupito? ¿No está muy soberbia la cosa?

—No, yo… nuestro Imperio Libre fue golpeado por langostas y hambruna. Venimos a pedir ayuda, esperando que pueda dejar de lado los rencores del pasado y darnos algo de comida para aliviar el desastre… —respondió Juana con debilidad, los labios secos y partidos por el calor sofocante.

Sus ojos estaban llenos de desesperación.

Al escucharla, el Rey de Troya soltó una carcajada burlona.

—¡Jajajaja! ¡Jamás pensé que vería a la altísima Santa Juana de Arco venir a rogarme ayuda! Te lo digo de una vez: ¡imposible! ¿Ya se te olvidó la enemistad entre nosotros?

El reino que Juana había derribado en el pasado era vasallo del Imperio de Troya.

Por eso, el odio entre ambos venía de tiempo atrás.

Además, la gente de Troya llevaba años resentida con los semidioses, creyendo que su propio poder heroico no era menos que el poder divino, pero siempre eran los semidioses los que se llevaban toda la gloria.

Y lo más importante: el asunto de Sara había dejado al Rey de Troya furioso. No había forma de que quisiera ayudarla.

Rugió:

—Si viniste a declarar guerra, ¡con gusto la acepto! ¿Pero si viniste a rogar? Dos palabras: ¡LÁRGATE!

—P-podemos pagar. Aunque sea caro, pagaremos el doble en oro… —Juana habló con miedo, porque no se atrevía ni a imaginar qué pasaría si la rechazaban.

Pero esas palabras solo encendieron más al Rey de Troya.

Porque por querer hacer dinero habían mandado a Sara al Imperio Goblin… y de ahí salió toda esa desgracia.

Con rabia, el Rey de Troya gruñó:

—¡Fuera! ¡Lárgate lo más lejos que puedas! Si no estuvieras tan débil ahorita, ya te habría atacado.

—Considérate con suerte. ¡Somos troyanos nobles! ¡El honor va primero! Si no… hoy estarías muerta.

Dicho eso, el Rey de Troya agitó la manga con grandilocuencia y se fue con sus soldados.

Juana de Arco y su grupo se quedaron ahí, paralizados de hambre y desesperación, como si los hubieran condenado a quedarse de pie.

Esa sensación de impotencia se le extendió por todo el cuerpo a Juana. Ya no sabía qué hacer.

Algunos soldados miraron el desierto inmenso y estéril, pensando en cazar algo… pero no había ni un solo animal.

Uno de ellos dijo con frustración:

—Su Alteza, vámonos. Esto está demasiado pelón. Tenemos demasiada hambre… vamos al bosque a ver si encontramos algo.

Juana se quedó inmóvil sobre su caballo, como si se hubiera vuelto piedra. No dijo ni una palabra.

Los soldados no tuvieron opción más que llevarse el caballo.

En el camino de regreso, buscaron por campos y bosques durante mucho tiempo, pero no encontraron ni un solo animal. La fauna local ya había sido cazada por los habitantes anteriores.

Esto no se parecía en nada al Imperio Goblin.

Allá la comida y la ropa abundaban, pero aquí la gente se apretaba el cinturón para sobrevivir. Cualquier criatura visible ya la habían atrapado y comido.

Al final, tras un esfuerzo brutal, lograron atrapar algunos pajaritos y asarlos para medio llenarse.

Pero las aves eran difíciles de atrapar, y ellos ya no tenían fuerzas. Usar magia para cazarlas les habría costado más energía de la que ganaban.

En este mundo, el poder mágico —maná— era prácticamente lo mismo que la resistencia física.

—¡Su Alteza! ¡Rápido, algo le pasa a la reina!

De pronto, sentados junto a la fogata, la vista de Juana se le apagó y cayó al suelo.

El peso que traía en el corazón la había desgastado mentalmente; se desmayó por la tensión.

Cuando despertó, iba recostada sobre su caballo, y al mirar alrededor se dio cuenta de que ya casi regresaban a Ciudad Libre.

Entonces algo le pareció raro.

Habían salido con treinta personas y cinco caballos.

Los caballos casi se habían salvado de la plaga de langostas, y esos cinco eran los únicos que quedaban.

Ahora, los caballos seguían bien… pero había menos gente.

¡Solo quedaban veinte!

Juana no pudo evitar preguntar:

—¿Dónde están los demás? ¡¿A dónde se fueron?!

Al oír eso, todos bajaron la mirada, sin atreverse a contestar directamente.

La impotencia y la desesperación de Juana se hicieron aún más profundas.

—¡Idiotas! ¿Por qué no se comieron primero a los caballos? ¡¿Cómo pudieron hacer algo así?! ¡¿En qué son diferentes de los goblins?!

—¡Su Alteza! Estos caballos… son la última esperanza del imperio. N-no… no pudimos comérnoslos… —dio un paso al frente el capitán, con la cara llena de lágrimas.

Se veía completamente derrotado.

Esos días habían sido un infierno.

Tenía los ojos rojos, ojeras profundas, y aunque había comido, parecía medio muerto, hecho trizas.

Daba miedo.

Habían hecho un pacto: quien se desmayara por hambre o agotamiento sería sacrificado para que el grupo sobreviviera.

Así que todos luchaban por mantenerse despiertos, con terror de caerse, sabiendo que si lo hacían… ya no volverían a levantarse.

La expresión de Juana se ensombreció. No tuvo corazón para culparlos.

Si ella no hubiera provocado a los goblins, nada de esto habría pasado.

Suspiró, rendida.

—Vámonos. Regresemos y evaluamos la situación. Si se pone peor… comeremos hojas y pasto para sobrevivir.

—Ya llenamos varios carritos con pasto y hojas. Ojalá nos aguante para resistir —dijo el capitán, mirando hacia atrás.

En decenas de kilómetros alrededor del Imperio Libre, cada brizna de pasto y cada hoja ya se la habían comido las langostas.

Por eso se habían preparado antes.

Con el corazón pesado, Juana por fin cruzó las puertas de Ciudad Libre.

Al oír el alboroto, un montón de habitantes salió en estampida… ¡como fantasmas hambrientos!

Al verlos, hasta Juana se asustó tanto que le dieron ganas de bajarse y salir corriendo.

De verdad parecían una horda de muertos de hambre.

Sus caras estaban amarillas y chupadas, las mejillas hundidas por el hambre, y las manos como garras de pollo, huesudas y delgadas.

Todo el cuerpo sucio, cubierto de mugre, y apestaban de forma nauseabunda.

Sus ojos ardían como flamas de espectro, desesperados por comida, desesperados por vivir.

Salían en manada como zombis, murmurando palabras incomprensibles con los labios.

Estaban tan hambreados que ni hablar bien podían.

—¡Su Alteza! ¡Sálveme! ¡Me estoy muriendo de hambre!

—¡Comida! ¡Deme comidaaaa!

—Mi niño… Su Alteza, ¡tiene que ayudarme! ¡Mi niño desapareció anoche! Es muy posible que… es muy posible que… ¡wuu wuu wuu!

—¡Tú, mujer sin corazón! ¿Con qué cara hablas? ¡Mi niño fue a tu casa a jugar y desapareció por completo!

Los que todavía podían hablar eran los que aún no se habían consumido del todo.

Los demás ya se habían lanzado sobre los carritos.

La cara de Juana se puso oscura, sin saber cómo enfrentarlos.

—Perdón… todos, pero la comida…

Ella había pensado que no se comerían el pasto y las hojas.

Pero uno tras otro, como demonios hambrientos, empezaron a pelear por las hojas y el pasto.

Se los metían a la boca a puños, empujándose mordidas enormes al estómago.

El “sentirse llenos” se dibujó en sus rostros.

Al ver esa escena…

Juana frunció el ceño y no pudo evitar preguntar:

—Capitán… ¿cuántos días tardó nuestro viaje de regreso? No… ¿cuánto tiempo estuvimos fuera en total? ¿Por qué está así esto?

—S-Su Alteza… ¿quince días… quizá veinte? Ya no… ya no recuerdo bien… —tartamudeó el capitán, con la mirada perdida.

Cada soldado había luchado por mantenerse consciente, negándose a desmayarse o quedarse dormido.

Todos iban medio muertos.

Su ritmo se había reducido a casi la mitad.

En la mente de Juana, ¡fue como si un trueno explotara!

¡Un estruendo ensordecedor!

¿Veinte días…?

No se atrevió ni a imaginar los horrores que se vivieron en la ciudad durante esos veinte días.

Hasta los soldados —que tenían el “lujo” de estar afuera y poder comer hojas, pasto y de vez en cuando un pájaro— terminaron recurriendo al canibalismo.

En una ciudad como Ciudad Libre, donde no había ni un solo grano de arroz en decenas de kilómetros…

Cómo habían logrado sobrevivir estas personas…

no había duda alguna…

Prev
Novel Info

MANGA DISCUSSION

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

You must Register or Login to post a comment.

Apoya a este sitio web

Si te gusta lo que hacemos, por favor, apóyame en Ko-fi

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first

Caution to under-aged viewers

De Goblin a Dios Goblin

contains themes or scenes that may not be suitable for very young readers thus is blocked for their protection.

Are you over 18?