Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 34
Sentado en el asiento trasero del auto, Cha Hyuk tocó dos veces la pantalla de su teléfono. La imagen se amplió, pero no había ninguna notificación. La pantalla estaba completamente vacía.
La observó fijamente, aunque no había razón alguna para esperar que llegara un mensaje.
Cha Hyuk chasqueó la lengua con irritación y terminó desviando la mirada hacia la ventana.
¿Cuántos mensajes suyos se habían quedado sin respuesta? No, ¿cuántas de sus llamadas no habían sido contestadas?
Para cualquiera resultaba evidente que Yebon lo estaba evitando.
Quizá se debía a que el sábado anterior Cha Hyuk le había dicho de repente que se iría a Hong Kong, pero, cuando lo llamó después, ambos conversaron como si no hubiera ocurrido nada extraño.
Al principio, Cha Hyuk intentó convencerse de que no era nada importante.
Yebon era un estudiante universitario diligente, un joven que apenas comenzaba su vida adulta. Era perfectamente posible que estuviera ocupado.
Cada vez que no respondía sus mensajes o no contestaba sus llamadas, Cha Hyuk simplemente pensaba que debía de estar ocupado.
Sin embargo, el día anterior comprendió que no era así.
Había pasado brevemente por la universidad para entregar unos documentos.
Al salir del despacho del profesor después de entregarlos, se encontró por casualidad con Yebon, que acababa de salir de la biblioteca.
El miércoles anterior Yebon había dicho que ni siquiera podía quedarse a comer y, desde entonces, había sido difícil ponerse en contacto con él. Por eso, al verlo, Cha Hyuk se alegró aún más y llamó su nombre.
En aquel momento, había esperado que Yebon también se alegrara de verlo.
—Yebon-ah.
—…¿Hyung?
Pero Cha Hyuk se había equivocado por completo.
Sobresaltado al escuchar su voz, Yebon lo miró con unos ojos llenos de incredulidad. No había calidez alguna en su mirada.
Era incapaz de mirarlo directamente y mantenía los hombros encogidos y tensos.
Por todas aquellas reacciones, Cha Hyuk comprendió de inmediato que Yebon sentía rechazo hacia él.
Cha Hyuk era especialmente hábil para percibir las reacciones negativas, probablemente porque la mayoría de las personas que había conocido lo trataban con negatividad.
Había enfrentado miedo, cautela, hostilidad e intenciones asesinas cientos de veces, por lo que las detectaba enseguida.
Aun así, en ese momento quiso creer que solo se trataba de una impresión equivocada, sobre todo porque se trataba de Kang Yebon.
Cha Hyuk se acercó con más cuidado de lo habitual.
Por fortuna, Yebon no retrocedió. Se veía claramente inquieto, pero, al observarlo más de cerca, no había miedo en su rostro, lo cual tranquilizó un poco a Cha Hyuk.
En el pasado, le había intrigado que Yebon, a pesar de sentir miedo, volviera a acercarse a él con tanta valentía. Por eso, en ocasiones lo había molestado deliberadamente. Sin embargo, con el tiempo, aquel impulso había desaparecido.
Quizá porque Yebon comenzaba a depender cada vez más de él, Cha Hyuk sentía una extraña satisfacción.
Con cuidado, extendió la mano.
Tal vez porque Yebon acababa de salir de un lugar cálido, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas. Cha Hyuk le dio un suave toque con los dedos.
—¿Por qué estás tan inquieto? ¿Te sientes mal?
Lo preguntó en tono juguetón, pero Yebon se sobresaltó y retrocedió varios pasos.
Cha Hyuk miró con sorpresa sus propios dedos, que habían quedado suspendidos en el aire, y luego volvió la mirada hacia Yebon.
El joven se cubría con una mano la mejilla que Cha Hyuk había tocado y, por alguna razón, parecía enfadado.
Su rostro, que ya estaba ligeramente enrojecido, se había vuelto completamente carmesí, como si estuviera a punto de estallar.
Cha Hyuk no lograba comprender por qué la actitud de Yebon había cambiado tan repentinamente.
Sintiendo que la situación se volvía incómoda, retiró la mano con naturalidad. Entonces, Yebon, temblando, exclamó:
—¡Ah, de verdad que ahjusshi es demasiado!
Antes de que Cha Hyuk pudiera preguntarle qué quería decir, Yebon salió corriendo sin mirar atrás.
Cha Hyuk se quedó inmóvil frente a la biblioteca, atónito, observando cómo se alejaba.
Solo entonces comprendió que Yebon había estado ignorando deliberadamente sus intentos de contacto.
Todo parecía estar bien hasta el miércoles anterior. No tenía idea de qué había sucedido desde entonces para que la actitud de Yebon cambiara de una manera tan drástica.
Mientras contemplaba el paisaje que pasaba rápidamente al otro lado de la borrosa ventanilla, Cha Hyuk volvió a encender la pantalla del teléfono.
Como era de esperar, no había ningún mensaje.
Solo le había dado aquel número a Yebon, así que tampoco había nadie más de quien pudiera esperar una llamada. Aun así, el teléfono llevaba días sin sonar.
Cha Hyuk suspiró con irritación y estuvo a punto de arrojarlo sobre el asiento contiguo, pero terminó guardándolo cuidadosamente en el bolsillo.
Por si acaso.
En ese momento, el auto se detuvo.
Solo entonces Cha Hyuk levantó la vista. Frente a ellos se distinguía débilmente la luz roja del semáforo.
Cuando estaba a punto de apartar la mirada, descubrió a alguien observándolo a través del espejo retrovisor.
Kim Hyunwoo, al darse cuenta de que Cha Hyuk lo había visto, no desvió los ojos. Por el contrario, pareció esbozar una sonrisa burlona.
Sin embargo, Cha Hyuk llevaba mucho tiempo consciente de que lo observaba. Simplemente había decidido ignorarlo.
No tenía ninguna intención de conversar, pero Kim Hyunwoo no pareció entender la indirecta.
—¿Está esperando una llamada?
Aunque no obtuvo respuesta, continuó hablando como si no le importara.
—Lo he visto mirando mucho el teléfono. Pero si no es así, olvídelo.
—Hablas demasiado. ¿Quieres que te cosa la boca?
Aunque había un leve rastro de risa en su voz, la mirada que Cha Hyuk clavó en Kim Hyunwoo a través del espejo era fría y afilada.
Kim Hyunwoo finalmente apartó los ojos. Las manos con las que sujetaba el volante temblaron ligeramente.
Poco después, el semáforo cambió a verde y el auto volvió a ponerse en marcha.
El silencio llenó el interior.
Finalmente, el vehículo se detuvo por completo en el estacionamiento subterráneo de un edificio de gran altura.
Kim Hyunwoo abrió la puerta trasera y Cha Hyuk descendió. Después se dirigió al ascensor del edificio con la familiaridad de alguien que ya había estado allí antes.
Al verlo, Kim Hyunwoo frunció el ceño y fulminó con la mirada su espalda antes de cerrar la puerta.
—¡¿Acaso sabe adónde va?!
Cha Hyuk pulsó el botón del ascensor sin responder.
Entró, seleccionó el piso treinta y tres y cerró rápidamente las puertas.
Unos pasos apresurados se acercaron al ascensor, pero las puertas ya se habían cerrado.
Cha Hyuk frunció ligeramente el ceño.
¿Aquel tipo no era alguien favorecido por Lee Wonpil, sino simplemente un idiota?
La luz situada en la esquina superior derecha del techo del ascensor parpadeaba sin cesar.
El lujoso interior, decorado con tonos dorados apagados y cuero marrón, parecía estar mal mantenido, pese a su ostentosa apariencia.
Era exactamente igual que Lee Wonpil.
Por fuera parecía impresionante, pero por dentro todo era un desastre.
Cuando Cha Hyuk llevaba poco tiempo dentro de la organización, Lee Wonpil había sido quien lo llevaba de un sitio a otro.
En aquel entonces, Lee Wonpil estaba cerca de los treinta años y no era más que un miembro de la organización. Todavía no se había convertido en el presidente de una pequeña empresa subsidiaria de un conglomerado, como ahora.
Al principio, se había mostrado bastante amable, por lo que Cha Hyuk pensó que era una persona de buen corazón.
Sin embargo, no tardó ni tres semanas en descubrir que no era así.
Quien había introducido a Cha Hyuk en la organización era Park Byeongsik, que ya gozaba del favor de los superiores.
Como Park Byeongsik poseía bastante poder y era evidente que ascendería a un puesto importante, Cha Hyuk recibía mucha atención, tanto positiva como negativa.
Entre todos ellos, Lee Wonpil se había esforzado especialmente por llamar la atención de Park Byeongsik.
Bajo el pretexto de enseñarle esto y aquello, llevaba a Cha Hyuk consigo a todas partes.
Pero el único propósito de Lee Wonpil era ganarse el favor de Park Byeongsik, por lo que solo trataba bien a Cha Hyuk cuando había cerca personas relacionadas con él.
El resto del tiempo descargaba sus frustraciones sobre Cha Hyuk, lo obligaba a hacer toda clase de mandados y, al final, incluso lo culpaba por sus propios errores.
Debido a eso, Cha Hyuk poco a poco comenzó a ser visto como alguien problemático dentro de la organización.
Sin embargo, no le importaba demasiado.
No tenía grandes ambiciones. Le bastaba con tener comida y un lugar donde dormir.
Si Lee Wonpil se hubiera limitado a eso, quizá Cha Hyuk no habría llegado a detestarlo tanto.
Despertar con la nuca dolorida y entumecida.
La boca sellada con cinta adhesiva.
El cuerpo encogido en una postura incómoda y completamente atado.
La vista cubierta por una tela oscura.
Y, de pronto, una sustancia gris y espesa, que no era del todo líquida ni del todo sólida, cayendo frente a él.
Algunas partes estaban frías y otras tibias.
La extraña temperatura que envolvía la mitad inferior de su cuerpo.
Cuando todas aquellas sensaciones lo golpearon al mismo tiempo, Cha Hyuk había experimentado un miedo extremo e indescriptible.
Pero lo que más lo había aterrorizado de aquel antiguo recuerdo, que aún conservaba con una claridad espantosa, era Lee Wonpil.
Sonreía de tal manera que las comisuras de sus labios parecían querer alcanzar sus ojos.
—Piso treinta y tres. Las puertas se están abriendo.
La voz del ascensor devolvió la claridad a la mirada desenfocada de Cha Hyuk, aunque su expresión se endureció todavía más.
Avanzó con grandes pasos hacia el único despacho ejecutivo del piso treinta y tres.
Una mujer sentada detrás de un pequeño mostrador, junto a una puerta de color marrón oscuro, vio a Cha Hyuk y sonrió.
—¿Podría esperar un momento, por favor? El presidente está ocupado.
—Está bien.
Siempre era igual.
Lee Wonpil lo llamaba, pero nunca lo dejaba entrar de inmediato.
Como era de esperar, Cha Hyuk tuvo que esperar unos veinte minutos antes de que le permitieran pasar al despacho.
Kim Hyunwoo no lo había seguido. Tal vez había subido por otro camino o se había quedado saludando a sus compañeros habituales.
—Hola.
—¿Te parece divertida la vida últimamente?
La provocación comenzó en cuanto entró.