Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 20

  1. Home
  2. All novels
  3. Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica
  4. Capítulo 20
Prev
Next
Novel Info

—Xia Xia.

La puerta de la habitación se abrió y Lin Qing entró con varios bollos vegetarianos y dos envases de leche de soya.

Al ver que Jian Xia seguía leyendo el guion, no pudo evitar fruncir el ceño.

—¿Cuántas horas llevas leyendo? —preguntó—. Está tan oscuro y ni siquiera enciendes la luz. ¿Acaso ya no te importan tus ojos?

La habitación había comenzado a oscurecerse. Solo el último resplandor del atardecer que entraba por la ventana descansaba sobre las pestañas bajas de Jian Xia. Aquellos colores intensos hacían que pareciera una pintura de vivos contrastes.

Cuando se encendió la luz, Jian Xia cerró instintivamente los ojos y se frotó los párpados, doloridos por el cansancio.

—Qingqing —dijo sin fuerzas—, mañana tenemos la lectura conjunta del guion.

—¿Y piensas presentarte así? —Lin Qing se rio al verlo tan decaído—. Si yo fuera el director, te reemplazaría.

—Deja de asustarme.

Jian Xia soltó una risita, se levantó y estiró el cuerpo.

—Xia Xia. —Lin Qing le entregó un envase de leche de soya y suavizó un poco la voz—. ¿Estás preocupado porque mañana podrías encontrarte con Zhou Li?

Y no solo con Zhou Li. Puede que aquel desgraciado de Wei Cheng también apareciera.

—No te preocupes. Eres el que mejor interpreta los diálogos de nuestra generación —continuó Lin Qing—. Zhou Li no puede compararse contigo.

—No es exactamente eso.

Jian Xia perforó el envase con la pajilla y bajó la cabeza para beber un sorbo.

Desde que se encontró con Zhou Li durante la sesión de fotografías de los personajes, se había preparado mentalmente para volver a verlo.

Sería imposible afirmar que no le importaba en absoluto. Después de todo, era una persona común y corriente, con las emociones propias de cualquiera.

Pero tampoco le importaba tanto como para permitir que afectara su estado de ánimo.

A fin de cuentas, quizá se debía a que lo que había sentido por Wei Cheng nunca había sido amor.

El matrimonio entre las familias Wei y Jian había sido concertado por sus padres.

Desde pequeño, cuando su familia todavía no se había mudado a la ciudad, Jian Xia solía seguir a Wei Cheng a todas partes para jugar.

Wei Cheng, por su parte, siempre lo había cuidado mucho, y las dos familias mantenían una relación tan estrecha que parecían una sola.

Por eso, cuando la familia Wei acudió a pedir su mano durante el último mes de sus diecisiete años, sus padres no tuvieron demasiadas dificultades para convencerlo con el argumento de que así estrecharían todavía más los lazos familiares.

Jian Xia estaba acostumbrado a la forma en que se relacionaban y no veía nada malo en ello.

Siempre había creído que, incluso después de casarse con Wei Cheng, su relación no cambiaría demasiado.

Pero nunca imaginó la traición de la familia Wei ni la intervención de Zhou Li…

Probablemente se debía a que no estaba enamorado.

Una vez superadas la ira y la confusión iniciales que le había provocado aquella traición de alguien a quien consideraba de su familia, los dos habían dejado de importarle.

No le preocupaba encontrarse con ellos, porque sabía que tarde o temprano sucedería.

Lo que le preocupaba un poco era él mismo.

Al igual que a la mayoría de los actores principiantes, le costaba entrar en el personaje y también desprenderse de él.

Cuando rodó Cuento de hadas negro, al principio había tenido que repetir muchísimas tomas. Por supuesto, después también había sufrido durante bastante tiempo porque no conseguía salir del personaje.

Al pensar en aquello, recordó de repente a Fu Hanjun y aquella película de comedia que, años atrás, había nacido a partir de una anécdota suya.

Las comisuras de sus labios comenzaron a elevarse lentamente.

—¿Encima te ríes? —Lin Qing no creyó sus palabras. Más preocupado que el propio afectado, le dio un golpecito en la frente con el dedo—. ¿Acaso el disgusto te dejó tonto?

Jian Xia acababa de darle un gran mordisco a un bollo y no podía hablar.

Lin Qing interpretó inmediatamente su silencio como una confirmación de sus sospechas.

—Escuché que Zhou Li tiene varios asistentes, un representante y hasta un maquillador personal. —Se acercó sosteniendo un bollo entre ambas manos—. Mañana iré contigo para que no parezca que estamos en desventaja. Aunque tengamos menos gente, no podemos perder en presencia.

Jian Xia: «…».

—Además, así aprovecho para conocer cómo funciona todo —añadió Lin Qing con una sonrisa—. Todavía no he participado en ningún rodaje.

De los cuatro integrantes de su dormitorio, si Bian Xingchen era un auténtico adicto al trabajo, Zhang Weihao tampoco se quedaba atrás.

Sin embargo, las circunstancias de ambos eran diferentes.

A Bian Xingchen nunca le faltaban oportunidades profesionales.

Zhang Weihao, en cambio, trabajaba tanto porque su familia no tenía una buena situación económica.

Por eso, aunque pasaba todos los días ocupado de un lado a otro, sus trabajos consistían en posar como modelo para la facultad de Diseño de Moda o ayudar a los estudiantes de Comunicación a grabar videos cortos.

Cuando no encontraba nada relacionado con su profesión, también era habitual que trabajara en una cafetería.

Aparte de aquellos dos trabajadores incansables, los otros dos eran quienes se quedaban atrás.

Jian Xia, al menos, tenía una película bastante buena en su trayectoria. Lin Qing, en cambio, ni siquiera había actuado formalmente frente a una cámara.

Al escuchar sus palabras, Jian Xia se tragó la negativa que estaba a punto de pronunciar.

Después de darle un par de mordiscos más al bollo, Lin Qing recordó otro asunto.

—Xia Xia —dijo, bajando muchísimo la voz a pesar de que eran los únicos dos en la habitación—, cuando salí a comprar la comida, escuché que alguien de nuestro edificio registró su matrimonio.

La mano de Jian Xia tembló y estuvo a punto de derramar la leche de soya.

—¿Quién? —preguntó, sintiéndose culpable.

—Pues Zhang Ojos Grandes, el del piso de abajo —respondió Lin Qing, sin percatarse de su reacción—. Dime, ¿no es prácticamente un suicidio profesional casarse tan joven cuando sabes que vas a dedicarte al mundo del espectáculo?

Jian Xia: «…».

También tienes delante a otro que acaba de cometer ese suicidio profesional.

Dejó escapar discretamente un suspiro de alivio y volvió a sentirse afortunado de que su relación con Fu Hanjun no tuviera que hacerse pública.

Al menos Zhang Ojos Grandes se había casado por amor.

Él, en cambio, ya tenía prácticamente asegurado un futuro divorcio.

—Te digo algo, Xia Xia.

Lin Qing estaba tan concentrado en hablar que apenas había dado uno o dos mordiscos a su bollo. Jian Xia, sintiéndose culpable, no había hecho más que bajar la cabeza y devorar los suyos, y ya llevaba dos.

—En realidad, fue mejor que terminaras con ese Wei. Todavía eres muy joven y, además, eres guapísimo. ¿Qué clase de persona no podrás encontrar en el futuro? Y encima, así no tendrás que perjudicar tu carrera.

Jian Xia: «…».

Demasiado tarde.

Extendió inconscientemente la mano hacia la mochila que tenía a su lado, pero entonces recordó que Fu Hanjun se había quedado con aquella pequeña libreta roja.

A las nueve de la mañana, Jian Xia llegó a la ciudad cinematográfica acompañado de Zhu Qian y Lin Qing.

Los decorados ya estaban terminados.

De pie al final de la larga calle, contempló los edificios bajos y deteriorados que se extendían a ambos lados, así como el desordenado entramado de cables eléctricos que colgaba sobre sus cabezas.

Por un instante, sintió que realmente había regresado a los años noventa.

—¡Guau! —Lin Qing tampoco pudo contener su asombro—. Xia Xia, ¿cuánto dinero habrá costado todo esto?

—Cuando consigas un papel en una película, lo sabrás.

Jian Xia lo miró con una sonrisa y señaló un pequeño edificio rojo situado en una esquina.

—Mira, ahí es donde vive Qi Xi.

—¿Entonces vamos a verlo? —propuso Lin Qing con entusiasmo.

Los tres se dirigieron hacia allí.

Subieron por la escalera exterior del antiguo edificio hasta llegar a la vivienda de Qi Xi.

La puerta de madera de ébano estaba cerrada con un candado grande de estilo antiguo.

Jian Xia sostuvo el candado en la palma de la mano y observó las manchas de óxido que cubrían parcialmente su superficie.

A sus espaldas se extendían las calles superpuestas, los numerosos letreros de los comercios, los automóviles antiguos estacionados fuera del conjunto residencial y las viejas bicicletas de modelos pasados, aparcadas de manera irregular…

Los actores todavía no se habían incorporado al rodaje y las calles permanecían tranquilas.

Sin embargo, al estar allí, aquella bulliciosa calle descrita en el guion, llena de voces y del ajetreo de la vida cotidiana, cobró vida de repente ante sus ojos.

Era como si, de pronto, hubiera comenzado a sentir al personaje.

La hora acordada se acercaba rápidamente.

Los tres regresaron por la calle del otro lado. Durante el trayecto, Lin Qing se mostró especialmente fascinado por toda clase de objetos antiguos. Tocaba uno, examinaba otro y no dejaba de curiosear.

—En realidad, rodar una película parece bastante divertido —comentó.

—Qingqing —bromeó Zhu Qian—, ¿por qué no firmas conmigo en el futuro? Así tendría dos artistas a mi cargo.

Lin Qing frunció los labios.

—Pero tú no tienes recursos.

Zhu Qian soltó una carcajada.

—¿No bastaría con que tu hermano mayor de aprendizaje te ayudara un poco? Así tendrías todo lo que necesitas.

—Exactamente —intervino Jian Xia, riéndose también—. Segundo hermano de aprendizaje.

—¡Muy bien, Xia Xia! —Lin Qing se lanzó inmediatamente hacia él para atraparlo—. ¡¿Me estás insultando?!

Por desgracia para él, Jian Xia ya estaba preparado.

Dio una larga zancada con sus piernas y se alejó corriendo entre risas.

Los dos comenzaron a perseguirse, y sus carcajadas resonaron a lo lejos.

—¿Quién acaba de llegar? —preguntó Qi Chunhe, que estaba conversando con Zhong Xuan, al escuchar vagamente las voces.

Zhou Li acababa de llegar acompañado de sus asistentes Sun Peipei y Wang Xiaosen, además de Wei Cheng.

Al ver que los dos directores estaban discutiendo asuntos de trabajo, había decidido salir primero a fumar junto a la entrada.

Su expresión era sombría, y la de Wei Cheng tampoco era mucho mejor.

Los dos jóvenes asistentes incluso respiraban con cautela.

En cuanto escuchó las risas, Wei Cheng levantó involuntariamente la cabeza y miró en dirección al sonido.

Aunque se mezclaba con otras voces, reconoció inmediatamente la risa de Jian Xia.

Jian Xia tenía una sonrisa especialmente dulce, completamente distinta de su expresión habitualmente fría cuando no sonreía.

Por eso, antes le encantaba hacerlo reír.

—¿Qué pasa? —Zhou Li soltó una risita desdeñosa a su lado—. ¿Todavía no puedes olvidarlo?

Luego añadió con tono mordaz:

—Con razón últimamente nunca estás disponible cuando te busco, pero para venir a la lectura del guion sí tienes tiempo.

—¿No te dije que últimamente han surgido algunos problemas con el negocio? —respondió Wei Cheng, un poco impaciente.

Y no estaba mintiendo.

Últimamente, por alguna razón, el negocio de transporte marítimo de su familia estaba atravesando dificultades por todas partes.

Primero, un competidor les había arrebatado la representación de una empresa extranjera, lo que les hizo perder las ventajas de precio y servicio que habían conseguido gracias a aquel acuerdo.

Además, perdieron por completo a los clientes vinculados a esa representación.

Inmediatamente después, XCA SHIPPING, perteneciente al Grupo Xiao, redujo drásticamente las tarifas de transporte de sus rutas australianas.

Y precisamente las rutas hacia Australia eran el principal negocio de la familia Wei.

Si apretaban los dientes e intentaban competir bajando los precios, bastarían unos cuantos viajes para que perdieran hasta el último centavo.

Pero, si dejaban los barcos inactivos, los gastos de atraque y mantenimiento tampoco serían insignificantes. Al mismo tiempo, aquello aceleraría la pérdida de sus clientes habituales.

Después de todo, la falta de regularidad en los itinerarios era uno de los mayores problemas en el transporte marítimo.

Y, en comparación con el transporte marítimo, la situación del transporte terrestre era todavía más complicada.

Anteriormente, para arrebatarle los clientes a la familia Jian, habían firmado con ellos contratos de liquidación trimestral.

Los camiones salían a trabajar, pero tenían que esperar tres meses para recuperar el dinero de los fletes.

Mientras tanto, debían pagar los salarios de los conductores, los peajes, el combustible, las multas de tránsito e incluso los gastos derivados de posibles accidentes…

A eso se sumaban los salarios del resto de los empleados y los gastos operativos cotidianos.

El dinero salía de sus cuentas como agua de una tubería rota.

El transporte marítimo, que representaba la mayor parte de los ingresos familiares, no podía funcionar con normalidad, pero los gastos no se detenían.

Muy pronto, los demás negocios también comenzaron a verse afectados, formando prácticamente un círculo vicioso sin solución.

En apenas dos semanas, las preocupaciones habían encanecido el cabello de su padre.

Esta vez había acompañado a Zhou Li al equipo de producción por dos motivos.

El primero era que quería ver a Jian Xia.

El segundo, tantear la situación para averiguar si podía recuperar la parte del dinero que había invertido anteriormente y utilizarla para afrontar la emergencia.

Aunque sabía perfectamente que Torrente seguramente generaría ganancias y que retirar su inversión significaría perder aquella oportunidad, ya no tenía otra alternativa.

Después de todo, el ciclo de producción de una película era demasiado largo.

Entre el rodaje, la posproducción y el estreno, incluso en el mejor de los casos tendría que esperar al menos un año.

Aquello no serviría para resolver sus necesidades inmediatas.

Pero, por encima de todo, lo que más deseaba era ver a Jian Xia.

Lo extrañaba muchísimo.

Desde que ocurrió aquel incidente, Jian Xia no había vuelto a verlo.

No respondía sus mensajes ni contestaba sus llamadas. Más tarde, incluso había bloqueado directamente su número.

Wei Cheng también había intentado esperarlo a la entrada de la universidad, pero Jian Xia nunca había sido una persona a la que le gustara salir demasiado.

Después, cuando comenzaron los problemas con el negocio familiar, ni siquiera pudo encontrar tiempo para seguir esperándolo.

Ya habían pasado dos meses.

Desde que eran pequeños, nunca había estado separado de Jian Xia durante tanto tiempo.

Tampoco había experimentado jamás una sensación tan difícil de soportar.

La voz clara y alegre del joven se escuchaba cada vez más cerca, y el corazón de Wei Cheng se agitaba cada vez más.

Jian Xia parecía tan feliz…

Como si nunca hubiera experimentado aquellas emociones.

Toda la soledad, la añoranza, los conflictos internos y el sufrimiento parecían haber recaído únicamente sobre él.

Las risas se acercaron todavía más.

Jian Xia y Lin Qing aparecieron uno detrás del otro al doblar la esquina del edificio, seguidos por Zhu Qian.

Al ver a las personas que estaban bajo el pórtico, Jian Xia detuvo involuntariamente sus pasos.

Lin Qing acababa de conseguir atrapar el borde de su ropa, pero, cuando levantó la mirada, la sonrisa también se congeló en su rostro.

La atmósfera se volvió inexplicablemente pesada.

Jian Xia había adelgazado. Su barbilla se veía más afilada, pero sus ojos estaban muy brillantes.

Al verlo, su mirada se detuvo por un instante.

Sin embargo, no hubo ni la más mínima fluctuación emocional en sus ojos.

Wei Cheng quiso decir algo, pero Zhou Li extendió repentinamente la mano y entrelazó con fuerza sus dedos con los suyos.

Zhou Li levantó ligeramente la barbilla, exhibiendo una expresión de triunfo y arrogancia.

Por alguna razón, Jian Xia sonrió de pronto.

Después, sin volver a mirarlos, entró con paso decidido acompañado de Zhu Qian y Lin Qing.

Al encontrarse nuevamente con Wei Cheng, realmente no había sentido ninguna emoción significativa.

Incluso los recuerdos de los momentos que habían compartido en el pasado comenzaban a desdibujarse.

Parecían acontecimientos de hacía muchísimo tiempo, más parecidos a un sueño absurdo.

Un sueño del que, al despertar, solo podía pensar:

¿Cómo pude soñar algo así?

Le resultaba un poco ridículo, pero no sentía ni una pizca de tristeza ni de nostalgia.

Ni siquiera consideraba que valiera la pena dedicarles su odio.

Lo que más sentía, probablemente, era…

Repulsión.

—¡Llegó Xiao Jian! —La voz alegre de Qi Chunhe resonó desde el interior de la habitación.

—Buenos días, director Qi. Buenos días, director Zhong.

Jian Xia saludó educadamente a ambos directores y luego eligió una silla para sentarse.

—¿Estás nervioso? —preguntó Zhong Xuan.

Zhong Xuan era un director emergente de poco más de treinta años. Parecía muy joven y tenía un carácter afable, sin esa actitud distante que a veces mostraban las personas de su posición.

—Un poco —admitió Jian Xia con una sonrisa, apretando ligeramente los labios—. Hace mucho que no actúo.

—No tienes que ponerte nervioso —respondió Zhong Xuan—. Esta vez queremos principalmente comprobar cómo entiende cada uno a su personaje. Si hay algo que no comprenden, podemos conversarlo después. Una vez que lo aclaremos, todo estará bien.

—De acuerdo.

Jian Xia asintió.

En ese momento, el teléfono vibró dentro de su bolsillo.

Lo sacó y, para su sorpresa, vio aquella estrella amarilla que hacía tiempo no aparecía.

Ginkgo había publicado una nueva actualización:

«Hoy es un día muy importante. ¡Hay que esforzarse, ¿eh?!»

Hasta añadió ese «¿eh?».

Jian Xia bajó los ojos hacia la pantalla y no pudo evitar sonreír.

Parecía que existía una afinidad natural entre ambos, pues las palabras de Ginkgo solían encajar perfectamente con sus propias circunstancias.

Después de todo, aquel también era un día muy importante para él.

Sonriendo, abrió el cuadro de respuesta y escribió lentamente dos palabras:

«¡Ánimo!»

Después añadió un emoticono de un puño cerrado en señal de aliento y pulsó enviar.

El automóvil avanzaba por la carretera.

Fu Hanjun permaneció un buen rato contemplando la pantalla del teléfono.

Finalmente, levantó una mano de manera inconsciente y se cubrió los ojos, ocultando la intensa sonrisa que había aparecido en su mirada.

Aquel gesto lo hacía parecer muy diferente de lo habitual.

De pronto, había en él una inocencia y una ternura difíciles de describir.

Tang Ge, sentado a su lado, mantuvo la vista al frente sin desviarla.

Sin embargo, el tío Wang, que iba en el asiento delantero, no pudo evitar echar un vistazo al espejo retrovisor.

Acto seguido, sonrió.

Ah, los jóvenes… Al final, lo que necesitan es enamorarse.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first