Comprensión Ilimitada: Bajé al Reino Inferior para Convertirme en Ancestro del Dao - Capítulo 542

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  4. Capítulo 542 - Caldero Viviente
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“¡Maestro, ese desgraciado nos engañó!”

Cuando el espíritu medicinal reaccionó, soltó una maldición.

“No.”

Ning Qi se comunicó con él por pensamiento.

“¿No sientes que… esta sí es la verdadera Armadura Qilín?”

“La que teníamos antes estaba incompleta. Con esta pieza, nuestra Armadura Qilín por fin queda como una armadura de defensa total.”

“¿Eh? ¡Sí cierto!”

Al escucharlo, el espíritu medicinal lo entendió de golpe y se emocionó.

“Entonces esos diez millones… ¡salieron baratísimos!”

“Exacto.”

Ning Qi sonrió.

“Así, la Armadura Qilín por fin queda completa.”

“Quién iba a pensar que aquí encontraríamos otra pieza… ¡de verdad el cielo nos echó la mano!”

“¡Sí, maestro! Entonces ese tipo, sin querer, nos hizo un favor.”

El espíritu medicinal empezó a alabar al sujeto, feliz, casi bailando.

“¡Ey! Quedamos en una cosa: dinero por mercancía.”

“¡No puedes echarte para atrás! Si no, el mercado negro no te lo va a perdonar.”

El hombre vestido de negro, al ver que Ning Qi se quedó callado, se puso nervioso y lo previno con desconfianza.

“Tranquilo.”

Ning Qi volvió en sí y respondió con calma.

“No voy a buscar pleito contigo.”

Luego añadió:

“¿Qué otros tesoros traes? Sácalos también.”

“Compensa mi ‘pérdida’.”

“¿Compensarte?”

El hombre de negro negó con la cabeza.

“No. Aquí las transacciones son de: ‘el que quiere, compra’.”

“No tienes derecho a exigirme nada extra.”

Y luego, con tono duro:

“Si vienes a buscar problemas, te conviene medirle.”

“Nosotros pagamos cuota de protección.”

“Si te pones pesado, sobran los que te van a acomodar.”

“No te estoy amenazando.”

Ning Qi fingió una cara de agraviado.

“Te estoy diciendo que me muestres más cosas.”

“Y si me interesa algo, me lo dejas en ochenta por ciento.”

“Al fin y al cabo, me vendiste una cosa medio inútil.”

“¿Ah sí?”

El hombre de negro, en vez de molestarse, se animó.

“Bueno, tú lo dijiste.”

“Sí tengo unas cuantas cosas para que las veas.”

“Pero nada de ‘cobrar cuentas’ después. Aquí es voluntario.”

Al ver que Ning Qi quería seguir comprando, el tipo se alegró por dentro.

Sacó varios estuches de brocado, uno tras otro, y los puso enfrente.

“Todo esto también son tesoros.”

“Tú escoge. A ver si tienes ojo.”

“¿Ah, o sea que quieres que adivine?”

Ning Qi sonrió.

Los demás no podrían, pero él sí.

Los sellos encima eran simples trucos para confundir.

Pero Ning Qi ya había dominado las formaciones; ver a través de eso era pan comido.

“Así es.”

El hombre de negro asintió, confiado.

“Escoge.”

Estaba seguro de que podía volver a tumbarlo otra vez.

“Bien, déjame ver.”

Ning Qi activó su método del “patrón de agua” y lo combinó con su dao de formaciones.

Su percepción se extendió sobre los estuches.

En un instante, vio lo que había adentro.

Uno estaba vacío.

Otro traía píldoras inútiles.

Otro tenía hierbas con buena energía… pero nada especial.

Puras cosas sin chiste.

Solo el último, el más discreto, escondía un espejo de bronce antiguo.

Sobre su superficie había grabados y runas.

Y lo más curioso: Ning Qi reconoció ese espejo.

Él ya tenía uno… así que esto también venía en pareja.

Ning Qi sonrió para sí.

“¿Qué? ¿Ya elegiste?”

El hombre de negro lo interrumpió con una risita.

“Este.”

Ning Qi señaló el estuche del espejo.

El suyo no tenía inscripciones; este sí.

Llevándoselo podría investigar qué era en realidad ese espejo.

“¿Seguro?”

El hombre de negro levantó las cejas, con falsa preocupación.

“No te vayas a arrepentir.”

“Este cuesta un millón de piedras espirituales.”

“Me lo llevo.”

Ning Qi asintió y le pasó una bolsa de almacenamiento.

“Es mío.”

“Perfecto. Trato hecho.”

El hombre de negro guardó la bolsa y empujó el estuche hacia Ning Qi.

“Bien.”

Ning Qi lo guardó y preguntó de nuevo:

“¿Ya no traes más?”

“Por ahora no.”

El hombre de negro sonrió.

“Vete con otros. Y acuérdate: nada de cobrar cuentas, tú escogiste.”

“No te preocupes.”

Ning Qi negó con la cabeza.

“No soy de esos.”

Dicho eso, se dio la vuelta y se fue.

El hombre de negro lo miró alejarse y se burló por lo bajo:

“Qué idiota… y todavía cree que ganó.”

A un lado, alguien se acercó riéndose.

“Jefe, hasta el espejo basura se llevó. Las cosas buenas ni las peló.”

“Qué menso.”

“El armazón ese todavía sirve tantito.”

El hombre de negro se carcajeó.

“Con eso le sacamos como la mitad.”

“Pero lo del estuche… ahí sí perdió.”

“Ni por diez mil yo compraría un espejo así.”

Luego se levantó con flojera.

“Ahora tú vende.”

“Yo me voy a divertirme.”

“Si alguien pregunta por mí, te pones listo.”

“Déjamelo, jefe.”

El otro sonrió.

“Nosotros no nos conocemos.”

Y se sentó a acomodar armaduras y armas en el puesto.

Se notaba que vivían de estafar.

Mientras tanto, Ning Qi ya estaba lejos.

Caminó un poco más y otro puesto le llamó la atención.

“Joven maestro, ¿se le ofrece algo?”

En ese puesto atendía una muchacha.

Al ver que Ning Qi se acercó, lo saludó con una sonrisa.

“¿Ese abanico… para qué sirve?”

Ning Qi señaló un abanico de hierro, curioso.

“Es un Abanico de Hierro Ruyi: puede hacerse grande o pequeño.”

La muchacha lo tomó y lo manipuló, haciéndolo crecer y encogerse varias veces frente a él.

“¿Ah sí?”

Ning Qi observó.

“¿Y eso de qué sirve en pelea?”

“No sé.”

La muchacha negó con la cabeza.

“Solo tengo un manual para usarlo, pero no entiendo las letras.”

“Nomás sé lo básico.”

“Si le gusta, le doy el abanico y el manual juntos.”

“¡Maestro, cómpralo!”

La voz del espíritu medicinal le llegó por pensamiento.

“Ese no es un abanico ruyi, es el Abanico del Cielo y la Tierra.”

“Puede agitar y alterar mundos… claro, necesitas fuerza para eso.”

“Con tu nivel actual, con que lo controles bien, volar una montaña no es problema.”

“¿Neta así de bueno?”

A Ning Qi se le alegró el corazón.

Aquí sí se podían encontrar tesoros de verdad.

Mucho mejor que la subasta.

“Sí.”

El espíritu medicinal aseguró.

“Yo sí entiendo esas letras.”

“Cómpralo y yo te traduzco el manual.”

“Va.”

Ning Qi aceptó en seguida.

“¿Y entonces, joven maestro, lo quiere?”

La muchacha preguntó, expectante.

“Es que… yo tampoco entiendo esas letras.”

Ning Qi empezó con su actuación de “me lo estoy pensando”.

“Si lo compro, tal vez ni lo use.”

Luego suspiró, como si se resignara.

“Pero el abanico sí me gustó. Me lo llevo para jugar un rato.”

“¿Cuánto?”

“Cuesta trescientos mil piedras espirituales.”

Dijo la muchacha.

“Si lo compra, el manual va incluido.”

“¿Tres cientos mil? ¿Tan barato?”

Ning Qi abrió los ojos y, de inmediato, se sintió mal por aprovecharse.

“Te doy quinientos mil.”

“Para que luego no digan que te dejé sin nada.”

“¡No, no hace falta!”

La muchacha se asustó y negó rápido.

“Es demasiado.”

“Es propina.”

Ning Qi no aceptó el rechazo.

Le puso la bolsa de almacenamiento en la mano.

“Ya. Es mío.”

Y guardó el abanico y el manual sin más, con cuidado.

“B-bueno…”

La muchacha no tuvo de otra que aceptar.

“Gracias por cederlo.”

Ning Qi juntó los puños con respeto.

Justo cuando se iba, la muchacha bajó la voz y lo alertó:

“Joven maestro… lo de ese tipo de negro, sí lo chamaquearon.”

“Ese estuche no vale nada.”

“Y esa armadura… como mucho vale cinco millones.”

Ning Qi asintió, tranquilo.

“Lo sé.”

“Pero a mí me gustó, con eso basta.”

“Gracias por avisarme.”

La muchacha vio que Ning Qi aún quería seguir caminando y se preocupó.

“Mejor ya no siga aquí.”

“Casi todos son estafadores.”

“¿Todos estafan?”

Ning Qi se detuvo, curioso.

“Entonces… ¿tú también me estafaste?”

“¡No!”

La muchacha se apuró a negar, casi ofendida.

“Lo mío sí es bueno.”

“Pero lo de otros… no lo puedo garantizar.”

“Mejor vaya a otra zona.”

“Aquí no es para encontrar gangas… es para que te tumben.”

Se notaba que quería decir más, pero tenía miedo de hablar.

“Está bien.”

Ning Qi ya tampoco tenía ganas de seguir paseando ahí.

Ya había comprado tres cosas y estaba más que satisfecho.

“Entonces váyase rápido.”

La muchacha insistió, nerviosa.

“Los de aquí son mala gente.”

“De acuerdo.”

Ning Qi le tomó aprecio.

Juntó los puños a modo de despedida.

“Me retiro.”

“Maestro…”

El espíritu medicinal le habló por pensamiento, emocionado.

“Ese abanico sí fue la verdadera ganancia.”

“Gracias a ti.”

Ning Qi sonrió.

“Si no fuera por ti, yo ni sabría qué era.”

Y se alejó con él.

Al poco rato, salieron del mercado negro.

“Maestro, ya salimos con las manos llenas.”

“¿Seguimos?”

Preguntó el espíritu medicinal.

“Claro.”

Ning Qi asintió con una sonrisa.

“Con tantas cosas entretenidas aquí… ¿por qué no?”

“Vamos al siguiente nivel a ver qué hay.”

Dicho eso, se dirigieron hacia la entrada de la siguiente cubierta inferior.

En cuanto llegaron… saltaron hacia abajo.

Cayeron al segundo nivel subterráneo del barco.

Este nivel también estaba iluminado con piedras espirituales.

Pero había aún más gente.

Y, por sus auras, se notaba que eran tipos cargados de intención asesina.

Gente que vivía del filo del cuchillo.

Ning Qi vio a lo lejos la entrada del burdel, conectada con el edificio rojo de arriba.

“Qué raro…”

“Desde aquí abajo hay ventanas para ver adentro.”

“Pero arriba lo sellan todo con formaciones.”

Ning Qi lo observó con sospecha.

“Quién sabe.”

El espíritu medicinal pensó un poco.

“Tal vez alguien se escapó antes y por eso lo reforzaron.”

“Vamos a entrar.”

Ning Qi se interesó aún más.

“Me da curiosidad ver qué hay.”

“Ni con mi comprensión de formaciones puedo ver a través.”

“Hasta usando el patrón de agua, no pude.”

“Quiero saber qué tipo de formación es.”

Él no estaba interesado en las personas de adentro, sino en el sello mismo.

“Va.”

El espíritu medicinal no entendía del todo la intención real de Ning Qi.

Pero igual le daba curiosidad el lugar.

Así que caminaron hacia el edificio rojo.

Todavía desde lejos se percibía el olor a polvo facial y perfume…

Pero no era un aroma normal: venía cargado de energía espiritual.

“Maestro…”

El espíritu medicinal bajó la voz, como recordando algo feo.

“He oído que muchos usan a esas mujeres… como calderos vivientes.”

“Su destino es horrible.”

“Hay quienes las refinan por mil años y aun así no las dejan morir.”

“Cada vez que están por morir, les salvan la vida.”

“Las engordan, dejan que acumulen energía y yin…”

“Y luego las vuelven a exprimir.”

Se le notó el enojo.

“Antes, mi dueño se topó con gente así.”

“Todos son basura.”

“Sí, también lo he escuchado.”

Ning Qi asintió, sin sorprenderse.

“Pero eso no tiene que ver con nosotros.”

“Ese tipo de ‘justiciero’ no lo vamos a jugar aquí.”

Luego miró hacia la puerta con calma.

“Yo solo quiero entender el sello.”

“Quiero saber por qué puede bloquear mi exploración.”

“Sí.”

El espíritu medicinal estuvo de acuerdo.

“Aquí no es nuestro territorio, mejor no buscar problemas.”

“Entonces… ¿entramos?”

“Entramos.”

Ning Qi asintió y avanzó.

Llegaron a la entrada del burdel.

Había gente entrando y saliendo sin parar.

Desde arriba se escuchaban risas coquetas, voces suaves, música y murmullos.

“Maestro… huelo polvo de amor.”

El espíritu medicinal olfateó un par de veces y habló con seriedad.

“Seguro los tienen controlados con drogas.”

Ning Qi frunció un poco el ceño y asintió, con voz baja:

“Eso parece.”

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