Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 102

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  4. Capítulo 102 - Historia extra 1 | AU de estudiantes de último y primer año #5
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Yebon apenas logró tragarse las palabras que estuvieron a punto de escaparle:

—¿Por qué?

Era obvio qué clase de respuesta recibiría, fuera sincera o no.

Al final, fue el primero en apartar la mirada y, haciendo un puchero, murmuró:

—¿Y cómo sabrías siquiera desde dónde te estoy llamando? ¿Qué tal si te digo que vengas a la isla de Jeju o algo así? ¿De verdad aparecerías?

En cuanto las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de lo absurda que era la pregunta.

Cha Hyuk debió pensar lo mismo, porque desde el otro lado de la mesa llegó una risa baja.

La vergüenza subió por el cuello de Yebon y le tiñó de rojo las puntas de las orejas.

Entonces, Cha Hyuk murmuró con aquel tono perezoso y divertido que siempre usaba:

—Tienes razón. Si no sé tu dirección, eso sería un problema.

Sin previo aviso, estiró la mano y dio unos golpecitos frente a Yebon, como si estuviera llamando a una puerta invisible.

Yebon lo miró con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, pero Cha Hyuk se limitó a apoyar la barbilla sobre una mano, con una sonrisa lenta y relajada curvándole los labios.

—¿Quieres que te diga mi dirección? Vivo en ××-gu, ××-dong…

…Y así, sin más, Yebon descubrió dónde vivía Cha Hyuk.

Más sorprendente que el hecho de que se lo hubiera dicho con tanta facilidad era que su casa quedaba bastante cerca.

Con razón.

Eso explicaba por qué se habían encontrado en la biblioteca.

Vivían cerca.

Por alguna razón, aquello hizo que Yebon se sintiera extrañamente complacido.

Aunque nunca lo admitiría.

—¿Quién anda dando su dirección así como así?

—Si algún día vienes, será mejor, mucho mejor, que me llames.

La forma en que Cha Hyuk enfatizó deliberadamente «mucho mejor» resultó extrañamente adorable.

Yebon tuvo que apretar físicamente los labios para evitar que se curvaran en una sonrisa.

—…Lo pensaré.

—Nada de pensarlo. Solo hazlo.

Y, dicho eso, Cha Hyuk pinchó un trozo de hígado con el tenedor y se lo acercó.

—…No como hígado.

—Ah, ¿no?

Sin perder el ritmo, Cha Hyuk se lo metió tranquilamente en la boca antes de pinchar un rollo de alga frita y acercarlo a los labios de Yebon.

Yebon frunció el ceño.

No era un niño.

¿Por qué Cha Hyuk hacía eso?

Pero si volvía a negarse…

Sería incómodo.

Definitivamente lo sería.

Eso fue lo que se dijo a sí mismo mientras vacilaba y, finalmente, se inclinaba para darle un mordisco.

En el octavo día de las vacaciones de verano, antes de que Yebon pudiera darse cuenta, había terminado cerca del complejo de departamentos donde vivía Cha Hyuk.

Y ya eran las nueve de la noche, mucho después de la puesta de sol.

—…¿Por qué vine hasta aquí sin pensarlo?

Murmurando para sí mismo, Yebon observó distraídamente a una ahjumma que paseaba por el parque cercano a los departamentos.

La última vez que había recibido una respuesta de Cha Hyuk fue el primer día de las vacaciones de verano.

Desde entonces, no había tenido ninguna noticia suya.

A Yebon le resultaba incómodo escribirle primero, así que decidió dejarlo pasar y, antes de darse cuenta, había transcurrido una semana entera sin que se comunicaran.

Si no respondía, entonces no respondía.

Tampoco era como si estuvieran saliendo o algo así.

Solo eran compañeros de escuela.

Un sunbae y un hoobae.

Entonces, ¿por qué le molestaba tanto?

…Probablemente.

Mientras permanecía sentado distraídamente en una banca del parque, la mirada de Yebon se desvió naturalmente hacia una tienda de conveniencia al otro lado de la calle.

La observó durante unos instantes antes de levantarse finalmente.

Poco después, salió de la tienda con una bolsa que contenía chocolate, café enlatado y algunos aperitivos.

Vaciló durante un segundo antes de enviarle un mensaje a Cha Hyuk.

[Kang Yebon: Hyung, estoy en el parque cerca de tus departamentos. Si puedes salir, ven.] (9:31 p. m.)

Después de enviarlo, Yebon se dio cuenta de que había sonado demasiado brusco.

Se apresuró a añadir otro mensaje.

[Kang Yebon: ¡Si estás ocupado, olvídalo! Solo terminé aquí mientras daba un paseo, eso es todo.] (9:32 p. m.)

Pasaron unos cinco minutos.

No hubo respuesta.

Quizá aparecer sin previo aviso había sido demasiado.

Yebon intentó restarle importancia, diciéndose que no podía evitarse, pero aun así se sintió un poco decepcionado.

Justo cuando estaba a punto de levantarse y marcharse, el teléfono vibró de repente.

[Cha Hyuk sunbae: ¿Qué?????] (9:40 p. m.)

[Cha Hyuk sunbae: ¿? ¿En serio?] (9:40 p. m.)

[Cha Hyuk sunbae: Yebon, ¿de verdad viniste?] (9:40 p. m.)

[Cha Hyuk sunbae: No te vas a ir ya, ¿verdad? Espera, voy para allá.] (9:41 p. m.)

Al verlo, Yebon esbozó una pequeña sonrisa y envió una respuesta breve.

[Kang Yebon: Está bien.]

Poco después, recibió una llamada.

Era Cha Hyuk.

—Hola…

—Dijiste que estabas en el parque, ¿verdad? Te refieres al Parque Corazón Azul, ¿no?

La voz apremiante de Cha Hyuk llegó a través del teléfono, mezclada con el débil sonido de pasos rápidos.

Parecía estar corriendo.

Al escucharlo, Yebon sintió un alivio repentino.

Así que de verdad estaba bien que apareciera de esa manera.

Quizá, solo quizá, Cha Hyuk también había estado esperándolo.

—Sí, estoy sentado en una banca. No tienes que apresurarte, ven con calma.

—No, llegaré en un segundo. Ya casi estoy…

Las últimas palabras de la llamada se apagaron y dejaron de oírse.

Justo cuando Yebon iba a mirar la pantalla del teléfono, desconcertado, vio a alguien de pie bajo uno de los faroles.

Era Cha Hyuk.

En cuanto sus miradas se encontraron, Cha Hyuk esbozó una sonrisa radiante y comenzó a caminar hacia él con tranquilidad.

Su despeinado cabello negro ondeaba ligeramente con la brisa.

A diferencia de lo habitual, aquel día llevaba lentes.

Se veía completamente desarreglado, como si se hubiera puesto cualquier cosa y hubiera salido de casa.

Y, aun así, había una calidez en su presencia que hacía imposible que Yebon apartara la mirada.

—Vaya, de verdad no esperaba que vinieras, Yebon.

Cuando se acercó, en lugar de sentarse junto a él, Cha Hyuk permaneció de pie frente a Yebon y comenzó a frotarse las mejillas con ambas manos.

Quizá fuera por haber corrido o por la fricción, pero se volvían más rojas a cada segundo.

—Al principio pensé que estabas jugando conmigo.

—¿Por qué bromearía con algo así? Toma, esto es para ti.

Yebon le entregó la bolsa blanca de plástico que había llevado.

Cha Hyuk la aceptó con expresión un poco confundida y miró dentro.

En cuanto vio lo que contenía, se agachó de repente en el mismo lugar.

—¡Hyung! ¿Qué…? ¿Qué te pasa?

¿Le habían fallado las piernas?

Yebon se puso de pie de un salto, pero Cha Hyuk simplemente escondió el rostro contra las rodillas.

Era ridículo ver a un hombre tan grande comportarse de esa manera.

Pero, al mismo tiempo, resultaba extrañamente adorable.

Preocupado, Yebon se inclinó y ladeó la cabeza mientras lo examinaba.

—¿Te lastimaste? ¡Si te duelen las piernas, siéntate en la banca!

—…Es solo que…

Las palabras fueron tan bajas que apenas pudo oírlas.

Yebon frunció ligeramente el ceño y volvió a preguntar:

—¿Qué?

Ante eso, Cha Hyuk levantó lentamente la cabeza.

La luz del farol se reflejaba en sus ojos oscuros y los hacía brillar como diminutas estrellas.

—Soy muy débil ante este tipo de cosas…

—…¿Qué?

—Cuando alguien que me gusta mucho aparece de repente de esta manera…

Me hace demasiado feliz.

Su voz estaba impregnada de vergüenza, y sus ojos se curvaron en suaves medias lunas, dejando al descubierto por completo la emoción sincera que sentía.

Una cálida brisa nocturna de verano rozó la piel de Yebon, provocándole un ligero escalofrío.

Y en ese instante lo comprendió.

Cha Hyuk sentía algo sincero por él.

Y el propio Yebon…

El rostro de Yebon ardió de golpe.

El corazón no solo le latía con fuerza.

Se estrellaba contra sus costillas con tanta violencia que dolía.

Nervioso, retrocedió por instinto, con todo el cuerpo prácticamente teñido de rojo.

Al verlo, Cha Hyuk se puso de pie, confundido.

Y justo en ese instante…

—¡Yebon!

Yebon echó a correr.

Corrió sin mirar atrás, como si quedarse allí un segundo más fuera peligroso.

¿Era porque era la primera vez que alguien lo quería tanto?

¿O porque era la primera vez que él correspondía los sentimientos de alguien?

Tenía el pecho tan lleno que sentía que iba a estallar.

Y así, Yebon huyó.

Por supuesto, más tarde aquella noche, Cha Hyuk lo llamó y Yebon tuvo que inventar una excusa dolorosamente torpe.

El tiempo pasó volando y, antes de que nadie se diera cuenta, llegó noviembre.

El examen de ingreso universitario estaba a la vuelta de la esquina.

Durante ese tiempo, Yebon y Cha Hyuk se habían acercado más.

Hablaban por teléfono con frecuencia cuando tenían tiempo y, ocasionalmente, salían a caminar juntos por la noche.

Su relación con Jung Woochan también había cambiado considerablemente, aunque principalmente por parte de Yebon.

A diferencia de antes, ya no se sonrojaba frente a Jung Woochan ni le escribía primero con tanta frecuencia.

En cambio, la cantidad de conversaciones que mantenía con Cha Hyuk se había duplicado.

Jung Woochan, aparentemente descontento con aquel cambio, comenzó a buscar a Yebon con más frecuencia.

Pero incluso eso fue disminuyendo a medida que se acercaba el examen.

Ahora Yebon estaba acostado boca arriba, contemplando el techo sin expresión.

Todavía faltaban unas dos horas para que terminara el examen de ingreso universitario.

Y Yebon llevaba mucho tiempo esperando aquel día.

Había evitado deliberadamente distraer a Cha Hyuk porque quería permitirle concentrarse en el examen.

Por eso, justo cuando comenzó la prueba, le envió un breve mensaje.

[Kang Yebon: Hyung, si estás libre después del examen de hoy, ¿podemos vernos? ¡Si no puedes hoy, mañana o pasado mañana también está bien! Si puedes, iré al parque cerca de tu casa.] (11:08 a. m.)

[Kang Yebon: ¡¡¡¡¡Que te vaya bien en el examen!!!!! ¡¡¡¡¡Ánimo!!!!!!] (11:09 a. m.)

Mientras Yebon esperaba con ansiedad, jugueteando con las manos e incapaz de concentrarse en nada, finalmente llegó una respuesta.

[Cha Hyuk sunbae: Claro. ¿A las seis está bien?] (4:59 p. m.)

En cuanto vio el mensaje, Yebon se levantó de un salto y corrió directamente al baño.

El viento frío le picaba las mejillas, así que Yebon escondió más el rostro dentro de su gruesa chaqueta de borrego.

Había llegado veinticinco minutos antes.

Sus dedos jugueteaban distraídamente con la bolsa térmica dentro del bolsillo.

Cuando faltaban unos diez minutos para la hora acordada, Cha Hyuk finalmente apareció.

Sus ojos se abrieron un poco, sorprendido al ver que Yebon ya estaba allí.

—Yebon, ¿cuánto tiempo llevas esperando? Debiste llamarme.

Las grandes manos de Cha Hyuk envolvieron suavemente las mejillas enrojecidas de Yebon, probablemente pensando que estaban rojas por el frío.

Al inclinarle el rostro hacia arriba para mirarlo, aquellos profundos ojos oscuros se clavaron en él, llenos de una emoción tan intensa que hasta Yebon podía percibirla.

Sin preámbulos.

Sin vacilar.

Yebon habló.

—Me gustas.

El cuerpo de Cha Hyuk se estremeció ligeramente.

Durante un momento, fue incapaz de decir algo.

¿Había oído bien?

—¿E-Eh…? ¿Qué acabas de decir, Yebon…?

Cuando Cha Hyuk comenzó a retirar las manos, Yebon las sujetó rápidamente.

Luego se puso de pie y dio un paso hacia él.

—Dije que me gustas, hyung. Si todavía te gusto también, ¡entonces sal conmigo!

—¿Tú… tú gustas de mí? ¿De verdad…?

Cha Hyuk lo contempló con absoluta incredulidad.

Había notado vagamente que el interés de Yebon por él estaba aumentando.

Pero jamás había esperado una confesión como aquella.

Durante un instante, se preguntó si estaba soñando.

Sin embargo, la forma en que las manos de Yebon temblaban mientras se aferraban a él era demasiado real.

—Sé que probablemente parezco muy indeciso… Pero ahora no quiero hablar con Jung Woochan hyung más de lo que hablo contigo. Quiero comer cosas deliciosas contigo. En la escuela, eres la primera persona a la que busco. Y antes de que dejes de sentir algo por mí, lo único en lo que puedo pensar es en aferrarme a ti lo más rápido posible… ¿Estoy siendo demasiado?

Si Cha Hyuk lo rechazaba en ese momento, parecía que Yebon se echaría a llorar allí mismo.

Cha Hyuk sintió una tormenta de emociones desatándose en su interior, abrumando por completo su capacidad para pensar con claridad.

Quería decir algo, pero sus pensamientos estaban completamente desordenados.

Así que, en vez de hablar, atrajo a Yebon hacia un fuerte abrazo.

—¿Cómo podrías ser alguna vez «demasiado», Yebon?

A mí también me has gustado.

Todo este tiempo.

La voz de Cha Hyuk fue baja.

Pero los latidos rápidos y erráticos contra la mejilla de Yebon revelaban la verdad con más fuerza que cualquier palabra.

Y así, Yebon se echó a reír.

Rodeó la cintura de Cha Hyuk con los brazos y le devolvió el abrazo.

Querer a alguien y ser correspondido…

Era la sensación más feliz del mundo.

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