Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 29

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¿Cómo se suponía que podía comer con todo aquello rondándole la cabeza?

Cha Hyuk apenas tocaba la comida que tenía delante mientras observaba a Kang Yebon.

La sonrisa en su rostro definitivamente no era la que uno esperaría de alguien que simplemente miraba comer a un dongsaeng cercano.

Si Cha Hyuk no sentía esa clase de interés por él, entonces ¿qué pensaba de Yebon?

«¿Que soy un maleducado que lo insultó la primera vez que nos vimos…?»

No, eso no podía ser.

No lo miraría de aquella manera si realmente pensara algo así.

Entonces, ¿lo veía como un dongsaeng querido…?

Eso sonaba extraño.

Yebon ni siquiera comprendía bien qué se suponía que era un dongsaeng querido. Lo único que le venía a la mente era alguien por quien sentías afecto.

«Ah.»

La mano de Yebon, que se movía para llevarse la comida a la boca, se detuvo.

Cha Hyuk tenía treinta y tres años y él, veintiuno.

Yebon se preguntó cómo sería mirar a alguien doce años menor.

La conclusión a la que llegó fue que quizá lo veía como a un sobrino.

Eso explicaría las miradas afectuosas, el hecho de que siempre se pusiera de su lado y que lo consolara…

Todo encajaba.

—¿Por qué te detuviste de repente?

Cha Hyuk lo miró confundido al verlo sentado con la boca ligeramente abierta.

Yebon esbozó una sonrisa incómoda, negó con la cabeza y empezó a masticar el arroz frito con más entusiasmo.

Parecía mejor terminar de comer cuanto antes y salir de aquella situación.

De lo contrario, seguiría teniendo pensamientos extraños.

Aun así, la palabra «sobrino» no dejaba de repetirse en su cabeza.

«Sobrino, sobrino, sobrino.»

Intentando apartar aquellas ideas, Yebon hundió el rostro sobre el plato y comenzó a comer el arroz frito a toda velocidad.

Un vaso de agua apareció frente a él.

—Come despacio. Te va a dar indigestión.

Tal vez Cha Hyuk de verdad lo veía como a un sobrino o como al hermano menor que nunca había tenido.

Yebon se sintió completamente desolado.

—¿Cómo veremos la película?

Yebon colgó los guantes de goma junto al fregadero y se dirigió hacia la sala.

Cha Hyuk había insistido en que no hacía falta, pero Yebon se empeñó en lavar los platos de todos modos.

No le gustaba limitarse a recibir atenciones y, si se quedaba sin hacer nada, terminaría convirtiéndose de verdad en una especie de sobrino.

Cha Hyuk encendió el enorme televisor y estaba revisando la parte trasera.

—Siéntate en el sofá. Yo la pondré.

Yebon observó por un momento lo que hacía y luego se sentó obedientemente.

El sofá de color oscuro no era de cuero, sino de tela, por lo que su superficie resultaba suave.

Yebon había imaginado que Cha Hyuk viviría en un espacio monocromático con un sofá de cuero negro, pero todo allí era distinto de lo que esperaba.

Desde el acogedor exterior de la casa hasta el interior sorprendentemente frío, como si acabara de mudarse.

Yebon frotó con los dedos la tela verde oscura del sofá y, poco después, Cha Hyuk se sentó a su lado.

Justo cuando creyó que ya estaba todo preparado, comenzó a escucharse sonido desde el televisor.

Yebon levantó la cabeza automáticamente.

El título de la película que había elegido apareció en la pantalla.

La calidad no era muy buena. Se notaba claramente que era una película antigua.

El televisor parecía moderno y costoso, pero ver una película vieja reproduciéndose en él producía una sensación extraña.

Yebon miraba fijamente la pantalla cuando sintió una mirada a su lado.

Se volvió, pensando que quizá lo había imaginado, pero no era así.

Cha Hyuk lo estaba observando.

Era una mirada difícil de describir.

Desde que Yebon había malinterpretado el afecto de Cha Hyuk, le resultaba complicado mirarlo directamente, probablemente por la vergüenza.

—…¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Solo quería comprobar si el volumen estaba bien.

—Ah.

Yebon asintió rápidamente.

¿Por qué seguía sintiéndose tan extraño?

Sintió que la garganta le ardía y se la frotó sin motivo.

Entonces, justo cuando iba a tomar el teléfono que había dejado sobre la mesa baja frente al sofá, comprendió la razón.

…Estaba en casa de Cha Hyuk.

Por supuesto que estaría nervioso.

Por eso no había podido dormir bien hasta el amanecer.

A medida que la emoción inicial de estar en la casa de Cha Hyuk disminuía, Yebon volvió a ponerse tenso.

Sabía perfectamente que no ocurriría nada extraño.

Aun así, no podía evitar sentirse nervioso.

Perdido en fantasías irrelevantes, se dio un golpecito en la cabeza y desplazó ligeramente el cuerpo hacia un lado.

Definitivamente, algo no estaba bien dentro de su cabeza.

—¿Estás incómodo?

Yebon dio un respingo, y Cha Hyuk pareció igual de sorprendido por su reacción.

Con una expresión visiblemente torpe, Yebon respondió a toda prisa:

—¡No, para nada! ¡Estoy muy cómodo! ¡Como si estuviera en casa de un pariente!

Cha Hyuk soltó una risa, como si se hubiera desinflado, y apartó con naturalidad el largo flequillo de Yebon hacia un lado.

—Qué bueno. Ponte cómodo.

A diferencia de Cha Hyuk, que retiró la mano como si nada, el corazón de Yebon latía con violencia.

¿Por qué reaccionaba de forma tan exagerada?

Avergonzado por lo sensible que estaba, bajó profundamente la cabeza.

«Vine a hacer un trabajo. Sí, vine a hacer un trabajo.»

Después de repetírselo varias veces, por fin consiguió concentrarse en la película.

—Oliver, lo siento. Pero aun así, los momentos que paso contigo hacen que el mundo me parezca un poco más hermoso y amable.

Una lágrima cayó sobre la carta.

—Para ser sincera, y siendo egoísta, cuando estás conmigo siento que podría permanecer en este mundo. Pero sé que, aunque ahora me sienta así, con el paso del tiempo terminaré queriendo desmoronarme incluso si sigues a mi lado.

—Entonces tú te marchitarás por mi culpa y yo me pudriré por la mía. No quiero transmitirte este dolor. Al final, me convertiré en la cadena más dolorosa de tu vida. No quiero permanecer así para ti.

—Oliver, te amo.

—Posdata: espero que nunca leas esta carta.

La pluma cayó con un pequeño estrépito y la mujer apoyó los labios sobre el papel.

Cuando terminó la narración húmeda de emoción, una lágrima cayó finalmente desde la barbilla de Yebon.

En la pantalla, la carta que la mujer había leído comenzó a arder y las cenizas restantes fueron arrastradas por un viento fuerte.

Se disolvieron por completo en el oscuro cielo nocturno.

La mujer contempló el vacío antes de adentrarse en el mar.

El agua le llegó primero a las rodillas, luego a la cintura y, cuando alcanzó su pecho, la pantalla destelló y comenzaron a aparecer los créditos finales.

Yebon había abierto la aplicación de notas para organizar ideas para la presentación, pero la había cerrado hacía mucho tiempo.

Permaneció mirando la pantalla sin poder apartar los ojos durante un rato y luego bajó profundamente la cabeza.

Cha Hyuk, que observaba los créditos con expresión indiferente, se volvió para hablarle.

—Terminó. La viste con mucha atención…

Yebon estaba de espaldas a él y su cuerpo temblaba ligeramente.

Cha Hyuk percibió que algo no iba bien y lo llamó, pero no recibió respuesta.

—Kang Yebon, ¿qué pasa?

Antes había comido con demasiada prisa.

Tal vez le había dado indigestión.

Cha Hyuk estaba a punto de apoyar una mano en su hombro para comprobar cómo se encontraba cuando Yebon se levantó de golpe.

Seguía dándole la espalda, con la cabeza inclinada para ocultar el rostro.

—…¿Dónde está el baño? ¿Dónde?

Su voz no solo sonaba débil, sino que temblaba de una manera que dejaba claro que no estaba bien.

—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

Aunque Cha Hyuk todavía no le había indicado dónde estaba el baño, Yebon comenzó a moverse como si quisiera huir.

Cha Hyuk lo sujetó con urgencia por la muñeca.

Solo entonces Yebon se volvió.

Cha Hyuk se quedó completamente inmóvil al ver su rostro, empapado en lágrimas y mocos.

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