Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 3
Jian Xia vio aquella publicación después de salir del baño.
Pequeñas gotas de agua resbalaban desde las puntas de su cabello, recorrían lentamente su cuello largo y blanco y desaparecían bajo el cuello de su bata.
Con una mano sostenía una toalla y, con la otra, tomó el teléfono que vibraba sobre el escritorio.
—Xia Xia —se escuchó la voz de Zhu Qian—. Revisa tu correo dentro de un rato. Acaba de llegar el guion de aquel pequeño papel del que habló el director Guo. Ya te lo reenvié.
Sin esperar a que Jian Xia respondiera, continuó:
—No tendrás muchas escenas. Calculo que podrán grabarse en dos o tres días. Vi que la remuneración era bastante buena, así que acepté directamente por ti.
Zhu Qian era la asistente de Jian Xia.
A diferencia de los asistentes habituales, no pertenecía a ninguna empresa. Era una mujer despierta y competente que, antes del rodaje de Cuento de hadas negro, había ayudado a Jiang Fangrong a administrar su cafetería.
Jian Xia la conocía desde pequeño y siempre había confiado en ella como en una hermana mayor.
Zhu Qian tenía bastante autonomía para decidir sobre asuntos menores, pero sabía perfectamente cuáles eran sus límites cuando se trataba de cuestiones importantes. Respetaba y seguía las decisiones de Jian Xia, lo que hacía que él se sintiera tranquilo y seguro a su lado.
—Está bien —respondió Jian Xia en voz baja.
Su familia necesitaba dinero y todavía faltaba aproximadamente medio mes para que comenzara el rodaje de Torrente.
Por lo tanto, aquel trabajo le venía de maravilla.
—Hermana Zhu.
Jian Xia dejó a un lado la toalla húmeda y se pasó una mano por el cabello mojado, peinándolo hacia atrás y dejando al descubierto su frente lisa y sus delicadas facciones.
Quizá debido al baño caliente, sus ojos de color ámbar, ligeramente más claros que los de una persona común, mostraban tenues venillas rojizas bajo sus largas y espesas pestañas.
Su aspecto era muy diferente del que había mostrado frente a Jiang Fangrong y Jian Wei, cuando se había esforzado por parecer fuerte y relajado.
De hecho, en aquel momento transmitía una fragilidad sutil, casi dolorosa.
—He decidido ir a la familia Fu —dijo suavemente.
—¿Ya lo pensaste bien? —preguntó Zhu Qian.
—Sí.
Jian Xia asintió, sin recurrir a ninguna explicación grandilocuente.
—En la situación actual de nuestra familia, realmente necesitamos a los Fu.
Al otro lado de la línea se hizo el silencio durante un momento.
Después, Zhu Qian preguntó con cautela:
—Hace unos días escuché a la hermana Jiang decir que Fan Ling iba a regresar al país para desarrollar su carrera, ¿no?
Y añadió:
—No me digas que no sabes por quién está regresando.
Fan Ling era modelo.
Había debutado a los dieciséis años y actualmente figuraba entre los diez mejores modelos del mundo. No solo gozaba de una enorme influencia, sino que también poseía una fortuna considerable.
Si Jian Xia no se hubiera comprometido con Wei Cheng apenas alcanzó la mayoría de edad, probablemente Fan Ling tampoco se habría marchado al extranjero con su familia.
Durante todos aquellos años, Fan Ling nunca había dicho nada al respecto, pero tampoco había tenido pareja.
Y ahora, apenas se cancelaba el compromiso de Jian Xia, anunciaba su intención de regresar al país para desarrollar su carrera.
Cualquiera que no estuviera ciego podía comprender la razón.
Por eso, cuando Jiang Fangrong le mencionó aquel asunto, Zhu Qian había llegado a pensar que Jian Xia y Fan Ling finalmente podrían terminar juntos, y que la crisis de la familia Jian se resolvería gradualmente mediante la unión de ambas familias.
Lo que no esperaba era que Jian Xia eligiera a la familia Fu.
Después de todo, una diferencia tan enorme de posición social podía convertirse, por sí misma, en otra clase de presión.
—Lo sé —respondió Jian Xia—. Precisamente porque lo sé, no puedo corresponder a sus sentimientos.
Hizo una breve pausa.
—Desde pequeño siempre lo he considerado un hermano mayor. No siento nada más por él. Si decidiera estar con él únicamente para sacar a mi familia de esta situación, sería injusto para él.
Zhu Qian comprendió.
En el caso de Fu Hanjun, ambas partes necesitaban algo de la otra. Por lo tanto, para Jian Xia, aquello podía considerarse, como mucho, un intercambio justo.
Pero con Fan Ling era diferente.
Si, sabiendo perfectamente lo que sentía por él, decidiera aprovecharse de sus sentimientos para salir de sus dificultades, Jian Xia se consideraría una persona extraordinariamente despreciable.
Después de tantos años juntos, Zhu Qian conocía muy bien la lucidez y la obstinación con las que Jian Xia afrontaba la vida.
Sabía que no conseguiría hacerlo cambiar de opinión, así que sonrió.
—En realidad, ir a la familia Fu te conviene más —comentó—. Después de todo, Fu Hanjun tiene Entretenimiento Verano y controla prácticamente la mitad de la industria del entretenimiento. Si consigues ganarte su favor, en el futuro no solo tendrás dinero. ¡Hasta los trofeos a mejor actor estarán perfectamente alineados, esperando a que vayas a recogerlos! ¿A que sí?
—Entonces me esforzaré —respondió Jian Xia sin demasiado entusiasmo.
—¿Y qué ha dicho la familia Fu? —preguntó Zhu Qian.
—Esta noche apenas hablé con mis padres. Mañana pienso contactar a Fu Hanjun para ver si tiene tiempo —explicó Jian Xia—. Creo que es mejor hablar de estas cosas cara a cara.
Mientras hablaba, comenzó a sentirse un poco ansioso.
—¿Qué crees que debería hacer si lo llamo, le digo mi nombre y resulta que ni siquiera recuerda quién soy?
—No creo que pase eso… —respondió Zhu Qian, aunque no sonaba demasiado convencida.
—Si no sabe quién soy, tendré que presentarme.
Jian Xia apretó ligeramente los labios y ensayó con seriedad:
—Hola, soy Jian Xia, la persona con la que vas a casarte.
Después de colgar, encendió la computadora y leyó atentamente el guion que Zhu Qian acababa de enviarle.
Su papel no tenía muchas escenas, pero aparecía en una serie de recuerdos que servían para introducir numerosas pistas sobre acontecimientos posteriores.
Por eso, tanto las acciones como los diálogos de su personaje contenían bastantes detalles que requerían un análisis cuidadoso.
Estaba concentrado en la lectura cuando su teléfono vibró de repente.
Era un mensaje de Lin Qing.
«Xia Xia, ¿mañana regresas a la residencia universitaria? Bian Xingchen volvió. ¡Vamos a comer algo rico juntos!».
Debajo del mensaje de Lin Qing había otra notificación, decorada con una pequeña estrella amarilla:
«Tu amigo Baiguo acaba de publicar una actualización».
Durante todos aquellos años, los contactos de Jian Xia en sus aplicaciones de mensajería, desde QQ hasta WeChat, habían sido prácticamente todos familiares, amigos y personas con las que trabajaba.
Nunca había agregado a desconocidos.
Sin embargo, Baiguo era una excepción.
Lo había agregado por error durante la temporada de graduación de su último año de secundaria, cuando él y sus compañeros intercambiaban información de contacto.
Aunque posteriormente confirmó que aquella persona no era ninguno de sus compañeros, conservó su contacto por cortesía.
Baiguo también era extraordinariamente discreto.
Salvo por los saludos que enviaba durante las festividades, prácticamente nunca había tomado la iniciativa de molestarlo.
Más adelante, su avatar había permanecido constantemente en gris, como si nunca hubiera vuelto a conectarse.
Con el tiempo, Jian Xia había trasladado gradualmente su actividad social a WeChat y llevaba mucho sin iniciar sesión en QQ.
No fue hasta que su familia sufrió aquella desgracia y los Wei cancelaron el compromiso cuando, con la intención de eliminar los datos de contacto de Wei Cheng, se esforzó por recuperar su contraseña y volvió a entrar en su antigua cuenta.
Todavía recordaba la sorpresa que había sentido aquel día.
Los mensajes de felicitación de Baiguo habían aparecido uno tras otro, como si aquella persona recordara todas y cada una de las festividades.
Además, ninguno de los mensajes era exactamente igual a otro, por lo que resultaba imposible saber si se trataba de felicitaciones enviadas en masa.
En el Día del Niño, le deseaba una feliz celebración y esperaba que conservara siempre su corazón infantil.
Durante el Festival del Medio Otoño, le deseaba una feliz reunión familiar y le recordaba que debía abrigarse bien.
En el Año Nuevo chino, le deseaba que todo saliera como esperaba durante el nuevo año y le recordaba que descansara lo suficiente.
Y así sucesivamente…
Lo que más sorprendió a Jian Xia fue descubrir que, en aquel momento, Baiguo estaba conectado.
Su avatar, ahora a todo color, resultaba especialmente hermoso.
La luz del sol atravesaba las hojas doradas de un árbol de ginkgo y proyectaba manchas irregulares de luz sobre el suelo.
El viento agitaba las copas de los árboles y, aunque solo estuviera contemplando una imagen en la pantalla, casi parecía posible escuchar el suave susurro de las hojas al rozarse entre sí.
Era una escena tranquila y distante.
Como si, de repente, lo transportara a aquellos días felices y despreocupados de la secundaria, cuando todavía podía disfrutar de la vida sin ninguna inquietud.
Jian Xia había desplazado el historial de conversación hacia arriba.
Al principio, los mensajes de felicitación habían recibido respuestas de ambas partes, pero más adelante parecían haberse convertido en un monólogo de Baiguo.
Levantó un dedo con la intención de responder algo.
Sin embargo, aquellas festividades habían quedado demasiado atrás. Responder a esas alturas solo habría resultado ridículo.
También fue aquel día cuando Jian Xia entró en el espacio personal de Baiguo y comprendió que quizá aquella persona, al igual que él, estaba atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida.
Porque en su espacio, que siempre había permanecido vacío, habían comenzado a aparecer algunas frases motivacionales, de esas que popularmente se conocen como mensajes de autoayuda.
Quizá porque ambos estaban pasando por dificultades similares, aquellas palabras sencillas, que en circunstancias normales apenas le habrían provocado alguna reacción e incluso podían parecerle un poco sentimentales, adquirían un poder extraordinario cuando uno se encontraba al borde de la desesperación.
Parecían capaces de infundir valor y devolver la esperanza.
Jian Xia ya había perdido la cuenta de cuántas veces, en sus momentos de mayor impotencia y desesperación, aquellos breves textos lo habían alentado silenciosamente, ayudándolo a mantenerse firme y sereno en medio de la tormenta.
«Recuerdo que, cuando era pequeño, alguien me dijo que, si una persona ya ha caído hasta el fondo, lo único que le queda es volver a levantarse.
»Espera un poco más. La buena suerte está por llegar».
¿De verdad llegaría la buena suerte?
Jian Xia contempló en silencio aquellas palabras sencillas y no pudo evitar quedarse absorto.
Si realmente llegaba, pensó que debería agradecerle sinceramente a Baiguo.
Agradecerle aquella compañía y aquel ánimo involuntarios que le había brindado cuando había caído hasta el fondo.
Gracias a él, cuando se había visto obligado a guardar en su corazón todos sus agravios e inseguridades, había encontrado una nueva forma de desahogarse.
Apretó ligeramente los labios y levantó la mano.
Por primera vez, le dio un «Me gusta» a una publicación de Baiguo.
Después escribió dos palabras en el cuadro de comentarios:
«Gracias».
Sin embargo, enseguida se dio cuenta de que Baiguo probablemente desconocía su situación.
Quizá aquellas palabras no eran más que una forma de animarse a sí mismo.
Borró «Gracias» letra por letra y lo sustituyó por:
«¿De verdad?».
Jian Xia vaciló un momento.
Finalmente, pulsó el botón de enviar.
Era la primera vez que interactuaba con Baiguo desde que había recuperado su cuenta de QQ.
Resultaba un poco repentino, pero, al mismo tiempo, parecía algo completamente natural.
No pasó mucho tiempo antes de que apareciera la respuesta de Baiguo.
«De verdad», respondió con absoluta firmeza.
Jian Xia bajó la mirada y contempló aquellas palabras durante un rato.
Después dejó escapar un largo suspiro y una pequeña sonrisa apareció en las comisuras de sus labios.
En un momento tan difícil, aquellas dos palabras, pronunciadas con tanta seguridad, parecieron disipar de golpe buena parte de la presión, el cansancio y la incertidumbre que sentía ante el futuro.
A la mañana siguiente, en Entretenimiento Verano.
El ascensor exclusivo del presidente emitió un suave sonido.
Fu Hanjun salió acompañado de su asistente, Tang Ge.
—Presidente Fu.
—Buenos días, presidente Fu.
—…
Los empleados que esperaban el ascensor lo saludaron uno tras otro.
Fu Hanjun respondió con un cortés asentimiento.
Con sus largas piernas y sus amplias zancadas, desapareció del vestíbulo de los ascensores en un abrir y cerrar de ojos.
—Oigan, ¿no han notado que hoy el jefe parece estar de buen humor?
—¿Pero no tiene la misma expresión todos los días? ¿Cómo puedes saber si está de buen humor o no?
—La verdad es que hoy se ve un poco diferente —intervino otro empleado—. ¿Quizá tiene las facciones más relajadas? Sus ojos están especialmente brillantes. Aunque no sonría, se nota que está de buen humor.
—Ustedes deben de observarlo con lupa.
El segundo empleado bajó la voz y le sonrió al joven que tenía a su lado.
—No creas que no me he dado cuenta, Xiao Zhang. Vienes a esperar el ascensor a esta hora todos los días solo para poder mirar al jefe un poco más, ¿verdad?
—¡¿Qué tonterías estás diciendo?!
Las orejas de Xiao Zhang se enrojecieron.
Levantó la carpeta que llevaba en la mano y fingió golpear a su compañero con ella.
—¡Es porque el vicepresidente Lu siempre me pide los documentos a esta hora!
En ese momento, el ascensor situado detrás de ellos emitió un sonido y abrió sus puertas.
La persona que salió era precisamente el vicepresidente Lu del que Xiao Zhang acababa de hablar: Lu Xiuming, vicepresidente de Entretenimiento Verano.
—¿Qué estaban diciendo de mí?
Lu Xiuming salió sonriendo y tomó la carpeta de las manos de Xiao Zhang.
—Vicepresidente Lu, ¿por qué ha subido a esta hora? —preguntó Xiao Zhang, rascándose la cabeza mientras lo seguía.
—Tengo que hablar de unas cosas con su presidente Fu.
Mientras respondía, Lu Xiuming se dirigió directamente hacia la oficina de Fu Hanjun.
Era muy temprano, pero, por alguna razón, Tang Ge ya había conseguido reunir una enorme cantidad de documentos y colocarlos sobre el escritorio de Fu Hanjun.
—Esta es la lista del equipo de producción y de los actores que ya han sido confirmados —explicó Tang Ge.
Extrajo una carpeta de cubierta azul.
—Al final está adjunta toda la información de los inversionistas.
Fu Hanjun no respondió.
Bajó la mirada y abrió la carpeta.
Leía con extraordinaria rapidez y, en apenas unos instantes, llegó a la última página.
—Joven presidente Fu.
Lu Xiuming llamó a la puerta y entró.
Al bajar la mirada hacia la gruesa pila de documentos, su rostro mostró una expresión de absoluta perplejidad.
—¿No habíamos descartado este proyecto hace varios meses?
—Sí —respondió Fu Hanjun en voz baja.
—Entonces, ¿qué está haciendo ahora…?
Lu Xiuming estaba todavía más desconcertado.
—¿No me diga que tarda tanto en reaccionar? ¿De repente, varios meses después, descubrió el potencial de este guion?
La puerta de la oficina volvió a abrirse.
Yao Junlai entró con un montón de documentos entre los brazos.
Fu Hanjun finalmente levantó la mirada. En sus ojos negros, habitualmente despreocupados, apareció un tenue brillo divertido.
—En lugar de ir a esperarme a la sala de reuniones, ¿por qué han venido los dos a mi oficina?
—¿Escuché que hoy nuestro presidente Fu está de buen humor?
Yao Junlai acercó una silla y se sentó frente a Fu Hanjun con una sonrisa.
Luego exclamó exageradamente:
—¡Vaya, vaya! ¡Miren esas cejas relajadas! ¡La nieve del invierno se ha derretido y se ha convertido en agua primaveral!
Lu Xiuming era una persona práctica y carecía de la habilidad de Yao Junlai para desenvolverse con tanta soltura en las conversaciones.
Sin embargo, al escuchar sus palabras, no pudo evitar observar seriamente a Fu Hanjun.
No sabía si se debía a la sugestión provocada por Yao Junlai, pero también le pareció que aquel día Fu Hanjun transmitía una suavidad que normalmente no mostraba.
—¿Es la propuesta de Exposición? —preguntó Fu Hanjun, ignorando a Yao Junlai mientras arqueaba una ceja hacia los documentos que llevaba.
—¿Cómo va a ser eso más importante que este asunto?
Yao Junlai sonrió y dejó los documentos frente a Fu Hanjun.
—Desde que el equipo de producción eligió a cierta persona, supe que tarde o temprano llegaría este día. Toma, revisa estos materiales y dime cuáles podemos utilizar.
Lu Xiuming se inclinó hacia delante y examinó los documentos que había traído Yao Junlai.
También estaban relacionados con el proyecto Torrente.
—¿Cuándo preparaste todo esto? —preguntó sorprendido—. ¿No nos avisaron apenas anoche de que tendríamos una reunión esta mañana?
—Pregúntale a él.
Yao Junlai sonrió mientras miraba a Fu Hanjun.
Lu Xiuming sintió que comenzaba a dolerle la cabeza.
Por lo que acababa de decir Yao Junlai, parecía que la reactivación del proyecto estaba relacionada con cierto actor.
De pronto, una idea lo sobresaltó.
Levantó instintivamente la mirada hacia Fu Hanjun.
Había muchas cosas de las que no estaba seguro, pero sabía perfectamente que su joven presidente Fu era una persona fría y poco sentimental.
Realmente no podía imaginar qué clase de persona sería capaz de conseguir que revocara una decisión anterior solo para arrancarle una sonrisa a alguien hermoso.
La idea le resultó estremecedora.
Entre los actores confirmados para Torrente estaban Sun Qi, Zhou Li y Jian Xia…
Jian Xia era imposible.
Aunque tenía un talento natural extraordinario, seguía siendo un recién llegado a la industria.
Además, había escuchado que su familia acababa de caer en bancarrota.
Comparado con el hombre que tenía delante, uno estaba en el cielo y el otro en la tierra. No existía ninguna relación entre ambos.
Era cierto que Jian Xia poseía una belleza impresionante, pero ¿qué clase de bellezas no había visto Fu Hanjun?
Todas aquellas personas hermosas se habían mostrado dulces y complacientes con él, y aun así nunca había visto que su presidente les dedicara siquiera una mirada de verdadero interés.
Descartado Jian Xia, también podía descartar a Zhou Li.
Después de todo, su relación sentimental acababa de hacerse pública el día anterior.
Entonces, solo quedaba Sun Qi.
Sun Qi era un actor galardonado, famoso desde hacía muchos años.
¡Pero era cinco años mayor que Fu Hanjun!
¿Acaso su joven presidente resultaba ser uno de esos novios más jóvenes, apasionados y protectores?
—¿Xiuming?
Lu Xiuming se sobresaltó y regresó apresuradamente de sus disparatados pensamientos.
—Aparte de Qi Chunhe, ¿crees que hay algún director más adecuado para Torrente? —preguntó Fu Hanjun con indiferencia, haciendo girar una pluma entre los dedos.
Ahora que el asunto estaba relacionado con la felicidad matrimonial de su superior, Lu Xiuming ya no tenía la menor objeción respecto a reactivar el proyecto.
Inmediatamente inclinó la cabeza y reflexionó con seriedad.
—Torrente se centra en una época histórica y en el emprendimiento. Representa el espíritu de toda una era y tiene un tono bastante sólido —explicó—. Recuerdo que el director Qian Cheng es bastante bueno en este tipo de producciones. Sin embargo, es joven y todavía tiene poca experiencia. Podríamos asignarlo como asistente de Qi Chunhe.
Fu Hanjun asintió.
—Aunque el tono de Torrente es sólido, el guion está demasiado fragmentado y los personajes no tienen rasgos suficientemente definidos. Si queremos llevarlo a la pantalla, habrá que hacer una revisión importante.
Continuó:
—En cuanto a los guionistas, considero que Ding Yi y el maestro Zhong Yin serían buenas opciones. Si ustedes tienen otros candidatos adecuados, también pueden proponerlos. Lo discutiremos en la reunión de dentro de un rato.
—Además…
Señaló la lista de inversionistas.
—Hay que sacar a Inversiones Yile del proyecto, cueste lo que cueste.
—¿Qué ocurre con Inversiones Yile? —preguntó Lu Xiuming, desconcertado.
—A Zhang Qu, de Yile, le encanta divertirse con jovencitos —respondió Yao Junlai, guiñando un ojo con una expresión ambigua—. La cantidad que ha invertido no es ni demasiado grande ni demasiado pequeña. Quién sabe si ya le echó el ojo a alguien.
—Pero…
Lu Xiuming estuvo a punto de decir que Sun Qi ya estaba cerca de los treinta años y difícilmente podía considerarse un «jovencito».
Sin embargo, después de pensarlo, comprendió que no sería apropiado hablar de aquella manera de quien podría convertirse en la futura esposa de su jefe.
Así que cerró lentamente la boca.
Bueno, así eran las personas enamoradas.
Querían sostener a sus pequeños amantes en la palma de la mano, protegerlos bajo sus alas y tratarlos como tesoros preciosos.
Podía comprenderlo.
Si el jefe decía que había que hacerlo, entonces se hacía.
—Aunque Qianhong apenas ha invertido esa cantidad, consiguió asegurarle a Zhou Li el papel del segundo protagonista masculino —continuó Yao Junlai, sin percatarse de las extrañas reacciones de Lu Xiuming—. No me creo que la tendencia de ayer no tuviera nada que ver con el equipo de producción.
Yao Junlai estaba a cargo de la publicidad y la promoción, por lo que conocía perfectamente aquellas estrategias.
—Jun —preguntó—, ¿quieres que saquemos del proyecto tanto a Qianhong como a Zhou Li?
La oficina quedó en silencio durante un momento.
Finalmente, Fu Hanjun negó ligeramente con la cabeza.
—No hace falta.
Si quería que Jian Xia se librara definitivamente de las molestias de Zhou Li y Wei Cheng, limitarse a expulsarlos del proyecto no sería más que una solución superficial.
Para cortar de raíz aquella relación enredada y permitirle salir de ella limpiamente, solo existía una manera.
Jian Xia debía superarlos por completo, hasta el punto de que ellos mismos sintieran vergüenza de mencionar su nombre.
Solo así podría liberarse de verdad de aquella relación repugnante.
—Otra cosa —añadió Fu Hanjun—. También deberíamos comenzar los preparativos del proyecto Maestro de demonios. Xiuming, organiza un equipo más adelante.
—De acuerdo.
Lu Xiuming se levantó.
—Voy a preparar todo.
Yao Junlai también consultó la hora y se puso de pie.
—Jun, nos vemos dentro de un rato en la sala de reuniones.
Ambos salieron uno tras otro.
La oficina quedó repentinamente en silencio.
Fu Hanjun pasó otras dos páginas de los documentos.
Después levantó ligeramente la mirada y la dejó fija en el teléfono que había permanecido todo el tiempo sobre una esquina del escritorio.
Extendió su largo brazo y lo tomó.
Lo desbloqueó con soltura, deslizó el dedo por la pantalla y abrió la pequeña aplicación del pingüino que descansaba silenciosamente en la última página.
En aquella cuenta de QQ solo había un contacto.
Su imagen de portada mostraba un violín con una cuerda rota.
Debajo aparecía el nombre de la otra persona:
Xia Xia.
Xia Xia.
Un nombre hermoso y adorable.
Fu Hanjun lo contempló durante un momento y no pudo evitar repetirlo lentamente en su interior.
Después entró con familiaridad en las publicaciones.
Todo el espacio estaba lleno de actualizaciones que él mismo había publicado, una tras otra.
Sin embargo, a diferencia de las ocasiones anteriores, debajo de la publicación más reciente había aparecido una pequeña mano negra con el pulgar levantado orgullosamente.
Junto a ella figuraba aquel mismo nombre:
Xia Xia.
Y un poco más abajo había un breve intercambio de mensajes.
Xia Xia: ¿De verdad?
Baiguo: ¡De verdad!
Era el primer «Me gusta» que recibía de Jian Xia.
Su primera respuesta.
La primera vez que Jian Xia había tomado la iniciativa de interactuar con él.
Aunque ya había transcurrido toda una noche, todavía recordaba la alegría incontenible que había sentido al recibir aquel «Me gusta».
En aquel instante, los innumerables copos de nieve que caían al otro lado de la ventanilla del automóvil parecieron transformarse en estrellas resplandecientes que lo rodeaban e iluminaban todo su mundo.
Habían pasado tres años.
Durante todo ese tiempo, había contemplado cómo aquel espacio entre ambos, inicialmente desolado y vacío, comenzaba a llenarse poco a poco con las huellas de la otra persona.
Y finalmente, Jian Xia había pulsado personalmente aquel pequeño botón de aprobación.
Era como si, de repente, innumerables hilos invisibles hubieran comenzado a unirlos.
Aquel pensamiento le produjo una alegría inexplicable.
La mirada de Fu Hanjun permaneció fija en la pantalla del teléfono.
Incluso sus facciones, habitualmente frías y severas, se suavizaron con una sonrisa casi imperceptible.
—Xia Xia.
No pudo evitar contemplar nuevamente aquellas dos palabras.
Y, como si existiera alguna clase de conexión entre sus pensamientos, justo en ese instante el teléfono que sostenía comenzó a vibrar insistentemente.
En la pantalla apareció una serie de números.
Aunque nunca había guardado aquel número entre sus contactos, Fu Hanjun se lo sabía perfectamente de memoria.
Se quedó inmóvil durante un instante.
Después apretó ligeramente los labios y respondió la llamada.
—¿Hola?
Su voz era grave y agradable, y sonaba completamente serena.
Sin embargo, su expresión estaba un poco más tensa que cuando trataba con cualquier otra persona.
—Buenos días, señor Fu.
Al otro lado de la línea se escuchó la voz clara y suave de un joven, semejante al murmullo de un arroyo en verano.
Aunque era evidente que estaba algo nervioso.
—Soy Jian Xia.
—Hola, Jian Xia —respondió Fu Hanjun.
Aquel nombre había resonado innumerables veces en su corazón.
Sin embargo, era la primera vez que lo pronunciaba con tanta naturalidad.
Fu Hanjun contuvo la respiración y escuchó atentamente la respiración que llegaba desde el otro extremo de la línea.
Era suave y ligera.
Pero bastó para que su corazón, que latía demasiado rápido, y sus ojos ligeramente bajos se llenaran de una ternura instantánea.
Al otro lado, Jian Xia pareció vacilar un momento.
Como si finalmente hubiera tomado una decisión, habló con un tono cortés y educado:
—¿Tiene disponibilidad estos días? Si dispone de tiempo, ¿podríamos reunirnos? Me gustaría hablar sobre el matrimonio para alejar la mala…
La expresión «alejar la mala suerte» estuvo a punto de escapársele.
Jian Xia hizo una pausa y se corrigió rápidamente:
—Sobre nuestro matrimonio.
—Tengo tiempo.
La voz del hombre al otro lado de la línea era grave, magnética y muy suave.
Jian Xia no sabía si era debido a su torpeza, pero le pareció percibir un tenue matiz de diversión en aquella voz.
Por alguna razón, eso hizo que la tensión que sentía se disipara un poco.
—Entonces nos vemos esta noche —respondió Fu Hanjun—, señor Jian.