Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 174

  1. Home
  2. All novels
  3. Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos
  4. Capítulo 174 - Volcán
Prev
Next
Novel Info

Cuando llegó el momento del tratamiento, incluso con la personalidad naturalmente valiente y franca de la Maestra Tian, no pudo evitar sentirse un poco nerviosa.

De pie a su lado, Zheng Fa notó por el rabillo del ojo que el Viejo Bai apretaba con fuerza los puños.

—Maestra Tian, no se ponga nerviosa —la tranquilizó Zheng Fa—. Ya lo probé: usar el Talismán Taiyi para tratar es completamente indoloro.

Al oír esto, el Viejo Bai pareció darse cuenta de su propia tensión. Aflojó los puños y sostuvo con suavidad el brazo de la Maestra Tian, bajando la voz.

—No tengas miedo.

La Maestra Tian asintió levemente; un tenue rubor le subió al rostro mientras murmuraba:

—Seguro piensan que estoy haciendo el ridículo.

Zheng Fa negó con la cabeza.

La gente siempre era así: frente a la desesperación absoluta, a menudo podían mantenerse extrañamente serenos.

Pero cuando se les daba aunque fuera un mínimo hilo de esperanza, era entonces cuando de verdad aparecía la ansiedad.

Zheng Fa extendió la mano, y el Talismán Taiyi dentro de su Fundación de Talismán Yuan tembló ligeramente.

Una luz dorada de talismán fluyó de sus yemas, cargando consigo las profundas expectativas del Viejo Bai y la persistente inquietud de la Maestra Tian.

La luz dorada se transformó en una fina lluvia espiritual que cayó suavemente sobre la Maestra Tian.

La lluvia del Talismán Taiyi tenía un efecto calmante.

Sin darse cuenta, la Maestra Tian se sumió en un sueño profundo.

Justo antes de perder la conciencia, un destello de dolor cruzó por su rostro.

Pero mientras dormía, nutrida por la energía del talismán, una rara sensación de paz fue suavizando poco a poco sus facciones.

…

Mientras la Maestra Tian recibía tratamiento, su madre, la Abuela Wu, venía del mercado cargando dos bolsas de mandado.

A su lado iba una vecina con la que se había topado en el mercado.

Mientras caminaban juntas, charlaban y reían, disfrutando del paseo.

En cierto momento, la vecina vaciló; parecía querer decir algo, pero no sabía cómo empezar.

—¿Qué pasó? —preguntó la Abuela Wu con una sonrisa.

—¿Cómo… cómo sigue tu hija, la Maestra Tian?

Su enfermedad no era precisamente un secreto entre los vecinos.

Apenas unos días antes, la habían visto regresar a casa en silla de ruedas.

Ya corrían rumores: que le quedaba poco tiempo.

—Igual que antes. No tiene cura, y no quiere tratamiento —dijo la Abuela Wu como si hablara de los quehaceres de la casa, con un tono inquietantemente sereno.

—¿Tienes… algún plan para lo que venga? —en la voz de la vecina se notó un ligero dejo de compasión.

Perder a un hijo a esa edad… cualquiera sentía punzada solo de pensarlo.

Pero para sorpresa, la Abuela Wu sonrió. Su tono siguió ligero.

—¿Planes? ¿Cuáles planes?

—Digo… cuando ella ya no esté, te quedarás sola…

La vecina se enredó con las palabras, sin saber bien cómo decirlo.

—Ay, no te preocupes por mí —la Abuela Wu esbozó una sonrisa amplia—. Mi hija ya me dejó todo arreglado.

—Hace un par de años me inscribió a un asilo; todo pagado. Si algún día necesito cuidados, me mudo y ya. Hay personal, jóvenes que hacen compañía, y ni cocinar ni lavar. Voy a vivir mejor que ahora.

—Suena bien lo del asilo, pero… escuché que a los viejitos sin hijos a veces los tratan mal —dijo la vecina con cautela—. Hay gente que se aprovecha del débil.

—He oído esas historias —admitió la Abuela Wu—. Pero no estoy sin quién vea por mí… Seguro todavía no sabes, pero mi hija me consiguió yerno hace unos días.

—¿Eh? ¡Qué buena noticia! —la vecina se quedó pasmada—. Pero con su salud…

—Eso pensé yo también. Pero a veces la suerte te encuentra. Conoció a alguien bueno, alguien a quien no le importa —el rostro de la Abuela Wu rebosaba satisfacción—. Mi nuevo yerno dijo que se quedará en la capital, así que seguro irá a verme al asilo.

—¡Eso sí es tener estrella! —la vecina se dio una palmada en el muslo, con un poco de envidia—. Yo estaba preocupada por ti.

—¡Ni te preocupes! —la voz de la Abuela Wu sonó firme, y su risa, más fuerte—. ¡Voy a estar muy bien!

—Mira, eres la persona que más admiro en esta calle. Si fuera yo, no creo que pudiera ser tan fuerte —la vecina habló con respeto sincero—. ¡Eres de admirarse!

La Abuela Wu hizo un gesto con la mano, restándole importancia.

No dijo nada, solo sonrió.

Se separaron en la esquina.

Pero cuanto más se acercaba la Abuela Wu a su casa, más lentos eran sus pasos.

Y, sin embargo, la sonrisa en su rostro se hacía más grande.

Como si la forzara.

Empujó la puerta del patio, que estaba entornada, y llamó con alegría:

—¡Hoy me fue bien en el mercado! ¡Las ejotes estaban frescas y baratas!

Nadie respondió desde dentro.

Echó un vistazo al cuarto principal y un escalofrío le recorrió la espalda.

Un mal presentimiento le apretó el corazón.

Las piernas le flaquearon y, por instinto, se apoyó con la mano.

Y entonces lo notó—

La gran mesa de piedra del patio había desaparecido.

La Abuela Wu titubeó un momento.

Curiosamente, eso fue lo que la hizo volver en sí.

Ignorando la mesa ausente, dejó caer las bolsas del mandado y corrió hacia la casa.

—¿Mamá?

En ese instante, la Maestra Tian salió.

Tenía el cutis radiante, los movimientos fluidos y el paso ligero… como si nunca hubiera estado enferma.

La Abuela Wu miró atónita a su hija, como si ya no la reconociera o, quizá, no se atreviera a reconocerla.

—¿Mamá?

—Tú…

—El método del Viejo Bai funcionó —dijo la Maestra Tian en voz baja.

La Abuela Wu miró a su hija, sana, de pie ante ella.

La sonrisa en su rostro se desvaneció gradualmente; los labios se le apretaron en una línea fina.

Un sollozo ahogado se le escapó de la garganta.

Y luego, estalló en un llanto desbordado.

Era como si años de emociones reprimidas por fin explotaran: un volcán en apariencia tranquilo, rugiendo con vida.

…

Después de llorar hasta quedarse sin voz, la Abuela Wu, exhausta, tuvo que ser ayudada a la cama.

Todos salieron del cuarto para dejarla descansar, excepto la Maestra Tian, que se quedó.

Pasó mucho tiempo antes de que por fin saliera, con los ojos rojos de tanto llorar.

En cuanto vio a Zheng Fa, las rodillas le flaquearon, como si fuera a hincarse.

—¡Oiga! —Zheng Fa la sostuvo con rapidez—. ¿Maestra Tian?

—¿Qué sucede?

—Mi mamá… estaba guardando pastillas para dormir a escondidas.

—¿Guardando? —la cara del Viejo Bai cambió—. ¿De dónde las sacaba?

—Mías. Cuando yo estaba en tratamiento, el dolor no me dejaba dormir… El doctor me las recetó y no las usé todas.

—…

Nadie dijo nada.

Para una mujer de casi noventa años, acumular pastillas para dormir… era imposible no entender en qué pensaba.

—No lo vi venir —suspiró el Viejo Bai.

Zheng Fa recordó sus visitas anteriores.

La Abuela Wu no había mostrado señales evidentes de angustia.

Hasta había estado aprendiendo a usar un smartphone.

—Zheng Fa… —la Maestra Tian lo miró, aún con el susto encima. Parecía no encontrar palabras; casi tartamudeó—: No sé ni cómo agradecerte, yo…

Zheng Fa, sintiéndose incómodo, estaba por restarle importancia cuando el Viejo Bai se metió:

—¿Agradecerle? ¡Desde hoy trabajas para él!

—Cierto… —la Maestra Tian por fin se centró, frunciendo el ceño al reenfocar—. El Viejo Bai no explicó bien. ¿Necesitas que estudie cómo integrar la energía espiritual en la agricultura, verdad?

Ya de vuelta en su terreno, la voz se le afirmó.

—Sí —respondió Zheng Fa sin rodeos—. No sé mucho de agricultura, así que necesitaré tu pericia.

—No digas “necesitar”; yo entro —la Maestra Tian hizo un gesto como quitándole hierro—. Pero esto no es trabajo de una sola persona.

—…

Zheng Fa vaciló.

El ambiente del asilo seguía estable, pero meter gente nueva era asunto serio.

—No hablo de contratar gente: hablo de dinero —la Maestra Tian puso los ojos en blanco—. ¿De veras creen que la investigación agrícola es solo sembrar? ¿Unas parcelitas y unos invernaderos?

Zheng Fa y los demás se quedaron fríos.

Porque, la verdad… sí, eso era lo que estaban pensando.

—Esperen, les hago una lista sencilla.

La Maestra Tian se dio la vuelta y entró.

Al poco rato, volvió con una hoja en la mano.

—Échenle un ojo.

Zheng Fa recorrió la lista, repleta de nombres de equipos.

Algunos eran herramientas estándar de laboratorio: microscopios, centrífugas, balanzas, incubadoras.

Otros le sonaban vagamente: kits de extracción de ADN, máquinas de PCR.

Y otros más… analizadores de cromatografía, espectrómetros de masas… de esos no tenía ni idea.

Cada ítem traía un precio estimado al lado; la mayoría iba de cientos de miles a millones.

—Nunca puse mucha atención a la compra de equipos, así que son estimados —explicó la Maestra Tian—. La investigación agrícola moderna depende de laboratorios. Hoy también usamos marcadores moleculares, secuenciación genética y sistemas de análisis con IA.

—En otras palabras, incluso ignorando tierra, construcción y adecuaciones, montar un laboratorio básico costará por lo menos de unos cuantos millones a decenas de millones.

A un lado, el Viejo Bai murmuró por lo bajo:

—…Las matemáticas siguen siendo lo más barato. Con diez mil pesos en hojas rayadas te dura veinte años todo un departamento.

Zheng Fa por fin entendió: ¡la era había cambiado!

La investigación científica quema dinero.

Y eso solo era el costo inicial.

—Pequeño Zheng —suspiró el Viejo Bai con dramatismo—, ya ves… No importa qué tipo de mujer sea: su talento siempre es gastar dinero.

—Un momento —el Viejo Bai se giró de golpe hacia Tang Lingwu—. ¡Pero el talento de esta es hacer dinero!

Los ojos de Tang Lingwu brillaron mientras miraba la lista de equipos.

Su expresión llevaba una sutil arrogancia, como si mirara desde arriba.

Su cara decía solo dos palabras: “¿Nada más?”

…

Reino Xuanyi.

El Tío Marcial Pang buscó de repente a Zheng Fa.

—Llegó un informe del mercado —dijo—. Capturaron a unos discípulos de la Secta Demoníaca. Dicen que saben el paradero de la Hermana Menor Zhang.

—¿Vinieron al mercado?

Zheng Fa se sorprendió.

El Mercado de la Piscina del Trueno era un lugar caótico, pero para discípulos de la Secta Demoníaca seguía siendo peligrosísimo.

—Estaban vendiendo sangre —la expresión del Tío Marcial Pang era indescifrable, entre divertida y desconcertada—. Por lo visto, llevaban haciéndolo varias veces. A unos cultivadores errantes les dio curiosidad y se pusieron a seguirlos… querían ver de dónde sacaban tanta sangre.

—¿…Y entonces los atraparon?

—Exacto. Se habían extraído tanta que eran prácticamente cadáveres ambulantes. Los capturaron al instante.

Zheng Fa apretó los labios, sin saber qué decir.

¿Así que estaban eliminando al intermediario y vendiendo directo?

En ese momento, el Tío Marcial Pang dejó escapar un hondo suspiro.

—Maldita Secta Demoníaca… Mira en qué han convertido a sus discípulos.

¿…?

Por primera vez, Zheng Fa realmente sintió lástima por la Secta Demoníaca.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

You must Register or Login to post a comment.

Apoya a este sitio web

Si te gusta lo que hacemos, por favor, apóyame en Ko-fi

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first