Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 9

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Cha Hyuk no mencionó a nadie en particular, pero Kang Yebon pensó de inmediato en una persona.

Sus labios, ligeramente entreabiertos, se cerraron con fuerza. Seguramente la persona en la que Cha Hyuk estaba pensando era la misma que había venido a su mente.

¿Lo decía en serio?

Yebon lo observó fijamente y luego bajó la mirada hacia la tarjeta de la agencia de detectives.

Con un chirrido, Cha Hyuk se levantó al empujar la silla hacia atrás.

—Yo me iré primero. Asegúrate de mantenerte en contacto, ¿sí?

Cha Hyuk se colocó la computadora portátil bajo un brazo y, con la otra mano, imitó el gesto de un teléfono junto a la oreja, cerrando todos los dedos salvo el pulgar y el meñique.

Kang Yebon observó cómo se marchaba con pasos tranquilos y luego bajó la mirada hacia las dos tarjetas de presentación que sostenía entre las manos.

Después de pensarlo un momento, guardó en su teléfono el número de la agencia de detectives.

Por alguna razón, sintió que su celular acababa de volverse más secreto.

Tras terminar todas las tareas de sus demás clases, Kang Yebon regresó a casa a las diez de la noche.

Introdujo la contraseña de la puerta principal y vio que las luces de la sala estaban encendidas.

—Ya llegué.

Se quitó los zapatos y entró en la silenciosa casa. Aunque las luces estaban encendidas, no parecía haber nadie.

Intrigado, Yebon asomó la cabeza por encima del separador de la entrada y vio a su madre sentada en el sofá, contemplando un pequeño portarretratos.

No necesitaba ver el frente para saber qué fotografía había en aquel marco negro.

—Mamá.

La llamó una vez más.

Su madre, que había estado sumida en sus pensamientos mientras miraba la fotografía, alzó la cabeza sobresaltada. Sobre la mesa de centro, junto al marco, había una lata de cerveza abierta.

—¿Ya regresaste, hijo? ¿Cómo te fue con la tarea? Por las noches empieza a refrescar, así que abrígate bien.

—Sí, bueno…

La voz de Yebon se apagó mientras su mirada se dirigía hacia el portarretratos.

Su madre lo notó y esbozó una sonrisa débil.

—Soy una tonta, ¿verdad? Todavía pienso en él cuando empieza a hacer frío.

Acarició el marco con afecto.

Dentro había una fotografía del padre de Kang Yebon, quien se había suicidado cuando Yebon cursaba el segundo año de preparatoria.

Sin decir nada, Yebon observó a su madre, que seguía extrañando a su padre, y después escapó a su habitación.

Solo tras cerrar la puerta dejó escapar el aire que había estado conteniendo.

Casi le preguntó por qué extrañaba a un hombre como él.

«¡Todo esto es por tu culpa! ¡Me convertí en el hazmerreír por culpa de tu estúpida cabeza! ¿Quién es tu padre? ¿Quién es tu padre, eh? ¿Crees que puedes mirarme por encima del hombro? ¿Que puedes despreciarme, eh?»

Como si aquel zumbido en sus oídos le provocara dolor, Kang Yebon hizo una mueca.

Entonces el teléfono vibró dentro de su bolsillo.

Lo sacó y descubrió que había recibido un mensaje de Jung Woochan.

Kang Yebon estaba sentado en una esquina de las gradas interiores, con la mirada perdida.

En una mano sostenía una lata de refresco sin abrir.

—…¡Yebon! ¡Kang Yebon!

Solo cuando la chica sentada a su lado lo picó en el brazo volvió en sí y giró la cabeza.

Las cuatro personas reunidas a su alrededor lo estaban mirando.

Bajo todas aquellas miradas, Yebon parpadeó y sonrió con torpeza.

—Ah, lo siento. ¿Qué dijiste?

—¿Vas a hacer el voluntariado con nosotros?

—¡Ah, Kang Yebon definitivamente no irá! ¡Él y yo somos amigos desde la preparatoria!

Lee Seunggu lo dijo en voz alta, pero Park Sujung, sentada al lado de Yebon, lo ignoró y continuó mirándolo.

Como no tenía la menor idea de qué voluntariado estaban hablando, Yebon lanzó una mirada a Seunggu para que se lo explicara.

—Es en un orfanato.

—Ah, paso.

Ante aquella negativa tajante, Sujung pareció sorprendida, mientras Seunggu sacaba pecho y asentía con aire triunfal.

—Kang Yebon nunca participa en esas cosas. Mucho menos si hay niños.

—¿Qué? ¿Por qué? Creo que Yebon sería bueno cuidándolos.

—¿No le gustan los niños aunque parece que podría ser maestro de jardín de infantes? ¿O es que no quiere hacerlo con nosotros?

Kim Jeonghyeon, sentado junto a Lee Seunggu, puso una expresión como si hubiera descubierto algo.

Yebon decidió que aquel día dejaría pasar el comentario.

Si no explicaba por qué no participaba en el voluntariado del orfanato, Jeonghyeon parecía dispuesto a no dejar el tema en paz.

Qué fastidio.

Yebon dejó la lata sobre el asiento y se frotó el brazo con torpeza.

—No es que no me gusten los niños. Es solo que ya hago voluntariado en la iglesia y creo que con eso es suficiente.

Era mentira.

En realidad, no le gustaban los niños.

O, más bien, estar cerca de ellos lo hacía sentir incómodo. Los niños eran inocentes y, a veces, hacían cosas malas sin malicia.

Su honestidad y libertad siempre hacían que Yebon sintiera que algo se retorcía en su interior.

—Entonces, ¿no quieres hacerlo con nosotros?

Las palabras de Kim Jeonghyeon hicieron que Park Sujung frunciera el ceño.

—¿Qué estás diciendo? Además, el voluntariado de la iglesia también debe contar como horas de servicio.

—Ah, cierto. A veces me pregunto por qué entré a este departamento.

Por fortuna, la conversación pasó rápidamente a otro tema, aunque Kim Jeonghyeon siguió con una expresión malhumorada.

Yebon suspiró aliviado y volvió a perder la mirada en la distancia.

El teléfono vibró dentro de su bolsillo y lo sacó con la mano temblorosa.

Solo era un mensaje publicitario.

—¿Qué sucede? ¿Pasa algo?

Park Sujung preguntó con sorpresa.

Kang Yebon sonrió débilmente y negó con la cabeza.

—No, nada. Iré un momento al baño.

Se levantó y se alejó rápidamente del lugar ruidoso.

Una vez fuera del edificio, revisó el mensaje que lo había estado atormentando durante toda la noche.

[Jung Woochan: Yebon, ¿podemos vernos un momento?]

Kang Yebon todavía no había respondido.

No podía hacerlo.

No entendía por qué Jung Woochan se comportaba de aquella manera.

Justo cuando comenzaba a ordenar sus sentimientos, ¿por qué volvía a agitarlo todo?

Yebon contempló la ventana del mensaje, sacudió la cabeza y salió al exterior.

El sol, alto en el cielo, brillaba con una intensidad dolorosa.

Apoyado contra la pared del edificio, trató de recuperar el aliento.

Cuando estaba a punto de guardar el teléfono en el bolsillo, abrió mucho los ojos.

[Jung Woochan]

Cada vez que el teléfono vibraba en su mano, Kang Yebon sentía que no podía respirar.

La llamada terminó antes de que pudiera aceptarla o rechazarla.

—Ah… Qué susto.

Antes de que pudiera sentir alivio, Jung Woochan volvió a llamar.

Yebon supo por instinto que seguiría haciéndolo hasta que respondiera, así que no tuvo más remedio que presionar el botón.

—…¿Hola?

—Ah, no me bloqueaste. Qué alivio. Pensé que lo habías hecho. ¿Por qué no respondiste, Yebon?

—¿Por qué me haces esto?

—Solo quería que comiéramos juntos, los dos. ¿Estás enojado?

Su voz casual y habitual hizo que la mano con la que Yebon sostenía el teléfono comenzara a temblar.

Después de haberse comportado en el restaurante como si nunca fueran a volver a verse, Kang Yebon no comprendía por qué Jung Woochan actuaba así ahora.

—…¿Por qué haces esto, hyung? ¿No habíamos terminado de hablar? No le diré nada a tu madre y ya no siento nada por ti. Por favor, sé firme con esto, hyung.

Su voz era dolorosamente inestable.

—…¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo se supone que voy a cortar de golpe todos los años que pasamos juntos?

Kang Yebon abrió mucho la boca y después se trasladó a un rincón más apartado por la gente que pasaba cerca.

—Entonces, ¿qué quieres? ¿Que volvamos a ser buenos hermanos o algo así?

—Sí. Que ya no nos amemos no significa que no quede nada entre nosotros. Sería mejor que mantuviéramos cierta relación, aunque no fuera como antes.

¿Qué clase de tontería es esa…?

Kang Yebon se quedó sin palabras durante unos instantes.

Jung Woochan de verdad no lo había querido tanto, ¿verdad?

Su rostro se deformó.

Todos los recuerdos que tenía junto a Jung Woochan parecieron romperse de una manera horrible.

—Deja de decir tonterías, hyung. Ahora somos desconocidos.

—Ah… La última vez, mientras regresábamos, mi madre me preguntó qué estaba pasando entre nosotros. En algún momento tendremos que volver a vernos. No podemos seguir así para siempre. Tú también lo sabes, Yebon. Lo que ocurra entre nosotros no nos afecta únicamente a nosotros.

Kang Yebon sintió que la ira crecía dentro de él.

Sí, aquello era ira.

Una ira justificada… debía de serlo.

—Hyung, ¿de verdad crees que lo que estás diciendo tiene sentido? ¿Piensas que puedo actuar con normalidad delante de ti? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquello para que ya te comportes así? Y aquel día, ¿acaso fui yo quien te llamó? Tú apareciste por tu cuenta. Entonces, ¿por qué te enojas conmigo?

Un silencio gélido llegó desde el otro lado de la llamada.

Después de su arrebato, Yebon sintió una punzada de arrepentimiento.

—Lo siento, no quise…

—Kang Yebon. ¿Por qué últimamente te comportas como un niño?

Yebon se mordió el labio.

—Sé que estás pasando por un momento difícil. Pero no puedes mostrar todas tus dificultades. Ya no somos niños y tampoco te estoy pidiendo que volvamos a ser tan cercanos como antes. Solo quiero evitar que nuestros padres se preocupen.

No había nada más vergonzoso que mostrar emociones tan intensas delante de alguien que hablaba con absoluta calma.

Kang Yebon dejó escapar una respiración contenida.

Quería colgar la llamada en ese mismo instante, pero conocía el carácter de Jung Woochan y sabía que volvería a contactarlo.

—…Está bien. Voy a colgar. No vuelvas a llamarme.

—Tienes tiempo el sábado, ¿verdad? Veámonos un momento por la tarde. Si de verdad no quieres volver a verme, esta será la última vez.

—…No lo sé.

Incluso con la voz urgente de Jung Woochan llegando desde el teléfono, Kang Yebon terminó la llamada.

Desabrochó un par de botones de su camisa y se apoyó contra la fría pared del edificio, dejando caer la cabeza.

Poco después, apareció en la pantalla un mensaje de Jung Woochan con la hora y el lugar de la reunión.

Yebon hizo una mueca y guardó bruscamente el teléfono en el bolsillo.

Una vez más, no había conseguido mantener una conversación adecuada con Jung Woochan porque no pudo contenerse ni siquiera durante unos instantes.

¿Por qué nunca puedo mantener la calma? ¿Por qué siempre pierdo el control con Jung Woochan y termino diciendo cosas que no debería?

Sus emociones nunca lo obedecían.

Actuaban por su cuenta.

Jung Woochan casi siempre había mantenido la calma, salvo aquella única vez, y hasta eso había ocurrido porque Kang Yebon había provocado una situación en la que no le quedó otra opción que enfadarse.

¿Cuántas veces he sido incapaz de controlar mi ira últimamente?

Supongo que se nota, ¿no?

Con estos genes mediocres e inestables que heredé.

—¿Kang Yebon?

Yebon alzó débilmente la cabeza.

Ante él se encontraba alguien cuya presencia le resultaba incómoda en aquel momento.

Un aroma suave y pesado llegó hasta su nariz.

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