Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30
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Jian Xia era bastante sensible a las cosquillas. Ahora que Fu Hanjun había terminado de desmaquillarlo, toda su atención se concentró en los dedos que le sujetaban el mentón.

La temperatura corporal de Fu Hanjun siempre era un poco más alta que la suya. En aquel momento, además, la piel de su rostro acababa de ser limpiada con una toallita desmaquillante y estaba fresca por todas partes, de modo que aquel calor resultaba todavía más perceptible.

Le producía una sensación entre ardiente y cosquillosa que le daba ganas de echarse hacia atrás.

Por si fuera poco, las palabras de Fu Hanjun habían tenido un matiz infantil que contrastaba enormemente con su aspecto y su temperamento. Aquella diferencia resultaba inesperadamente adorable.

Jian Xia no pudo evitar echarse a reír.

—Ya desperté, ya desperté —dijo.

Ladeó un poco el rostro para escapar de aquel contacto cálido que le hacía cosquillas.

Y no estaba mintiendo. Fu Hanjun realmente había conseguido sacarlo del personaje.

Sin darse cuenta, Jian Xia recordó que, durante el rodaje de Cuento de hadas negro, también había logrado salir del personaje gracias a una broma de Fu Hanjun.

Parecía tener un talento especial para aquello.

Cuando terminara de rodar esta película, si tenía suerte, quizá no tendría que volver a sufrir como antes por ser incapaz de desprenderse de su personaje.

Jian Xia sonrió, se volvió hacia un lado y tomó de nuevo el pastel entre las manos.

Estaba a punto de darle el primer mordisco cuando se detuvo.

Entonces extendió las manos con el pastel hasta acercarlo a los labios de Fu Hanjun.

Para adaptarse a la imagen de Qi Xi, últimamente Jian Xia cuidaba a diario aquellas manos que ya de por sí eran delicadas y hermosas. Ahora parecían talladas en jade, finas, blancas y luminosas.

Sostuvo el pastel frente a Fu Hanjun y rozó suavemente sus labios con él.

—Hermano —dijo, alzando sus ojos tranquilos hacia él—. Come tú primero.

Fu Hanjun: «…».

¿Sabes lo peligroso que es hacer eso?

Apretó ligeramente los labios.

Al cabo de un momento, terminó inclinándose hacia delante y dio un pequeño mordisco.

Estaba extraordinariamente dulce.

La intensa salsa de chocolate, los trocitos de frutos secos y la crema de dulzor delicado se desplegaron uno tras otro en su boca.

Parecía más delicioso y complejo que cualquier otro postre que hubiera probado. Se deshacía con la ligereza de una nube y, después, aquella dulzura parecía envolverle el corazón entero.

Fu Hanjun ya había probado ese pastel, y más de una vez.

Aunque siempre le había parecido aromático y delicioso, no recordaba que dejara un sabor tan inolvidable.

¿Habrán cambiado la receta?

No pudo evitar preguntárselo.

Sin embargo, antes de llegar a ninguna conclusión, sus ojos se detuvieron bruscamente en los movimientos de Jian Xia.

Este ya había sacado su teléfono.

Durante los rodajes acostumbraba a ponerlo en silencio y dejárselo a Zhu Qian. Pero, como Fu Hanjun iba a visitarlo aquel día y temía tener que marcharse apresuradamente por la tarde, después del almuerzo lo había guardado en su mochila.

Tras la experiencia del día anterior, lo primero que hizo fue activar el tono de llamada. Solo entonces revisó los mensajes y las llamadas perdidas.

Entre estas últimas había una de Jiang Fangrong, así que le devolvió la llamada antes que a nadie.

—Mamá.

Mientras hablaba, Jian Xia le dio un mordisco al pastel.

No se sabía si había sido por distracción o por algún otro motivo, pero sus labios fueron a parar exactamente a la parte que Fu Hanjun acababa de morder.

Unos pequeños restos de chocolate quedaron adheridos a sus labios rosados.

Aquella combinación nunca le había parecido tan sensual.

Era como un beso disimulado.

Los ojos de Fu Hanjun se oscurecieron gradualmente, sin que pudiera evitarlo. Apretó los labios y, de pronto, sintió sed.

Jian Xia sostenía cuidadosamente el pastel con una mano y el teléfono con la otra. Estaba demasiado ocupado para prestar atención a nada más.

No se sabía qué le había dicho Jiang Fangrong, pero se echó a reír.

—No se me va a olvidar —respondió.

Volvió la cabeza para mirar a Fu Hanjun y le dijo a su madre:

—Fu Hanjun vino a recogerme hoy.

El cielo comenzaba a oscurecer.

El rostro de Fu Hanjun estaba envuelto en sombras. Solo podían distinguirse sus hermosas facciones bien definidas, pero no su expresión.

—Xiao Jun te trata muy bien —comentó Jiang Fangrong con una sonrisa—. Recuerda llevarle un regalo al abuelo.

—Lo sé. Cuando pasemos por Ginza, entraré a mirar.

Jiang Fangrong se quedó tranquila y añadió:

—A esta hora hay bastante tráfico en el centro. No se apresuren.

—De acuerdo. Adiós, mamá.

Cuando hablaba con Jiang Fangrong, Jian Xia se mostraba especialmente obediente, como un niño de carácter muy dulce.

Fu Hanjun apretó los labios, pero una sonrisa se le escapó de todas formas.

Jian Xia apartó el teléfono de la oreja, respondió un par de mensajes y apagó la pantalla.

Después miró a Fu Hanjun mientras sostenía el pastel.

—¿Quieres más?

Fu Hanjun recordó el mordisco que acababa de dar. Su nuez se movió involuntariamente.

—Cómetelo tú —respondió en voz baja.

Jian Xia no insistió y le dio otro mordisco.

—Cuando lleguemos a Ginza, ¿podemos detenernos un momento? —preguntó.

Fu Hanjun pareció comprender enseguida.

—Es para el abuelo —explicó Jian Xia, trabándose un poco—. Antes, con el rodaje, no había tenido tiempo de salir…

Para Jian Xia, la familia Fu había sido, y quizá seguía siendo, una existencia fuera de su alcance.

Siempre sentía que tener la oportunidad de llamar «abuelo» a Fu Quan era un honor demasiado grande para alguien como él.

Fu Hanjun pareció encontrar divertida su manera de expresarse y soltó una risa muy suave.

—Sabía que no tenías tiempo. Ya preparé algo por ti.

—¿Ah? —Jian Xia se quedó perplejo.

—Al abuelo no le falta nada —dijo Fu Hanjun—. Lo importante es el detalle.

Jian Xia lo miró sin decir nada.

Había querido darle las gracias, pero terminó guardándose las palabras.

El sol ya se había puesto y las farolas todavía no se encendían. La penumbra se extendía entre ambos, pero los ojos de Jian Xia brillaban especialmente.

Más que las estrellas del cielo.

Fu Hanjun levantó la mano y le rozó suavemente la comisura de los labios.

Jian Xia se sobresaltó y retrocedió un poco, casi por reflejo.

Fu Hanjun bajó la mirada y le mostró sus largos dedos.

—Tenías chocolate.

El corazón de Jian Xia latía un poco deprisa.

No estaba seguro de si se debía al gesto de Fu Hanjun o a que ya podía distinguir a lo lejos el letrero del hotel Lai’an.

Cuanto más se acercaban al hotel, más intenso se volvía el tráfico.

Hasta donde alcanzaba la vista se extendía una interminable hilera de luces traseras.

Pero aquello no representó ningún problema para el tío Wang. Dio varias vueltas por las calles secundarias y pronto llegó a la entrada lateral de Lai’an.

Era el mismo lugar donde Tang Ge había estacionado la primera vez que Jian Xia estuvo allí.

Fu Hanjun bajó primero y sacó del maletero una caja de regalo no muy grande.

Se la entregó a Jian Xia.

Este la recibió, la guardó en su mochila y lo siguió al interior del hotel.

El ascensor subió hasta detenerse en el último piso.

Fu Hanjun volvió la cabeza hacia Jian Xia.

—No tienes que ponerte nervioso —dijo.

Extendió una mano para acomodarle el cuello de la camisa.

—Mi abuelo es una persona muy amable.

De su puño se desprendía una fragancia muy tenue: notas amaderadas mezcladas con un cálido aroma cítrico.

Jian Xia no sabía si había sido por aquellas palabras o por ese aroma reconfortante, pero su corazón, que hasta entonces había estado tan nervioso, se tranquilizó inexplicablemente.

—Sí.

Asintió y observó cómo un empleado abría las grandes puertas de madera.

El salón privado de aquella noche no era el mismo en el que había comido con Fu Hanjun la primera vez.

Era más grande y tenía sus distintas áreas mejor distribuidas.

Nada más entrar, se encontraron frente a un enorme muro de cristal.

Jian Xia ya había contemplado desde un lugar parecido las innumerables luces de Longcheng.

La diferencia era que aquella noche no había fuegos artificiales estallando en el cielo con la misma magnificencia de entonces.

Un anciano de cabello canoso ya estaba sentado ante la enorme mesa rectangular.

A su lado, un hombre de mediana edad permanecía de pie e inclinado, hablándole en voz baja.

Al escuchar que alguien entraba, ambos levantaron la mirada.

—Abuelo, tío Ye —saludó Fu Hanjun.

Sujetó a Jian Xia de la muñeca y lo condujo hacia delante.

—Él es mi pareja, Jian Xia.

Jian Xia se quedó un poco desconcertado.

Recordaba que el señor Fu conocía el asunto del matrimonio para atraer la buena fortuna.

Entonces, ¿por qué Fu Hanjun…?

Pero enseguida comprendió.

Seguramente lo había dicho por el hombre al que llamaba «tío Ye».

—Mucho gusto, abuelo —saludó Jian Xia de inmediato.

Colaboró con Fu Hanjun, esbozando una dulce sonrisa y acercándose un poco más a él.

El tío Ye se enderezó.

—Joven señor. Joven señor Jian.

—Sí —respondió Fu Hanjun con un leve asentimiento.

Llevó a Jian Xia hasta la mesa.

—Bien, muy bien.

El señor Fu se levantó sonriendo, con una expresión llena de afecto.

—Xiao Jun siempre habla de ti.

Conociendo la personalidad de Fu Hanjun, Jian Xia no creía que fuera alguien que mencionara deliberadamente su vida sentimental delante de otras personas.

Pero, ya que estaban representando aquel papel, había que hacerlo bien hasta el final.

Bajó un poco la cabeza con timidez, sacó de su mochila la caja que Fu Hanjun le había entregado y se la ofreció respetuosamente al anciano con ambas manos.

—¿Hasta este viejo recibe un regalo?

El señor Fu sonrió al aceptarlo.

—¿Puedo abrirlo ahora mismo?

Jian Xia también sonrió.

El señor Fu era muy distinto de la imagen que había visto de él en las noticias.

No parecía tan serio. Al contrario, tenía un lado bastante infantil.

Además, Jian Xia también sentía curiosidad por saber qué regalo había preparado Fu Hanjun.

Al ver que este no se oponía, asintió sonriente.

Mientras conversaban, el secretario Ye se retiró silenciosamente.

Fu Hanjun llevó a Jian Xia a sentarse y extendió una mano hacia la caja.

—¿Quiere que lo ayude a abrirla?

—¿Quién deja que otra persona le abra sus regalos?

El anciano retrocedió un poco, abrazando la caja con una expresión de desacuerdo, y desató él mismo el lazo.

Jian Xia abrió mucho los ojos y se inclinó hacia delante con curiosidad.

Fu Hanjun le apretó suavemente la palma de la mano, divertido, y solo entonces consiguió contener un poco su impaciencia.

El señor Fu retiró la cinta y levantó la tapa.

Jian Xia observó nervioso, con los labios apretados.

Dentro había un par de rodilleras.

Cuando era joven, el señor Fu se había dedicado por completo a sus negocios y había sufrido lesiones en las rodillas a causa del frío.

En sus primeros años no le habían causado demasiados problemas, pero, conforme había envejecido, cada invierno sufría un dolor y una molestia difíciles de soportar.

Sin embargo, había sido una persona orgullosa toda su vida y nunca estaba dispuesto a mostrar debilidad delante de los demás.

Por eso, solo Fu Hanjun, que había crecido a su lado, conocía aquel problema.

Tal como había dicho Fu Hanjun, a una persona de la edad, posición y condición del señor Fu no le faltaba nada.

Si había algo que todavía deseaba, era lo mismo que cualquier otro anciano: recibir un poco de cariño de su familia.

Así que, aunque aquellas rodilleras no eran un regalo costoso, habían llegado directamente a su corazón.

—Qué buen muchacho. ¿Xiao Jun te lo contó? —preguntó el señor Fu.

El afecto que sentía por Jian Xia aumentó todavía más.

—Qué considerado de tu parte.

Jian Xia se sintió un poco avergonzado por los elogios.

Apretó los labios y miró discretamente a Fu Hanjun.

Este sonrió ligeramente y le sostuvo la mirada.

En ese momento, las puertas volvieron a abrirse.

Un empleado acompañó al interior a Jian Wei y Jiang Fangrong.

—Papá, mamá.

Jian Xia se levantó.

Fu Hanjun y el señor Fu también se pusieron de pie.

—¡Llegaron nuestros consuegros! Vengan, siéntense —los recibió calurosamente el anciano.

Jian Wei conocía la verdad.

Aunque durante aquellos días Fu Hanjun le había causado una impresión cada vez mejor, hasta el punto de que deseaba que realmente fuera su yerno, al ver al señor Fu saludarlos con tanto entusiasmo no pudo evitar sentirse culpable.

Jiang Fangrong, en cambio, se acercó con admiración y estrechó la mano del anciano.

—Es una bendición para nuestro Xiaxia que Xiao Jun se haya fijado en él.

—No diga eso —respondió el señor Fu con una sonrisa significativa—. Todavía no se sabe para quién de los dos es la bendición.

Jian Wei y Jiang Fangrong acababan de sentarse cuando las puertas se abrieron una vez más.

Esta vez, la voz llegó antes que la persona.

—¿Y qué tiene de malo? —se oyó decir a Fu Cong, con su habitual despreocupación—. ¡Llevo muchísimo tiempo queriendo conocer a mi cuñada! ¿Por qué no puedo venir? ¡Quiero ver cuánto tiempo más piensa Fu Hanjun seguir escondiéndola!

Entró a toda prisa, dejando atrás a sus padres.

Pero, en cuanto vio a quienes estaban sentados alrededor de la mesa, se detuvo bruscamente.

Sus ojos y su boca se redondearon al mismo tiempo.

—¿Jian… Jian Xia?

Pronunció su nombre con dificultad y retrocedió un par de pasos.

—¿Tú te equivocaste de salón o fui yo?

—¿Xiaxia y Xiao Cong se conocen? —preguntó el señor Fu.

—Fuimos compañeros de secundaria —respondió Jian Xia en voz baja.

—¡No puede ser!

Fu Cong estuvo a punto de dar un salto.

—¡Ni tú te equivocaste ni yo me equivoqué! Entonces… ¿tú eres mi cuñada?

Al ver cómo Fu Hanjun sujetaba firmemente la muñeca de Jian Xia, Fu Cong recordó que, en su momento, había defendido a Jian Xia delante de su hermano y le había pedido que lo cuidara mucho.

¿Será posible que…?

Jian Xia era tan inocente y bondadoso.

¿Cómo podía haberse fijado en alguien tan calculador, frío, despiadado y caprichoso como Fu Hanjun?

¿Acaso lo engañó?

Fu Cong sintió un escalofrío.

Antes de que pudiera aclarar sus pensamientos, Jian Xia ya le estaba haciendo una seña.

—Fu Cong, ¿quieres sentarte aquí?

Jian Wei y su esposa estaban sentados cerca del señor Fu, en la parte delantera de la mesa.

Los más jóvenes ocupaban los asientos posteriores, así que junto a Jian Xia todavía había un lugar libre.

Fu Cong no vaciló más.

Soportando la mirada asesina de su hermano, se acercó y se sentó junto a Jian Xia.

Para entonces, Fu Tingqing y su esposa también habían entrado.

Al ver la situación, comprendieron enseguida lo que ocurría.

Todos volvieron a levantarse para intercambiar saludos y presentaciones antes de sentarse definitivamente.

Cuando sirvieron la comida, comenzaron a circular las copas.

Al principio, el ambiente fue bastante cordial y armonioso.

Fu Cong no dejaba de susurrarle cosas a Jian Xia.

No se sabía qué le estaba contando, pero Jian Xia se echó a reír.

Fu Hanjun: «…».

—Vaya, mi hermano está a punto de matarme con la mirada.

Pensando en su dinero para gastos personales, Fu Cong se apartó a regañadientes de Jian Xia y volvió a enderezarse en su asiento.

—Xiao Cong, ¿te llevas bien con Xiaxia? —preguntó Lin Jingya.

—Sí.

Fu Cong levantó su copa, bebió un sorbo y respondió vagamente.

—Ahora que lo mencionan…

Lin Jingya volvió a sonreír y miró a los esposos Jian, sentados frente a ella.

—Xiao Jun nunca nos dijo que estaba saliendo con alguien. Cuando su tío y yo nos enteramos, nos tomó completamente por sorpresa. Hasta creíamos que se trataba de Xiao Ruo, de la familia Zhang.

Aunque la familia Zhang no tenía en Longcheng una posición comparable a la de los Fu, ambas familias podían considerarse socialmente compatibles.

Lin Jingya se cubrió la boca con una mano y añadió entre risas:

—No se imaginan cuánto le gusta Xiao Jun a Zhang Anruo. Está enamorado de él hasta los huesos.

—A mi primo también le gusta mi hermano hasta los huesos —le dijo Fu Cong a su madre.

Lin Jingya: «…».

Al escuchar aquello, la expresión de Jian Wei no cambió demasiado, pero Jiang Fangrong miró involuntariamente a Jian Xia.

Sin embargo, este parecía no haber oído nada.

Estaba inclinado hacia Fu Hanjun, susurrándole algo al oído.

Se veían extraordinariamente íntimos.

Al contemplarlos, la inquietud de Jiang Fangrong se disipó.

—Eres muy popular —murmuró Jian Xia.

En realidad, había oído decir que Fu Hanjun no tenía una relación especialmente buena con sus tíos.

Según la versión que circulaba fuera de la familia, Fu Hanjun era arrogante y engreído. Como el señor Fu lo había elegido personalmente como sucesor, nunca mostraba respeto por sus mayores.

Antes, Jian Xia había creído al menos una parte de esos rumores.

Pero, después de convivir con Fu Hanjun, había llegado a la conclusión de que no era esa clase de persona.

Ahora, al observar la manera de hablar y actuar de Fu Tingqing y su esposa, comprendió que estaban intentando clavarle espinas en el corazón.

Si conseguían que se pusiera celoso, ¿acaso no terminaría discutiendo con Fu Hanjun al regresar a casa?

¿Y cómo iba a sentirse él entonces?

¿Y si el disgusto agravaba su enfermedad…?

Tal como había sospechado, aquellas personas se aprovechaban de que Fu Hanjun no tenía padres y de que tampoco le gustaba dar explicaciones sobre sí mismo.

No le quedaba más remedio que soportar solo aquellas acusaciones injustas.

Pero Jian Xia no iba a caer en su trampa.

Al contrario, estaba decidido a mostrarse todavía más cercano a Fu Hanjun.

—No escuches sus tonterías —dijo Fu Hanjun.

Le sirvió un tazón de sopa.

—Es sopa de vejiga natatoria de pescado. Bebe un poco más. Mañana tienes que salir en cámara.

Jian Xia sonrió y sostuvo el tazón con ambas manos.

Al otro lado de la mesa, Fu Tingqing volvió a intervenir:

—Es cierto que a Baiqing le gusta Xiao Jun, pero nuestras familias no tienen una posición social equivalente, ¿verdad?

Vaya. Ahora van a hablar de la posición familiar.

Jian Xia temió que sus padres se sintieran incómodos.

Estaba a punto de volver la cabeza para mirarlos cuando oyó a Fu Cong:

—Cuando mamá y papá se casaron, sus familias tampoco tenían una posición equivalente. Los hijos seguimos el ejemplo de nuestros padres, así que, si quieren culpar a alguien, deberían culparse ustedes dos.

Lin Jingya: «…».

De verdad empezaba a preguntarse si aquel mocoso era hijo suyo.

Ahora que lo pensaba, Wan Baiqing era mucho más considerado con ella.

—Claro, claro —intervino Fu Tingqing con una risa conciliadora.

—Xiaxia está rodando una película, ¿verdad? ¿Cómo va todo? —preguntó Lin Jingya con una sonrisa—. En su profesión, casarse tan joven, ¿no podría perjudicar su desarrollo profesional?

Jian Xia todavía sostenía el tazón.

Al escucharla, sonrió ligeramente.

Fuera como fuera, aquella noche tenía la oportunidad de devolverle a Fu Hanjun todo lo que había hecho por él.

Estaba decidido a demostrarles que, aunque Fu Hanjun no tuviera padres, eso no significaba que cualquiera pudiera aprovecharse de él.

—Sí —respondió.

Miró a Fu Hanjun con una sonrisa.

—Ya que tú estás dispuesto a entregarme toda la familia Fu, yo también estoy dispuesto a renunciar a mi carrera como actor por ti.

Fu Hanjun: «…».

¿Qué? ¿Toda la familia Fu? ¿Fu Hanjun se volvió loco?

Fu Tingqing y su esposa miraron inmediatamente al señor Fu.

Pero el anciano tenía el rostro lleno de sonrisas.

—Bien, bien —dijo—. Ya no quedan muchos jóvenes dispuestos a sacrificarse el uno por el otro. Xiao Jun no se equivocó al elegirlo.

Jiang Fangrong se sintió todavía más satisfecha.

Xiao Jun se preocupa muchísimo por Xiaxia.

—Aunque Xiaxia está dispuesto a hacer muchas cosas por mí —dijo Fu Hanjun, recostándose en la silla con una postura elegante y despreocupada—, yo respeto aún más su desarrollo profesional. Por eso, de momento no tenemos intención de hacer pública nuestra relación.

Lo dijo con aparente indiferencia, pero todos comprendieron lo que quería decir.

Estaba protegiendo a Jian Xia.

Lin Jingya sonrió.

—Como mayores, por supuesto que los apoyamos. Pero, si alguien no consigue contener su vanidad y termina revelándolo, tampoco pueden echarle la culpa a cualquiera sin más, ¿verdad?

Jian Wei y Jiang Fangrong no dijeron nada, pero sus rostros se ensombrecieron.

Los dos jóvenes, en cambio, conservaron la calma y permanecieron sentados sin alterar sus expresiones.

—No importa.

Fu Hanjun sostuvo la mirada de Lin Jingya con una sonrisa ambigua. En sus labios apareció un matiz ligeramente insolente.

Era la primera vez que Jian Xia veía aquel lado menos afable de él.

—Tengo muy claro a quién habría que responsabilizar —respondió.

Después volvió perezosamente la mirada hacia el señor Fu.

—Abuelo, me haré cargo del proyecto turístico de las afueras del este.

Los principales negocios de la familia Fu abarcaban los sectores inmobiliario, turístico y hotelero.

Su presencia en aquellas industrias era tan amplia como profunda.

Años atrás, poco después de casarse con Fu Tingqing, Lin Jingya había fundado una empresa de diseño turístico junto con su hermana mayor y su cuñado.

La empresa se llamaba Diseño Wanxin.

Durante todos aquellos años habían prosperado aprovechando los recursos que se les escapaban entre los dedos a los Fu.

Habían obtenido tantos beneficios que incluso Wan Baiqing había llegado a ser conocido como el joven señor Wan.

Podía decirse que se habían enriquecido considerablemente gracias a la familia Fu.

Y el proyecto de las afueras del este era uno de los mayores proyectos municipales de los últimos años.

Aunque solo consiguieran una pequeña parte, podrían ganar sin esfuerzo una cantidad de dinero que otras personas no se atreverían siquiera a imaginar en toda su vida.

Aquella maniobra aparentemente despreocupada de Fu Hanjun había acertado de lleno en el punto más vulnerable de Lin Jingya.

Ahora no se atrevería a recurrir a ninguna de sus artimañas.

Aunque Jian Wei y Jiang Fangrong no comprendían todos los entresijos de la situación, les bastó con ver la expresión de Lin Jingya.

Los esposos intercambiaron una mirada y, por fin, sintieron que podían quedarse completamente tranquilos.

Ya no tendrían que preocuparse de que, cuando se mudaran al campo, Jian Xia se quedara allí sin nadie que lo respaldara.

Ellos se marcharían, pero Fu Hanjun ocuparía su lugar.

Muy bien.

Eso estaba muy bien.

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