Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 13
Mientras el auto avanzaba, el silencio en su interior se convirtió en la única compañía de Yebon, que ya había dejado de llorar. Se limitaba a mirar al frente, con los ojos inquietos.
¿Ahjusshi de verdad va a matar a Jung Woochan? ¿Así, sin más?
¿Algo así era siquiera posible en Corea? ¿Solo porque un simple universitario como él se lo había pedido?
No sabía si debía decirle a Cha Hyuk que en realidad no quería ver muerto a Woochan, o si Cha Hyuk simplemente estaba fingiendo seguirle la corriente. Aquellos pensamientos lo atormentaban.
Yebon apretó con fuerza el teléfono que descansaba sobre su regazo.
—¿De verdad… es tan fácil matar a alguien?
—Para algunos, es más fácil que comer.
El paisaje que pasaba junto a la ventana comenzó a resultarle inquietantemente familiar.
—…¿Y para ti, ahjusshi?
El auto se detuvo cerca de un complejo de apartamentos.
Desconcertado, Yebon no pudo evitar quedarse mirando el edificio.
Era la casa de Jung Woochan.
Apoyó una mano contra la ventana y alzó la vista hacia el piso donde vivía Woochan. Después giró la cabeza hacia Cha Hyuk, cuyos párpados se movieron ligeramente.
Dentro del auto inmóvil, Cha Hyuk tenía los brazos apoyados sobre el volante y la cabeza descansando sobre ellos. No estaba mirando a Yebon, sino a la entrada del edificio.
—Jung Woochan.
Los hombros de Yebon se estremecieron.
Nunca le había mencionado el nombre de Woochan a Cha Hyuk y, sin embargo, sonó completamente natural en sus labios.
—Salió de viaje de trabajo a la una de la tarde y, cuando termine, vendrá directamente a casa. Así que debería llegar entre las cuatro y media y las cuatro cuarenta.
Yebon volteó el teléfono para comprobar la hora.
Ya eran las cuatro.
La presión que había sentido hasta ese momento parecía insignificante comparada con la encrucijada en la que se encontraba ahora.
¿Qué estaría pensando Cha Hyuk?
—¿Estás dudando?
Más que dudar, Yebon nunca había hablado en serio cuando pidió que matara a Woochan.
La emoción había sido real, sí, pero jamás había esperado que se convirtiera en realidad.
Aun así, tampoco podía negar el enorme inconveniente que había causado al hacer venir impulsivamente a Cha Hyuk hasta allí.
¿Otra vez se había dejado dominar por sus emociones?
Podría haber elegido una forma más racional y menos molesta de actuar, pero la noticia del matrimonio de Woochan lo había cegado.
…Qué vergüenza.
Ahora que recuperaba la razón, se sentía mortificado.
Sin saber cómo resolver la situación, Yebon sintió náuseas.
¿Debería decirle ahora que no hablaba en serio?
Sabía que eso sería lo que menos molestias le causaría a Cha Hyuk, pero aun así no conseguía decirlo.
Probablemente Cha Hyuk no mostraría abiertamente enojo ni lo criticaría delante de él.
Pero por dentro…
¿Qué tan patético debía de parecerle Yebon por haberle hecho perder el tiempo de aquella manera?
¿Por qué siempre termino haciendo esto?
Últimamente, Yebon encontraba cada vez más razones para despreciarse.
Volvió a mirar la hora.
Habían pasado ocho minutos.
La mano que descansaba sobre su muslo se cerró en un puño tembloroso. Después de mover los labios varias veces, Yebon levantó de golpe la cabeza, con una sonrisa torpe y avergonzada en el rostro.
—…De verdad lo siento, ahjusshi. Antes no estaba en mis cabales y no hablaba en serio. Siento mucho haberte causado problemas. Me iré a casa. Tú también debías estar ocupado… De verdad… lamento haberte hecho perder el tiempo…
Cha Hyuk se limitó a observarlo.
Sus ojos oscuros eran imposibles de leer y no revelaban emoción alguna.
—Fui muy impulsivo. Esto no debería haber llegado tan lejos… Me doy asco…
Cha Hyuk siguió sin responder.
Ni siquiera cambió de expresión.
Incapaz de bajar del auto, Yebon continuó estudiando su estado de ánimo.
Después de un momento, Cha Hyuk soltó un profundo suspiro y se recostó contra el respaldo con un sonido de evidente descontento.
Yebon se rascó nerviosamente la uña del pulgar.
—¿Eso es realmente lo que quieres? ¿Crees que volver a casa ahora hará que todo mejore?
—…Sí. Ya estoy bien.
—¿De verdad?
Al final, Yebon dejó caer las comisuras de los labios y estalló:
—¿Qué más puedo hacer? Aunque estoy tan furioso que quiero verlo muerto, no espero de verdad que mates a Woochan por mí. ¡No hay nada que pueda hacer ahora mismo! Así que es mejor dejar de perder el tiempo.
—Hay más formas de expresar la ira que matar a alguien o huir mientras la reprimes.
Yebon miró a Cha Hyuk con expectación, esperando que siguiera explicándose.
—Podrías insultarlo directamente o hablar mal de él a sus espaldas.
—…¿Me estás diciendo que insulte a Woochan o que chismorree sobre él contigo? ¿Qué cambiaría eso?
—Lo que dije fueron solo unos cuantos ejemplos entre muchos. La manera de expresar tu enojo debería ser un acuerdo entre tú y lo que sientes ahora. Se trata de mostrarlo de forma responsable.
Los dedos con los que Yebon se había estado rascando nerviosamente se detuvieron.
Bajó la cabeza, como si estuviera reflexionando profundamente.
—Las emociones no se dividen de manera natural en compartimentos. Se expresan de distintas formas. Cuando se reprimen, suelen causar problemas bajo otras formas.
Como romper a llorar por una furia extrema o ponerse en situaciones peligrosas a causa de la ansiedad.
—Así que quizá sea bueno complacer en cierta medida lo que sientes ahora.
—Pero… si solo me dejo llevar por mis sentimientos, podría estar exagerando. Otra persona quizá pensaría que es algo que simplemente debería superar.
Tac, tac.
El golpeteo regular de los dedos de Cha Hyuk contra el volante llenó el aire.
Miró al frente durante unos instantes antes de hablar con calma.
—No siempre es correcto justificar lo que uno siente, pero las emociones tampoco pueden verse de manera objetiva. Los seres humanos contemplan el mundo desde su propia perspectiva.
Su propia perspectiva…
Yebon repitió aquellas palabras en voz baja.
—Eso no significa que tú, yo o cualquier otra persona estemos necesariamente equivocados.
Yebon miró el teléfono que apretaba entre las manos.
Su mirada pasó junto a Cha Hyuk y quedó suspendida en el aire. Después, su nuez subió y bajó.
—…Creo que necesito hablar con Woochan.
—Si crees que lo necesitas, entonces deberías hacerlo.
—Si estás ocupado, puedes dejarme aquí e irte. No quiero seguir molestándote…
Su voz se fue apagando.
Yebon frunció los labios y jugueteó con los dedos.
Cha Hyuk inclinó la cabeza, confundido.
—Intentaré… terminar rápido…
Con las mejillas teñidas de un leve rosa, Yebon miró hacia arriba.
Los labios de Cha Hyuk se movieron ligeramente.
—¿Podrías esperarme…? Me tranquiliza un poco saber que estás cerca…
Por miedo a que lo rechazara, sus ojos claros temblaron.
Desde la parte inferior de los ojos hasta las puntas de las orejas, su rostro se fue enrojeciendo lentamente.
Parecía tan vulnerable que daban ganas de besar cada centímetro de su piel.
Cuando los labios de Cha Hyuk comenzaron a separarse, de pronto se cubrió la boca con una mano y giró el rostro.
—…¿Ahjusshi?
Yebon extendió una mano con cautela y se acercó un poco.
Cha Hyuk colocó entonces una gran mano sobre su cabeza.
Giró ligeramente el rostro y dijo:
—Tengo tiempo de sobra, así que tómate el que necesites.
El rostro de Yebon se iluminó de inmediato y asintió.
Dejó la mochila en el asiento del copiloto, bajó del auto y se dirigió hacia el complejo de apartamentos.
Cha Hyuk observó su espalda.
Después apoyó la frente contra el volante y soltó un profundo suspiro.
—¿Qué voy a hacer…?
Sumido en sus pensamientos, dejó escapar aquel murmullo autocrítico.
Cuando ya se había alejado un poco del auto, Yebon miró hacia atrás una vez.
Cha Hyuk siempre le había parecido más sereno e introspectivo de lo que sugería su apariencia…
Pero aquel día, Yebon por fin comprendió por qué estudiaba Psicología.
Le quedaba mejor que a nadie.
Entonces se le ocurrió algo.
¿Por qué ahjusshi se había convertido en gánster?
No parecía algo que hubiera elegido voluntariamente.
Recordando la voz firme y tranquila de Cha Hyuk, Yebon llamó a Woochan.
—Dijiste que ibas a bloquearme.
El sarcasmo era evidente.
Al escuchar la voz de Woochan, el estómago de Yebon se revolvió y tuvo que detenerse para respirar.
—Estoy cerca de tu casa. Parecía que tú también tenías algo que decir…
—¿Qué? ¿Dónde dijiste que estás?
Yebon hizo una mueca y apartó el teléfono de la oreja.
¿Por qué gritaba?
—Estoy cerca de tu apartamento. Yo también tengo cosas que decirte.
—…Vaya, Kang Yebon. ¿Decidiste ir hasta el final? Si tenías algo que decir, debiste concertar una cita. ¿Te parece educado presentarte así en casa de alguien?
¿Tú siquiera sabes lo que significa ser educado?
Yebon estuvo a punto de responderle con dureza, pero se contuvo.
Había ido para escuchar la verdad de boca de Woochan y recibir una disculpa, no para pelear.
—Hablemos. Tú también tenías cosas que decir.
Se produjo un silencio cortante.
—Kang Yebon, de verdad estás tocando fondo. Supongo que nunca te conocí en absoluto.
—Quédate ahí.
La llamada terminó bruscamente con esas palabras.
Woochan debía haber comprendido de qué quería hablar Yebon.
Y, sin embargo, aquella respuesta…
¿De verdad debería matarlo?
Yebon miró de reojo el auto negro estacionado detrás.
Por alguna razón, su presencia le resultó tranquilizadora.