Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 27

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—¿Qué clase de tontería es esa?

Kang Yebon frunció el ceño y miró a Lee Seunggu de arriba abajo con una expresión extraña.

Había creído que obviamente se trataba de una broma, pero, por alguna razón, Lee Seunggu no parecía estar jugando.

—…¿Hablas en serio?

—Sorprendentemente, sí. ¿Acaso Kim Junghyun no te trataba mejor cuando estábamos en primer año?

¿Cómo iba a acordarse de eso?

Yebon gimió para sus adentros mientras intentaba recordar aquella época, pero sus recuerdos eran borrosos.

En ese entonces estaba demasiado ocupado saliendo con Jung Woochan, así que, sinceramente, casi no convivía con los demás estudiantes de su carrera.

De no haber sido por Lee Seunggu, probablemente Yebon no habría conocido a nadie de su departamento.

—No lo recuerdo. ¿De verdad era así?

—Probablemente. Cuando terminaban las clases en primer año, desaparecías como si estuvieras huyendo. Daba la impresión de que nosotros estábamos fuera de tu círculo. Al principio, Kim Junghyun te seguía a todas partes como un cachorro. ¿De verdad no lo recuerdas?

Yebon se sorprendió ante aquella revelación.

Al mismo tiempo, volvió a darse cuenta de cuánto había dominado Jung Woochan su vida.

Hasta el punto de que ni siquiera podía recordar nada de aquello.

—Eh… No lo recuerdo en absoluto.

—Bueno, después Kim Junghyun se ofendió y se descontroló un poco, aunque sí fue bastante extremo. Habría sido mejor que simplemente se pelearan y terminaran con eso. Pero… ¿últimamente la estás pasando mal?

Lee Seunggu, que caminaba un poco más adelante, se detuvo y se volvió hacia él.

Sus ojos castaños oscuros temblaron ligeramente, como si temiera que Yebon terminara chocando contra una pared.

Pero, incluso en ese momento, Yebon no tuvo el valor de contarle todos sus problemas.

Evitó su mirada y respondió con dificultad:

—Sí… Últimamente han pasado muchas cosas y la estoy pasando mal. Pero me cuesta hablar de ello. No solo contigo, sino con cualquiera. Lo siento…

Tuvo la sensación de que quizá las cosas nunca volverían a ser iguales entre él y Lee Seunggu.

Yebon no soportaba imaginar la expresión que este debía de tener, así que mantuvo la cabeza gacha.

Un silencio cortante se extendió a su alrededor.

—Ya veo.

Aquella breve respuesta sonó escalofriantemente fría.

Cuando Yebon levantó el rostro con cautela, descubrió que Lee Seunggu no parecía herido, sino que sonreía débilmente.

—No tienes nada de qué disculparte. No pienso entrometerme si te resulta difícil hablar. La verdad, la vez pasada me sentí un poco herido, así que quizá mis palabras sonaron duras, pero lo único que quería era que tú, Kang Yebon, me dijeras cuando la estuvieras pasando mal. Nunca has dicho ni una sola vez que estás sufriendo o que estás cansado.

¿De verdad nunca lo había dicho?

Lee Seunggu se rascó la cabeza con incomodidad.

—Quizá de verdad no estabas pasando por momentos difíciles, pero a veces te ves agotado. Siempre me ha preocupado que solo estés fingiendo estar bien. Así que basta con que me digas algo sencillo como: «Últimamente la estoy pasando un poco mal por algunas cosas», cuando te sientas así. Sé que puedo parecer entrometido.

Has soportado durante cinco años a un amigo entrometido como yo. Así que intenta comprenderme un poco.

Al decirlo, Lee Seunggu movió la cabeza, indicándole a Yebon que se acercara.

Los labios de Yebon temblaron ligeramente.

El antiguo Yebon creía que, aparte de Jung Woochan, no había nadie cercano a su alrededor.

Sí consideraba a Lee Seunggu un amigo, pero pensaba en él como un vínculo pasajero que terminaría alejándose algún día.

Eso era lo que había pensado, pero…

Yebon murmuró con la voz ahogada:

—…¿Qué tiene de bueno ser mi amigo? Tener que soportar que sea tan entrometido solo para seguir siendo amigos… Me das lástima.

Había resentimiento en su voz, pero estaba dirigido más hacia sí mismo que hacia Lee Seunggu.

Este soltó una risa incrédula y empujó ligeramente la espalda de Yebon para que siguiera caminando.

—No te gustan mucho las personas pegajosas y demasiado entrometidas, ¿verdad?

—…¿Tal vez?

—Pero, por lo que veo, necesitas a alguien un poco persistente y entrometido para que consiga acercarse a ti. De lo contrario, siempre mantienes una distancia segura y nunca intentas retener a quien se marcha. Tal vez estoy excediéndome, pero antes sentía que siempre mantenías a la gente a cierta distancia. La suficiente para que solo vieran lo bueno del otro.

…Lee Seunggu era muy perspicaz.

Yebon no pudo encontrar ninguna objeción a sus palabras.

Necesitaba a alguien un poco persistente y entrometido para acercarse a él…

Fue entonces cuando finalmente comprendió por qué le había gustado Jung Woochan en el pasado.

Yebon soltó una tenue risa y murmuró:

—…Sí. Diste justo en el blanco.

Yebon estaba acostado en la cama, parpadeando lentamente con los ojos adormilados.

La luz del sol se filtraba por una abertura entre las cortinas e iluminaba la habitación.

Había amanecido.

Era sábado por la mañana.

Solo después de enfrentarse a sus sentimientos, Yebon comprendió lo que significaba para él ir a la casa de Cha Hyuk.

Sin darse cuenta, había imaginado distintas situaciones, preocupado por cometer algún error o por que el ambiente se volviera incómodo.

Por eso había terminado pasando la noche en vela.

—Uf…

Se frotó los ojos resecos y finalmente se incorporó.

En el teléfono había un mensaje recibido alrededor de las seis de la mañana, que no había notado porque el dispositivo estaba en silencio.

No necesitó revisarlo para saber quién lo había enviado.

Yebon solo recibía mensajes de una persona.

Cha Hyuk hyung: Estaré en la entrada del complejo a las 11:10. Sal con calma.
6:49 a. m.

Después de pensarlo un momento, Yebon respondió:

De acuerdo.
9:01 a. m.

Sonaba demasiado rígido, pero, por extraño que fuera, no se le ocurrió nada más que decir.

Después de quedarse mirando la pantalla un poco más, arrojó el teléfono sobre la cama y salió de la habitación para prepararse.

En la sala había unos sándwiches y una nota sobre la mesa.

Yebon recordó que su madre había dicho que tenía una reunión y regresaría tarde.

Hijo, llámame si pasa algo~ Mamá volverá más tarde^^❤ Perdón y te amo siempre❤

Yebon le envió un mensaje para avisarle que él también tenía planes y saldría.

Después de asearse y comer un sándwich, pasó mucho tiempo frente al armario, sacando ropa, probándosela y volviendo a quitársela.

Normalmente se reunía con Cha Hyuk usando ropa informal, pero ese día Yebon no dejaba de pensar qué ponerse.

«¿Ropa deportiva porque iremos a su casa…? Pero esto es un poco como una cita, así que quizá debería usar algo más arreglado.»

Después de probarse varias prendas, terminó eligiendo unos jeans y un suéter tejido.

No era muy distinto de lo que usaba normalmente.

Mientras se ponía los jeans, el teléfono vibró con fuerza.

Era la alarma que había programado para las once.

Yebon terminó de vestirse deprisa, tomó únicamente el teléfono y salió.

El aire exterior era bastante frío.

Vaciló un momento porque el cuello del suéter era algo amplio, pero seguramente estaría bien una vez dentro de la casa.

Yebon apresuró el paso hacia la entrada del complejo.

Llegó alrededor de las 11:06 y, de inmediato, un automóvil familiar llamó su atención.

Cha Hyuk también lo había visto, pues la ventanilla descendió.

En el interior, se inclinó ligeramente hacia delante, sonriendo y saludándolo con una mano.

…Qué extraño.

Yebon sabía que Cha Hyuk era guapo, pero hasta ese momento nunca había pensado que fuera su tipo.

A él siempre le había gustado alguien como Jung Woochan: pulcro y distinguido, casi como el presidente del consejo estudiantil.

Quizá se debía a que solo había amado a Jung Woochan, pero, en cualquier caso, nunca se había sentido atraído por hombres grandes, parecidos a un oso y de rostro feroz.

Pero aun así…

Yebon se acercó al automóvil con una sonrisa torpe, mientras el suéter holgado se agitaba con el viento.

—Hola. Gracias por venir a buscarme.

—No es nada. Pero ¿no tienes frío?

Mientras subía al automóvil, Yebon no conseguía mirar directamente a Cha Hyuk y se limitaba a mantener una sonrisa vacilante.

El corazón le golpeaba con fuerza y el sudor se acumuló en sus palmas.

Yebon comprendió que estaba en muchos más problemas de lo que había imaginado.

Sentía que podía desmayarse.

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