Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 104

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  4. Capítulo 104 - Historia extra 2 | Epílogo #2
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La habitación principal también tenía una cama.

Pero, por más que lo intentó, Cha Hyuk no encontraba ninguna explicación para que hubiera dos camas.

Con expresión confundida, volvió la mirada hacia Yebon, quien lo observaba con cierto nerviosismo.

Entre ambos cayó un breve silencio.

Finalmente, Cha Hyuk entró con cautela en la habitación y preguntó con la voz ligeramente temblorosa:

—…¿Vas a compartir la casa con alguien?

Como este lugar era mucho más grande que el anterior, ¿Yebon había decidido vivir con otra persona?

Al ver la ligera expresión de traición en el rostro de Cha Hyuk, Yebon soltó un suspiro resignado.

—¿Y con quién se supone que viviría?

—Entonces, ¿por qué hay dos camas?

Yebon entró en la habitación, cerró la puerta y levantó la vista para mirarlo directamente.

—Hyung, tu contrato de alquiler termina pronto, ¿verdad? Sal de ese lugar y ven a vivir aquí conmigo.

—……

La mente de Cha Hyuk se quedó completamente en blanco.

Solo pudo quedarse mirándolo en silencio.

Le tomó un buen rato asimilar lo que acababa de escuchar antes de lograr abrir la boca.

—¿Así que por eso elegiste este lugar, Kang Yebon?

No era común que Cha Hyuk lo llamara por su nombre completo.

Yebon se estremeció ligeramente, pero no retrocedió.

—Si te lo hubiera dicho antes, me habrías dicho que no sin pensarlo.

—¿Pero decidir algo así tú solo? ¿Y si ya hubiera encontrado otro lugar? Además…

Cha Hyuk comenzó a calcular mentalmente cuánto costaría el alquiler de aquella villa.

La ubicación era buena y el lugar era amplio.

Aunque él pagara la mitad, no era una cantidad de dinero que pudiera sacar fácilmente.

Por supuesto, vivir con Yebon era algo que deseaba.

Pero no quería aprovecharse de él de esa manera.

Al ver cómo el rostro de Cha Hyuk se ensombrecía, Yebon tomó ambas manos entre las suyas.

—Sé que en realidad no quieres dejar ese lugar. Pero, hyung… me duele mucho pensar que vivas en un sitio tan pequeño, donde apenas sale agua y el ruido del piso de arriba es insoportable. De todos modos iba a mudarme, así que no te preocupes por eso y ven a vivir conmigo, ¿sí?

Yebon entendía perfectamente por qué Cha Hyuk dudaba.

Precisamente por eso había firmado primero el contrato.

Si lo hubiera hablado con él antes…

Cha Hyuk lo habría convencido de no hacerlo.

O no se habría mudado, o habría terminado eligiendo un lugar cerca de la empresa y luego se habría arrepentido.

—Solo… me gustaría que confiaras un poco más en mí.

—…Ya lo hago. Si tú no estuvieras aquí, ni siquiera tendría ganas de seguir viviendo.

Aquellas palabras, inesperadamente pesadas, hicieron temblar los párpados de Yebon.

Le hacía feliz saber cuánto significaba él para Cha Hyuk.

Pero, al mismo tiempo, no quería volver a oír algo tan desesperanzador.

Por un instante estuvo a punto de pedirle que no dijera cosas así.

Pero enseguida recuperó la compostura.

Eso no era lo importante.

—Yo siento lo mismo. Además, tú hiciste muchísimo por mí antes. Ahora me toca devolver todo eso. Porque eres una persona muy importante para mí.

—En aquel entonces…

—¿Recuerdas lo que te dije? Que cuando consiguiera trabajo te lo devolvería todo por partida doble.

Cha Hyuk lo miró en silencio antes de asentir lentamente.

Si se trataba de algo relacionado con Yebon, jamás olvidaba nada, sin importar cuántos años hubieran pasado.

—Pues ese momento ya llegó. Cuando todavía estudiaba, gracias a ti fui feliz. Me divertí muchísimo. Y… bueno… también fue agradable que siempre pagaras todo y te hicieras cargo de todo. Ahora quiero que seas tú quien sea más feliz, quien disfrute más y quien pueda vivir tranquilo gracias a mí.

Las palabras de Yebon no eran insistentes.

Eran sinceras.

Y precisamente por eso resultaban mucho más difíciles de rechazar.

Si hubiera sido terco, Cha Hyuk simplemente se habría negado.

Pero ¿en qué momento Yebon había madurado tanto que decirle que no se había vuelto tan difícil?

Percibiendo sus dudas, Yebon lanzó el golpe definitivo.

—Y, además… quizá tú no lo sabías, pero vivir contigo ha sido mi sueño desde hace muchísimo tiempo.

Aquellas palabras terminaron por derrumbar la última resistencia de Cha Hyuk.

—…Entonces, al menos dame un poco de tiempo para pensarlo.

—Una semana. Piénsalo bien durante una semana.

Cha Hyuk estuvo a punto de pedir más tiempo.

Pero la firme determinación en los ojos de Yebon hizo que terminara asintiendo.

Tal vez fuera por la experiencia de trabajar, o quizá por los cinco años de soledad que había soportado, pero Yebon era mucho más decidido que cuando apenas rondaba los veinte.

Al final, Cha Hyuk trasladó todas sus cosas al nuevo hogar de Yebon apenas cuatro días después.

Eso sí, puso una condición.

Cada mes le pagaría una cantidad equivalente al alquiler de su antiguo estudio, además de un poco más para los gastos de comida.

Yebon insistió en que simplemente se mudara sin preocuparse por el dinero.

Pero, siendo bastante mayor que él, Cha Hyuk no podía permitirse vivir a costa de Yebon.

Además, debido al trabajo tenía muy buen apetito.

Si dejaba todos los gastos en manos de Yebon, el pobre terminaría arruinándose solo para alimentarlo.

Como tampoco tenía demasiadas pertenencias, bastaron unos cuantos viajes para trasladarlo todo.

Incluso se tomó unos días libres del trabajo, considerando aquello unas pequeñas vacaciones.

Cuando terminaron de acomodar todo, ambos se dejaron caer sobre el suelo.

Apenas era principios de marzo, pero el esfuerzo de cargar tantas cosas los había dejado empapados de sudor.

—Uf… ya no puedo más. Mejor pidamos comida.

Yebon prácticamente se desparramó sobre el piso, completamente agotado.

Cha Hyuk soltó una risa baja y asintió.

Para él, aquel nivel de esfuerzo físico no era nada.

Había pasado por cosas mucho peores.

—¿Nos duchamos primero antes de comer?

—Buena idea. Hyung, ¿quieres entrar primero?

—Duchémonos juntos.

Aquellas palabras inesperadas hicieron que Yebon entrecerrara los ojos con desconfianza.

¿Había algún significado oculto detrás de esa propuesta?

Pero, por más que intentó descifrar la expresión de Cha Hyuk, no logró sacar nada en claro.

Pensándolo bien…

¿Cuánto tiempo hacía que Cha Hyuk no tomaba la iniciativa para algo así?

Tanto que ni siquiera lograba recordarlo.

Últimamente llegaba agotado del trabajo, se dormía apenas tocaba la cama y volvía a salir antes del amanecer.

Siempre había sido Yebon quien terminaba impacientándose, pero hoy, después de cargar tantas cajas, sinceramente no tenía ganas de pensar en nada.

Solo quería ducharse, comer y dormir.

—Está bien. Nos duchamos rápido y luego pedimos comida. ¿La pedimos antes de entrar?

—No. Después.

—¿No sería mejor pedirla ahora para que llegue antes?

—Todavía no sé qué me apetece comer. Lo decidiré mientras me ducho.

¿No era más lógico decidirlo ahora?

Yebon inclinó ligeramente la cabeza, confundido, pero estaba demasiado cansado para discutir.

—Bueno, como quieras.

Y, dicho eso, entró al baño.

Lo que resultó ser un enorme error.

—

El único baño de la casa no era precisamente espacioso, así que tuvieron que turnarse y asearse lo más rápido posible.

Mientras Yebon se lavaba el cabello con champú, Cha Hyuk terminaba de bañarse.

Cuando llegó el turno de Yebon de enjuagarse y estiró la mano hacia la toalla…

—¡Mierda! ¡Me asustaste!

Su cuerpo dio un fuerte respingo y soltó un grito.

No sabía en qué momento Cha Hyuk había terminado justo a su lado.

El agua le caía por el rostro desde el cabello mojado, dificultándole abrir bien los ojos.

Se limpió la cara con la mano e intentó pasar junto a él.

Pero, para su sorpresa, Cha Hyuk no se apartó.

En cambio, sujetó su muñeca y recorrió lentamente con la mirada su cuerpo desnudo.

Había algo extraño en aquella forma de observarlo.

Era una mirada inusualmente intensa, casi seductora.

Incapaz de soportarla, Yebon se cubrió instintivamente con las manos y frunció el ceño.

—¿P-por qué me miras así…? Qué raro eres.

Hacía casi un año que Cha Hyuk no daba el primer paso.

Aquella situación era tan inesperada que Yebon sentía que la cabeza iba a estallarle.

El rostro comenzó a arderle.

Molesto por la incomodidad, le respondió con brusquedad.

Pero Cha Hyuk, completamente impasible, simplemente extendió una mano y rodeó su cintura.

Con el agua, la piel estaba mucho más sensible al contacto.

Un escalofrío recorrió los brazos de Yebon, erizándole la piel.

Se mordió ligeramente el labio inferior.

¿Por qué el ambiente había cambiado de repente?

Espera…

¿De verdad pensaba…?

Yebon no tenía idea de qué había provocado aquel cambio en Cha Hyuk.

Pero, después de hacer unos rápidos cálculos mentales, decidió que hacerlo una vez antes de cenar tampoco estaría mal.

Además, hacía muchísimo tiempo que Cha Hyuk no era quien tomaba la iniciativa.

Así que, una vez decidido, Yebon no perdió tiempo.

Apoyó una mano sobre el pecho de Cha Hyuk, intercambió sus posiciones con naturalidad y lo empujó suavemente contra la pared del baño.

—Con razón no querías que pidiéramos la comida antes.

Yebon sonrió de lado.

Cha Hyuk se inclinó hasta quedar lo bastante cerca para que ambos sintieran el aliento del otro y respondió con una sonrisa relajada.

—Me descubriste. ¿No te gusta?

—Ni en sueños.

Dicho eso, Yebon rodeó con una mano la nuca de Cha Hyuk y se puso de puntillas.

Sus labios se encontraron y Yebon mordisqueó juguetonamente el labio inferior de Cha Hyuk.

El beso comenzó lento, casi provocador, pero pronto se volvió más profundo cuando Cha Hyuk lo atrajo completamente contra su cuerpo, estrechándolo con fuerza entre sus brazos.

El sonido húmedo de sus labios mezclándose llenó el ambiente cálido del baño.

—Ah… mm…

Una mano grande recorrió lentamente la espalda de Yebon siguiendo la línea de su columna, haciéndole temblar ligeramente las piernas.

Un calor intenso se extendió por todo su cuerpo, dejando cada centímetro de su piel extremadamente sensible.

Cha Hyuk lo besaba con hambre, como si quisiera devorarlo por completo, mientras con una mano acariciaba suavemente una de sus orejas.

Antes aquello apenas le hacía efecto.

Pero últimamente, cada vez que el pulgar de Cha Hyuk rozaba el lóbulo de su oreja, un escalofrío recorría toda su espalda.

Sin aliento, Yebon apoyó una mano sobre el pecho de Cha Hyuk para empujarlo ligeramente hacia atrás, y por fin sus labios se separaron, unidos todavía por un fino hilo de saliva.

Lo mejor sería ir a la cama.

Hacerlo en un baño tan estrecho era prácticamente buscar un accidente.

Además, desde que solo iba del trabajo a casa sin hacer ejercicio, su resistencia ya no era la de antes.

—Hyung, mejor vamos a la cama y terminemos…

Antes de que pudiera terminar la frase, Cha Hyuk le sujetó el rostro y volvió a sellar sus labios con otro beso.

Los ojos de Yebon se abrieron de par en par por la sorpresa.

Tan de cerca, aquellos profundos ojos negros estaban completamente nublados por el deseo, con las pupilas totalmente dilatadas.

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