Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 20

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Yebon inclinó ligeramente la cabeza hacia el lado opuesto de donde estaba Cha Hyuk.

«Ah, estoy acabado.»

Por alguna razón, en ese momento le aterraba mirar el rostro de Cha Hyuk.

¿Cómo salgo de esta? ¿Debería agarrarlo y salir corriendo? Pero, si lo hago, ¿qué le diré después a mamá? ¿Y qué podría decirle a Cha Hyuk?

Mientras Yebon se perdía en una espiral de pensamientos, Cha Hyuk, que había permanecido en silencio durante unos instantes, apoyó una mano sobre su hombro con una sonrisa amable. Yebon dio un pequeño respingo ante el contacto.

—Hola. ¿Es usted la madre de Kang Yebon? Soy su asesor académico.

—Sí, soy la mamá de Yebon. Nunca imaginé que conocería a su asesor en un lugar como este. Mucho gusto.

—El placer es mío, señora. Resulta que conozco personalmente a Jung Woochan, así que vine a asistir a su boda.

¿Cómo podía mentir con tanta naturalidad?

Toda la preocupación que Yebon había sentido momentos antes pareció completamente inútil. Cha Hyuk actuaba con tanta naturalidad que incluso su voz, normalmente áspera, sonaba encantadora ese día.

Al mirar a su madre, Yebon se dio cuenta de que cualquier rastro de nerviosismo que hubiera habido en sus ojos había desaparecido por completo.

—En realidad, tenía que hablar con Yebon sobre un asunto relacionado con su carrera. ¿Le importaría si me lo llevo un momento?

—¡Claro que no! Tómense el tiempo que necesiten. Yebon, yo estaré sentada por allá. Ven cuando terminen.

Su madre, que había insistido tanto en marcharse cuando apareció Cha Hyuk, se alejó sin mostrar la menor preocupación.

Mientras observaba cómo se retiraba, Yebon se volvió dolorosamente consciente de la presión creciente sobre su hombro. No le dolía, pero era lo bastante firme como para hacerle notar su presencia.

—¿Yebon?

—…Sí, profesor.

—…Mira nada más.

Al escuchar el suave resoplido sobre su cabeza, Yebon levantó cautelosamente la vista hacia Cha Hyuk.

Por suerte, no parecía molesto por haber sido presentado como profesor. Solo entrecerraba ligeramente los ojos, con una expresión a medio camino entre la exasperación y la diversión. Yebon le devolvió una sonrisa incómoda.

—…Lo siento.

—Dejémoslo así. ¿Hablamos por allá, Yebon?

Cha Hyuk le revolvió suavemente el cabello y comenzó a caminar hacia un rincón más tranquilo. Yebon lo siguió de inmediato.

Desde el lugar donde Cha Hyuk se detuvo se veía claramente la entrada, donde Jung Woochan recibía a los invitados con entusiasmo. Solo contemplarlo dejó un sabor amargo en la boca de Yebon.

Yebon se apoyó contra la pared con las manos entrelazadas detrás de la espalda. Tenía los labios fruncidos en un puchero y su expresión malhumorada era inconfundible.

—Entonces… ¿por qué viniste en realidad? Dijiste que no ibas a armar un escándalo.

—Si quieres que lo haga, estaría encantado.

Hacía apenas unos días, Yebon se había preocupado por lo que ocurriría si Cha Hyuk realmente causaba una escena. Pero ahora, la propuesta resultaba tentadora.

La imagen del rostro burlón y engreído de Woochan apareció en su mente, provocando una nueva oleada de irritación.

Todo lo que estaba ocurriendo allí era, sin duda, culpa de Woochan. Aunque no podían cambiar el pasado, ¿de verdad tenía que tratarlo así?

¿Cuánto de lo peor del otro tendrían que ver antes de que todo terminara?

Yebon recordó el dicho: justo cuando crees que has tocado fondo, descubres que aún hay un sótano.

Aunque las acciones de Woochan habían sido despreciables, Yebon no podía creer que toda la calidez de su pasado hubiera sido una mentira. Hubo una época en la que habían sido realmente cercanos, incluso antes de involucrarse sentimentalmente.

Parecía haber ocurrido hacía una eternidad.

Aquel día había llovido y Yebon se había quedado atrapado sin paraguas. En la secundaria no era cercano a nadie, así que sus únicas opciones eran caminar bajo la lluvia o esperar a que escampara. Había elegido lo segundo, permaneciendo solo junto a los casilleros de zapatos mientras miraba distraídamente el cielo.

La lluvia no hizo más que intensificarse con el paso del tiempo, dejándolo sin saber qué hacer.

Entonces, alguien conocido atravesó la entrada de la escuela. Yebon entrecerró los ojos y lo reconoció: era Woochan.

En ese entonces no eran particularmente cercanos. Eran vecinos que se saludaban con educación y Woochan, de vez en cuando, iniciaba una conversación, pero Yebon no le había prestado demasiada atención.

«¿Por qué está aquí?», se preguntó Yebon.

Woochan sonrió con cierta timidez y dijo:

—Está lloviendo y no había nadie en casa. Pensé que quizá seguirías aquí.

Aquella excusa tan vaga había tomado a Yebon por sorpresa. Era una razón demasiado incierta para haber ido hasta allí, pero, al mismo tiempo, el frío que se deslizaba por su nuca fue reemplazado de pronto por una cálida oleada.

No se había dado cuenta entonces, pero más tarde comprendió que aquel había sido el momento en que comenzaron sus sentimientos por Woochan.

Las emociones pueden brotar de los momentos más pequeños.

¿Cómo terminamos así?, pensó Yebon, con la mirada borrosa fija en Woochan.

«Siempre necesitabas sentir que eras el único. Que eras especial para mí. ¿Sabes lo asfixiante que era para mí intentar estar a la altura de tus expectativas?»

¿De verdad había asfixiado a Woochan de esa manera?

Un dolor agudo atravesó el pecho de Yebon y se extendió por todo su cuerpo.

Después de un largo silencio, bajó débilmente la cabeza.

—Quizá armar un escándalo no serviría de nada. Pero, al mismo tiempo, quiero destruir algo… cualquier cosa. Dije que lo ignoraría, pero, aunque no hubiera venido hoy, habría seguido pensando en esto.

En lo feliz que debía de estar Woochan, en todas las bendiciones que recibiría, en quién sería la novia.

Habría imaginado una boda mucho más deslumbrante que la real, repitiéndose sin cesar dentro de su cabeza.

—Tal vez debería ir y arruinarlo todo después de todo.

Desde el principio, ignorarlo había sido imposible.

¿Era por eso que Cha Hyuk lo había llevado allí? ¿Era también por eso que Woochan lo había invitado?

Estar en aquel grandioso recinto y ver a Woochan vestido para su boda solo enfurecía más a Yebon. Sin embargo, al mismo tiempo, sentía que no le quedaban energías para hacer nada.

«Una relación de la que ni siquiera pueden hablar abiertamente… ¿qué tan sincera podía ser en realidad?»

Por mucho que odiara admitirlo, aquellas palabras eran ciertas a medias.

Una relación como la suya jamás podría recibir bendiciones ni ser celebrada. En aquel espacio sagrado, donde Woochan se bañaba en las felicitaciones de todos, hasta la ira a la que Yebon se había aferrado comenzó a desmoronarse.

—Ahora sí terminó de verdad. ¿Qué estaba esperando siquiera de una relación como esa?

—Mientras continúe la ceremonia…

Cha Hyuk apoyó una mano sobre el hombro caído de Yebon y lo acercó suavemente. Luego se inclinó hasta quedar a la altura de sus ojos.

Desde donde estaba Yebon, podía ver claramente a Woochan. La mirada firme de Cha Hyuk dirigió nuevamente su atención hacia él.

—Obsérvalo. Mira dónde se detiene su mirada, si su rostro y sus movimientos parecen rígidos, si no puede mantener quietas las manos o los pies. Fíjate en todo.

—…¿Por qué?

—A veces, la sola existencia de alguien puede infundir miedo e inquietud. Ver cómo el momento más radiante y feliz de su vida se transforma en temor y ansiedad… ¿no vale la pena presenciarlo?

En ese instante, los ojos de Woochan se desviaron hacia ellos.

Durante una fracción de segundo, sus miradas se encontraron y los ojos de Woochan vacilaron.

En el que debía ser el momento más feliz y luminoso de su vida, Woochan se veía obligado a cargar con un miedo que no podía expresar y que debía soportar a solas.

Yebon giró lentamente la cabeza para mirar a Cha Hyuk.

Sus ojos oscuros seguían clavados en Woochan, y en sus profundidades rebosaba una diversión silenciosa.

«Es un monstruo», pensó Yebon.

En ese momento, Cha Hyuk era un monstruo, pero solo para Woochan.

Por fin comprendió por qué Cha Hyuk había insistido en ir y por qué él también necesitaba estar allí.

—A veces, la mejor advertencia es asegurarte de que nunca vuelvan a atreverse a cruzar la línea contigo.

Ir a la boda con Cha Hyuk había sido la represalia más contundente que Yebon podía ofrecer.

Mucho más intimidante que cualquiera de sus berrinches infantiles, Cha Hyuk era una fuerza a la que Woochan no podía desafiar.

Yebon no pudo evitar admirarlo.

«Esto es psicología aplicada… o tal vez psicología de guerra.»

Cuando comenzó la ceremonia, Yebon se sentó junto a su madre, mientras Cha Hyuk eligió un asiento en la última fila.

A pesar de que el lugar estaba abarrotado, la imponente presencia de Cha Hyuk dejó un espacio notable a su alrededor.

En aquel entorno de un blanco impoluto, lleno de música alegre, Woochan sonreía como si fuera el hombre más feliz del mundo.

Pero Yebon vio las grietas.

Notó las frecuentes miradas de Woochan hacia el fondo, la manera en que se frotaba el muslo con la palma y el ligero temblor de sus labios.

Cuando Cha Hyuk se levantó para aplaudir, Woochan se estremeció de forma visible, lo bastante como para llamar la atención de otros invitados.

Todo parecía muy mezquino, pero Yebon no podía negar lo satisfactorio que resultaba.

El momento tenso y precario que compartían los tres fue acercándose lentamente a su fin.

Al terminar, el rostro de Woochan estaba pálido. Y cuando Cha Hyuk se mezcló casualmente con los invitados para las fotografías, Woochan parecía haber perdido toda la vitalidad.

Yebon permaneció en silencio durante toda la ceremonia, limitándose a observar.

Aunque aquella pequeña venganza había resultado liberadora, lo que quedó después fue un vacío indefinido.

No era exactamente malo, pero tampoco bueno.

Era como permanecer al borde de una cascada, observando el torrente caótico del que acababa de escapar. El agua aún se aferraba a su cuerpo y goteaba hasta el suelo, pero él ya estaba fuera de la tormenta.

—Por cierto, Woochan, no te ves muy bien. ¿Te sientes enfermo?

La pregunta de su madre hizo aparecer una sonrisa forzada en el rostro de Woochan, una curva tensa que parecía consumirle toda la energía.

Woochan evitó por completo la mirada de Yebon.

En contraste, Yebon lo observó en silencio, con indiferencia.

Por alguna razón, sabía que aquella sería la última vez que sus caminos se cruzarían.

—Jung Woochan.

Hubo una época en la que pronunciar aquel nombre se sentía como estar en el cielo. Sus labios formaban las sílabas y parecía que las flores florecían en el aire, dejando una dulzura que lo impulsaba a susurrarlo una y otra vez.

Ante la tranquila llamada de Yebon, Woochan por fin lo miró. Sus labios temblaban y sus ojos estaban llenos únicamente de resentimiento.

Pero Yebon, con el rostro desprovisto de emoción, habló con sencillez.

—Adiós.

En su voz no había tristeza, odio ni arrepentimiento.

Solo una despedida seca que marcaba el final de una relación de diez años, retorcida hasta convertirse en un desenlace amargo.

Incluso en ese momento, Woochan pareció buscar un significado oculto en las palabras de Yebon, con la inquietud claramente reflejada en el rostro.

Pero Yebon no esperó una respuesta.

Se dio la vuelta y dejó a Woochan entre las sombras que él mismo había creado.

Más adelante lo esperaba una figura oscura y firme.

Yebon sonrió débilmente.

—Mamá, voy a hablar un momento con el profesor. Puedes regresar primero a casa.

—¿Eh? Ah, claro, claro. Tómate tu tiempo.

—Te llamaré más tarde.

Yebon comenzó a caminar.

Cha Hyuk, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento, movió la mirada para seguirlo.

—Al final de la ceremonia, Woochan parecía haber envejecido diez años. Estaba completamente marchito —bromeó Yebon.

El intento de humor sonó forzado, y Cha Hyuk lo percibió de inmediato.

Su mirada se suavizó al responder:

—Estás triste.

La sonrisa falsa desapareció del rostro de Yebon.

Sus labios formaron una línea recta y, con una voz tan tenue como sus ojos claros, admitió:

—…Sí, estoy triste. Soy realmente patético, ¿verdad?

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