De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 184
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- Capítulo 184 - ¡La vida de Gobu Kuang en peligro, Juana entra a la ciudad!
“¿Devorar dioses, eh? Aunque está algo complicado, por fin hay una forma de evolucionar.”
Lin Tian lo pensó un momento, bastante satisfecho.
Pero de pronto soltó una maldición: “¡Maldición! ¿Hablan en serio? ¿Qué Dios Duende ni qué nada? ¡Si ya puedo devorar dioses, ¿qué sentido tiene volverme uno?!”
“Eh…”
La Búho Tuerta y los demás se quedaron sin palabras.
Veronica, en cambio, murmuró sin creerlo: “¿Cómo podría ser posible? ¿Cómo es que un duende puede convertirse en dios? ¿Qué clase de poder tendría un dios en un sistema así? ¡Ridículo! ¡Es para reírse!”
Sus emociones estaban inusualmente alteradas.
La Búho Tuerta explicó: “Escuincle, ¿todavía te quejas de tu suerte? ¿Sabes siquiera lo que significa volverte un dios?”
Al oírla, Lin Tian se quedó pasmado un instante. “Si puedo matar dioses, ¿eso no significa que ya soy un dios?”
“Si logras encender una chispa divina, significa que dominas el poder divino. Cualquier oponente sin chispa divina estaría a tu merced. También podrías crear tu propio sistema mitológico, y mientras haya gente en el mundo que crea en ti, podrías obtener vida y poder sin fin. Eso es todo lo que sé,” dijo la Búho Tuerta con tono grave, cargado de anhelo.
Por desgracia, ella solo era una descendiente de semidiós; ni siquiera contaba como una semidiosa completa, mucho menos alguien capaz de encender una chispa divina.
Aparte de los semidioses, que aún tenían una pequeña posibilidad de convertirse en dioses, para los demás era casi imposible.
Y ahora, Lin Tian, un duende de bajo nivel, tenía el potencial de volverse dios.
No era raro que Veronica estuviera llena de envidia, celos y odio.
Lin Tian captó la idea rápido. “Si es así, ya me interesa un poco más. Pero bueno, volverse semidiós debería contar como evolución, ¿no? Me pregunto en qué me voy a convertir.”
“Ya obtuviste la información, y mi familiar murió por ello. ¿No deberías cumplir tu promesa ahora?” dijo Veronica con cautela.
Estaba muerta de miedo.
Miedo de que Lin Tian rompiera su palabra, porque frente a ella no dejaba de ser un duende.
Sus ojos estaban llenos de súplica.
Los labios de Lin Tian se movieron apenas al decir: “Muy bien. Gobu Jian, ve a la otra celda y trae a Rebecca.”
“Sí, Jefe.”
Muy pronto.
Veronica vio de nuevo aquella figura familiar y no pudo evitar alegrarse.
Estaba eufórica, porque pensaba usar a Rebecca para escapar llegado el momento.
Una súcubo no solo sabía seducir.
También podía usar sangre para dibujar un círculo mágico y convocar a otros demonios del infierno.
Y, casualmente, Veronica conocía ese círculo.
Para no levantar sospechas ante Lin Tian, añadió: “En realidad, podrías romperle los cuernos. Así no podría usar su habilidad de encanto. No te preocupes, yo solo la amo y quiero estar con ella.”
“¿Oh? Así de cruel, ¿eh? Pero me da igual, haz lo que quieras.” Lin Tian se rió con desprecio.
Cruzó miradas con Rebecca y, casi al instante, los ojos de ella se volvieron corazones.
Su cuerpo ardía de deseo, ansiando fusionarse con Lin Tian.
Veronica se dio cuenta de que algo estaba raro, pero lo dejó pasar. Lo que no entendía era por qué Lin Tian no le rompía los cuernos a Rebecca.
Para alguien tan precavido como él, eso no tenía sentido.
“Cariño, ¿ya te vas? Todavía quiero estar contigo. Ya no somos tan jóvenes, ¿no crees que es hora de tener un lindo bebé?”
Rebecca se mordió el labio rojo; su figura voluptuosa resultaba terriblemente tentadora.
Justo cuando Lin Tian estaba por irse, hizo un gesto con la mano, impaciente. “No tengo tiempo para eso ahorita. Veronica, me voy.”
“¡Espera! ¡Maldito duende! ¿Qué le hiciste a mi Rebecca?”
El rostro de Veronica cambió, su voz llena de terror.
Sí, de miedo.
Como mujer que amaba sinceramente a Rebecca, estaba aterrada.
Lin Tian se encogió de hombros. “No le hice nada. ¿Será que la encanté para que me ame? ¿Tú qué crees? ¿Me veo como una súcubo?”
Luego se puso en unas poses ridículas.
La Búho Tuerta, repleta de desprecio, exclamó: “¡Mis ojos! ¿Quieres dejarme ciega por completo? Si ya no hay nada más, vámonos a la ciudad. Todavía hay mucho por divertirnos, jajaja.”
Gobu Yue también se fue un rato para encargarse de los restos del asunto.
Veronica escupió con asco. “¡Descarado y sinvergüenza! ¡Devuélveme a mi Rebecca!”
“Hmph, ella ya debía estar muerta, y ahora no solo es inofensiva, sino que hasta sirve para mantenerte a raya. ¿En serio quieres que deje de amarme?”
Los ojos de Lin Tian se enfriaron, y la presión en la habitación se volvió asfixiante.
Al ver la expresión aterradora de Lin Tian, Veronica vaciló, frustrada e indefensa. “¿Qué es exactamente lo que quieres?”
Su plan había sido depender de Rebecca para escapar, pero ahora… ¡ni siquiera podía contar con ella!
Ya no veía ninguna vía de escape.
La antaño poderosa No-Muerta, dueña de la Gran Tumba, se había convertido por completo en una prisionera.
Lin Tian se puso a pensar qué hacer.
De pronto, se le ocurrió algo, y su rostro se iluminó de alegría.
El poder de combate de Veronica era incluso mayor de lo que sus números indicaban, porque también podía desatar un apocalipsis.
Si lograba convertirla en su familiar, entonces, cuando las cosas se pusieran feas, siempre podría voltear la mesa y negarse a seguir jugando.
“Vamos, Diosa de la Suerte, échame la mano… ¡Robo Afortunado!”
Lin Tian se frotó las manos y luego las extendió hacia Veronica.
“¡Shuash!”
Mientras la luz brotaba a su alrededor, un aviso apareció al segundo siguiente: “¡Felicidades, has obtenido el ‘amor de Veronica’! ¿Deseas robarlo?”
“¿¡Qué!?”
Lin Tian casi no se lo podía creer. ¿“Robo Afortunado” podía ser así de atascado?
Sin dudar, aceptó.
“¿Tú… qué me hiciste? ¿Por qué siento esta incomodidad tan extraña?”
En los ojos de Veronica brilló el pánico, confundida y ansiosa.
Lin Tian la miró, intrigado, y se acercó poco a poco, obligándola a enderezar el cráneo.
Sus miradas se encontraron, y él le tomó la barbilla con fuerza.
En tono dominante, preguntó: “¿Me amas?”
“¡Que te ame tu abuela! ¡Lárgate, maldito duende!”
Veronica respondió con un cabezazo tipo cohete; la dureza de su cráneo hizo que Lin Tian viera estrellitas.
Por poco queda noqueado.
“¡Espera, esto no cuadra! Si te robé el amor, ¿por qué no me amas?”
Lin Tian se sobó la frente, confundido.
Veronica lo miró con un desprecio absoluto. “Hmph, ¿crees que puedes robar mi amor? Llevo mil años soltera; hace mucho que no siento nada por hombres. La única compañía que he tenido es una mujer, así que ahora solo amo mujeres.”
Al oír eso, Lin Tian por fin entendió: ella amaba a las mujeres, así que, aunque le robara el amor, no iba a enamorarse de un hombre.
Maldiciendo por lo bajo, añadió: “Caray… mejor pórtate bien. Rebecca es mía ahora.”
Dicho esto, azotó la puerta y se fue.
Tenía que reunir más información sobre semidioses para preparar su evolución.
Al salir de la mazmorra, se sentó solo en los escalones de la plaza, pensando profundo en su siguiente paso.
En ese momento, había un blanco ideal: una semidiosa, la supuesta rey más grande, la Santa Espadachina, Juana de Arco.
Pero con un poder de combate de 16,000, las cosas no serían tan sencillas.
“¡Jefe! ¡Jefe! ¡Algo anda mal!”
Justo entonces, se escucharon las voces de Gobu Tian y Gobu Shan. Los dos se veían desesperados, corriendo a toda prisa hacia la plaza.
Desde lejos, Lin Tian ya podía ver que estaban heridos.
Se puso de pie de inmediato. “¿Qué pasó? Cálmense.”
Gobu Tian, jadeando y con el cuerpo temblando, dijo: “Esa tal Juana apareció hace rato. Gobu Kuang estaba siguiendo tus órdenes, ejecutando a los monstruos desobedientes, pero Juana dijo que no merecían morir y empezó a pelear con él.”
“Gobu Kuang no fue rival; le rompió las cuatro extremidades… no, ¡las seis! Tratamos de ayudar, pero también nos molió a golpes. Ahora mismo, la Búho Tuerta está enredada peleando con ella,” explicó Gobu Shan.
Sus heridas no eran tan graves, porque salieron huyendo en cuanto sintieron esa fuerza abrumadora. Por suerte, Juana no había tenido intención de matarlos, o ya estarían muertos.
Al escuchar esto, la ira de Lin Tian se disparó, y apretó los dientes. “¡Vámonos!”
…
Ciudad del Rey Duende, Distrito Este.
Monstruos y semihumanos huían despavoridos.
“¡Ya no es seguro quedarse! ¡Maldición, Juana de Arco está aquí, corran!”
“¡Estamos perdidos! ¡El Imperio Duende se acabó!”
“Qué oponente tan aterrador… A Kuang lo dejaron inválido de un solo movimiento. ¡Si al menos yo fuera más fuerte!”
Mientras los monstruos y semihumanos escapaban, no paraban de hablar entre el miedo.
Todos corrían hacia la salida de la ciudad.
Pero en ese momento apareció Lin Tian. “Tranquilícense todos. Yo me encargo de Juana de Arco.”
“¡E-es el Rey Duende!”
“Hermanos, esperen a ver. ¡El Rey Duende ya está aquí!”
“¿De qué sirve? ¡Ella es una semidiosa!”
Algunos todavía tenían esperanza, pero los que realmente entendían el poder de un semidiós siguieron corriendo.
Yendo a contracorriente, Lin Tian pronto distinguió el origen del alboroto más adelante.
“¡Boom!”
Una serie de explosiones ensordecedoras llenó el aire. Él conocía muy bien ese sonido: era la Búho Tuerta desatada.
En plena calle.
Juana de Arco estaba plantada ahí con una armadura ligera, irradiando un aura santa que oprimía a los monstruos de los alrededores, dejándolos sin aliento.
Las piernas se les doblaban: no podían moverse.
La Búho Tuerta atacaba como loca, gritando: “¡Aquí no eres bienvenida! ¡Santa falsa hipócrita!”
Al oír eso, Juana —que solo había estado esquivando sin contraatacar, protegiéndose con el Escudo Sagrado de la Fe— mostró un leve cambio de expresión. “Elizabeth Tilly, no quiero ser tu enemiga, pero si sigues insistiendo, no me culpes por lo que pase.”
“Hmph, ¡pues órale, ven con todo!”
El aura de la Búho Tuerta ardió con furia, y tensó el puño derecho; se oían claramente sus músculos crujir al cargarse de fuerza.
Lanzó un puñetazo tan pesado que parecía distorsionar el aire mismo.
“¡Bang!!”
El puño se estampó contra el Escudo Sagrado de la Fe, y la onda de choque explotó como un pulso, reventando las tiendas de los alrededores.
Los monstruos y semihumanos que ya se habían desplomado por la presión salieron disparados por los aires.
Aun así, Juana de Arco no se movió ni un centímetro. A pesar de lo frágil que parecía, tenía la firmeza y seguridad de una montaña.
Su cabello dorado volaba con el viento producido por el golpe, y su rostro seguía tranquilo.
Retiró el escudo, giró sobre sí misma y lanzó una patada lateral.
La patada de Juana mandó volando a la Búho Tuerta, estrellándola contra un edificio. “Tu fuerza es sin duda asombrosa, digna de una descendiente de semidiós. Pero usar ese poder a lo loco hace que tus debilidades salten a la vista.”
¡De pronto!
Una sombra salió disparada de entre los escombros.
La Búho Tuerta había entrado en modo berserker. “¿Quién te dio permiso de hablar como si ya hubieras ganado y dar discurso de victoria?”
Con un puñetazo demoledor, de verdad obligó a Juana a retroceder.
Hasta Juana se sorprendió. “No pensé que tu velocidad pudiera llegar a este nivel. Eres la descendiente de semidiós más fuerte que he visto. Pero hay una barrera que jamás podrás cruzar…”
Al oír eso,
hasta en pleno frenesí la Búho Tuerta volvió en sí al instante.
Con varias volteretas rápidas hacia atrás, amplió la distancia, observando a su oponente con extrema cautela.
Osius y Grugia se quedaron de piedra. “¡No manches, ¿la Hermana Mayor dejó de pelear? ¿Qué demonios está pasando?!”