Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14
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Apenas salió de la reunión, sonó el teléfono de Fu Hanjun. Era una llamada de aquel desgraciado de Yao Junlai.

—¿En serio, Jun? ¿De verdad te enojaste? —Yao Junlai sabía perfectamente cuándo insistir y cuándo ceder ante Fu Hanjun—. Me disculpo. No debí decir que tu esposo estaba ciego…

¿No había algo raro en esa frase?

Yao Junlai guardó silencio un instante y se apresuró a aclarar:

—¡Jun, de verdad que no me refería a ti!

—Lárgate.

Fu Hanjun colgó sin desperdiciar una sola palabra más.

El teléfono volvió a sonar insistentemente. Esta vez era Chen Jin.

—Joven señor Fu.

Chen Jin seguía escondido en una esquina del pasillo, fuera de la unidad de cuidados intensivos, sin saber cómo manejar aquella situación.

Le había dado muchas vueltas al asunto. Cada vez que imaginaba al joven señor Fu con unos cuernos verdes sobre la cabeza, le daba un poco de lástima.

Así que finalmente decidió dejarle el problema a él.

—¿Qué le parece si voy a despertar al señor Jian? —preguntó con cautela.

Al otro lado de la línea reinó el silencio.

Un momento después se escuchó un leve chasquido.

Fu Hanjun había encendido un cigarrillo.

El humo grisáceo escapó entre sus labios finos. A través de aquella tenue cortina, Fu Hanjun giró ligeramente la cabeza y miró por la ventana.

La luz de la luna parecía especialmente brillante en invierno, como si extendiera una capa de escarcha plateada sobre el suelo.

Le recordó aquella noche en que se había quedado frente a la entrada de la casa de los Jian, observando cómo Jian Xia se alejaba.

Su figura delgada había atravesado el patio vacío bajo el viento helado, transmitiendo una profunda sensación de soledad.

En aquel instante, Fu Hanjun había sentido como si algo le oprimiera el corazón hasta hacerle daño.

Sin darse cuenta, dejó una marca circular de dientes en el filtro del cigarrillo.

De pronto, pensó que en realidad aquello no tenía tanta importancia.

Conocía la relación entre Jian Xia y Fan Ling.

Fan Ling estaba enamorado de Jian Xia, pero eso no significaba que Jian Xia correspondiera a sus sentimientos.

Después de todo, Fan Ling había debutado a los dieciséis años y entrado en la clasificación de supermodelos a los dieciocho. Con una carrera tan deslumbrante, si Jian Xia hubiera sentido por él siquiera una pizca de afecto especial, Wei Cheng jamás habría tenido una oportunidad en aquel entonces.

Además, de no haber sido por Fan Ling, su propia relación con Jian Xia tampoco habría avanzado tan deprisa.

No habría tenido un motivo para ayudar a la familia Jian ni una posición desde la cual conseguir un médico para su madre.

Mucho menos habría tenido derecho a extender la mano para sujetar la suya cuando estaba asustado y compartir con él aquella carga…

Quizá, a ojos de Jian Xia, seguiría siendo lo mismo que antes: un desconocido.

O quizá habría intentado cortejarlo seriamente, tal como había imaginado innumerables veces.

Pero las desgracias de la familia Jian y la enorme diferencia entre sus posiciones sociales solo habrían despertado la desconfianza de Jian Xia.

En lugar de acercarlos, probablemente los habrían alejado todavía más.

Por eso, cuando se enteró de que Fan Ling planeaba regresar al país, no tuvo más remedio que adelantarse y actuar.

Puede que aquel método no fuera perfecto, pero al menos Jian Xia y él no volverían a pasar por lo mismo que la última vez: esperar durante incontables días y noches para terminar cruzándose sin llegar a encontrarse.

Jian Xia solo estaba cansado.

Y cuando alguien estaba cansado, debía descansar bien.

Fu Hanjun aplastó en el cenicero el cigarrillo, del que todavía quedaba más de la mitad.

Su voz sonó ligeramente ronca.

—No lo despiertes —dijo—. Déjalo dormir.

Chen Jin: «…».

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué le parecía percibir cierta ternura en la voz del joven señor Fu?

¡Debía de tener los oídos averiados!

Sin embargo, Jian Xia tampoco durmió demasiado.

Poco después de que Chen Jin se marchara, se abrieron las puertas de la unidad de cuidados intensivos.

Una enfermera les informó que Jiang Fangrong había despertado.

Su estado mental y sus signos vitales eran normales. Si no surgía ningún imprevisto, al día siguiente podrían trasladarla a una habitación convencional.

La alegría inundó a Jian Xia, que se despejó de inmediato.

Le envió un mensaje a su padre para que, en cuanto despertara, pudiera leer las buenas noticias.

Después bajó la mirada y reservó una habitación para Fan Ling en un hotel cercano al hospital.

Por último, tras pensarlo un momento, le escribió a Fu Hanjun:

«¿A qué hora vendrás mañana a hacerte los exámenes?».

«Iré temprano por la mañana», respondió Fu Hanjun.

Jian Xia sonrió.

Estaba a punto de contestarle cuando el teléfono vibró en su mano.

Fu Hanjun lo estaba llamando.

—Hola.

Jian Xia se levantó y se acercó a la ventana para hablar.

—Ya casi son las diez. ¿Vas a acostarte?

—Acabo de bañarme.

La voz del hombre al otro lado de la línea era grave y agradable, con un matiz de pereza relajada.

—Me acostaré dentro de un rato.

Después preguntó:

—¿Y tú?

Jian Xia se frotó involuntariamente una oreja y miró de reojo a Fan Ling, sintiéndose un poco culpable.

Fan Ling seguía sentado allí y también lo estaba mirando.

Jian Xia apretó los labios y bajó un poco la voz.

—Yo también me acostaré dentro de un rato.

Su voz clara llegó suavemente a través del teléfono, como un susurro íntimo.

La mano con la que Fu Hanjun se secaba el cabello húmedo se detuvo por un instante.

Después sonrió en silencio.

—Qin Jia me dijo que la mandaste de regreso muy temprano —comentó al cabo de un momento, conteniendo un poco la sonrisa—. ¿Tu padre y tú pueden arreglárselas solos?

—Ahora ya no hay mucho que hacer. Solo tenemos que esperar frente a la puerta —respondió Jian Xia—. Aunque los demás se queden, tampoco pueden ayudarnos. No tiene sentido hacerlos pasar la noche en vela conmigo.

¿Así que esa era también la razón por la que Jian Xia no había pedido a la cuidadora que fuera aquel día?

Fu Hanjun guardó silencio un momento antes de responder con un suave «mm».

Después preguntó:

—¿Tu mamá ya despertó?

—Sí —respondió Jian Xia—. La enfermera dijo que se encuentra bastante bien.

—¿Lo ves?

Fu Hanjun soltó una risa muy baja.

—Te dije que todo saldría bien.

Jian Xia apretó los labios y también sonrió.

—Entonces descansa temprano.

Tras una breve vacilación, añadió:

—Cuando tengas los resultados de tus exámenes, ¿podrías contármelos?

En realidad, todavía no sabía muy bien cómo manejar su relación con Fu Hanjun.

Por eso tampoco estaba seguro de si era apropiado hacerle una pregunta tan directa.

—Por supuesto.

Sin embargo, Fu Hanjun respondió enseguida, con una leve sonrisa en la voz.

—Nos vemos mañana.

Cuando colgó, Jian Xia se volvió y descubrió que Fan Ling lo miraba con tanta intensidad que parecía estar a punto de echar fuego por los ojos.

—¿Estabas hablando con ese hombre? —preguntó.

Jian Xia asintió y guardó el teléfono en el bolsillo.

—¿Qué tal si organizamos un encuentro para conocernos? —propuso Fan Ling.

Precisamente aquel asunto le estaba causando un dolor de cabeza a Jian Xia.

Temía que los dos se encontraran por casualidad al día siguiente.

Pensó que, dentro de un par de días, cuando Jiang Fangrong estuviera un poco mejor, tendría que hablar claramente con Fan Ling cuanto antes.

Fan Ling sabía comportarse y distinguir lo importante de lo secundario. Desde pequeño siempre lo había cuidado y protegido.

Jian Xia sabía que podría comprenderlo.

También sabía que, en el futuro, encontraría a alguien mejor.

Lo que ocurría entre ellos no era simplemente una cuestión de falta de destino.

Desde el principio, Jian Xia siempre había considerado a Fan Ling un hermano mayor y jamás había pensado en él de otra manera.

—Está bien —asintió—. Más adelante los presentaré.

Los primeros rayos del sol matutino entraron en la habitación e iluminaron los delicados párpados de Jian Xia, tiñendo de dorado sus espesas pestañas.

Aquellas dos hileras doradas temblaron ligeramente.

Un momento después, Jian Xia abrió los ojos con lentitud.

Ya habían pasado las siete y media.

Permaneció aturdido unos instantes y, de pronto, se incorporó de golpe.

Se aseó rápidamente y salió rumbo a la unidad de cuidados intensivos.

—¿Por qué no dormiste un poco más? —preguntó Jian Wei.

Estaba junto a la ventana, estirando los brazos y las piernas, entumecidos de tanto permanecer sentado.

Aunque se le notaba algo cansado, tenía muy buen ánimo.

—¿Cómo está mamá? —preguntó Jian Xia—. ¿Ya puede comer?

—Todavía no —respondió Jian Wei—. Probablemente podrá hacerlo al mediodía.

—¿Y el hermano Ling? ¿A qué hora se fue?

—Ese muchacho no se marchó hasta que amaneció.

Jian Wei suspiró suavemente.

—Si en aquel entonces no hubiéramos acordado el compromiso con la familia Wei y te hubiéramos comprometido con Fan Ling, quizá nuestra familia no habría pasado por tantas desgracias.

Habían elegido a Wei Cheng porque las familias Wei y Jian siempre habían mantenido una buena relación.

Además, los dos muchachos habían crecido juntos y ambas familias se conocían perfectamente.

Fan Ling también era un buen candidato.

Sin embargo, en aquel entonces ya era uno de los favoritos del mundo de la moda. Se desenvolvía en un ambiente complejo, tenía una personalidad más extrovertida y existían demasiados factores de inestabilidad…

Por eso, Jian Wei y su esposa lo habían descartado desde el principio.

¿Quién habría imaginado que, al mirar atrás, descubrirían lo profundamente equivocados que habían estado?

—Papá, otra vez con eso.

Jian Xia se echó a reír.

—¿Por qué te estás volviendo igual que mamá?

Después añadió:

—A mí me parece que Fu Hanjun está muy bien.

—Por supuesto que Fu Hanjun está muy bien.

Aunque habían convivido poco tiempo, Jian Wei también consideraba que aquel joven era una buena persona.

—Es una lástima que ustedes dos…

Una lástima que su relación no fuera real.

Como si hablar del diablo bastara para hacerlo aparecer, antes de que Jian Wei terminara la frase, Fu Hanjun apareció al fondo del pasillo.

Era alto, de piernas largas, y llevaba un abrigo negro sobre los hombros.

Caminaba con una presencia imponente sin perder la elegancia.

No parecía en absoluto alguien que estuviera enfermo.

Jian Wei se apresuró a tragarse el resto de sus palabras.

«Ojalá de verdad no estuviera enfermo», pensó.

Como de costumbre, Tang Ge lo seguía.

Llevaba ambas manos ocupadas con termos y recipientes de comida.

Jian Xia sabía que Fu Hanjun acudiría al hospital aquella mañana para hacerse los exámenes, pero no había imaginado que llegaría tan temprano.

Se frotó los ojos y fue a recibirlo.

—¿Por qué viniste tan temprano? —preguntó—. ¿Ya desayunaste?

Entre la sorpresa y la falta de sueño, su expresión parecía un poco aturdida.

Fu Hanjun bajó la mirada hacia él.

Bajo la mascarilla, apretó ligeramente los labios, pero no consiguió impedir que una tenue sonrisa se extendiera por sus ojos.

—Anoche me acosté temprano, así que también me levanté temprano —respondió—. Dormir demasiado tampoco es bueno para la salud.

Jian Xia consideró que tenía razón y asintió.

—Ve con tu padre a la habitación, aséense y coman algo —continuó Fu Hanjun, con una sonrisa un poco más marcada—. Yo me quedaré sentado aquí un rato.

En el caso de pacientes como Jiang Fangrong, cuya operación había sido exitosa y que habían pasado una noche de observación sin ninguna anomalía, generalmente no se producían grandes cambios en su estado.

Por eso, no había problema en que Jian Wei y su hijo se ausentaran un rato.

—¿Qué trajeron en todas esas bolsas? —preguntó Jian Xia.

Por la cantidad de recipientes, parecía que habían llevado comida para tres o cuatro personas como mínimo.

Apretó ligeramente los labios, agradeciendo en secreto que Fan Ling hubiera regresado al hotel al amanecer.

Los dos se habían evitado por completo.

—Hay una sopa de callos de cordero para ti y tu padre —explicó Fu Hanjun—. También traje sopa de paloma para tu mamá.

La sopa de paloma era buena para favorecer la cicatrización.

Jian Xia ya había pensado en encargarle una a su madre, así que se sintió especialmente conmovido al escucharlo.

—Y también hay unos cuantos zongzi dulces con miel. Los compré en una tienda de desayunos. Están bastante buenos, pueden probarlos.

—No tenías que tomarte tantas molestias —dijo Jian Wei.

Él también consideraba que Fu Hanjun estaba siendo demasiado atento.

Si no conociera la verdadera situación, sin duda habría pensado que los dos jóvenes estaban profundamente enamorados y que por eso uno de ellos se preocupaba tanto por el otro, hasta en los detalles más pequeños.

—Yo no hice nada —respondió Fu Hanjun—. Cuando la señora que trabaja en mi casa se enteró, preparó las sopas especialmente y me pidió que las trajera.

Jian Wei no era tan fácil de engañar como Jian Xia.

Al escucharlo, le lanzó una mirada ligeramente desconfiada.

Sin embargo, Jian Xia evidentemente se lo creyó.

—Entonces dale las gracias de mi parte —dijo.

Mientras hablaba, pensó que, cuando fuera a la casa de los Fu, tendría que preparar un regalo para aquella señora como muestra de agradecimiento.

—Está bien.

Fu Hanjun asintió y su mascarilla se movió ligeramente.

Jian Xia repartió el desayuno.

Le pidió a Jian Wei que llevara una parte a la habitación y se quedó con un zongzi y un huevo cocido.

Después se sentó junto a Fu Hanjun.

—¿Eso es todo lo que vas a desayunar? —preguntó Fu Hanjun.

—Los zongzi están hechos de arroz glutinoso y tienen muchas calorías —explicó Jian Xia—. En nuestra profesión tenemos que cuidar un poco la figura.

Fu Hanjun giró la cabeza hacia él.

Sus ojos parecieron recorrerlo detenidamente de pies a cabeza.

Eran tan oscuros y contenían una expresión tan difícil de descifrar que incluso Jian Xia, acostumbrado a desenvolverse con naturalidad frente a las cámaras, comenzó a sentirse un poco nervioso.

—¿Qué pasa?

Abrió mucho los ojos y dejó de desenvolver el zongzi.

—Nada.

Fu Hanjun pareció encontrar divertida su reacción y soltó una risa muy baja.

—Solo estaba pensando que tu figura ya es perfecta. No necesitas ser tan exigente contigo mismo para verte bien en cámara.

¿Perfecta?

Jian Xia había recibido muchos elogios desde pequeño.

Pero no había muchas personas que supieran elogiar a alguien como Fu Hanjun.

Especialmente cuando sus palabras iban acompañadas de aquel tono de voz, sus gestos y su mirada.

Todo creaba una atmósfera difícil de describir.

Jian Xia levantó involuntariamente una mano y se frotó suavemente la oreja.

Fu Hanjun lo observó con una sonrisa, viendo cómo las puntas de sus orejas se teñían inexplicablemente de rojo.

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