Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 25
Jian Xia tenía una castaña en la boca, que le abultaba una mejilla. Cuando miró a Fu Hanjun con expresión ligeramente desconcertada, se parecía muchísimo a Momo, el gato que este sostenía en brazos.
Los dedos con los que Fu Hanjun acariciaba distraídamente la nuca del gato ejercieron un poco más de presión sin que se diera cuenta.
El señor gato manifestó de inmediato su descontento: levantó una pata y le propinó un manotazo a toda velocidad.
Fu Hanjun: «…».
Jian Xia: «…».
Jian Xia no pudo contener una carcajada y volvió la cabeza para reírse.
Fu Hanjun lo observó un momento y después bajó la mirada hacia Momo.
La amenaza que había aparecido en sus ojos se desvaneció por completo. Bajo sus pestañas ligeramente caídas, incluso asomó una sonrisa casi imperceptible.
Con cierta resignación, le revolvió el pelo de la cabeza al gato. Luego le sujetó la pata con la que lo había golpeado y, sosteniéndole el trasero con la otra mano, lo bajó de sus brazos.
Momo también tenía su carácter. Soltó un maullido, abandonó a Fu Hanjun y pasó por debajo de la mesa hasta trepar directamente al regazo de Jian Xia.
La risa que Jian Xia apenas había conseguido contener volvió a extenderse por sus ojos.
Dejó los cubiertos, le acarició la cabeza y lo llamó:
—Da Hei.
Momo se restregó contra su palma y comenzó a ronronear satisfecho.
Después de aquel pequeño incidente, para cuando terminó la sopa, Jian Xia ya había olvidado la pregunta que había hecho antes.
Llevó a Momo en brazos y lo depositó con cuidado en su cama. Después aceleró el paso para subir las escaleras junto a Fu Hanjun.
—Por cierto —dijo—, mi representante me contó que Entretenimiento Verano nos asignó un vehículo de producción.
Fu Hanjun siguió caminando. Solo arqueó ligeramente una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Jian Xia asintió.
Como imaginaba, ¿cómo iba Fu Hanjun a estar enterado de un asunto tan pequeño?
—Gracias —añadió.
Después de todo, disponer de un vehículo de producción facilitaría muchísimo las cosas.
—¿Mmm?
Fu Hanjun aminoró el paso y lo miró con sus ojos negros, entre divertido y expectante.
Jian Xia recordó de pronto lo que le había dicho apenas la noche anterior.
«No hace falta. Cuando estás conmigo, no hace falta».
No tenía que darle las gracias cuando estaba con él.
Jian Xia apretó ligeramente los labios y levantó la mirada.
—Si te lo dan, acéptalo —dijo Fu Hanjun con su voz cálida y profunda—. Aunque los miembros de la familia Fu somos discretos, no debemos prescindir de lo que nos corresponde.
¿Los miembros de la familia Fu?
Jian Xia se quedó desconcertado un instante, pero enseguida comprendió.
Como pareja legal del hijo mayor de la familia Fu, en cierto sentido, podía considerarse parte de ella.
Aunque nadie del exterior lo supiera y aunque estuvieran juntos temporalmente por circunstancias que no habían podido evitar…
Como artista, si algún día se hacía pública su relación, cualquiera de sus acciones anteriores podría salir a la luz y ser examinada minuciosamente.
Y entonces se descubriría que la pareja de Fu Hanjun había sido el único de los protagonistas que no disponía de un vehículo de producción durante el rodaje…
La verdad era que resultaría bastante vergonzoso.
También perjudicaría la imagen de la familia Fu.
Jian Xia lo comprendió.
Aunque, visto así, parecía que Fu Hanjun no desconocía por completo aquel asunto.
Fu Hanjun ignoraba lo que estaba pensando. Al comprobar que Jian Xia no mostraba el menor rechazo hacia la expresión «miembro de la familia Fu», una sonrisa casi imperceptible apareció en sus ojos.
—Hace unos días escuché en el departamento de representación que te habían hecho una oferta cuando rodabas Cuento de hadas negro. No firmaste entonces. ¿Has considerado ahora la posibilidad de incorporarte a una agencia?
Hizo una pausa, pero al final no pudo evitar expresar su opinión sobre Zhu Qian.
—Tu representante no parece demasiado profesional.
Si Jian Xia se incorporaba a Entretenimiento Verano, ya no tendría que buscar mil pretextos para entregarle los recursos que llevaba tanto tiempo reservándole.
Además, podría intervenir abiertamente en todos los aspectos de sus relaciones públicas y de la promoción de sus proyectos.
No tendría que protegerlo a escondidas, como había ocurrido las dos veces anteriores.
La industria del entretenimiento era un círculo cerrado, y lo mismo sucedía con las relaciones públicas y la opinión pública.
Sofocar una polémica sin revelar su identidad resultaba mucho más difícil que intervenir abiertamente.
Además, de verdad deseaba que Jian Xia se incorporara a Entretenimiento Verano.
Poder protegerlo bajo sus alas debía de ser una sensación maravillosa, completamente distinta a cualquier otra.
Y, en última instancia, se llamaba Jian Xia.
Entretenimiento Verano debería pertenecerle de todos modos.
Sin embargo, esta vez Jian Xia no aceptó su buena intención.
Guardó silencio un momento y después negó suavemente con la cabeza.
Era cierto que Zhu Qian no era una profesional. Después de todo, antes no había sido más que una empleada común y corriente de una cafetería.
Había entrado en aquella profesión porque su madre confiaba en ella y le había pedido que lo cuidara durante aquel período especial de rodaje.
Si su madre hubiera conservado siempre la salud, quizá ahora sería ella quien lo representara.
Como Jian Xia no había firmado con ninguna agencia, Zhu Qian tampoco había tenido a nadie que la guiara cuando comenzó.
Pero había trabajado duro a su manera.
En los equipos de rodaje siempre observaba discretamente cómo trabajaban los asistentes de los demás y luego intentaba imitarlos.
Tampoco disponía de recursos propios. Si Jian Xia todavía conseguía papeles, se debía por completo a la influencia que había adquirido anteriormente.
¿Y qué importaba eso?
Al menos, ella nunca había pensado en abandonarlo.
Por eso, sin importar hasta dónde consiguiera llegar, no la dejaría atrás.
Si algún día él podía comer carne, jamás permitiría que Zhu Qian tuviera que conformarse con el caldo. Y si algún día alcanzaba la gloria, también haría que el nombre de Zhu Qian fuera conocido por todos.
Zhu Qian no era profesional, pero era alguien en quien podía confiar.
Además, en su situación actual, tampoco le convenía firmar con Entretenimiento Verano.
Si no existiera aquella relación entre Fu Hanjun y él, habría aceptado encantado una nueva oferta de la empresa.
Después de todo, sus recursos, su influencia y el ambiente más flexible y respetuoso que ofrecía a sus artistas eran precisamente lo que la mayoría de ellos anhelaba.
Pero no había remedio: su relación con Fu Hanjun ya existía.
No era una relación sencilla, aunque tampoco podía decirse que fuera demasiado complicada. Sin embargo, era precisamente el tipo de vínculo que más fácilmente podía dar lugar a enredos.
Aunque Fu Hanjun se había mostrado distinguido, elegante y caballeroso durante el tiempo que llevaban tratándose, Jian Xia seguía queriendo mantener firmemente en sus propias manos algo que podía determinar el futuro de su carrera.
Después de todo, los contratos con las agencias de representación podían durar cinco años en los casos más breves, ocho, diez o incluso veinte en los más largos. Tampoco faltaban los contratos de por vida, prácticamente equivalentes a venderse a una empresa.
Si en el futuro surgían desacuerdos entre ellos o, por decirlo de una manera desagradable, si la salud de Fu Hanjun sufría un deterioro importante, no podía garantizar que aquello no repercutiera en él.
Incluso si Fu Hanjun estaba dispuesto a negociar, ¿qué ocurriría con el señor Fu? ¿Y con los demás miembros de la familia?
Había demasiados factores fuera de su control.
Por eso, dadas sus circunstancias actuales, Entretenimiento Verano era, paradójicamente, la empresa con la que menos podía permitirse firmar.
Y precisamente por Entretenimiento Verano, tampoco le resultaba conveniente acercarse por el momento a otras agencias.
La razón era la misma.
Si algún día su relación salía a la luz, sería muy difícil explicar por qué no había firmado con la empresa de su propia familia y, en cambio, había elegido otra.
Por suerte, todavía tenía trabajo.
Por ahora, iré resolviendo las cosas sobre la marcha, pensó Jian Xia.
Negó con la cabeza y, después de un momento, miró directamente a Fu Hanjun.
—La hermana Qian se esfuerza muchísimo —dijo en voz baja.
Cuando no sonreía, o cuando estaba especialmente serio, desprendía una frialdad difícil de explicar.
Las comisuras de sus ojos, delicadamente alargadas, se elevaban ligeramente, y sus iris color ámbar parecían un tanto distantes. El contraste con su expresión sonriente era enorme.
Fu Hanjun bajó los ojos y lo observó un momento antes de disculparse.
—Lo siento.
Le rozó suavemente la muñeca con un gesto tranquilizador.
Su actitud fue tan buena que Jian Xia terminó sintiéndose un poco incómodo.
—Perdón —dijo también—. No quería decir nada más con eso.
—Lo entiendo.
Fu Hanjun sonrió. Su risa baja resultó especialmente agradable al oído.
Le gustaba la actitud que Jian Xia acababa de mostrar.
Se preocupaba por su «enfermedad» y por su bienestar físico, pero, en lo personal, nunca se mostraba servil ni arrogante. Tenía sus propios principios.
Si defendía de aquella manera incluso a Zhu Qian, ¿cuánto llegaría a cuidar a su familia o a la persona que amara?
Además, comparado con conseguir que firmara un contrato, le tranquilizaba mucho más comprobar que Jian Xia sabía mantenerse alerta ante los riesgos de la sociedad.
Aunque esa cautela estuviera dirigida hacia él.
Fu Hanjun nunca había pensado en apresurar las cosas.
Estaba dispuesto a darle tiempo y a esperarlo tranquilamente, hasta que llegara el día en que pudiera verse reflejado en sus ojos.
—¿Quieres subir a ver la última planta? —preguntó.
Jian Xia apenas se había mudado el día anterior y todavía no había tenido tiempo de conocer toda la casa.
—¿No estás cansado? —preguntó Jian Xia, levantando la mirada.
—Solo es un piso más.
Fu Hanjun sonrió, como si le pareciera que estaba exagerando.
—Podemos bajar enseguida.
Jian Xia apretó los labios. También le pareció un poco gracioso, así que asintió.
La cuarta planta estaba destinada al ejercicio físico.
Al contemplar la enorme piscina al aire libre y los diversos aparatos del gimnasio, Jian Xia no pudo evitar dirigirle una mirada desconcertada a Fu Hanjun.
Con tantos equipos para hacer ejercicio, ¿cómo podía tener una salud tan delicada?
Sin embargo, lo que más lo sorprendió fue descubrir que también había una sala de billar.
Al igual que las que había visto antes en los clubes, estaba dividida en una zona de juego y otra de descanso.
—¿Sabes jugar al billar? —preguntó Jian Xia, encantado.
Después de todo, hoy en día ya no había muchos jóvenes dispuestos a pasar el tiempo jugando al billar.
—Sí —respondió Fu Hanjun—. Antes jugaba de vez en cuando.
—¿Jugabas?
Jian Xia recordó el impresionante trémolo que había ejecutado con la guitarra y empezó a desconfiar un poco de lo que Fu Hanjun entendía por «jugar».
—¿Tú también sabes? —preguntó Fu Hanjun.
—Un poquito —respondió Jian Xia con modestia—. Antes jugaba mucho con mi papá.
Tenía ganas de jugar, pero, considerando la salud de Fu Hanjun, decidió contenerse.
Sin embargo, Fu Hanjun fue el primero en tomar un taco.
—¿Jugamos una partida? —preguntó, visiblemente interesado.
—¿Puedes? —preguntó Jian Xia con cautela después de vacilar un momento.
Fu Hanjun: «…».
Estoy empezando a arrepentirme de haber fingido estar enfermo. ¿Qué hago ahora?
—Estoy bastante bien.
Se llevó una mano a los labios y tosió suavemente.
—Solo una partida —estableció Jian Xia.
—De acuerdo —aceptó Fu Hanjun—. ¿Qué tipo de taco quieres? ¿Te sirve uno ligero?
Jian Xia jugaba bastante bien. Después de todo, había crecido jugando con Jian Wei.
Cuando iba a una sala de billar, utilizaba el taco que estuviera disponible y no era demasiado exigente.
Aun así, asintió.
Fu Hanjun se inclinó y eligió para él un taco de roble.
—¿También vamos a sortear quién empieza? —preguntó Jian Xia, mirando la mesa.
—No hace falta. Conozco bien esta mesa, así que ya tengo cierta ventaja. Tú haces el saque inicial.
Jian Xia no insistió.
Sujetó el taco con sus dedos finos y blancos, se inclinó y formó un puente con la mano. Su postura era elegante y sus movimientos, precisos.
Debido a la posición, sus omóplatos dibujaron unas líneas hermosas y definidas bajo la ropa. Con cada movimiento, se contraían y extendían como las alas de una mariposa.
¡Clac!
Las bolas agrupadas se dispersaron por toda la mesa.
Un saque magnífico.
Jian Xia se incorporó con el taco en la mano, eligió una posición y golpeó sin vacilar.
Una bola de color cayó en una tronera.
Sin apenas cambiar de posición, ejecutó tres tiros consecutivos y embocó las tres bolas.
Fu Hanjun sostenía su taco y estaba apoyado de lado en el extremo opuesto de la mesa.
Sus ojos oscuros seguían a Jian Xia. Su expresión se volvió un poco más seria, ocultando el profundo cariño que había en su mirada.
En la cuarta bola, el ángulo ya era bastante complicado.
Jian Xia consiguió embocarla por poco, pero la quinta quedó detenida justo en la boca de la tronera.
—¿Un poquito? —preguntó Fu Hanjun, inclinando la cabeza con diversión.
A diferencia de los movimientos ágiles y decididos de Jian Xia, Fu Hanjun mantuvo una actitud ligeramente despreocupada de principio a fin.
Sin embargo, sus golpes eran extremadamente precisos y potentes.
Con cuatro tiros consecutivos, embocó cuatro bolas de color.
También falló en la quinta, aunque, al hacerlo, dejó a Jian Xia una posición favorable.
—Gracias.
Jian Xia soltó una risita y volvió a inclinarse.
Las dos bolas de color restantes cayeron una tras otra.
En el último tiro, la bola ocho negra se deslizó hacia la tronera siguiendo un ángulo espectacular.
Había sido una partida emocionante y satisfactoria, aunque ambos se quedaron con ganas de más.
Fu Hanjun sonrió y le dio un ligero toque en el tobillo con el taco.
—¿Un poquito?
En aquel momento había perdido casi por completo su habitual aire sereno e imponente. Parecía más bien un muchacho común y corriente, un poco travieso.
Jian Xia no pudo evitar reírse.
—Solo tuve un poco de suerte en esta partida.
Si Fu Hanjun hubiera empezado, quizá habría sido él quien perdiera.
—¿Otra? —preguntó Fu Hanjun.
—No —respondió Jian Xia con absoluta firmeza.
Fu Hanjun levantó involuntariamente una mano para cubrirse los ojos, mientras Jian Xia le quitaba el taco y lo guardaba.
Los dos bajaron.
Jian Xia tenía que revisar la parte del guion que había recibido aquel día, mientras Fu Hanjun fue primero a ducharse.
Al sacar el guion de su mochila, Jian Xia recordó de pronto lo ocurrido aquella noche.
Su antigua compañera de pupitre de la preparatoria lo había invitado a reunirse con ella.
Se llamaba Jiang Ning. Era una muchacha muy bonita y de buena familia. Su madre era profesora universitaria y su padre, director de un banco.
Se habían llevado bastante bien durante sus años de estudiantes. Aunque habían seguido en contacto durante los dos años transcurridos desde la graduación, no se veían con frecuencia.
Jiang Ning lo había buscado para preguntarle por su relación con Wei Cheng y contarle algo.
Últimamente, Wei Cheng había estado intentando pedirle dinero prestado. También quería aprovechar sus contactos para conseguir un préstamo en el banco donde trabajaba su padre.
Y no se trataba de una cantidad pequeña.
A Jiang Ning le había parecido bastante extraño.
Había conocido a Wei Cheng a través de Jian Xia. En aquel entonces podía decirse que se conocían bien, pues Wei Cheng solía ir a recoger a Jian Xia a la escuela.
Pero, si se hablaba de una verdadera amistad, Jian Xia siempre había sido el vínculo entre ellos.
También había visto en internet las noticias sobre su ruptura.
Al principio temía tocar una herida dolorosa, así que solo después de pensarlo repetidas veces había decidido buscarlo para averiguar qué había ocurrido.
Por supuesto, Jian Xia no tenía intención de encubrir a la familia Wei ni a Wei Cheng.
Tanto por motivos personales como por consideración hacia su amiga, no deseaba que Jiang Ning les proporcionara ninguna ayuda sustancial.
Sin embargo, ni siquiera hizo falta que se lo pidiera.
Jiang Ning ya había tomado una decisión.
Había crecido en una familia cálida y feliz y trataba a los demás con amabilidad. Naturalmente, despreciaba lo que había hecho la familia Wei.
Después de escuchar lo que Jian Xia había sufrido, tomó su decisión de inmediato.
No obstante, durante el camino de regreso, Jian Xia recordó de pronto lo que Zhu Qian le había contado anteriormente.
Xiao Wanli, de la familia Xiao, era amigo de la infancia de Fu Hanjun.
De repente, comenzó a dudar.
No sabía si debía consultar aquel asunto con Fu Hanjun.
Seguía abrazado al guion, un poco distraído, cuando la puerta del baño se abrió.
Fu Hanjun salió mientras se secaba el cabello.
Llevaba la bata bien cerrada, y solo dejaba al descubierto una parte de sus pantorrillas largas, de líneas firmes y definidas.
Jian Xia todavía estaba pensando en lo ocurrido con Jiang Ning, pero su mirada se posó involuntariamente en aquellas piernas.
No parecían en absoluto las de una persona con problemas de salud.
—¿Qué pasa? —preguntó Fu Hanjun.
Su voz conservaba una leve humedad después del baño.
—Fu Hanjun.
Jian Xia levantó la cabeza para mirarlo.
El cabello húmedo del hombre estaba un poco revuelto después de secárselo, lo que le daba un aspecto más joven y afilado.
Parecía uno de esos muchachos que destacaban en la universidad, pero ni siquiera se molestaban en dedicarles una mirada a los demás.
—¿Mmm? —respondió Fu Hanjun en voz baja.
Ahora que estaba más cerca, Jian Xia pudo percibir el aroma fresco del gel de baño, entibiado por su temperatura corporal.
Era una delicada fragancia de gardenias.
—Esta noche me reuní con una compañera de la preparatoria —dijo Jian Xia directamente—. Me contó que Wei Cheng acaba de buscarla para pedirle dinero prestado y solicitarle ayuda con un préstamo bancario.
—¿Qué piensas tú? —preguntó Fu Hanjun.
—Por supuesto que no quiero que lo ayude —respondió Jian Xia en voz baja.
Fu Hanjun sonrió ligeramente.
Después de un momento, dijo:
—La familia Wei ya retiró su inversión de Torrente.
Jian Xia no respondió.
Con lo mucho que Qi Chunhe amaba el dinero, seguramente no habría aceptado que Wei Cheng retirara su inversión.
Después de todo, el papel de Zhou Li también había sido, en cierto modo, parte de un intercambio.
Ahora, Zhou Li conservaba su papel, pero la familia Wei había retirado el dinero. Qi Chunhe difícilmente podía estar satisfecho con aquello.
Si Wei Cheng había conseguido retirar la inversión en esas circunstancias, solo había una explicación: Entretenimiento Verano había cubierto el vacío que había dejado.
Y Fu Hanjun lo había permitido.
—Sé que quizá todavía no confíes tanto en mí —dijo Fu Hanjun.
La humedad no había desaparecido por completo de sus pestañas, haciendo que sus ojos parecieran aún más negros.
—Pero, si quieres escuchar mi opinión, te aconsejo que le digas a tu compañera que no le preste dinero. Sin embargo, sí puede concederle un préstamo.
Hizo una breve pausa.
—Que se asegure de exigir garantías suficientes.
Jian Xia apretó los labios y reflexionó un momento antes de asentir suavemente.
—Entendido.
Después añadió:
—Voy a estudiar un rato el guion. Tú puedes acostarte primero.
Levantó los ojos hacia el cabello todavía húmedo de Fu Hanjun y se puso de pie para buscar el secador.
—Antes te ayudaré a secarte el pelo.
Aunque podía hacerlo perfectamente por su cuenta, por alguna razón, Fu Hanjun no dijo nada.
El zumbido del secador resonó junto a sus oídos.
Fu Hanjun se recostó contra el respaldo de la silla y sintió cómo las suaves yemas de los dedos de Jian Xia se deslizaban entre su cabello, entrelazándose íntimamente con sus mechones.
Le producía un ligero cosquilleo.
Pero también era una sensación tan delicada y agradable que casi lo hacía quedarse dormido, aunque, al mismo tiempo, su mente se volvía cada vez más despierta.
—Listo.
Jian Xia apagó el secador y se inclinó para mirarlo.
El cabello de Fu Hanjun era abundante y espeso, de hebras algo rígidas. Recién secado, le caía sobre la frente de manera ligeramente desordenada.
—Ve a dormir —le dijo Jian Xia.
Fu Hanjun se quedó dormido tan rápido como la noche anterior.
Cuando estuvo dormido, Jian Xia se levantó, apagó la luz principal y encendió la lámpara de lectura de la mesa.
Atenuó un poco su intensidad y bajó la cabeza para abrir el guion.
En aquella parte, la trama comenzaba a avanzar con mayor rapidez y daba señales de acercarse gradualmente al clímax.
Jian Xia se sumergió por completo en la lectura. De vez en cuando, se inclinaba sobre la mesa para hacer anotaciones y marcar pasajes con el bolígrafo.
No supo cuánto tiempo había transcurrido cuando una figura cálida se inclinó sobre él desde atrás y extendió una mano para aumentar la intensidad de la lámpara.
—Te vas a estropear la vista —dijo Fu Hanjun.
Su voz conservaba la ronquera y la confusión propias de alguien que acababa de despertarse.
Su cuerpo estaba estrechamente pegado a la espalda de Jian Xia.
El aroma del gel de baño, ahora seco sobre su piel, llegaba tenuemente hasta su nariz.
Por un instante, Jian Xia tuvo la ilusión de que Fu Hanjun lo había envuelto entre sus brazos.
—¿Por qué te despertaste? —preguntó, frotándose los ojos y volviendo la cabeza cuando Fu Hanjun se incorporó.
—Mmm.
Fu Hanjun respondió distraídamente.
—¿Qué hora es?
Jian Xia tomó el teléfono para comprobarlo.
Ya habían pasado de las doce.
—Un poco más de las doce.
—Vamos a dormir.
Fu Hanjun le quitó el guion de las manos.
—Mañana sigues leyendo.
¿Qué eran las doce de la noche para un joven de veinte años?
Jian Xia miró a Fu Hanjun.
Le pareció que decirle algo así a una persona con mala salud sería prácticamente una crueldad.
No tuvo más remedio que ceder.
—Hay algunas partes que todavía no consigo comprender bien —comentó mientras tomaba el pijama de la cabecera y se disponía a ducharse.
Después de dar un par de pasos, recordó algo y volvió a preguntarle:
—¿Quieres agua?
Fu Hanjun negó con la cabeza y volvió a hundirse entre las cobijas.
Cuando Jian Xia regresó de ducharse, el hombre ya se había quedado dormido otra vez.
Dormido parecía mucho más apacible que despierto.
La agudeza de sus cejas y de las comisuras de sus ojos había desaparecido casi por completo. Tenía media mejilla hundida en la almohada y parecía completamente inofensivo.
Jian Xia lo observó un momento antes de apagar la luz y meterse en la cama, ocupando su propio lado.
Quizá porque seguía pensando en el guion, dio varias vueltas en el extremo opuesto de la cama antes de quedarse finalmente quieto.
Cuando su respiración se volvió suave y regular, Fu Hanjun abrió los ojos en silencio.
Contempló aquella figura que no estaba ni demasiado cerca ni demasiado lejos de él, y sus labios se curvaron involuntariamente.
Había pasado toda la noche anterior sin dormir.
Sin embargo, no tardó mucho en notar que la silueta de Jian Xia comenzaba a desdibujarse y que sus párpados se volvían cada vez más pesados.
Aquella noche durmió bastante bien.
Solo cuando estaba a punto de amanecer, Jian Xia volvió a girarse hacia su lado.
Lo abrazó con brazos y piernas y restregó la cabeza contra el hueco de su cuello durante un momento.
Finalmente encontró una posición cómoda y volvió a quedarse profundamente dormido.
Su temperatura corporal era suave, al igual que su respiración, y los mechones que le rozaban el cuello eran delicados y blandos.
Como si hubiera vacilado durante mucho tiempo, Fu Hanjun levantó una mano y la posó suavemente sobre el dorso de la mano con la que Jian Xia lo abrazaba por la cintura.
Jian Xia era muy delgado, y los huesos del dorso de su mano también estaban bastante marcados.
Pero Fu Hanjun sabía que las yemas de sus dedos eran tan suaves como su cabello y su respiración.
Después de dormir profundamente, Jian Xia despertó justo cuando Fu Hanjun salía del baño.
Parecía haberse duchado otra vez. Tenía el cabello mojado y, al ver que Jian Xia se incorporaba frotándose los ojos, bajó mucho la voz.
—¿Te desperté?
—No.
Jian Xia tardó un momento en despejarse.
Miró a Fu Hanjun con cierta confusión.
—¿No te habías duchado anoche?
Fu Hanjun: «…».
—Tengo la costumbre de ducharme dos veces al día.
—Eso no está bien —dijo Jian Xia inmediatamente—. Por la mañana es cuando comienza a elevarse la energía yang. No es conveniente ducharse a esa hora.
Hizo una pausa y salió lentamente de entre las cobijas.
—Sobre todo porque tienes mala salud, lo que ya es señal de una insuficiencia de energía yang.
Fu Hanjun: «…».
¡Si precisamente me sobra!
—Te ayudaré a secarte el cabello.
Jian Xia se levantó de la cama.
Cuando se inclinó para ponerse las pantuflas, el borde del pijama se deslizó hacia arriba, dejando al descubierto una franja de cintura fina y blanca.
Fu Hanjun desvió discretamente los ojos y volvió la cabeza para mirar la puerta del baño.
Parecía que aquella ducha había sido en vano.
Después de ayudar a Fu Hanjun a secarse el cabello, ya era hora de desayunar.
Cuando Jian Xia se dispuso a cambiarse de ropa, descubrió que había desaparecido la bolsa en la que había traído sus prendas.
Fu Hanjun supo de inmediato qué estaba buscando.
—Ayer guardé tu ropa en el vestidor —dijo con una sonrisa.
Aunque ya llevaba dos noches viviendo allí, Jian Xia todavía no había entrado en el vestidor de Fu Hanjun.
Al escucharlo, volvió la cabeza para mirar en aquella dirección.
—Te acompañaré a buscarla.
Jian Xia quiso decirle que no hacía falta molestarse tanto, pero al final decidió seguir las indicaciones del dueño de la casa y asintió.
El vestidor era enorme.
Solo al entrar descubrió que, sorprendentemente, era incluso un poco más grande que el dormitorio de Fu Hanjun.
Camisas, trajes, ropa informal y accesorios estaban perfectamente organizados por categorías.
Sin embargo, Jian Xia pronto advirtió que el vestidor parecía estar dividido en dos partes.
No solo los estilos de ropa eran muy diferentes, sino que las tallas de las prendas colgadas también parecían variar considerablemente.
Se quedó inmóvil un instante.
Una idea cruzó rápidamente por su mente.
¿Acaso Fu Hanjun había vivido antes con otra persona?
Con razón había querido acompañarlo personalmente a buscar su ropa.
Al pensar en ello, Jian Xia ya no se atrevió a tocar nada.
—No veo mi ropa por ninguna parte —dijo, desconcertado.
Fu Hanjun no respondió.
Le sujetó la muñeca y lo condujo hacia delante, hasta detenerse frente al armario de «la otra persona».
—Todo esto es tuyo —dijo.
—¿Mmm?
Jian Xia abrió mucho los ojos, convencido de haber escuchado mal.
—Cuando fui al centro comercial hace un par de días, aproveché para comprarte algunas prendas —explicó Fu Hanjun—. ¿Pensabas arreglártelas con esas dos bolsas de ropa para siempre?
¿Algunas prendas?
¿A aquella cantidad de ropa, que prácticamente llenaba la mitad del armario, la llamaba «algunas prendas»?
Jian Xia comprendió que la noción de las cantidades de Fu Hanjun probablemente era distinta de la de la mayoría de las personas.
Contempló la mitad del vestidor que Fu Hanjun había preparado para él, con sentimientos encontrados.
Aunque no tenía demasiados artículos de lujo, antes sí había poseído algunos.
Después de todo, trabajaba en la industria del entretenimiento y, en determinadas ocasiones, vestirse adecuadamente era una cuestión básica de cortesía.
Por eso, aunque le doliera gastar tanto dinero, había comprado algunas prendas.
Sin embargo, cuando su familia atravesó dificultades económicas, las había puesto a la venta en una plataforma de segunda mano.
Pero casi todas las prendas que llenaban aquel armario pertenecían a marcas de lujo.
Cualquiera de ellas probablemente costaba mucho más que aquellas compras que tanto le habían dolido en su momento.
Y ni hablar de los relojes que había en la sección de accesorios.
Eran demasiado valiosos.
Jian Xia no podía aceptarlos con la conciencia tranquila.
Ni siquiera por el bien de la imagen de la familia Fu.
Extendió una mano para comprobar las etiquetas.
Si no las habían cortado, quizá todavía podrían devolver las prendas a las tiendas.
Sin embargo, estaba claro que Fu Hanjun no le había dejado aquella posibilidad.
—Mi familia está en bancarrota. Lo sabes, ¿verdad? —dijo Jian Xia, sin saber siquiera qué tono estaba empleando—. Si estamos en bancarrota, ¿cómo voy a tener mejores condiciones de vida que antes?
Algunas personas del equipo de rodaje conocían la situación de su familia.
Al menos, todos los del entorno de Zhou Li estaban perfectamente enterados.
—Luego los demás van a pensar que me conseguí un poderoso patrocinador —murmuró.
Fu Hanjun pareció encontrar divertida la expresión de impotencia de su rostro y ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Yo cuento como uno?
—Tú estás a otro nivel —concluyó Jian Xia—. Eres un magnate entre magnates.