Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 48

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—Yebon.

El elegante sedán negro se detuvo con suavidad frente al complejo de apartamentos.

Cha Hyuk volvió la mirada hacia el asiento del copiloto.

Yebon dormía profundamente.

—Yebon, ya llegamos.

Mientras le daba unas suaves palmadas en el pecho, observó cómo sus párpados, hinchados y enrojecidos, se estremecían ligeramente. Al ver sus labios aún algo hinchados y sus mejillas sonrosadas, no pudo evitar preguntarse si no había sido demasiado intenso con él. Pero, incluso si pudiera volver atrás en el tiempo, dudaba que hubiera sido capaz de contenerse.

Los labios de Yebon se entreabrieron apenas mientras despertaba. Sus claros ojos, todavía empañados por el sueño, vagaban sin enfocar nada.

—…¿Ya… llegamos a casa?

La última palabra salió con la voz ligeramente quebrada.

Frotándose la garganta, Yebon incorporó el torso, haciendo que la chaqueta que cubría su pecho resbalara hasta su regazo.

—Sí. ¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?

Cha Hyuk sonrió con dulzura mientras acariciaba su mejilla.

Frotándose los ojos, Yebon negó con la cabeza.

—No hace falta. Puedo caminar solo.

En un día como ese, un poco más de dependencia no le habría molestado en absoluto.

Cha Hyuk sujetó el rostro de Yebon con ambas manos y comenzó a frotarle juguetonamente las mejillas.

Ver cómo su cara se deformaba entre sus manos le parecía adorable.

—¡Ay! ¿Qué estás haciendo?

Aunque frunció el ceño con gesto de protesta, era evidente que tampoco le disgustaba del todo.

Cha Hyuk se inclinó y depositó un beso sobre el entrecejo fruncido.

A pesar de todo lo que habían hecho el día anterior, aquel simple beso bastó para que Yebon se sonrojara hasta las orejas y se echara instintivamente hacia atrás para escapar de sus manos.

—¡Y-ya me voy! ¡Gracias por traerme a casa!

Abrió apresuradamente la puerta del coche, pero Cha Hyuk le sujetó la muñeca con suavidad.

El calor de aquel contacto permaneció sobre su piel, sin saber si provenía de su propia temperatura o de la mano de Cha Hyuk.

—Envíame un mensaje en cuanto entres.

—…Está bien.

—Y si te sientes mal, llámame enseguida.

—…Lo haré.

—Y cada vez que agarres el teléfono, aprovecha para escribirme.

El tono juguetón de Cha Hyuk hizo que Yebon abriera la boca como si fuera a protestar, pero al final terminó asintiendo.

Cuando Cha Hyuk bajaba la guardia, su forma de demostrar cariño era casi excesiva.

No estaba acostumbrado a que alguien se preocupara tanto por él, y aquello le daba un poco de vergüenza.

Le costaba incluso mirarlo a los ojos.

Cha Hyuk le dio unas cuantas palmaditas en la cabeza antes de soltar finalmente su muñeca.

—Anda, entra.

Su sonrisa era cálida.

Mientras caminaba hacia el edificio, cada paso le recordaba el dolor persistente en la cintura, los muslos e incluso la entrepierna.

Era imposible creer que lo ocurrido la noche anterior hubiera sido un sueño.

Cubriéndose la boca con una mano y sujetándose la cintura con la otra, murmuró para sí:

—Esto… no tiene ningún sentido.

Era el primer día desde que descubrió no solo que había dormido con Cha Hyuk, sino también que Cha Hyuk parecía corresponder a sus sentimientos.

Y, aun así, todo seguía pareciéndole irreal.

Había estado convencido de que, tarde o temprano, acabarían alejándose.

A las siete y media de la mañana, la alarma comenzó a sonar con fuerza.

Frotándose los ojos todavía adormilados, Yebon tanteó junto a la cama hasta encontrar el teléfono en el suelo y apagarla.

Siempre lo dejaba sobre la mesita de noche antes de dormir, pero, por alguna razón, todas las mañanas aparecía en el piso.

Sentía los ojos secos y la vista algo borrosa.

Tras parpadear varias veces, el mundo volvió poco a poco a enfocarse.

[Cha Hyuk hyung: ¿Ya despertaste?] (7:30 a. m.)

Desde el día en que Cha Hyuk descubrió los sentimientos de Yebon y confesó que sentía lo mismo, se había vuelto todavía más cariñoso.

Yebon respondió, como de costumbre:

[Sí, ya me desperté.]

Apenas envió el mensaje, el teléfono comenzó a vibrar.

Era una llamada.

—¿Dormiste bien?

La profunda y tranquilizadora voz de Cha Hyuk sonó al otro lado de la línea.

—Sí…

La voz de Yebon, áspera y desordenada por el sueño, contrastaba por completo con el tono siempre agradable de Cha Hyuk.

—¿A qué hora te levantas normalmente, hyung?

—Sobre las cinco… más o menos.

—Guau… ¿A las cinco…?

Yebon intentó recordar alguna ocasión en toda su vida en la que hubiera decidido levantarse voluntariamente a esa hora.

No encontró ni una sola.

Ni siquiera para ver el primer amanecer del año.

—Hoy empiezan tus exámenes, ¿verdad?

Puso el teléfono en altavoz mientras rebuscaba ropa dentro del armario.

—Sí. Tengo uno a las diez y otro a las dos. Después ya termino por hoy. Tus exámenes empiezan mañana, ¿no?

Como estaba en época de exámenes, ni siquiera pensó en arreglarse.

Sacó una sudadera de borreguito y un pantalón deportivo.

Después pensaba ir directamente a la biblioteca.

Durante la temporada de exámenes, conseguir un buen lugar allí era casi tan difícil como comprar entradas para un concierto.

—Sí. ¿Quieres que nos veamos cuando termines?

Yebon dudó un instante antes de responder.

—Si a ti te parece bien, hyung.

—Perfecto. Mándame un mensaje cuando acabes. Iré a recogerte.

—Está bien. Nos vemos luego.

—Mucha suerte en los exámenes.

Cha Hyuk nunca alargaba demasiado las llamadas matutinas.

Siempre las terminaba en menos de cinco minutos.

Yebon sospechaba que lo hacía por consideración hacia él.

Aunque, personalmente, no le habría importado hablar un poco más.

Miró con cierta nostalgia la pantalla ya apagada del teléfono.

—Me habría gustado que durara un poquito más…

—Oye, ¿al final dónde vive el profesor Min Byungchul?

En cuanto salieron del aula, Lee Seunggu fue el primero en hablar.

—Ni idea, demonios…

gruñó Kim Junghyun, con unas ojeras tan marcadas que casi le llegaban hasta la barbilla.

A diferencia de ellos, cuyos rostros reflejaban el agotamiento de la época de exámenes, Yebon tenía una expresión bastante tranquila mientras escribía un mensaje a Cha Hyuk.

Lee Seunggu entrecerró los ojos al verlo.

—Yebon, seguro que te fue bien. ¿No estuvo difícil?

Sorprendido por las miradas de ambos, Yebon bloqueó rápidamente el teléfono y lo guardó en el bolsillo.

—Eh… no fue fácil, pero el profesor Min siempre pone exámenes difíciles. Creo que estuvo más o menos al mismo nivel que el parcial.

—O sea… que te fue bien.

Bajo aquellas miradas inquisitivas, Yebon se rascó la nuca con torpeza y negó con la cabeza.

—Más o menos… supongo.

—Este siempre dice eso y luego termina sacando la nota más alta.

Seunggu señaló a Yebon con un dedo antes de mirar a Junghyun.

—Es de esos que salen diciendo que estuvo dificilísimo y luego sacan sobresaliente. Yo ahora mismo firmaría por aprobar raspando.

—…Uf. Ya quiero abandonar la universidad.

—¿Después van a estudiar un rato antes de irse? Si es así, yo también me apunto.

Junghyun comenzó a bajar las escaleras encorvado.

Sinceramente, Yebon no había sentido que el examen fuera tan difícil como ellos decían.

Pero prefirió guardar silencio mientras volvía a sacar el teléfono.

En ese momento, vibró.

[Cha Hyuk hyung: ¿Cómo te fue en el examen?] (3:12 p. m.)

Al leer el mensaje, una sonrisa suave apareció sin darse cuenta en el rostro de Yebon.

[Yebon: Creo que me fue bien.] (3:13 p. m.)

Cuando levantó la cabeza, descubrió que tanto Junghyun como Seunggu lo observaban con expresiones extrañas.

Solo entonces cayó en la cuenta de que se había quedado inmóvil en mitad de las escaleras.

Algo avergonzado, soltó una risa incómoda.

—Eh… creo que hoy tengo unos planes, así que me iré primero.

Seunggu entrecerró los ojos con sospecha.

—¿Estás saliendo con alguien?

Los ojos de Yebon se abrieron de par en par.

Seunggu sonrió con aire triunfal y se acercó un poco más.

—Sí que estás saliendo con alguien.

—¡N-no! ¿Qué estás diciendo?

Yebon alzó involuntariamente la voz mientras apresuraba el paso escaleras abajo.

Incluso Junghyun, que normalmente permanecía callado, lo observaba ahora con cierta sospecha.

Pero como todavía no tenían tanta confianza, decidió no intervenir.

—Vamos, llevas pegado al teléfono todo este tiempo. Además, últimamente siempre tienes esa cara de felicidad. Y desapareces solo cada dos por tres.

Cada una de las palabras de Seunggu daba exactamente en el blanco.

Yebon ni siquiera encontraba una excusa convincente.

Cuando salía con Jung Woochan, nadie había sospechado jamás de él.

¿Por qué ahora era tan evidente?

—Los planes de hoy… son con tu novia, ¿verdad?

Al escuchar la palabra «novia», el pecho de Yebon se oprimió.

Claro… cualquiera pensaría eso.

Respiró hondo y negó con firmeza.

—No estoy saliendo con nadie.

A pesar de su negativa tan categórica, la mirada desconfiada de Seunggu no cambió.

—Entonces, ¿con quién te ves tan seguido? No me digas que ya nos cambiaste por otra persona.

Mientras hablaba en tono juguetón, Seunggu pasó un brazo alrededor de los hombros de Yebon.

Con el rostro completamente rojo, Yebon murmuró:

—De verdad no es eso…

Justo cuando intentaba zafarse del abrazo de Seunggu, dobló una esquina y chocó de frente contra alguien.

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