Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 90
[[Notificación web] Sala de Urgencias del Hospital OO: La paciente Lee Jiyeon sufrió una hemorragia grave tras un accidente de tránsito ocurrido el 28 de abril de 20XX, aproximadamente a las 2:11 p. m., y no responde. Kang Yebon, su tutor, tenía el teléfono apagado, por lo que le enviamos este mensaje. Preséntese en la sala de urgencias del Hospital OO.] (2:22 p. m.)
Lee Jiyeon era el nombre de la madre de Yebon.
Durante unos instantes, Yebon no consiguió comprender lo que estaba viendo.
¿Quién… había sufrido una hemorragia grave?
Su mente quedó en blanco mientras contemplaba el mensaje, con el rostro deformado por la incredulidad.
Espera.
¿Una sala de urgencias enviando un mensaje de texto sobre una emergencia en vez de llamar?
Aquello no tenía ningún sentido.
Sin embargo, ahora que la situación se desplegaba frente a sus ojos, el corazón comenzó a latirle descontroladamente.
Entonces vio la hora.
—Ah…
La hora…
Había sido cuando apagó el teléfono para presentar el examen.
No.
No podía ser.
¿Qué demonios…?
Primero tenía que llamar a su madre.
Las manos de Yebon temblaron violentamente mientras intentaba marcar su número.
Ella estaba bien.
Sin duda estaba bien.
Quienquiera que hubiera enviado aquel mensaje tenía que estar gastándole alguna clase de broma retorcida.
Los dedos le temblaban tanto que no dejaba de pulsar los números equivocados.
Después de equivocarse varias veces, por fin consiguió marcar correctamente y presionó el botón de llamada.
La voz al otro lado dijo:
—El teléfono se encuentra apagado. Después del tono, será transferido al buzón de voz. Es posible que se apliquen cargos adicionales…
La visión de Yebon se tambaleó.
Perdió el equilibrio cuando un mareo nauseabundo lo golpeó.
El teléfono de su madre casi nunca, nunca se apagaba.
Podía contar con los dedos de una mano las veces que había ocurrido.
Y que estuviera apagado justo en ese momento…
Sus manos y pies se volvieron helados.
Yebon echó a correr hacia la entrada principal.
Sí, tenía que comprobarlo.
Tenía que verlo por sí mismo en el hospital.
Pensándolo racionalmente, ¿quién se tomaría la molestia de gastarle una broma tan cruel?
Cuantas más pruebas encontraba de que aquello no era una broma, más lágrimas se acumulaban en sus ojos.
Si había perdido el conocimiento por una hemorragia grave, ¿qué sucedería?
Si no respondía desde las 2:11, significaba que ya habían pasado más de diez minutos.
El tiempo de oro para una persona inconsciente era de cuatro minutos.
¿Por qué?
¿Por qué tenía que ocurrir mientras él presentaba un examen?
En aquel instante, Yebon odió al mundo entero.
Atravesó la entrada principal a toda velocidad y corrió directamente hacia la parada de taxis.
Por suerte, había uno esperando.
Abrió la puerta de golpe sin vacilar.
—H-hola…
—¡Lléveme a la sala de urgencias del Hospital OO! ¡Ahora mismo!
—¡Uf, entendido!
Incluso el taxista percibió la urgencia y arrancó de inmediato.
Yebon no conseguía tranquilizarse por más que lo intentara.
Volvió a llamar a su madre, pero no obtuvo respuesta.
Desesperado, buscó en internet el número desde el que habían enviado el mensaje, suplicando que no perteneciera realmente a la sala de urgencias.
Pero, en cuanto cargaron los resultados, aparecieron las palabras:
Sala de Urgencias del Hospital OO.
El corazón se le desplomó.
Las piernas comenzaron a temblarle sin control y un entumecimiento se extendió por sus manos y pies.
Aquello no podía ser real.
¿Por qué su madre habría sufrido de repente un accidente de tránsito?
¡A esa hora debía estar trabajando!
Con las manos temblorosas, apretó el teléfono con fuerza y llamó de inmediato a la sala de urgencias.
Tenía que avisarles que iba de camino, pero su mente era un completo caos.
Sentía que entraba y salía de la conciencia.
El tono apenas sonó antes de que respondiera la voz de una mujer.
—Hola, Hospital OO.
Al fondo se escuchaba ruido, los sonidos característicos de una sala de urgencias.
Era real.
Las palabras se atascaron en la garganta de Yebon.
—Y-yo, eh, mi mamá… La del accidente de las 2:11… Lee Jiyeon… ¡Está inconsciente por la pérdida de sangre y yo… yo soy su tutor…!
Las palabras salieron completamente desordenadas.
Su cerebro no funcionaba correctamente y ni siquiera conseguía formar una oración coherente.
La enfermera al otro lado logró tranquilizarlo lo suficiente para explicarle que su madre estaba recibiendo tratamiento de emergencia y que, si llegaba pronto, la prepararían para una operación.
Yebon apenas consiguió colgar.
Sentía el pecho oprimido y, por instinto, extendió la mano para abrir la ventanilla del taxi y tomar aire.
Pero entonces…
Algo le pareció extraño.
El Hospital OO era un hospital grande situado en el centro de la ciudad.
Entonces, ¿por qué el paisaje exterior se volvía cada vez más rural?
Desconcertado, contempló la ventanilla antes de dirigir lentamente la mirada hacia el asiento del conductor.
—Señor, este… este no es el camino al hospital, ¿verdad…?
—No. No lo es.
El repentino cambio en el tono del conductor dejó a Yebon sin palabras.
Su cerebro tuvo dificultades para procesar lo que estaba ocurriendo.
Pero su mente seguía paralizada por el impacto del supuesto accidente de su madre.
No podía pensar con claridad.
—…¿Qué está pasando?
—Te están secuestrando.
—…¿Eh?
Eso fue lo único que Yebon consiguió decir después de una larga pausa.
El hombre le lanzó una mirada a través del espejo retrovisor y chasqueó la lengua.
—Tu madre está bien. Solo le rompimos el teléfono para que no respondiera. Así que no te alteres. Mientras te comportes, te devolveremos sano y salvo a casa.
Yebon contempló al conductor en silencio, intentando encajar las piezas.
La actitud del hombre no era agresiva.
En realidad, parecía aburrido, como si simplemente estuviera haciendo un trabajo tedioso.
Entonces, básicamente, mi mamá está bien… pero ahora mismo me están secuestrando a mí.
A primera vista, parecía una situación peligrosa.
Sin embargo, el tono despreocupado del hombre y la forma tan directa en que lo explicaba todo hacían que no pareciera tan peligrosa como debería.
Por el momento, probablemente lo mejor fuera seguirle la corriente.
—…Entonces, ese mensaje de la sala de urgencias, ¿lo enviaron ustedes?
—Sí, fuimos nosotros. Solo fue una pequeña mentira. Así que deja de llorar por eso.
—…¿Por qué me están secuestrando?
—Porque te necesitamos, obviamente. Pero no te preocupes. Te devolveremos a casa antes de que anochezca, así que no tengas tanto miedo.
Cuanto más hablaba Yebon con aquel hombre, más surrealista parecía todo.
Ser secuestrado de la nada ya era bastante impactante, pero la actitud del secuestrador era demasiado despreocupada.
No había amenazas ni intimidación.
Solo la promesa de devolverlo más tarde, como si aquello fuera una simple molestia temporal.
¿Acaso se trataba de alguna clase de programa moderno de bromas?
Miró alrededor del coche en busca de cámaras ocultas, pero no encontró ninguna.
—¡L-llamaré a la policía!
—No hagas las cosas más molestas. Pero, bueno, si quieres hacerlo, adelante. No cambiará gran cosa.
—…
¿Quién demonios era ese tipo?
Confundido, Yebon volvió a mirar por la ventanilla.
Estaba casi seguro de que ya veía campos de cultivo.
—…Mi mamá de verdad está bien, ¿verdad?
—Sí, sí. Le rompimos el teléfono, así que fue a una tienda a comprar otro.
—…¿Qué es usted?
—Tu secuestrador. Perdí jugando piedra, papel o tijera.
—…¿Qué?
Las lágrimas que habían estado a punto de derramarse desaparecieron por completo.
Justo entonces, el teléfono de Yebon vibró con un mensaje entrante.
[Mamá: Ugh, ¿puedes creer que un maldito loco tropezó y chocó contra mí, rompiéndome el teléfono? Quedó completamente destrozado, así que tuve que comprar uno nuevo… Y el desgraciado salió corriendo sin siquiera disculparse, así que perdí unos cientos de miles de wones sin razón. …¿Ya vienes de camino a casa?] (2:45 p. m.)
Al leerlo, Yebon sintió que toda la tensión abandonaba su cuerpo.
Su madre estaba completamente bien.
Pero eso no cambiaba el hecho de que todavía lo estaban secuestrando.
Miró con cautela al supuesto secuestrador.
Pensándolo de manera realista, Cha Hyuk llegaría hasta él mucho más rápido que la policía.
Observando cuidadosamente la reacción del hombre, intentó enviarle un mensaje.
Pero antes de que pudiera hacerlo, el conductor habló.
—Oye, envía la dirección exactamente como te la diga.
—…¿Eh?
—Estabas a punto de escribirle a Cha Hyuk, ¿verdad?
—…
Yebon vaciló, sin saber cómo responder.
El hombre soltó una risa burlona, como si toda la situación le pareciera divertida.
—Piensa, niño. ¿Por qué crees que te secuestraron de repente? Es por ese bastardo de Cha Hyuk. La única forma de conseguir que aparezca es llevarte a ti.
—…
—Ni siquiera estamos intentando pelear con él, ¿entendido? Esto es por un asunto que mocosos como tú no necesitan conocer. Queremos cooperar con él, no iniciar una guerra. Así que envía de una vez el maldito mensaje. Nosotros también le tenemos miedo a ese loco. Es un puto lunático.
Ahora que sabía que Cha Hyuk era el verdadero objetivo, Yebon dudó.
¿Y si aquello era una trampa?
Pero, al mismo tiempo, ¿qué podía hacer él solo?
Después de pensarlo unos instantes, Yebon decidió enviarle el mensaje a Cha Hyuk y dejar preparado un aviso de emergencia para la policía.
En aquel momento, mientras seguían trasladándolo en un coche en movimiento, la policía no sería de demasiada ayuda.
Pero, una vez que se detuvieran, las cosas podrían cambiar.
—…¿Cuál es la dirección?
—Sabía que eras listo. Está en Gyeonggi-do…
Yebon escribió la dirección exactamente como el hombre se la dictó.
Después añadió rápidamente su propio mensaje.
[Kang Yebon: Hyung, esto no es una broma. Me están secuestrando de verdad. Creo que tú eres su objetivo. Por si acaso, no vengas solo. Trae a todas las personas que puedas.]
Justo cuando estaba a punto de pulsar «enviar»…
—¡¿Q-qué mierda está haciendo ese psicópata…?!
Al grito aterrorizado del conductor le siguió un estruendo explosivo.
La visión de Yebon se volvió completamente blanca.