Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 41

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Finalmente apareció ante ellos un paisaje que a Yebon le resultaba algo familiar, y el auto se detuvo.

Desde hacía un rato, Kim Hyunwoo no había vuelto a decir una sola palabra. De vez en cuando soltaba un tarareo satisfecho que le ponía la piel de gallina a Kang Yebon y aumentaba sus ganas de bajar cuanto antes.

—Es esa casa de ahí.

Yebon entreabrió los labios y vaciló. Casi había respondido automáticamente: «Ya lo sé».

—…Sí.

Fingiendo que era la primera vez que la veía, dirigió la mirada hacia la casa de Cha Hyuk justo cuando se oyó el mecanismo de desbloqueo.

Aferrando con fuerza la bolsa de papel, Yebon bajó rápidamente del auto.

Estaba a punto de apresurarse hacia la casa cuando escuchó que lo llamaban desde atrás.

—Kang Yebon-ssi.

Al oír su nombre, Yebon se detuvo un instante, pero fingió no haber escuchado y corrió hacia la casa de Cha Hyuk.

Detrás de él resonaron gritos más fuertes y varias maldiciones, pero Yebon ya no quería seguir hablando con aquel hombre.

Si después se quejaba con Cha Hyuk, fingiría no saber nada. Probablemente Cha Hyuk lo dejaría pasar.

Probablemente.

—…Mocoso irrespetuoso.

Kim Hyunwoo fulminó con la mirada a Yebon, que había corrido hacia la casa de Cha Hyuk ignorando su llamada.

Contuvo el impulso de ir tras él y arrastrarlo de vuelta, y sacó el teléfono.

Después hizo zoom y tomó una fotografía de Yebon de pie frente al portón.

La cámara del teléfono era pésima y la imagen no tenía buena calidad, pero bastaba para distinguir sus facciones.

Tras enviar la fotografía a alguien, Kim Hyunwoo sonrió de manera siniestra.

—Quédate junto a Cha Hyuk durante mucho, mucho tiempo. Criaturas repugnantes.

Yebon pulsó el timbre, pero nadie respondió.

En cambio, el portón cerrado se abrió de inmediato.

Asomándose con cautela, Yebon entró.

Aunque era la segunda vez que visitaba aquella casa, por alguna razón seguía resultándole reconfortante.

Al mismo tiempo, sintió un poco de vergüenza por haber ido a buscar precisamente el lugar que llevaba tanto tiempo intentando evitar.

Tiró de la puerta principal, pero estaba firmemente cerrada.

Esperó un momento y volvió a tocar el timbre.

No hubo respuesta.

Justo cuando estaba a punto de pulsarlo una vez más, la puerta se abrió bruscamente.

—Ah… Te dije que lo dejaras en la puerta…

Cha Hyuk, que fruncía el ceño, se quedó inmóvil al ver a Yebon.

—¿Estoy viendo cosas…?

Murmurando entre dientes, se frotó el rostro con brusquedad. Le dolían los ojos por la fiebre persistente.

Cuando volvió a mirar, Yebon seguía allí, con aquel reconfortante cabello castaño.

—…¿Yebon…?

Antes de que pudiera preguntar otra vez, Yebon gritó, atónito:

—¡Hyung! ¡¿Estás bien?!

El rostro de Cha Hyuk estaba cubierto de gruesos apósitos adhesivos y sus ojos se veían completamente aturdidos.

Al comprender la gravedad de su estado, Yebon olvidó toda vergüenza y pasó junto a Cha Hyuk para entrar en la casa.

Aunque solo había tocado su ropa, pudo sentir el calor que irradiaba contra la palma de su mano.

—¡¿Qué te pasó para terminar así?!

Débil ante el empuje de Yebon, Cha Hyuk se dejó llevar mientras lo observaba sin comprender.

No sabía si aquello era real o una alucinación.

Al parecer, Ma Dongpal había insistido en dejarle unas gachas porque no paraba de preocuparse por él.

Pero Cha Hyuk no tenía idea de por qué, en lugar de las gachas, era Yebon quien se encontraba frente a su puerta.

—¿Fuiste al hospital? Parece que tienes la fiebre altísima. ¿Dónde está tu cama…?

Cha Hyuk le pellizcó la mejilla con una mano.

La piel suave y cubierta de una fina pelusa se sintió muy real bajo las yemas de sus dedos.

Sorprendido por aquella acción repentina, Yebon alzó la mirada.

—…¿De verdad eres tú?

Con los ojos todavía medio nublados, Cha Hyuk pellizcó y soltó la mejilla de Yebon.

Era blanda y elástica, como un pastel de arroz recién hecho.

Yebon apenas consiguió detener la otra mano que comenzaba a levantarse y comprendió lo grave que era la situación.

Arrastró a Cha Hyuk hasta el sofá y lo hizo sentarse. Su frente ardía al tacto.

—Hyung, quédate quieto, ¿sí?

Cha Hyuk no respondió, pero lo más urgente era bajarle la fiebre.

Yebon volvió sobre sus pasos hasta el baño y comenzó a escurrir una toalla.

El agua, tan fría como el aire del exterior, le dejó las puntas de los dedos completamente rojas.

Justo cuando estaba a punto de salir, Cha Hyuk irrumpió en el baño y comenzó a desvestirse.

La mente de Yebon quedó en blanco.

De pronto, Cha Hyuk se estaba quitando la camiseta y ya llevaba las manos hacia el pantalón.

—¡No, eso es una locura! ¡Hyung!

Yebon se apresuró a sujetarle ambas manos.

La parte superior del musculoso cuerpo de Cha Hyuk quedó completamente expuesta, y Yebon contuvo el aliento.

Sabía que estaba en buena forma, pero verlo en persona era distinto.

Era más firme, más liso…

Un cuerpo que Yebon jamás podría tener.

El sonido de alguien tragando saliva resonó en el baño.

El rostro de Yebon se volvió rojo intenso.

Cuando levantó lentamente la cabeza, sus ojos se encontraron con los de Cha Hyuk.

Aquella mirada negra y turbia, cargada de una humedad imposible de identificar, pareció adherirse a su piel.

—Hyung, ¿estás… conmigo…?

Antes de que Yebon pudiera terminar, Cha Hyuk frunció ligeramente el ceño y lo empujó fuera del baño.

Expulsado de allí, Yebon lo miró con desconcierto.

—Necesito ducharme. Yo… sudé un poco.

Como si hubiera recuperado parte de la conciencia, Cha Hyuk cerró la puerta.

Poco después, el sonido del agua llenó el ambiente y Yebon apretó con fuerza los puños.

«¿Qué estaba a punto de decir?»

Su corazón latía como si fuera a estallarle dentro del pecho.

Las palabras que no había conseguido terminar en el baño no dejaban de girar en su cabeza.

No podía creer que fuera capaz de tener pensamientos tan indecentes.

Yebon tuvo que sujetarse la cabeza, ir hasta la cocina y beber de golpe un vaso de agua fría.

Después de anunciar que se ducharía, Cha Hyuk no salió del baño durante treinta minutos.

Yebon terminó llamando a la puerta, temiendo que se hubiera desplomado, pues llevaba veinte minutos sin escuchar ningún sonido.

Le había enviado un mensaje a su madre para avisarle que quizá llegaría tarde porque Cha Hyuk estaba tardando más de lo esperado.

Como solía estudiar hasta tarde y regresar a casa a horas avanzadas, su madre solo respondió: «Está bien».

Secándose el cabello con una toalla, Cha Hyuk se acercó a Yebon con una sonrisa incómoda.

Después de la ducha, parecía tener la mente más despejada y sus oscuros ojos se veían más enfocados.

—Hyung, comamos las gachas antes de que se enfríen.

Como si estuviera en su propia casa, Yebon rebuscó en el refrigerador y sacó un poco de kimchi.

Cha Hyuk se sentó frente a la mesa preparada y lo observó fijamente.

—¿Cómo llegaste hasta aquí?

Su voz sonaba áspera, quizá por el resfriado.

Yebon se sentó a su lado y respondió:

—Ese tal Kim Hyunwoo… me trajo en auto. También dijo que debía entregarte las gachas.

Al escuchar el nombre de Kim Hyunwoo, que le resultaba más irritante que cualquier otro, Cha Hyuk torció el rostro.

—¿Kim Hyunwoo te trajo? ¿Cómo lo conociste?

—Hyung… Llamé a Bluemoon porque no respondías. Me dijeron que estabas enfermo… y me pidieron que trajera las gachas.

La atmósfera se volvió hostil.

El rostro de Yebon se ensombreció ligeramente y sus labios se fruncieron, como si se sintiera agraviado.

—Pero yo no pensaba venir así… Esa persona prácticamente me chantajeó para que te las trajera. No vine por voluntad propia.

Había tenido varias oportunidades de escapar, pero Yebon exageró un poco.

Le preocupaba que Kim Hyunwoo hablara mal de él frente a Cha Hyuk.

—¿Te chantajeó? ¿Ese bastardo te chantajeó?

Sin embargo, Cha Hyuk pareció enfadarse todavía más.

Desconcertado, Yebon estaba a punto de contarle la verdad cuando se dio cuenta de que Cha Hyuk no estaba molesto porque él hubiera ido por iniciativa propia.

Yebon asintió con cautela.

—De repente empezó a tutearme, me insultó y me dijo que dejara de juntarme contigo, hyung.

Aunque al principio dudó por temor a hablar mal de un subordinado de Cha Hyuk, una vez que comenzó ya no pudo detenerse.

Era una tímida forma de venganza.

Cuando terminó, la expresión de Cha Hyuk se había vuelto gélida.

—…Ese hijo de…

Murmuraba en voz baja como si estuviera dispuesto a matar a alguien.

Yebon se apresuró a llenar una cuchara con gachas y la acercó a Cha Hyuk.

—Hyung, se están enfriando. Come.

Cha Hyuk se sobresaltó al ver la cuchara junto a sus labios, pero obedeció y comenzó a comer, pareciendo calmarse un poco.

Después de darle varias cucharadas, Yebon empezó a preguntarse:

«¿Durante cuánto tiempo tendré que seguir dándole de comer?»

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