Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 81

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Probablemente Seunggu lo había dicho sin pensarlo demasiado, pero Yebon no pudo evitar sentir una punzada en el corazón.

Por un instante, su expresión estuvo a punto de delatar su sorpresa, pero enseguida se recompuso y respondió con un tono juguetón.

—¿Hasta ahora te das cuenta?

—Sí, supongo.

Yebon intentó tomárselo a la ligera, pero, por alguna razón, la actitud de Seunggu no parecía tan despreocupada.

Lo observaba con una expresión extrañamente seria, casi como si supiera algo.

El ambiente empezaba a volverse incómodo, así que Yebon cambió de tema rápidamente.

—Ah, por cierto, Junghyun ya se alistó, ¿verdad?

—Amigo, se fue el mes pasado. En serio eres lo peor. La verdad, sí se molestó un poco porque ni siquiera apareciste cuando nos reunimos todos antes de que se fuera.

—…Tenía mis razones…

En aquel entonces, Yebon estaba castigado y no le habían permitido salir, así que en verdad no había tenido elección.

—¿Y tú qué? ¿Cuándo piensas ir? Junghyun ya se arrepiente de haberlo pospuesto tanto. ¿Vas a esperar hasta después de graduarte?

—…Sí, supongo. Quién sabe cuándo iré… Tú tienes suerte.

Como Seunggu era descendiente de una persona con méritos nacionales, estaba exento del servicio militar.

Su abuelo había participado en la Guerra de Corea y, además, Seunggu era hijo único. Sus familiares ya le habían dicho que, si no quería ir, no tenía por qué hacerlo.

Y, por la manera en que hablaba del tema, realmente no parecía tener ninguna intención de alistarse.

—Dicen que cuanto más tarde vas, más te arrepientes. Mejor termina de una vez con eso.

—…No voy a ir.

Si nada hubiera sucedido, Yebon se habría alistado después de terminar su primer año.

Pero…

De pronto, un recuerdo estúpido y lleno de arrepentimiento emergió en su mente, revolviéndole el estómago.

«¿Cuál es la prisa? No vayas. ¿Qué se supone que voy a hacer si te marchas?»

Eso fue lo que Jung Woochan le había dicho cuando el tema del servicio militar surgió mientras salían.

Y, en aquel entonces, Yebon, como un completo idiota, había asentido a todo lo que Woochan decía sin cuestionarlo.

Para cuando recuperó el sentido común, ya había comenzado el segundo semestre de su segundo año.

¿Por qué había sido tan tonto?

Si pudiera volver atrás en el tiempo, se golpearía la cabeza y arrastraría su patético trasero directamente al centro de alistamiento.

…Pero, si lo hubiera hecho, no habría conocido a hyung.

Ese solo pensamiento apagó toda su frustración al instante.

¿Un futuro en el que jamás hubiera tenido siquiera la oportunidad de conocer a Cha Hyuk?

Aquello sonaba verdaderamente aterrador.

La certeza de cuánto le gustaba Cha Hyuk volvió a golpearlo de lleno.

Abrumado por las emociones confusas pero extrañamente dulces que se arremolinaban en su interior, Yebon sacudió ligeramente la cabeza.

—Como sea. Ya lo resolveré. Mucha gente va después de graduarse.

—…Sí, supongo. Bueno, haz lo que quieras.

De verdad tendré que ir en algún momento.

Ahora que lo pensaba, ¿Cha Hyuk no había dicho que estaría ocupado durante unos dos años?

Quizá debería aprovechar ese tiempo para terminar de una vez con el servicio militar…

Apenas ese pensamiento cruzó por su mente cuando Seunggu volvió a hablar.

—Ah, cierto. ¿Te enteraste?

—¿De qué?

—Jung Woochan-hyung emigró.

—…¿Qué?

Yebon no había sabido absolutamente nada de Jung Woochan desde aquella boda.

Simplemente había supuesto que seguía viviendo tranquilamente su vida.

Por eso, escuchar aquello de boca de Seunggu lo dejó completamente atónito.

¿Había emigrado?

¿Así, sin más?

¿Había conseguido un trabajo mejor en el extranjero?

Pero ¿su esposa no seguía embarazada?

Una avalancha de suposiciones atravesó la mente de Yebon antes de que Seunggu bajara la voz y continuara.

—Solo escuché algunas cosas, pero, al parecer, el bebé que esperaba su esposa en realidad no era suyo. Así que se divorciaron. Luego lo despidieron de la empresa y, después de eso, se gastó todo el dinero y desapareció en el extranjero.

Aquella era una posibilidad que Yebon jamás había contemplado.

Parpadeó lentamente mientras asimilaba la información, con la mente un poco entumecida.

—…¿Por qué lo despidieron?

—Ni idea. Escuché que tuvo una pelea enorme con su sunbae en el trabajo, lo insultó y terminó golpeándolo. Lo echaron después de eso. Aunque no conozco los detalles.

—…¿Lo insultó y lo golpeó?

¿Jung Woochan?

¿El mismo que siempre mantenía aquella fachada meticulosa y serena, incluso delante de él?

En el pasado, Yebon lo había admirado, así que le resultaba difícil precisar exactamente qué sentía al escuchar aquello.

No era alivio.

Tampoco era lástima.

Simplemente se sentía… lejano.

Como si escuchara una historia que ya no tenía absolutamente nada que ver con él.

Después de un breve silencio, Yebon asintió lentamente.

—…Ya veo.

—¿Qué? Ustedes eran bastante cercanos. ¿Por qué suenas tan indiferente?

—…Sí, lo sé…

En algún momento lo había sentido como parte de su familia.

Pero años de familiaridad podían desvanecerse en un instante.

Claro que la razón principal era toda la mierda que Jung Woochan le había hecho.

Sin embargo, Yebon realmente no sentía nada.

Ni resentimiento ni apego persistente.

Solo una vacía sensación de que todo había terminado.

Se limitó a chasquear la lengua y soltó un suspiro bajo.

En ese momento, lo único en lo que podía pensar era en cuánto más detestaba la idea de ir a la universidad ahora que Cha Hyuk ya no estaría allí.

Marzo siempre era la época más animada del año en el campus.

Yebon contempló distraídamente a las personas que pasaban frente a él, vestidas con esmero, con el cabello bien arreglado y bolsas que parecían recién compradas.

—…Qué bien por ellos.

Lo murmuró para sí mismo.

Mientras tanto, gracias a su maldita clase de las ocho de la mañana, él parecía completamente agotado.

Ni siquiera se había molestado en lavarse el cabello, así que lo ocultaba bajo una gorra, y llevaba el largo abrigo acolchado cerrado hasta el cuello.

Marzo.

La clase de clima en el que cualquier rana que hubiera despertado de la hibernación moriría congelada al instante.

Y, aun así, las personas que pasaban junto a él no parecían sentir el frío en absoluto. Llevaban chaquetas ligeras como si la primavera ya hubiera llegado.

Desde el primer día del semestre, Yebon no deseaba otra cosa que volver a casa.

Cuando estaba en segundo año, el inicio de un nuevo semestre no le resultaba tan malo.

Pero ahora, como estudiante de tercero, pensar en ir a la universidad hacía que quisiera faltar desde el primer día.

Técnicamente, todavía estaban en el periodo para agregar o cancelar materias, pero siempre había profesores que tomaban asistencia desde la primera clase.

Y, por supuesto, la materia de ese día era una de ellas.

Para empeorar las cosas, la había inscrito solo.

Después de pasar toda la clase con la mente en blanco, finalmente se había arrastrado fuera del aula.

Era solo una optativa general, pero cursarla sin conocer a nadie le resultaba insoportablemente solitario.

En un momento dado, casi le envió un mensaje a Cha Hyuk para decirle que regresara a la universidad.

Desde la mañana hasta la hora del almuerzo, Yebon tenía que deambular solo.

Seunggu y los demás únicamente tenían una clase por la tarde, así que no había nadie alrededor.

Mientras daba un sorbo a una botella de agua de plástico, recibió de repente un fuerte golpe en la espalda.

—Ugh.

—¿Eres el único que está en temporada de exámenes o qué? ¿Qué demonios le pasó a tu cara?

Puede que Seunggu fuera más bajo que Yebon, pero sorprendentemente tenía bastante fuerza.

Incluso a través del grueso acolchado del abrigo, el golpe le dejó la espalda dolorida.

Yebon frunció el ceño, se frotó la zona adolorida y luego lo fulminó con la mirada.

—…¿Y tú qué? ¿Por qué vienes vestido como estudiante de primer año?

Seunggu llevaba una chaqueta negra de cuero ligeramente holgada, pantalones anchos y, debajo, un suéter tejido en capas.

Incluso se había peinado.

¿Se habría secado el cabello con secadora o algo así?

Al mirar su propia apariencia, Yebon de pronto se sintió todavía más desastroso.

Murmuró de mal humor:

—¿No tienes frío?

—Vamos, amigo. Es el primer día del semestre. Hay que arreglarse para una ocasión así, ¿no? Ah, por cierto, vas a venir a la reunión del departamento mañana, ¿verdad?

—Olvídalo. ¿Qué estudiante de tercero va a una reunión del departamento? No pienso ir.

Lo único que quería era regresar a casa.

Quizá fuera porque Cha Hyuk ya no estaba allí.

Había perdido por completo toda motivación.

Era extraño.

Solo había asistido a la universidad con Cha Hyuk durante un semestre, pero ahora que él ya no estaba, el lugar se sentía mucho más vacío de lo que debería.

—Precisamente porque eres de tercero deberías ir. Después de este año, ni siquiera tendrás la oportunidad. Todavía estás a salvo hasta que termine el año.

—Es una molestia. Prefiero irme a casa.

Yebon habló con firmeza y comenzó a caminar hacia su siguiente clase, ya sintiendo rechazo ante la idea de entrar al aula.

Seunggu frunció los labios y lo miró con disgusto antes de alcanzarlo rápidamente y caminar a su lado.

—Vamos, no seas así. ¿No deberíamos disfrutar al máximo los últimos momentos de nuestra juventud?

—…Mi juventud murió ayer.

Junto con el comienzo del semestre.

Al ver lo inusualmente agotado que parecía Yebon, Seunggu finalmente se rindió.

Normalmente, si insistía un poco, Yebon terminaba cediendo. Pero esta vez de verdad parecía no tener ningún interés en ir.

—Ugh… Está bien, está bien. Entonces arrastraré a Park Sujung en tu lugar.

—Sí, diviértete con eso…

—Espera, hablando en serio, ¿qué te pasa hoy? ¿Tanto odias el inicio del semestre? Antes nunca eras así.

—Sí… Nunca le había dado demasiada importancia, pero este año me siento completamente sin fuerzas…

Ni siquiera Yebon comprendía del todo por qué se sentía así.

Era cierto que nunca le había gustado el inicio de un nuevo semestre, pero jamás lo había dejado tan apático.

Suspirando, dio otro sorbo de agua mientras entraba al edificio de la Facultad de Humanidades.

—Oye, oye. Cuando te gradúes vas a extrañar la universidad. Vas a querer regresar, créeme.

—Vaya. Hablas como un auténtico graduado.

Yebon soltó una débil risa burlona.

La ironía de que Seunggu, que era más joven que él, actuara como un veterano lleno de sabiduría resultaba casi ridícula.

Metió una mano en el bolsillo y jugueteó distraídamente con su teléfono.

Cha Hyuk debía de estar ocupado.

Después de enviarle un mensaje esa mañana para desearle un buen primer día de clases, no había vuelto a escribirle.

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