Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 71

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  4. Capítulo 71
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Cuando sirvieron la cena, la tía Wu vio que Fu Hanjun mantenía los labios apretados y no pudo evitar preocuparse.

—Joven señor —preguntó solícita—, hoy fue tu primer día de regreso al trabajo. Debes estar muy cansado, ¿verdad?

Fu Hanjun la miró y, después de un largo momento, respondió:

—Sí.

—Lo sabía —dijo la tía Wu, satisfecha consigo misma—. Por eso hoy preparé especialmente sopa de pollo para que repongan fuerzas cuando regresaran.

Al oírla, Jian Xia no pudo contenerse y volvió a reír mientras mordisqueaba los palillos.

—Lo sabía —continuó la tía Wu—. Al joven señor Jian le encanta la sopa que preparo.

—Sí. —Jian Xia asintió inmediatamente, en marcado contraste con la expresión de Fu Hanjun.

Los ojos de la tía Wu se curvaron de satisfacción.

—¿Fue divertido visitar el set hoy?

—Sí, mucho. —Jian Xia sonrió.

Después de colocar cuatro platos y una sopa sobre la mesa, la tía Wu se limpió las manos con satisfacción y se retiró para cenar con el tío Qi y los demás.

Desde que Jian Xia había llegado a aquella casa, la tía Wu siempre había sido muy consciente de cuándo debía desaparecer. A menos que fuera necesario, jamás se quedaba estorbando cuando la joven pareja estaba a solas.

El resto de la casa también tenía un entendimiento tácito respecto a aquello.

Cuando podían crearle una oportunidad a su joven señor, no había lugar para vacilaciones. Quien no supiera leer el ambiente se convertía automáticamente en enemigo público de toda la casa.

El leve sonido de la puerta al cerrarse resonó en la habitación.

Debajo de la mesa, Fu Hanjun le dio una ligera patada a Jian Xia.

—¿Qué fue tan divertido? —preguntó.

—Hoy conocí a Wan Quan. —Jian Xia acababa de levantar su tazón y respondió después de beber un sorbo de sopa.

—Sí, es el protagonista de Operación Especial —respondió Fu Hanjun sin mostrar la menor sorpresa—. ¿Y eso es lo que te pareció divertido?

—Más o menos.

Fu Hanjun: «…»

Fu Hanjun entrecerró peligrosamente los ojos.

—Fu Hanjun —Jian Xia reprimió la risa—, no me digas que estás celoso de un artista de tu propia empresa.

—Sí —respondió Fu Hanjun despiadadamente—. Podemos vetar a Wan Quan de la industria.

—Maldito capitalismo.

Jian Xia se rio tanto que casi perdió el equilibrio del tazón y tuvo que dejarlo cuidadosamente sobre la mesa.

Sus ojos estaban curvados por la risa y tenía un grano de arroz pegado en la comisura de los labios. Se veía especialmente adorable.

Fu Hanjun intentó mantener la expresión seria, pero no lo consiguió. Una sonrisa terminó apareciendo también en sus ojos.

Jian Xia apoyó la barbilla en una mano y lo observó sonriente.

—Hoy, viendo actuar a Wan Quan, sentí que todavía estoy muy lejos de su nivel —dijo.

—¿Eso es lo que te pareció divertido? —Fu Hanjun alzó una ceja.

—No exactamente divertido. —Jian Xia reflexionó un momento antes de sincerarse—. Solo sentí que de repente conseguí aclarar algo que llevaba mucho tiempo preocupándome. Por eso estoy especialmente feliz.

—Wan Quan sí que es increíble —comentó Fu Hanjun con frialdad.

—Oye, ¿en serio? —Jian Xia rio y volvió a darle una patadita bajo la mesa.

Fu Hanjun se inclinó hacia él y levantó una mano para quitarle el grano de arroz de la comisura.

—¿Qué hice yo? —preguntó.

Jian Xia no pudo contenerse y volvió a patearlo por debajo de la mesa.

Esta vez, finalmente consiguió que Fu Hanjun también se echara a reír.

—Si más adelante surge una oportunidad adecuada, podrían trabajar juntos —dijo Fu Hanjun—. Quienes trabajan con Wan Quan suelen aprender algo de él.

—Eso también me lo dijo Zhang Weihao. —Jian Xia tomó un trozo de pescado con los palillos y sopló suavemente sobre él—. Dice que es muy buena persona.

En el patio se oyó el sonido de un auto.

Fu Hanjun levantó la muñeca para mirar la hora.

—El tío Ye venía hoy a traerme unos documentos —dijo—. Debe de haber llegado.

Efectivamente, poco después llamaron a la puerta.

El secretario Ye apareció en la entrada cargando un enorme maletín de documentos.

—¿Ya comiste? —preguntó Fu Hanjun.

—Cené en la empresa antes de venir —respondió el secretario Ye. Luego asintió hacia Jian Xia—. Joven señor Jian.

—Hola. —Jian Xia se levantó educadamente.

—No, no, no hace falta. —El secretario Ye se apresuró a detenerlo y luego miró a Fu Hanjun—. Sigan cenando. ¿Te espero en el estudio?

—Sí —respondió Fu Hanjun en voz baja.

Con el secretario Ye esperando arriba y Jian Xia teniendo que contactar a Liu Xuan, la mesa quedó momentáneamente en silencio.

Después de cenar, ambos subieron juntos.

Fu Hanjun entró al estudio, mientras Jian Xia regresó directamente al dormitorio y llamó a Liu Xuan.

Por casualidad, Zhou Kaiyang estaba con ella en ese momento.

Cuando recibieron la confirmación definitiva, ambos se emocionaron muchísimo.

La familia de Zhou Kaiyang siempre se había dedicado a la exportación. De repente, se habían quedado con un lote tan grande de mercancía entre manos y encontrar canales de venta dentro del país no era nada fácil.

Para empeorar las cosas, todo había ocurrido durante las festividades, precisamente cuando tenían que pagar salarios y beneficios a los trabajadores.

Todo el dinero estaba inmovilizado en aquella mercancía.

No habían podido pagar nada y toda la familia había pasado el Año Nuevo sumida en preocupaciones.

Estaban verdaderamente desesperados.

Aunque ni siquiera habían transcurrido cuarenta y ocho horas desde que Liu Xuan se había encontrado con Jian Xia, ambos habían pasado todo ese tiempo esperando noticias con enorme ansiedad.

Aprovechando que aquel era el primer día laborable después de las vacaciones, ese mismo día ya habían tomado muestras de todos los modelos y las habían enviado a un laboratorio profesional para su análisis.

Jian Xia había dicho anteriormente que, después de recibir las muestras, él mismo las enviaría a analizar.

Pero ellos no querían que tuviera que gastar más tiempo y energía en aquello.

Además, los resultados no saldrían el mismo día. Cuanto antes comenzaran las pruebas, antes podría Jian Xia utilizarlos.

Después de colgar, Zhou Kaiyang le envió inmediatamente el inventario de la mercancía.

Incluía procesos de fabricación, estampados, tejidos, densidad, gramaje, precios correspondientes y demás información.

Los resultados de las pruebas tardarían, como mínimo, entre cuatro y cinco días. Por mucho que tuvieran prisa, no podían acelerar ese proceso.

Jian Xia revisó una vez el inventario y comprendió por fin lo enorme que era aquel lote.

Sumando todos los diseños y tamaños, había nada menos que veinte mil juegos de ropa de cama.

No era de extrañar que la familia de Zhou Kaiyang estuviera bajo tanta presión.

Después de revisarlo, Jian Xia abrió su portátil y buscó algunos términos técnicos.

Solo entonces le envió un mensaje a Zhou Kaiyang para decirle que al día siguiente quería visitar su fábrica y, de paso, llevarse algunas muestras para utilizarlas durante la transmisión de ventas.

Los días pasaron rápidamente entre una cosa y otra.

Muy pronto llegó el día de la audición de Lin Qing.

La audición se realizaría en el set de Yuxinji, que apenas estaba construido a la mitad.

La película era una producción pequeña y toda la historia transcurría en el restaurante Yuxin y la larga calle donde este se encontraba.

Por eso, para el decorado bastaba con construir una sola calle.

Era una producción que ahorraba dinero de verdad.

Sin embargo, probablemente precisamente porque el área que debían construir no era demasiado grande, el equipo había podido dedicarle mucha atención. Incluso aquella media calle ya terminada tenía un aspecto antiguo, elegante y sumamente cuidado.

—¿Me dices que solo tienen esta calle? —preguntó Lin Qing, parpadeando mientras ambos caminaban hacia el interior después de bajar del auto.

—Sí. —Jian Xia sonrió—. Pero la historia es muy buena. Si la ruedan bien, seguro que ganará dinero.

Lin Qing: «…»

De todos modos, aquello quedaba muy lejos.

Para él, conseguir el papel ya sería más que suficiente.

Lin Qing audicionaría para el tercer protagonista masculino.

El personaje no tenía demasiadas escenas, pero era vivaz y adorable, y encajaba muchísimo con su personalidad. Si conseguía interpretarlo, probablemente resultaría muy simpático para el público general.

Los dos avanzaron por la larga calle hasta distinguir a lo lejos el pequeño edificio que el equipo había ocupado.

Había miembros del personal esperando en la entrada.

Después de registrar sus nombres, los condujeron al segundo piso, donde se celebraban las audiciones.

Inesperadamente, había muchísimos actores esperando.

Y todavía más inesperado fue descubrir a Zhou Li entre ellos.

Jian Xia: «…»

Lin Qing: «…»

El mundo sí que era pequeño.

Sin embargo, Zhou Li llevaba menos gente consigo.

Sun Peipei no estaba allí, tampoco su maquillador. Solo lo acompañaban Wang Xiaosen y su representante, Guan Qiuyun.

Al ver a Jian Xia, Zhou Li frunció el ceño y enseguida apartó la mirada con evidente desagrado.

En su película anterior, todavía había tenido un papel más importante que Jian Xia.

Pero ahora Jian Xia había ascendido directamente a protagonista de El Maestro Demonio, mientras que él solo podía presentarse a una audición para el tercer protagonista masculino de una producción pequeña.

Y aun tratándose de un recurso como aquel, incluso aquella simple oportunidad de audicionar había sido conseguida gracias a los contactos de Guan Qiuyun.

Prácticamente todos los presentes conocían el asunto entre Zhou Li, Jian Xia y Wei Cheng.

Aunque todos intentaban controlar sus miradas curiosas y sus deseos de cotillear, Zhou Li seguía sintiéndose como si estuviera sentado sobre agujas.

Antes de Torrente, él había sido superior a Jian Xia en prácticamente todos los aspectos.

Incluso había pensado en expulsarlo por completo de la industria.

Pero ahora…

Seguro que todos se estaban riendo de él.

Zhou Li apretó los dientes y cerró los puños.

Había terminado de rodar sus escenas de Torrente apenas la noche anterior.

Aunque ya había firmado para participar en una serie de televisión de bajo presupuesto, seguía sin resignarse.

Quería consolidar su posición en el mundo del cine.

Especialmente en un momento tan delicado para él, aunque tuviera que fingir que estaba mejor de lo que realmente estaba, estaba dispuesto a hacerlo.

Por eso, cuando se enteró de que el tercer protagonista masculino de aquella película era un personaje muy agradable y además no tenía demasiadas escenas, acudió a suplicarle ayuda a Guan Qiuyun.

Gracias a los contactos de ella, podía coordinar las fechas con la serie de televisión y trabajar simultáneamente en ambos proyectos.

Para él, realmente era una buena opción.

Pero ahora, al ver aparecer a Jian Xia y recordar la enorme diferencia que se había abierto entre ambos, aquel proyecto que hasta hacía unos momentos le había parecido bastante bueno dejó de resultarle atractivo.

Guan Qiuyun pareció percibir su estado de ánimo.

Se inclinó hacia él y le dijo unas palabras antes de levantarse y dirigirse hacia Jian Xia y Lin Qing.

—Jian Xia. —Extendió una mano con una sonrisa y miró de reojo a Lin Qing—. Qué coincidencia.

Luego añadió:

—La última vez que nos vimos todavía podía hablarte de firmar un contrato. Ahora Qianhong ya no está a tu altura.

—Me halaga demasiado.

Jian Xia estrechó su mano con cortesía.

Ante una puñalada envuelta en seda, respondió con otra igual de suave.

—La última vez, mi compañero de residencia ya tenía asegurado un papel en Dongdu, pero un recién llegado de su empresa terminó sustituyéndolo. Ahora otro de mis compañeros viene a audicionar para Yuxinji y volvemos a encontrarnos con un artista de su empresa. Cualquiera diría que es una gran coincidencia.

Guan Qiuyun: «…»

Ella sabía perfectamente que aquel chico al que habían desplazado había tenido una suerte increíble al llamar la atención de Fu Hanjun y ahora participaba en Operación Especial, de Xia Ri Entertainment.

Aquella era una película con claras aspiraciones a premios.

Actualmente, toda la industria especulaba que el próximo año podría convertirse en el año de Wan Quan. Era muy posible que alcanzara la cima gracias a aquella película y que, de paso, quienes lo acompañaban en el proyecto también se beneficiaran enormemente.

Que Jian Xia utilizara ahora aquel asunto para lanzarle una indirecta no era injustificado.

Pero, desde la perspectiva de Guan Qiuyun, seguía teniendo cierto aire de alguien que había salido ganando y aun así venía a reprochárselo.

—Escuché que aquel compañero tuyo…

—Que mi compañero haya conseguido después un recurso mejor se debe a su propia capacidad —la interrumpió Jian Xia con una sonrisa difícil de interpretar—. Si estuviera en su lugar, tampoco agradecería a alguien que me hubiera perjudicado, ¿verdad?

—Eso es cierto. —Guan Qiuyun sonrió—. No era eso lo que quería decir. Además, lo de la última vez realmente fue una coincidencia.

Jian Xia sonrió.

Sus palabras estaban cargadas de significado.

—Le creo —dijo—. Pero espero que esta vez no vuelva a producirse una coincidencia semejante.

Guan Qiuyun levantó los ojos y se encontró con su mirada.

A diferencia de la frialdad distante que Jian Xia había mostrado la última vez que se habían encontrado en un set, hoy su mirada era firme y afilada, con una tenue presión difícil de ignorar.

Por algún motivo, Guan Qiuyun sintió que, si volvía a romper las reglas, quizá tendría que pagar un precio que no esperaba.

Jian Xia realmente había ascendido.

Guan Qiuyun volvió a comprenderlo.

Después de El Maestro Demonio, su posición y sus contactos dentro de la industria podrían llegar a un punto en el que ni siquiera ella pudiera sacar ventaja frente a él.

No dejó que nada se reflejara en su rostro, pero finalmente asintió.

—Bien.

—Xiaxia, estuviste increíble. —En cuanto Guan Qiuyun se marchó, Lin Qing juntó las manos sobre el pecho con admiración.

Aunque también le preocupaba sufrir lo mismo que Zhang Weihao, nada podía impedir que en ese momento estuviera fascinado.

—¡Estuviste lleno de aura gong!

Jian Xia: «…»

Bueno.

Al menos Lin Qing era mejor que ellos en un aspecto: no estaba demasiado nervioso.

Y si no estaba nervioso, su actuación sería más estable y tendría mayores posibilidades de conseguir el papel.

Justo entonces, la puerta que había permanecido cerrada al frente del salón se abrió.

El actor que había audicionado antes salió.

Detrás de él apareció un miembro del equipo, que levantó la voz desde el otro extremo:

—¡Lin Qing!

—¿Ya me toca? —Lin Qing se sobresaltó.

—Relájate. —Jian Xia le apretó la mano para animarlo—. Tú puedes.

Lin Qing entró.

Jian Xia sacó el teléfono y vio un mensaje de Zhu Qian.

«Ayer vi en el grupo del equipo que Zhou Li terminó sus escenas. Hoy intenté contactar con Sun Peipei. Nos veremos más tarde.»

«Entendido», respondió Jian Xia.

Luego abrió la conversación con Fu Hanjun.

No había nada especial.

Solo le preguntaba si ya había llegado.

Jian Xia escribió «Ya llegué», pero de pronto vaciló.

Se preguntó si debía contarle que ese día se había encontrado con Guan Qiuyun y Zhou Li, por si Lin Qing acababa perjudicado también por culpa de su conflicto con ellos.

Sin embargo, enseguida envió aquellas dos palabras.

Después de todo, una vez que el equipo eligiera al actor todavía pasaría algún tiempo antes del anuncio oficial.

Si al final realmente elegían a Zhou Li, independientemente de si Lin Qing había sido perjudicado deliberadamente o solo había quedado atrapado por accidente, Jian Xia haría que Fu Hanjun interviniera.

En cualquier caso, Zhou Li ya estaba destinado a no conseguir aquel papel.

Jian Xia podía tolerar muchas cosas cuando se trataba de sí mismo.

Pero no permitiría que otros maltrataran así a sus amigos.

Mucho menos cuando algunos de aquellos problemas habían surgido por su culpa.

Una vez tomada la decisión, su corazón se calmó rápidamente.

Miró el mensaje «Ya llegué» y sintió que parecía demasiado frío.

Bajó nuevamente la cabeza, escribió otras dos palabras y las envió.

«Te extraño.»

Fu Hanjun respondió casi de inmediato:

«Pequeño, me robaste la frase.»

Jian Xia bajó la mirada hacia la pantalla e imaginó el tono y la expresión con los que Fu Hanjun habría dicho aquello…

Probablemente habría una sonrisa despreocupada flotando en aquellos ojos oscuros.

Pensó en ello durante unos instantes y luego se mordió suavemente el labio, sonriendo en silencio.

Jian Xia ya era hermoso de por sí.

Ahora, con los hoyuelos de sus mejillas marcándose profundamente al sonreír y rebosantes de dulzura, parecía que incluso la habitación se hubiera iluminado un poco.

No llevaba demasiado tiempo fuera del equipo de Torrente.

¿Cómo era posible que, en tan poco tiempo, su aspecto y su vitalidad hubieran mejorado a una velocidad tan sorprendente?

Zhou Li no pensó en ninguna otra posibilidad.

Su extrema envidia y sus celos hacían que solo pudiera ver los recursos que Jian Xia había conseguido.

¿De verdad la fama hace que una persona se vea mejor?, pensó.

Si era así, él también quería probarlo.

Lo deseaba tanto que su corazón casi se retorcía.

Pero cuanto más pensaba de esa manera, más odiaba a Jian Xia.

Odiaba que Jian Xia hubiera aparecido en su vida.

Odiaba que los demás siempre los compararan.

Odiaba que Jian Xia fuera mejor que él en todo.

Odiaba que, cuando su familia quebró, Jian Xia no se hubiera hundido para siempre, sin posibilidad de volver a levantarse…

De no haber sido así, él tampoco habría sentido aquella necesidad de competir con Jian Xia y arrebatarle a Wei Cheng.

En realidad, en el fondo ya empezaba a arrepentirse.

Wei Cheng no le había proporcionado ninguno de los beneficios que había imaginado.

Al contrario.

Por su culpa, Zhou Li se había visto envuelto en un escándalo tras otro. Sus recursos también habían sufrido enormemente y hasta la actitud de su propia empresa hacia él era muy distinta a la de antes.

Incluso acababan de fichar a un recién llegado con un estilo muy parecido al suyo…

Y eso no era todo.

El corazón de Wei Cheng seguía anclado en Jian Xia.

Cuando estaban juntos, no hacían más que discutir.

Su relación se había convertido en un desgaste interminable para ambos.

Zhou Li levantó inconscientemente una mano y se tocó la mejilla.

Comparado con el Jian Xia radiante y lleno de vida que tenía delante, él debía de verse agotado y apagado.

Si Wei Cheng viera al Jian Xia de ahora…

¿Volvería a perder la cabeza?

Sin embargo, aunque empezara a arrepentirse, aunque ahora supiera perfectamente que estar con Wei Cheng no le reportaría ningún beneficio, ya no podía separarse de él por completo.

Su familia había sido arrastrada al mismo pozo que la familia Wei.

Ahora estaban económicamente entrelazados.

Aunque quisieran separarse, ya no era algo que pudiera resolverse con unas cuantas palabras.

Además…

Ya se había enfrentado por completo con Jian Xia por culpa de Wei Cheng.

Aunque tuviera una mano llena de cartas pésimas, quería hacer todo lo posible por jugarlas bien.

Si conseguía ganar con ellas, sería como abofetear a Jian Xia.

—Zhou Li.

Lin Qing salió de la sala y el miembro del equipo comenzó a llamar a Zhou Li.

Zhou Li detuvo el torrente de pensamientos que bullía en su interior, se levantó y caminó hacia la sala.

Esta vez, pasara lo que pasara, no podía perder contra Lin Qing.

Cuando las audiciones terminaron, todos comenzaron a marcharse poco a poco.

Solo Zhou Li y Guan Qiuyun permanecieron allí esperando.

Jian Xia los observó discretamente y luego tomó a Lin Qing de la mano para marcharse.

—Vamos —dijo—. Hay una cafetería bastante buena cerca. Sus postres están deliciosos. Aprovechemos antes de que empieces el rodaje para darnos otro capricho.

—¿Tienen sabor durián? —preguntó Lin Qing.

—Sí. —Jian Xia sonrió—. Si no tuvieran, ¿me atrevería a llevarte?

—Tú sí que eres el mejor.

Lin Qing dio un pequeño saltito de felicidad.

La cafetería no estaba demasiado lejos del lugar de la audición. Qi Ming tardó apenas cinco minutos en llevarlos.

Como era una hora intermedia, no había demasiada gente.

Eligieron una mesa junto a la ventana.

Lin Qing pidió un mille-crêpe de durián y Jian Xia un pastel de matcha. Cada uno sostuvo una taza de café mientras comían y conversaban.

—¿Ya fuiste a comer con Fan Ling? —preguntó Jian Xia después de beber un sorbo de café.

—Todavía no. —Lin Qing arrugó la nariz, pero enseguida volvió a sonreír.

Parpadeó.

—Me vengué de él con todas mis fuerzas.

—¿Mm? —Jian Xia lo miró con curiosidad—. ¿Volvieron a verse?

—No. —Lin Qing comenzó a reír—. Elegí específicamente el Día de San Valentín para llamarlo y decirle que me llevara a comer. Seguro que casi se muere del susto.

Jian Xia: «…»

Lin Qing, sí que sabes buscarte problemas.

Era cierto que Jian Xia le había dicho a Fan Ling que le presentaría a su compañero de residencia.

Pero jamás le había dicho algo semejante a Lin Qing.

Aunque consideraba que ambos podían hacer buena pareja, el destino amoroso era algo que el cielo decidía.

Probablemente nadie entendía mejor que él el significado de aquellas palabras.

Por eso, realmente solo había querido presentarlos.

Después de todo, nunca estaba de más hacer un nuevo amigo.

Pero que terminaran siendo amigos, amantes o completos desconocidos dependería de la suerte y el destino de ambos.

Eso sí…

Con lo arrogante que era Fan Ling, si Lin Qing lo había llamado precisamente el Día de San Valentín, seguramente su ego se habría inflado hasta el cielo.

—¿Y después? —preguntó Jian Xia.

—Está en el extranjero acompañando a sus padres —respondió Lin Qing—. Ya lo decidí. Si consigo este papel, haré que me invite a comer a Laian.

—Bien —dijo Jian Xia—. Desplúmalo sin piedad.

—Por supuesto. —Lin Qing se dio unas palmadas en el pecho—. Cada vez que recuerdo la expresión que puso aquel día, siento que si no lo desplumo como es debido, estaría decepcionando al mismísimo cielo.

—Por cierto…

Siguiendo el hilo de la conversación, la sonrisa de Lin Qing se volvió repentinamente muy chismosa.

—¿Qué hicieron tú y el joven señor Fu el Día de San Valentín? ¿Qué te regaló?

—¿Día de San Valentín?

Jian Xia lo pensó.

Por un momento, ni siquiera recordó qué día había caído.

Sacó el teléfono, abrió el calendario y entonces descubrió que aquel año el Día de San Valentín había coincidido precisamente con la víspera del Año Nuevo lunar.

Ese día Fu Hanjun acababa de regresar del extranjero.

Había recorrido todo aquel largo camino para llegar a su casa justo a tiempo para la cuenta regresiva de Año Nuevo.

¿Qué le había regalado?

Jian Xia lo pensó durante unos instantes y sus ojos se curvaron lentamente en una sonrisa.

Había viajado día y noche desde un lugar muy, muy lejano solo para llegar hasta él.

Para regalarle un abrazo muy, muy cálido.

Para regalarle su amor…

Sin darse cuenta, había pasado el mejor, mejor, mejor Día de San Valentín.

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