De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 159
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- Capítulo 159 - ¡Concurso de Bebida, Venganza contra Grugia y Osius!
Nota: cambio de terminología — Super Empire pasa a ser Gran Imperio.
A lo lejos.
Las pupilas de Sylph se contrajeron bruscamente, y hasta el Engendro Oscuro sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Ambos hablaron al mismo tiempo:
—¡El Dios Maligno está viniendo!
El Engendro Oscuro, que hace unos segundos bromeaba y deseaba que Sylph se marchara, se volvió súbitamente serio.
—¿La Diosa Madre Cabra Negra? Si no me equivoco, debe ser ella. Esto ya no tiene gracia, sigan ustedes.
Dicho eso, cayó en un profundo sueño.
—¡Esto es malo! ¡Alice, alcanza a ese ser de inmediato! ¡Debo sellarlo antes de que el Dios Maligno llegue! —Sylph gritó con pánico.
Alice corrió a toda velocidad, atravesando las ruinas.
Impulsada por el poder del viento de Sylph, su rapidez era sin precedentes.
En un abrir y cerrar de ojos, alcanzó al severamente herido Hijo del Dios Maligno.
—¡Magia de Viento · Viento Vinculante del Valle de los Muertos!
El círculo mágico se formó.
El Hijo del Dios Maligno levantó la mirada, aterrorizado.
—¡No! ¡No me selles!
Intentó huir, pero el viento feroz lo empujó hacia atrás, haciéndolo caer al suelo.
—¡Swish!
El hechizo cayó.
Se abrió un vacío negro, que emitió una poderosa fuerza de succión.
El Hijo del Dios Maligno fue arrastrado a la fuerza hacia su interior.
El sello estaba completo.
Pero Alice temblaba sin control.
—¿Q-qué me está pasando…?
—¡Arrodíllate rápido! ¡Pega tu cuerpo al suelo, cierra los ojos, cúbrete los oídos y, pase lo que pase, no te muevas! —ordenó Sylph con urgencia.
Ella también desapareció del lugar.
El Engendro Oscuro hacía rato que se había ocultado, temblando de miedo, sin atreverse siquiera a respirar.
A lo lejos, Gobu Kuang y sus compañeros también temblaban, aunque sin saber por qué.
—¿Por qué mi cuerpo se sacude…? ¿Por qué siento tanto miedo…?
Gobu Tian estaba igual de desconcertado, pero su instinto le gritaba que se acercaba un peligro indescriptible.
Y no había lugar donde esconderse.
Ni siquiera las sombras ofrecían refugio.
Los demás goblins, de no ser porque la guerra ya estaba ganada, se habrían derrumbado.
En ese momento, Alice les ordenó que hicieran lo mismo que ella.
Los goblins, como por instinto ancestral, se arrodillaron.
Como si en el fondo de sus corazones, desde siempre, hubiesen querido hacerlo.
Todos se postraron, sin atreverse a levantar la cabeza, ni mirar, ni escuchar.
Mientras tanto, Lawrence y el ejército de no muertos permanecían alertas, aunque profundamente confundidos.
En el cielo oscuro y ominoso, el espacio pareció quebrarse.
Una luz surgió de entre las grietas, como un sol negro.
A primera vista se distinguía: era un ojo.
En la superficie negra y cristalina se extendían líneas rojas como venas, y en el centro brillaba una diminuta pupila carmesí.
Era aterrador.
Y, sobre todo, enorme. Vigilaba todo lo que había abajo.
Era nada menos que uno de los ojos de la Diosa Madre Cabra Negra.
El ojo recorrió el lugar un par de veces, sin encontrar nada inusual.
Lawrence lo miró, petrificado, soltando su espada mientras caía de rodillas.
No podía apartar la vista.
El Ojo del Dios Maligno lo enfocó y, con un leve movimiento de la pupila…
—¡Swish!
¡Todo el ejército de no muertos se evaporó!
Desapareció sin dejar rastro.
Entonces, el ojo se desvaneció lentamente.
El sol volvió a atravesar las nubes oscuras, bañando la tierra con su luz.
Todo quedó extrañamente tranquilo.
Alice finalmente se puso de pie.
—¿Eso… era el Dios Maligno?
Hasta su propio corazón le había ordenado arrodillarse. La presión era insoportable.
Era como si todo el mundo se hubiera convertido en un infierno bajo su presencia.
Y sin embargo… solo era un ojo.
—Por fin terminó. Me pregunto qué tan feliz estará el Jefe cuando vea que tomamos esta ciudad. ¡Ja ja! —dijo Gobu Kuang, aún temblando, pero con una sonrisa triunfante.
Alice se acercó y dio nuevas órdenes.
—Aún no ha terminado. Debemos conquistar el Reino Mágico cuanto antes. Las demás ciudades y territorios del Reino de la Espada aún no están bajo nuestro control. No se adelanten a celebrar.
Esta ciudad solo contaba como un ataque sorpresa.
Pero los duques y señores de las otras regiones seguramente ya se habrían aliado.
Tomarlos a todos llevaría tiempo.
La mayor pérdida había sido el ejército de no muertos.
Hasta los monstruos de cien metros habían sido aniquilados sin siquiera poder contraatacar.
Perder un ejército tan poderoso era realmente lamentable.
Pero la guerra debía continuar.
Gobu Kuang se recompuso, preparándose para partir.
—Vamos. Siempre ha sido el Jefe quien nos lleva a la victoria. ¡Esta vez nos toca brillar y hacerlo feliz!
—¡Eso es, vamos a demostrar de qué somos capaces! —gritaron Gobu Tian y Gobu Shan.
Su moral estaba por las nubes.
Alice reorganizó las tropas, se reabastecieron y comenzó el asalto al Reino Mágico.
Reino Mágico
Sin un líder, la capital estaba sumida en el caos.
Los nobles se traicionaban entre sí, y todo se había convertido en un enredo de sangre y ambición.
Con un ataque rápido y decidido, podrían conquistarlo de un solo golpe.
Dentro del Imperio de la Guerra,
En el Gremio Cazador de Dragones.
—¿Qué pasa? ¿Ya se están rajando? —Lin Tian se burló, mirando a Grugia con una sonrisa de depredador.
Para vengarse de ambos de una forma “justa”, había propuesto un concurso de bebida.
Uno contra dos.
Mientras uno de ellos se mantuviera en pie, ganarían.
Por eso aceptaron.
Pero Grugia ya estaba empapado en sudor.
—¿Eres humano siquiera? ¡Bebiste más que la Jefa y sigues como si nada!
Presionado por la multitud, no tenía más opción que seguir bebiendo.
Si se rendía a mitad, sería el hazmerreír del gremio.
Pero ya estaban considerando que era mejor ser ridiculizados que seguir bebiendo.
Porque Lin Tian los observaba con una sonrisa demasiado siniestra.
—Beban, beban, beban. Si se emborrachan, se emborrachan. No seré tan cruel, no se preocupen —dijo con una falsa amabilidad.
Osius, aunque asustado, apretó los dientes y siguió bebiendo.
—Novato, te advierto, ¡no te pases de listo o te haré pagar!
Sabiendo que iban a perder, intentaban intimidarlo de antemano.
Grugia añadió:
—¡Eso! ¡Mis métodos no son nada agradables! ¡Más te vale no pasarte, entendido!
—Está bien, está bien —contestó Lin Tian, impaciente—. Prometo que no les haré ni un rasguño, ¿contentos?
Siguieron bebiendo varias rondas más.
Una hora después…
Ambos estaban completamente ebrios, tirados en el suelo, inconscientes.
Un miembro del gremio se acercó curioso:
—Hermano, ¿cómo planeas castigarlos? ¡Cuéntanos!
Todos esperaban con ansias.
¿Concurso de bebida?
Error.
¡Era una trampa para vengarse!
Lin Tian se acarició la barbilla, sonriendo con malicia.
—¿Podrían ayudarme a cargarlos afuera?
—¡Claro que sí!
—¡Vamos!
—¡Esos dos ya nos habían fastidiado bastante; hora de que prueben su propia medicina!
Todos se unieron encantados.
Siguieron a Lin Tian fuera del gremio, hasta la calle principal.
Finalmente se detuvieron frente a un local llamado “Rosa de Medianoche”.
—¿Eh? ¿Chicos del Gremio Cazador de Dragones? ¡Pasen, pasen! Justo hoy nos llegó mercancía fresca, una rosa que ni un cliente ha tocado todavía, ¿quieren probarla?
En la puerta los recibió una mujer robusta, de maquillaje recargado y sonrisa empalagosa.
Era la dueña, Rosa Roja.
Tomó a Lin Tian del brazo para conducirlo adentro.
Lin Tian hizo una seña a los demás para que esperaran afuera mientras entraba.
Dentro, la iluminación era tenue, y el aire estaba saturado de perfumes embriagadores.
Muchos bebían, cada uno acompañado por una mujer.
El ambiente estaba lleno de risas lascivas.
Desde el piso de arriba se oían gemidos y suspiros entrecortados.
Era obvio: aquel lugar no era para almas inocentes.
Rosa Roja llevó a Lin Tian a un salón privado.
—Espere un momento, jovencito tan guapo. Déjeme traerle mis mejores rosas.
Poco después, una a una fueron entrando mujeres deslumbrantes, como flores en pleno florecer.
Había unas diez en total.
Todas vestían de forma provocadora, con rostros y cuerpos diseñados para enloquecer a cualquier hombre.
De solo verlas, la sangre subía.
Para quien no tuviera autocontrol, aquello era el paraíso.
Sin embargo, cada una mostraba una expresión arrogante y fastidiada.
—Jefa, ya le dije que no atiendo a nadie que no sea noble.
—Por lo menos, que sea guapísimo. ¿Por qué nos traen a este?
—¡Estoy de descanso! ¡Quiero pago doble aunque no atienda!
Rosa Roja hizo un gesto para calmarlas.
—Tranquilas, prometo que se les recompensará bien.
Luego señaló a Lin Tian.
—Vean a este jovencito tan fresco, ¿les gusta? ¡Y además es del Gremio Cazador de Dragones!
Las “rosas” lo miraron…
Y en un instante, sus ojos se iluminaron.
—¡Vaya! ¿Tan joven? Uy, soy varios años mayor, ¿no estará mal esto?
—Oye, guapo, ¿qué tal si te cobro la mitad?
—¿Del Gremio Cazador de Dragones? No te cobro nada, con tal de que prometas regresar seguido.
De pronto, las orgullosas mujeres se abalanzaron sobre él.
Extendían sus brazos delgados y sus piernas largas, buscando atraparlo.
El perfume y las miradas lascivas eran un torbellino.
Estaban acostumbradas a atender viejos barrigones o tipos horribles; muchas veces contenían las náuseas.
Así que encontrarse con un joven atractivo y famoso fue casi un regalo divino.
Incluso algunas pensaron en pagar ellas mismas por tenerlo.
Desde su punto de vista, ser quien atendiera a Lin Tian era una oportunidad única.
Rosa Roja se rió divertida.
—No se apresuren, chicas. Si el joven aguanta, ¡podría llevarlas a todas a la vez!
—Ejem, jefa… en realidad, no vine por eso —dijo Lin Tian, conteniéndose.
Tuvo que aclararlo antes de que la situación se saliera de control. Si los del gremio se enteraban de que estaba ahí “por placer”, lo despedazarían.
Rosa Roja se detuvo, sorprendida. Las demás también lo miraron con desconcierto.
—¿No viniste por eso? ¿Entonces a qué vienes?
—Vine a vender —respondió Lin Tian con calma.
—¿Vender qué? —preguntó la dueña, intrigada pero paciente por respeto al gremio.
Lin Tian miró de reojo a las mujeres y luego dirigió la vista hacia abajo.
El gesto las dejó heladas.
—¿Eres… gay? —exclamó una.
—¡Qué desperdicio! Con razón resististe tanto.
—Ay, pobrecito, déjame ayudarte y te “curaré” enseguida.
—Déjenlo, yo seré la hermana angelical que lo devuelva al buen camino.
Lin Tian levantó la mano, interrumpiéndolas.
—Nada de eso. Vine a vender personas. Dos hombres sanos, fuertes y apuestos, por solo mil monedas de oro. ¿Qué dice?
—Pueden usarlos para clientes con gustos… peculiares. Diez monedas por sesión, y en cien sesiones ya recuperan la inversión, ¿no creen?
—Incluso firmo un contrato: si me echo para atrás, pagaré cien veces más.
Los ojos de Rosa Roja se convirtieron en monedas doradas.
—¿Dónde están? ¡Los compro ahora! ¡Es un negocio redondo!
Mil monedas ni siquiera bastaban para comprar un esclavo decente, ¡y él le ofrecía dos hombres!
Y con cláusula de penalización.
—Jefa, ¿qué haría usted con dos hombres? —preguntó una de las chicas, perpleja.
Rosa Roja soltó una risita perversa.
—Llevo años en este negocio, querida. Hay más de un caballero con gustos… distintos. Esto nos abrirá nuevas oportunidades.
—Y si no funciona el negocio, siempre puedo quedármelos para uso personal, jeje…
Su sonrisa se ensanchó.
Lin Tian también rió.
—¿Pensaban que podían burlarse de mí? Pues bien… esta encantadora dama de ciento treinta kilos será su nueva dueña a partir de hoy.