Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 65

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  4. Capítulo 65
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En realidad, fue un beso muy, muy tierno.

Fu Hanjun se limitaba a succionar y besar suavemente los labios de Jian Xia una y otra vez, como si estuviera saboreando con sumo cuidado un pastel de crema tan dulce y esponjoso como una nube.

Aquel contacto delicado e íntimo resultaba embriagador.

Jian Xia alzó ligeramente el rostro, con los ojos entrecerrados. La mirada que se filtraba entre sus pestañas estaba un poco desenfocada, pero los brazos alrededor del cuello de Fu Hanjun se estrecharon inconscientemente.

Aunque Fu Hanjun no había dicho nada, Jian Xia ya conocía su respuesta.

Era precisamente la que tanto había deseado.

Como si estuviera envuelto por un océano cálido y gentil, su corazón quedó impregnado de una dulzura suave.

Inconscientemente, pensó en cerezas confitadas.

—Fu Hanjun —lo llamó en voz baja.

—¿Mm?

Fu Hanjun se detuvo y apoyó suavemente la frente contra la suya. Su voz sonó grave, ronca y algo indistinta.

—¿Por qué ya no me llamas hermano? —preguntó.

Levantó una mano y acarició suavemente los labios de Jian Xia, húmedos por sus besos.

Pero Jian Xia no respondió.

Simplemente giró la cabeza para esquivar sus dedos burlones y escondió el rostro contra su pecho.

Llamarlo «hermano» también estaba bien, por supuesto, pero pronunciar su nombre hacía que Jian Xia sintiera una intimidad especial.

Después de todo, era el nombre de Fu Hanjun.

Entre todas las personas que Jian Xia había conocido, parecía que realmente no había muchas que se atrevieran a llamarlo directamente por su nombre.

Por alguna razón, las tres sílabas de «Fu Hanjun» siempre despertaban en él una alegría especial, como si poseyera un privilegio que nadie más tenía.

Sobre su cabeza resonó una risa suave y alegre.

Los ardientes labios de Fu Hanjun se posaron sobre su oreja y Jian Xia no pudo evitar estremecerse.

—Me gustas.

Fu Hanjun pegó sus cálidos y suaves labios junto a su oído. Al hablar, aquel contacto húmedo y ardiente hizo que todo el cuerpo de Jian Xia se tensara involuntariamente.

Los dedos que descansaban sobre el cuello y los hombros de Fu Hanjun se cerraron instintivamente, hundiéndose en sus firmes músculos.

—Me gustas, Jian Xia. Me gustas muchísimo, muchísimo —le confesó Fu Hanjun en voz baja, como si no percibiera en absoluto su reacción—. Me gustas desde hace muchísimo tiempo.

Por primera vez, Jian Xia descubrió que Fu Hanjun también podía exagerar al hablar.

En realidad, apenas llevaban unos meses conociéndose de verdad.

¿Cómo podía decir que le gustaba desde hacía muchísimo tiempo?

Sin embargo, aun así, sus palabras fueron como pequeñas chispas que cayeron dentro de su corazón, haciendo que tanto este como su cuerpo comenzaran a arder.

Los blancos dedos de sus pies, apoyados contra las largas y bien torneadas piernas de Fu Hanjun, se tensaron y encogieron inconscientemente.

Jian Xia escondió su suave mejilla contra su pecho e inhaló sin ningún pudor el aroma limpio y fresco de su cuerpo, intentando refrescarse.

Pero, precisamente en ese momento, Fu Hanjun llevaba impregnado el aroma del gel de baño de Jian Xia.

Era casi como si Jian Xia lo hubiera marcado por completo con su propio olor.

Tal vez porque estaba demasiado apretado contra él y apenas circulaba el aire, sus mejillas se calentaron todavía más.

Justo cuando sintió que estaban a punto de arder, Fu Hanjun apoyó una mano contra él y lo sacó de su pecho.

En ese instante, un fuego artificial estalló en el exterior.

Jian Xia se encontró con la mirada de Fu Hanjun.

Oscura.

Contenida.

Humedecida por una fina capa de sudor…

Tan sensual que le oprimió el corazón.

—Fu Hanjun.

Jian Xia volvió a pronunciar su nombre.

Alzó ligeramente el rostro y tomó la iniciativa de besar sus labios apretados.

En realidad, originalmente tenía muchas preguntas que quería hacerle.

Pero, por alguna razón, en aquel momento sintió de repente que ya no necesitaba preguntar nada.

En la habitación solo quedaron sus respiraciones agitadas y ardientes.

La mano de Fu Hanjun rodeó la estrecha cintura de Jian Xia y lo apretó completamente contra su cuerpo.

Como si lo hubiera atrapado por completo, sin permitirle moverse.

Sin embargo, incluso inmovilizado entre sus brazos, Jian Xia seguía sintiéndose cómodo.

Incluso deseaba poder encogerse hasta convertirse en algo muy pequeño para pegarse todavía más a Fu Hanjun.

Los sentimientos eran realmente algo extraño, pensó Jian Xia vagamente.

Había pasado tantos años junto a la persona equivocada, pero cuando no había amor, simplemente no lo había.

En cambio, apenas llevaba unos meses relacionándose con la persona correcta y ya parecía haber surgido una chispa capaz de incendiarlo todo.

Aquellas extrañas reacciones químicas en el fondo del corazón, aquella felicidad y dulzura desbordantes, eran cosas que ni la vida más próspera ni la existencia más estable podían sustituir.

Ambos permanecieron abrazados y besándose en silencio.

Precisamente por su falta de experiencia, todo parecía todavía más intenso.

No fue hasta que sus labios quedaron entumecidos y ardientes por los besos que Jian Xia se apartó ligeramente y levantó las manos para sostener el rostro de Fu Hanjun.

Los ojos de Fu Hanjun estaban empañados, ligeramente perdidos.

Lo contemplaba en silencio y, casi por instinto, volvió a inclinarse hacia él.

—Fu Hanjun. —Las yemas de los dedos de Jian Xia acariciaron suavemente el extremo de sus ojos mientras, todavía jadeando un poco, le recordaba—. Deberías descansar.

Fu Hanjun no respondió.

Giró ligeramente la cabeza y, como un niño caprichoso, besó la palma de su mano.

Jian Xia era sensible a las cosquillas y aquellos besos hicieron que soltara una risita.

Pero al recordar el estado de salud de Fu Hanjun, insistió con firmeza:

—Fu Hanjun, tienes que descansar.

Fu Hanjun mantuvo el rostro enterrado en su palma durante unos instantes.

Nunca se había arrepentido tanto de haber inventado una excusa tan terrible.

Pero, al mismo tiempo, el cariño que sentía por Jian Xia no hizo más que aumentar.

Después de todo, incluso creyendo que su salud era muy mala, Jian Xia seguía queriéndolo de aquella manera.

Seguía dispuesto a permanecer a su lado.

Eso hacía que sus sentimientos resultaran todavía más valiosos.

Fu Hanjun extendió los brazos y rodeó con fuerza la cintura de Jian Xia. Con un simple movimiento, lo levantó por completo y lo acomodó sobre su cuerpo.

Sus ojos negros eran insondablemente profundos.

Aunque todas las mañanas fingía seguir dormido para evitar que Jian Xia se avergonzara al despertar, la verdad era que le encantaba que Jian Xia durmiera abrazándolo con brazos y piernas.

Aquello le proporcionaba una profunda sensación de tranquilidad y felicidad.

—¿No voy a aplastarte? —preguntó Jian Xia con cierta culpabilidad al recordar que no era precisamente la primera vez que terminaba encima de él.

—No.

Fu Hanjun lo abrazó todavía más fuerte y susurró junto a su oído:

—Duerme.

Esta vez, Jian Xia pudo abrazarlo abiertamente.

Encontró una posición cómoda entre sus brazos, escondió el rostro en el hueco de su cuello y cerró los ojos satisfecho.

Fu Hanjun pareció reír nuevamente.

Giró la cabeza, depositó un beso muy suave sobre su cálida mejilla y volvió a decir:

—Duerme.

Después levantó una mano y la apoyó con ternura sobre la parte posterior de la cabeza de Jian Xia.

Aquel gesto producía una gran sensación de seguridad.

Cuando Fu Cong era pequeño y Fu Hanjun intentaba hacerlo dormir, ese método siempre funcionaba muy bien.

Y, efectivamente, poco después Jian Xia soltó un pequeño bostezo contra su cuello.

Un rato más tarde, su respiración se volvió profunda, suave y regular.

El aire de cada respiración rozaba la piel expuesta de Fu Hanjun como un pequeño pincel.

Fu Hanjun giró lentamente el rostro y, tal como había hecho al principio, volvió a depositar un beso sobre la frente de Jian Xia.

Solo entonces cerró los ojos con tranquilidad.

Volvieron a despertar debido al incesante estruendo de los petardos del exterior.

Si los fuegos artificiales de la medianoche habían servido para despedir el año viejo y recibir el nuevo, ahora el significado de dar la bienvenida al Año Nuevo era todavía más intenso.

Una oleada de petardos seguía a otra.

El enorme estruendo parecía entretejer una red infinita que envolvía a todos.

Lo primero que hizo Fu Hanjun fue apretar ligeramente los brazos.

Al comprobar que aquella persona seguía dentro de su abrazo, abrió lentamente los ojos.

Jian Xia se había despertado antes.

Probablemente por miedo a despertarlo, permanecía obedientemente acurrucado contra su pecho, respirando incluso con extremo cuidado.

En cuanto vio que Fu Hanjun abría los ojos, los suyos se curvaron inmediatamente.

—Buenos días, Fu Hanjun.

Tanto sus mejillas como las puntas de sus orejas estaban teñidas de un sospechoso tono rojizo.

Levantó una mano y cubrió los ojos de Fu Hanjun.

—¿Quieres dormir un poco más?

Fu Hanjun no respondió.

Lo sujetó por la muñeca y apartó su mano de sus ojos.

Después contempló a Jian Xia en silencio y con absoluta atención durante un largo momento antes de girar ligeramente el rostro y besar con sus ardientes labios la palma de aquella mano.

Así que no había sido un sueño.

Todo lo ocurrido la noche anterior había sido real.

Esta vez, cuando abrió los ojos, Jian Xia seguía a su lado.

Seguía dentro de sus brazos.

No había regresado silenciosamente a su lugar como antes.

Y tampoco era como mucho tiempo atrás, cuando cada vez que despertaba descubría que las intensas emociones de la noche anterior no habían sido más que un sueño creado por su propia imaginación…

—Buenos días, Jian Xia.

Fu Hanjun apretó un poco más el brazo que todavía rodeaba su cintura.

Mirando las mejillas sospechosamente sonrojadas de Jian Xia, dijo con una voz grave y ronca:

—Feliz Año Nuevo.

Los fuegos artificiales estallaron en el patio e iluminaron por completo la ventana.

Jian Xia aprovechó para girar el rostro hacia afuera.

—Mis padres ya se levantaron.

—Mm.

Fu Hanjun respondió en voz baja, sin apartar ni por un instante la mirada de su rostro.

No solo tenía las mejillas rojas.

Sus labios, normalmente de un rosa claro, también tenían ahora un color sorprendentemente intenso.

Si se observaba con atención, incluso estaban ligeramente hinchados.

Sin motivo aparente, Fu Hanjun sintió la garganta abrasada y terriblemente seca, como si necesitara desesperadamente algo que la humedeciera.

Desvió ligeramente la mirada y su nuez subió y bajó con dificultad.

—Yo me levantaré primero. —Jian Xia bajó los ojos para mirarlo y volvió a cubrirle los ojos con una mano—. Tú duerme un poco más.

En aquella región existía la costumbre de recibir el Año Nuevo muy temprano.

Aunque afuera parecía haber un alboroto enorme, apenas eran poco más de las cinco de la mañana y todavía faltaba bastante para que amaneciera por completo.

Jian Xia no quería que Fu Hanjun se levantara tan temprano.

Durante los últimos días había viajado de un lugar a otro, y la noche anterior además se había quedado despierto hasta muy tarde.

Por no mencionar que Fu Hanjun era un «enfermo». Incluso una persona perfectamente sana podría no soportar aquel ritmo.

Las pestañas bajo su palma temblaron ligeramente, rozando la delicada piel y provocándole cosquillas.

Instintivamente, Jian Xia levantó la mano y se preparó para darse la vuelta y levantarse.

Pero apenas se movió, el brazo alrededor de su cintura volvió a apretarse.

Fu Hanjun levantó la otra mano y apartó suavemente el flequillo desordenado de su frente.

—Xiaxia.

Pronunció su nombre.

Luego levantó ligeramente el rostro y volvió a capturar sus labios.

Jian Xia: «…»

Los fuegos artificiales seguían estallando sin cesar en el patio, iluminando la habitación casi como si fuera pleno día.

Jian Xia sabía que sus padres estaban afuera encendiendo fuegos artificiales.

Quizá, mientras contemplaban el cielo, incluso podían mirar hacia la ventana de su habitación.

Solo pensarlo hizo que su corazón se acelerara.

Cerró los ojos, tan avergonzado que sus pestañas no dejaban de temblar.

Pero cuanto más consciente era de aquello, más intensa parecía volverse su emoción.

Como si su mente y su cuerpo hubieran tomado caminos distintos, bajo el prolongado beso de Fu Hanjun su cintura perdió fuerza y hasta sus pestañas temblorosas quedaron humedecidas.

—Xiaxia.

Fu Hanjun volvió a pronunciar su nombre y levantó una mano para acariciar la esquina enrojecida de sus ojos.

El pijama de Jian Xia se había abierto ligeramente, dejando ver una franja de piel blanca sobre su pecho, que subía y bajaba con rapidez.

Fu Hanjun lo contempló.

Después inclinó el rostro y mordió suavemente la pequeña nuez de su garganta.

Jian Xia: «…»

¡Bum!

Jian Xia sintió que él mismo se había convertido en uno de los fuegos artificiales del exterior y acababa de estallar.

Ante la insistencia de Fu Hanjun, finalmente ambos se levantaron juntos.

Mientras se cambiaban de ropa, Jian Xia descubrió que había dejado varias marcas rojizas de uñas sobre los hombros y la espalda de Fu Hanjun.

—Jian Xia. —Fu Hanjun se vestía mientras lo provocaba perezosamente—. ¿Solo unos cuantos besos y ya te emocionaste hasta este punto?

El rostro de Jian Xia se puso tan rojo que parecía a punto de sangrar.

Furioso y avergonzado, se lanzó sobre Fu Hanjun y lo derribó sobre la cama.

Los dos siguieron forcejeando y jugando durante un buen rato antes de bajar.

Para cuando llegaron abajo, Jiang Fangrong y Jian Wei ya habían preparado el desayuno.

Aunque nadie mencionó nada, durante la comida Jiang Fangrong miró furtivamente los labios de Jian Xia varias veces.

Para cuando terminaron de desayunar, el pie de Jian Wei estaba casi entumecido de tantas veces que su esposa lo había pisado debajo de la mesa.

Quizá los demás no fueran capaces de percibirlo, pero como padres, Jian Wei también había notado de inmediato que algo en Jian Xia era diferente.

Aunque hacía tiempo había decidido dejar que los asuntos entre aquellos dos jóvenes siguieran su curso natural, ver con sus propios ojos cómo alguien se llevaba la preciada «col» que él mismo había criado le provocó inevitablemente una compleja mezcla de emociones.

Las costumbres del pueblo eran muy diferentes de las de Longcheng.

Después del desayuno, los habitantes comenzaron a visitar las casas de sus vecinos para intercambiar felicitaciones de Año Nuevo.

Jiang Fangrong había sacado desde temprano todo tipo de dulces y aperitivos para recibir a los vecinos que fueran a visitarlos.

Como la relación entre Jian Xia y Fu Hanjun todavía no podía hacerse pública y, además, tanto Jiang Fangrong como Jian Xia temían que Fu Hanjun se agotara demasiado, después del desayuno él regresó al dormitorio de Jian Xia para descansar.

El itinerario de los últimos días realmente había sido agotador.

Además, la noche anterior había estado demasiado emocionado.

Aunque todavía podían escucharse vagamente los sonidos del exterior, Fu Hanjun enterró el rostro en la almohada de Jian Xia y poco a poco volvió a quedarse dormido.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando abrió nuevamente los ojos.

La luz del sol se filtraba por una rendija entre las cortinas.

Junto a la ventana, Jian Xia estaba sentado tranquilamente en el pequeño sofá, hojeando un guion.

Los ojos de Fu Hanjun se abrieron lentamente y una profunda sonrisa surgió en ellos de manera inconsciente.

En el primer día del nuevo año, parecía que la buena fortuna finalmente había llegado hasta él.

Toda la alegría y la felicidad competían por lanzarse a sus brazos, golpeándole el corazón con tanta fuerza que incluso sentía una ligera opresión en el pecho.

Permaneció así, contemplando silenciosamente a Jian Xia durante bastante tiempo.

Hasta que Jian Xia levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

—¿Despertaste? —preguntó Jian Xia.

Con el guion en la mano, se levantó y se acercó a la cama, inclinándose ligeramente para mirarlo.

—Mm.

Fu Hanjun respondió suavemente.

Su voz todavía estaba un poco ronca.

Sujetó la muñeca de Jian Xia y miró el guion que llevaba en la mano.

Era el de El Maestro Demonio.

—¿Tan aplicado? —Fu Hanjun sonrió y le quitó el guion—. El Año Nuevo es para descansar. No te presiones tanto.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Ya eres increíble.

—No es por eso.

Jian Xia recuperó el guion de sus manos y miró directamente a Fu Hanjun.

Aquellos hermosos ojos brillaban más que las estrellas del cielo y ardían con mayor intensidad que el sol de aquel momento.

—Fu Hanjun —pronunció su nombre con absoluta seriedad—. Quiero conseguir cuanto antes el premio a Mejor Actor.

Mientras hablaba, tomó la mano de Fu Hanjun y entrelazó firmemente sus dedos con los suyos.

—Quiero poder hacer pública nuestra relación cuanto antes. Quiero entrar y salir de los Jardines del Lago Gui sin tener que ocultarme. Quiero que todo el mundo sepa que estamos juntos.

Con cada frase, la mirada de Fu Hanjun se volvía un poco más profunda.

Cuando Jian Xia finalmente terminó, Fu Hanjun lo sujetó por la muñeca y tiró de él hacia abajo, acercándolo hasta quedar frente a frente.

—Bien —dijo.

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