Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 38
La alegría en los ojos de Jian Xia era tan pura que sus pupilas color ámbar parecían haberse convertido en miel, irradiando una luz cálida y suave.
Aquello hizo que Fu Hanjun recordara involuntariamente la primera vez que lo había visto.
Por aquel entonces todavía estudiaba, pero ya era reconocido por todos como el heredero del Grupo Fu.
Fuera adonde fuera, siempre había personas que, de manera deliberada o no, se apiñaban a su alrededor. Casi todos los rostros que veía mostraban adulación.
Le resultaba terriblemente fastidioso, pero, como ya tenía proyectos a su cargo, incluso encontrar un poco de tranquilidad se había convertido en un lujo.
Hasta aquella vez en que Fu Cong, tan despistado como siempre, volvió a olvidarse algo en casa del anciano Fu…
Había pasado tanto tiempo que Fu Hanjun ya no recordaba exactamente qué había sido.
Pero sí recordaba que aquel mediodía pasó cerca de la escuela y aprovechó para llevárselo.
Fu Cong estaba jugando baloncesto con sus amigos en la cancha.
En cuanto Fu Hanjun apareció, las miradas de las chicas cambiaron. Incluso los chicos, después de enterarse de quién era, comenzaron a mirarlo con una mezcla de admiración y complacencia.
Eran miradas muy parecidas a las que Fu Hanjun veía habitualmente fuera de la escuela.
Encontrarlas en los rostros de unos adolescentes le resultó asfixiante y, en cierta medida, decepcionante.
Todavía recordaba que aquel día hacía un tiempo espléndido.
Sin embargo, mientras salía de la escuela junto a Fu Cong, se sentía desganado.
Hasta que, al pasar por un rincón apartado, escucharon a lo lejos el chirriante sonido de un violín que parecía estar serrando madera.
Al ver su expresión sombría, Fu Cong alzó orgullosamente el mentón, como si estuviera escuchando música celestial.
—Es un compañero mío —dijo con orgullo—. Interpreta al segundo protagonista masculino en la nueva película del director Zhou Changshan.
Mientras hablaban, ya habían rodeado la esquina del edificio y Fu Hanjun pudo ver al joven que tocaba el violín.
El muchacho estaba de espaldas a ellos, bajo un enorme árbol de ginkgo.
Desde lejos, su figura parecía alta, esbelta y elegante.
Visto únicamente de espaldas, era realmente hermoso.
Era principios de otoño, cuando la estación comenzaba a acercarse al Festival del Medio Otoño. La brillante luz dorada del sol casi se fundía con las hojas del ginkgo, dejando traviesos destellos sobre la camisa blanca como la nieve del muchacho.
De no ser porque el sonido del violín era verdaderamente terrible, Fu Hanjun casi habría pensado que habían entrado accidentalmente en algún rincón de un cuento de hadas.
—¡Jian Xia! —gritó Fu Cong desde lejos.
El sonido del violín se detuvo abruptamente.
El joven se volvió hacia ellos con una sonrisa.
—Fu Cong.
Después de saludarlo, reparó en que había otra persona a su lado.
—Ah, es mi hermano —explicó despreocupadamente Fu Cong—. Vino a traerme algo.
El joven asintió cortésmente hacia Fu Hanjun y la sonrisa de sus ojos se profundizó un poco.
Era limpia y pura.
La luz del sol lo envolvía tenuemente desde atrás. Algunas hojas de ginkgo descendían girando y se posaban sobre sus hombros y su cabello.
Sus ojos color ámbar eran cálidos y serenos.
Pero solo fue una mirada.
Como si Fu Hanjun no fuera más que el desconocido más común, el joven volvió a dirigir su atención hacia Fu Cong.
Intercambiaron unas palabras y Fu Cong se marchó, mientras el muchacho volvía a darse la vuelta.
Después de avanzar unos pasos, aquel sonido de violín que parecía serrar madera volvió a escucharse.
Fu Hanjun no pudo evitar detenerse y mirar atrás.
El joven mantenía la cabeza inclinada mientras manipulaba seriamente el violín apoyado sobre su hombro.
Bajo la luz del sol, su perfil era tan blanco que parecía casi transparente. Tenía los labios ligeramente fruncidos, como si estuviera un poco preocupado por aquel violín desobediente entre sus brazos.
Por alguna razón, la irritación que Fu Hanjun había sentido constantemente durante aquellos días desapareció de repente.
En el instante en que rodeó el sendero y se dirigió hacia la salida de la escuela, una ligera sonrisa apareció inconscientemente en sus labios.
…
Hacía mucho tiempo que Fu Hanjun no veía una sonrisa como aquella en Jian Xia.
Durante el periodo en que su familia sufrió aquella desgracia, había observado desde lejos cómo aquel joven hermoso y distante se convertía prácticamente en una persona completamente distinta al muchacho de ojos dulces como la miel que había visto aquella tarde bajo el ginkgo.
Era muy fácil saber si una persona era feliz con solo mirarla a los ojos.
Cuando Jian Xia se sentía feliz, sus ojos color ámbar tenían el brillo cálido de la miel.
Pero cuando el dolor se cernía sobre él, incluso aquel color ámbar parecía palidecer y reflejar una luz fría.
En aquel entonces, Fu Hanjun había pensado más de una vez que, si hubiera sabido que Jian Xia y Wei Cheng acabarían de aquella manera, jamás debería haber facilitado su relación.
Habían desperdiciado demasiados años.
Por suerte, al menos ahora, aquel brillo dulce como la miel finalmente había regresado a los ojos de Jian Xia.
Una emoción difícil de describir surgió en el corazón de Fu Hanjun.
Sin embargo, no dejó que nada se reflejara en su rostro.
—¿Ah, sí?
Su actitud parecía despreocupada. Alzó ligeramente una ceja.
—¿Cuánto te gusto?
—¿No acabo de decirlo? Eres quien más me gusta.
Jian Xia abrió el guion sonriendo y enfatizó:
—El que más, más, más…
Aunque sabía perfectamente que aquel «gustar» no era esencialmente diferente de que le gustara un libro, una película o cualquier otra cosa, Fu Hanjun aun así sonrió.
—Jian Xia —dijo divertido, con un toque de burla en la voz—, ¿no eres demasiado fácil de satisfacer?
Jian Xia curvó los ojos al sonreír.
—¡Pero estamos hablando de Qu Shui! ¡Qu Shui! —recalcó.
Mientras hablaba, de repente recordó algo.
Había estado tan emocionado que casi se había olvidado de lo más importante.
—Fu Hanjun —preguntó—, ¿cuándo comienza el rodaje de El maestro demoníaco? ¿No se cruzará con Hongliu?
—El maestro demoníaco no comenzará a rodarse hasta después del Festival de Primavera.
Fu Hanjun abrió el calendario y descubrió inesperadamente que aquel año el Festival de Primavera caía justo a mediados de febrero, cerca del Día de San Valentín.
Hizo una breve pausa.
—Si no ocurre nada inesperado, deberías terminar todas tus escenas de Hongliu antes de Año Nuevo.
Y añadió:
—Cuando llegue el momento, celebraremos que terminaste el rodaje.
Jian Xia sintió que se quitaba un gran peso de encima y asintió con los ojos curvados por la sonrisa.
En realidad, Jian Xia no creía tener tanta suerte como para llamar la atención del director Qu Shui.
El maestro demoníaco era diferente de Hongliu.
Si Hongliu era una película en la que Xia Ri Entertainment era el principal inversor, El maestro demoníaco era directamente un proyecto propio de Xia Ri Entertainment.
Teniendo en cuenta los éxitos anteriores de la compañía y que esta vez habían conseguido contratar a un director comercial de la talla de Qu Shui, bastaba pensarlo un poco para imaginar lo feroz que sería la competencia.
Sin embargo, aunque sus posibilidades fueran mínimas, Jian Xia creía que debía prepararse con antelación.
Era una muestra de respeto tanto hacia la producción como hacia sí mismo.
Ya era bastante tarde, casi las once y media.
Jian Xia se levantó abrazando el guion y volvió a camuflarse de pies a cabeza antes de salir de la habitación de Fu Hanjun.
No habían pasado demasiado tiempo juntos, pero Jian Xia se sentía muy feliz.
Y no solo porque inesperadamente hubiera conseguido una oportunidad para hacer una audición para El maestro demoníaco.
La verdad era que estar con Fu Hanjun lo hacía sentir muy bien.
Quizá, a ojos de la mayoría, Fu Hanjun no perteneciera precisamente al tipo de personas con las que resultaba fácil llevarse bien.
Pero, por alguna razón, cuando Jian Xia estaba con él, incluso si no pensaba en nada ni hacía nada, podía sentirse muy feliz.
Las conexiones entre las personas realmente eran algo extraño.
Jian Xia no pudo evitar pensarlo.
Como la primera vez, no regresó directamente al piso dieciséis, donde estaba su habitación, sino que presionó los botones del primer y el undécimo piso.
El ascensor se detuvo en el undécimo.
Jian Xia salió y observó cómo el indicador descendía hasta el primer piso antes de volver a llamar al ascensor.
Cuando regresó arriba, se quitó la capucha y las gafas de sol antes de dirigirse hacia su habitación.
Acababa de llegar a la puerta cuando, de repente, se abrió la habitación de Zhou Li, situada en diagonal frente a la suya.
Zhou Li salió completamente camuflado.
Sus miradas se encontraron.
Zhou Li: «…».
Jian Xia: «…».
Jian Xia fue el primero en apartar la vista.
Sacó su tarjeta, la acercó a la cerradura y, con un pitido, la puerta se abrió.
—Oye —lo llamó de repente Zhou Li—. ¿Adónde fuiste tan tarde?
Jian Xia originalmente no tenía intención de prestarle atención, pero quizá porque estaba de excelente humor aquel día, se apoyó contra la puerta y se volvió hacia él.
—¿Y tú? —preguntó con una sonrisa ambigua—. Yo ya estoy regresando a estas horas. Tú apenas estás saliendo.
Zhou Li sintió cierta culpabilidad al escucharlo.
No sabía si la conversación paranoica que había mantenido durante el día con Wan Baiqing había terminado por influir también en él.
Su primera reacción al ver a Jian Xia había sido temer que este se le hubiera adelantado.
De lo contrario, jamás habría tomado la iniciativa de hablarle.
—¿Y a ti qué te importa? —respondió Zhou Li antes de marcharse.
—Oye.
Jian Xia también lo llamó con voz perezosa.
—Entonces, ¿para qué me preguntaste tú a mí?
Zhou Li no respondió y desapareció directamente dentro del ascensor.
Solo después de que su figura desapareciera, Jian Xia abrió la puerta de su habitación.
El sonido del ascensor llegando a su destino resonó en el silencioso pasillo.
Por alguna razón, el corazón de Jian Xia dio un salto repentino.
Movido por un impulso inexplicable, volvió a cerrar la puerta, se dio la vuelta y regresó por donde había venido hasta el ascensor.
El indicador descendió piso tras piso.
Finalmente, el ascensor se detuvo en el primero.
Poco después, el ascensor del otro lado comenzó a subir.
Jian Xia clavó la mirada en los números ascendentes mientras su corazón latía cada vez más deprisa.
A aquellas horas casi nadie utilizaba los ascensores.
Los números continuaron subiendo sin detenerse.
Pasaron directamente del piso dieciséis, donde ellos se hospedaban, y siguieron hasta el último piso.
Jian Xia jamás había experimentado emociones tan complejas como en aquel momento.
Pesadez.
Inquietud.
Incluso una vaga sensación de miedo difícil de explicar comenzó a surgir en su interior.
¿Zhou Li había ido a buscar a Fu Hanjun?
¿No le había bastado con arrebatarle a Wei Cheng y ahora también quería quitarle a Fu Hanjun?
¿Cómo podía permitir algo así?
Al menos él no lo permitiría.
Jian Xia apretó los labios y cerró con fuerza el puño junto a su cuerpo.
Subir o no subir se convirtió de repente en una decisión extremadamente difícil.
Aunque…
Quizá Zhou Li simplemente hubiera ido a ver a otra persona.
Después de todo, Fu Hanjun no era el único hospedado en el último piso.
De hecho, el profesor Ding Yi, que pertenecía al mismo equipo de producción, también se alojaba allí.
…
El ascensor que había descendido hasta el primer piso volvió a subir y finalmente se detuvo en el piso trece.
Jian Xia permaneció quieto unos instantes.
Al final, no pudo contenerse y levantó la mano.
Solo eran tres pisos.
El ascensor llegó rápidamente al dieciséis.
Jian Xia entró con expresión solemne.
Cuando levantó la mano para presionar el número «33», sus dedos se encogieron ligeramente.
Finalmente, pulsó el «32», el piso inmediatamente inferior.
Los segundos transcurrieron uno tras otro.
Jian Xia jamás había sentido que un ascensor pudiera moverse tan lentamente.
Cuando las puertas se abrieron en el piso treinta y dos, una fina capa de sudor ya cubría sus palmas.
Salió y subió silenciosamente por las escaleras hasta el piso treinta y tres.
Todo estaba completamente silencioso.
Jian Xia comenzó a preguntarse si se habría equivocado.
Al mismo tiempo, temía que Zhou Li ya hubiera entrado.
Hasta que llegó a la esquina del pasillo.
Asomándose discretamente, vio que Zhou Li seguía frente a la puerta de Fu Hanjun, caminando de un lado a otro.
Solo entonces se sintió un poco aliviado.
No se había equivocado.
Zhou Li realmente había ido a buscar a Fu Hanjun.
Pero, por su comportamiento, parecía que Fu Hanjun no sabía nada.
De lo contrario, Zhou Li no estaría allí, tan nervioso e indeciso, dudando si llamar o no.
Jian Xia apretó los labios y ocultó su figura como un ladrón.
Tras unos instantes de silencio, resonaron varios golpes en la puerta.
El corazón de Jian Xia se tensó.
No sabía si Fu Hanjun abriría.
Y mucho menos si permitiría que Zhou Li entrara.
En teoría, aunque ellos eran esposos, solo lo eran de nombre.
Todavía no había ocurrido ningún avance real entre ambos.
Pero, por alguna razón, a Jian Xia le importaba muchísimo en aquel momento.
Incluso comenzó a arrepentirse de no haber tanteado discretamente a Fu Hanjun cada vez que se veían, para averiguar si necesitaba que él lo ayudara con… ciertas necesidades.
Aunque Fu Hanjun no gozaba de buena salud, seguía siendo un hombre.
Antes Jian Xia había pensado que aquello era imposible.
Pero ahora que alguien realmente había ido a llamar a la puerta de Fu Hanjun, comprendió de repente que aquellas insinuaciones que Zhu Qian le había hecho en el hospital tenían bastante sentido.
Con el corazón en vilo, permaneció apoyado silenciosamente contra la pared, escuchando los sonidos del pasillo.
Por primera vez se dio cuenta de que jamás había sentido algo semejante cuando estaba con Wei Cheng.
Finalmente, se escuchó el suave sonido de una puerta abriéndose.
Hubo voces en el pasillo, muy bajas y difíciles de distinguir.
Jian Xia no se atrevió a volver a asomarse.
Permaneció quieto contra la pared.
Con los ojos bajos, alcanzó a escuchar vagamente la voz de Fu Hanjun:
—¿Cómo es que otra vez…?
Después, en su voz apareció una ligera sorpresa.
—¿Por qué eres tú?
—Presidente Fu —la voz de Zhou Li era todavía más baja—, Baiqing y yo somos amigos. ¿Podría entrar para hablar unas palabras con usted?
—Es demasiado tarde. No es apropiado que entres en mi habitación —respondió Fu Hanjun con indiferencia, con una frialdad metálica en la voz—. Si tienes algo que decir, hablaremos mañana.
Se escuchó el leve roce de la puerta.
Probablemente Fu Hanjun intentaba cerrarla.
Pero enseguida volvió a escucharse la voz de Zhou Li.
—Solo lo admiro mucho —dijo—. Como un fan admira a su ídolo. Debería poder entenderlo, ¿verdad?
Zhou Li llevaba un maquillaje exquisito. Incluso la mano que mantenía apoyada contra la puerta parecía especialmente hermosa.
—Solo quiero decirle unas palabras. No se preocupe, jamás tendría fantasías inapropiadas.
—Usted está tan por encima de los demás… —soltó una sonrisa amarga—. Sé perfectamente qué clase de persona soy.
Aquella táctica siempre conseguía despertar la compasión de los hombres.
Después de eso, les resultaba difícil seguir rechazándolo.
Zhou Li alzó los ojos y miró lastimeramente a Fu Hanjun.
Bajo la luz, Fu Hanjun entrecerró ligeramente los ojos, sin que pudiera distinguirse emoción alguna en ellos.
Vestía un pijama azul oscuro que resaltaba la blancura de su piel. Su cabello negro caía casualmente sobre la frente, haciéndolo parecer mucho más relajado y accesible que durante el día.
Sin embargo, por alguna razón, una fina capa de sudor frío apareció en la espalda de Zhou Li.
—¿Qué le parece? —preguntó con una sonrisa forzada.
Fu Hanjun no respondió.
Parecía mirarlo y, al mismo tiempo, parecía no verlo en absoluto.
Simplemente curvó los labios de una manera indescifrable.
El corazón de Zhou Li dio un vuelco.
Justo cuando creyó que realmente tenía una oportunidad, Fu Hanjun ejerció lentamente más fuerza.
Centímetro a centímetro, cerró la puerta que Zhou Li mantenía abierta a la fuerza.
La pequeña parte de la cabeza de Jian Xia que acababa de asomarse volvió a esconderse rápidamente cuando la puerta se cerró.
¡Mierda!
¿Zhou Li no seguía con Wei Cheng?
¿Cómo era que ahora había venido a ofrecerse a Fu Hanjun?
¡Y aunque alguien tuviera que meterse en su cama, tampoco sería su turno!
Aunque, pensándolo bien, tampoco era tan extraño.
Después de todo, cuando Zhou Li se había metido en la cama de Wei Cheng, todavía no había terminado con Meng Han.
Realmente era…
Montar un burro mientras buscaba un caballo mejor.
Jamás hacía un negocio en el que pudiera salir perdiendo.
Por suerte, Fu Hanjun no era como ese desgraciado de Wei Cheng.
Sin saber por qué, Jian Xia sintió que un enorme peso desaparecía de su corazón.
Ni siquiera se dio cuenta de que las comisuras de sus labios se habían elevado y que sus ojos brillaban incluso más que cuando había recibido el guion de El maestro demoníaco.
Finalmente se escucharon pasos en el pasillo.
Jian Xia descendió algunos escalones siguiendo el camino por el que había llegado y esperó hasta escuchar que Zhou Li entraba en el ascensor.
Permaneció sentado en las escaleras durante unos instantes y enterró el rostro entre las manos, abrumado por sus propias emociones.
La tensión, la urgencia e incluso el miedo que había sentido al subir se habían convertido ahora en una alegría intensa.
Jian Xia comenzó a pensar que quizá realmente tenía algún problema.
Solo porque Fu Hanjun siempre lo trataba bien, había empezado a desarrollar el deseo de tenerlo para él solo.
Frente al ascensor, Zhou Li tenía una expresión horrible.
Debajo del abrigo solo llevaba un conjunto de ropa interior muy provocativa.
Cuando estuvo frente a la puerta, incluso había abierto el abrigo para mostrársela.
Aquel truco jamás le había fallado.
Pero con Fu Hanjun parecía no haber tenido el menor efecto.
Cuando la mirada de Fu Hanjun se posó sobre su cuerpo, la sensación de frío todavía no había desaparecido por completo.
Como si no estuviera contemplando un cuerpo atractivo y seductor.
Ni siquiera a una persona viva.
Sino…
¿Sino qué?
Zhou Li frunció el ceño durante unos instantes hasta que finalmente encontró una descripción adecuada.
Como si estuviera mirando un trozo de carne podrida y sin vida.
La humillación surgió tardíamente en su interior.
Apretó los dientes y entró en el ascensor.
El ascensor descendió directamente hasta el piso dieciséis.
Al pasar frente a la habitación de Jian Xia, Zhou Li se detuvo inconscientemente.
Contempló aquella puerta con una mirada sombría.
Estaba completamente cerrada.
Quizá…
Quizá Jian Xia ya estuviera dormido.
Aquello que había ocurrido esa noche no podía llegar a oídos de nadie.
Y, sobre todo, Jian Xia jamás debía enterarse.
Desde el día en que se había metido en la cama de Wei Cheng, él y Jian Xia estaban destinados a permanecer en bandos opuestos durante toda la vida.
Jian Xia esperó un poco más antes de bajar.
Cuando salió del ascensor en el piso dieciséis, se frotó suavemente las mejillas.
Se suponía que había venido a rodar una película.
¿Cómo era posible que cada día pareciera estar protagonizando una historia de espionaje?
Por suerte, el pasillo estaba completamente silencioso y hasta la mitad de las luces se habían apagado.
Entró sigilosamente en su habitación y solo después de cerrar la puerta se dio unas suaves palmadas en el pecho.
De repente, el teléfono vibró dentro de su bolsillo.
Jian Xia se sobresaltó tanto que casi dio un salto.
El guion que llevaba entre los brazos cayó al suelo con un golpe seco.
Era una llamada de Lin Qing.
Zhang Weihao había estado tan feliz aquel día que, después de regresar a la universidad, los dos habían vuelto a salir para celebrarlo.
Habían comido barbacoa, hot pot y cangrejos de río, y luego habían ido a cantar al karaoke.
Acababan de regresar hacía poco.
—¡Xiaxia! —Apenas Jian Xia contestó, Lin Qing comenzó a interrogarlo sin darle respiro—. ¡Confiesa ahora mismo! ¿Qué relación tienes exactamente con el joven presidente Fu?
¿Acaso aquel era el día oficial de los sustos?
Jian Xia apretó los labios y se sentó en el sofá mientras se acariciaba el pecho.
—¿Por qué preguntas eso? —dijo, intentando que su voz sonara lo más tranquila posible.
—¡Cuando el asistente del joven presidente Fu se acercó a entregar la tarjeta, las miradas que ustedes dos se lanzaron prácticamente tenían hilos entre ellas! —exageró Lin Qing.
¿De verdad había sido tan evidente?
Había sido muy discreto, ¿no?
Jian Xia se quejó mentalmente, sin entender cómo Lin Qing había logrado darse cuenta.
Inmediatamente hizo sonar una alarma en su interior.
Parecía que, en adelante, cuando hubiera otras personas presentes, sería mejor evitar cualquier interacción innecesaria con Fu Hanjun.
—¿Qué dices? —respondió—. En ese momento solo estaba feliz por el hermano Hao y agradecido con Xia Ri Entertainment por darle una oportunidad.
—Pero él te sonrió —dijo Lin Qing—. Estuve allí todo el día y solo te sonrió de esa manera a ti.
Jian Xia: «…».
—Qué poco considerado eres, Xiaxia —se quejó Lin Qing.
Jian Xia: «…».
—¿El hermano Hao está contigo? —preguntó Jian Xia, frotándose impotente el entrecejo.
—Fue a ducharse. Me costó muchísimo encontrar un momento para llamarte.
No era que no confiara en Zhang Weihao.
Sin embargo, como único heterosexual del dormitorio, a Zhang Weihao siempre le costaba muchísimo captar las corrientes ocultas entre Jian Xia y Bian Xingchen.
Naturalmente se alegraría por Jian Xia, pero también podía ocurrir que, por descuido, acabara contándoselo a Bian Xingchen.
Jian Xia se frotó la sien.
Si Lin Qing le hubiera preguntado un día antes qué relación tenía con Fu Hanjun, sin importar lo que respondiera en voz alta, en su interior habría tenido una respuesta perfectamente clara.
Pero ahora…
Realmente no sabía qué decir.
Por primera vez, Jian Xia comprendió que sus sentimientos hacia Fu Hanjun quizá habían cambiado un poco.
Aunque ni siquiera él entendía todavía en qué sentido.
—Qingqing —dijo después de unos instantes de silencio—, me casé.
—¿¡Ah!?
Lin Qing soltó una exclamación al otro lado de la línea y, como si creyera haber escuchado mal, preguntó atropelladamente:
—¿Qué dijiste? ¿Quién se casó? ¿Con quién?
—Yo —respondió Jian Xia—. Fu Hanjun y yo estamos casados.