Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 108
Ya era bastante tarde. Aunque la puerta de la habitación había permanecido cerrada todo el tiempo, si comenzaban a discutir, inevitablemente terminarían molestando a los pacientes de las habitaciones contiguas.
Al ver que ya habían dicho prácticamente todo lo necesario, Jian Xia se levantó y miró a Jian Wei y Jiang Fangrong.
—Papá, mamá, vámonos a casa —dijo con suavidad.
Desde que escuchó la verdad en el estacionamiento, pasando por las mentiras con las que Jian Yuan y su familia habían intentado tergiversar los hechos en la habitación, hasta escuchar con sus propios oídos cómo Jian Lin y aquel repugnante hombre habían planeado vender a Jian Xia…
Jiang Fangrong estaba tan furiosa que le dolía el pecho. Sin embargo, apenas había pronunciado unas palabras durante toda la conversación.
En cuanto escuchó que Jian Xia proponía marcharse, se levantó inmediatamente, sin querer dedicarle una sola mirada más a aquella familia de tres.
Además, por las conversaciones que acababa de escuchar, había comenzado a sospechar que existían ciertos detalles sobre la relación entre Jian Xia y Fu Hanjun que ella desconocía.
No conseguía imaginar de qué se trataba, pero tampoco quería preguntarlo delante de aquellas tres personas. En realidad, llevaba un buen rato sintiéndose inquieta.
Cuando sus padres salieron uno tras otro, Fu Hanjun tomó con naturalidad la muñeca de Jian Xia y se colocó ligeramente delante de él, bloqueando la mano que Zhao Wen extendía para intentar sujetarlo de la ropa.
—Vamos —dijo en voz baja.
—Sí.
Jian Xia asintió.
Si Jian Lin no hubiera provocado aquel incidente, quizás su familia jamás habría conseguido cortar definitivamente los lazos con la de Jian Yuan.
Después de todo, su padre y Jian Yuan eran hermanos de sangre. Por mucho que se rompieran los huesos, los tendones seguirían uniéndolos.
Aunque toda la familia había quedado profundamente decepcionada por lo ocurrido anteriormente, si Jian Yuan llegaba a enfrentarse a una dificultad insuperable, no era seguro que su padre pudiera mantenerse firme.
Quizás volvería a ablandarse y terminaría involucrándose todavía más.
La fortuna y la desgracia siempre van de la mano.
Aunque lo sucedido esta vez había sido extremadamente peligroso, quizás hasta el cielo había considerado que la situación era intolerable y había decidido darles un empujón.
Así, por fin podrían romper definitivamente con la familia de su tío y evitar que en el futuro ocurriera algo todavía más irreparable.
Antes de cruzar la puerta, Jian Xia no pudo evitar mirar hacia atrás una vez más.
Descubrió que Jian Lin contemplaba aturdido la mano con la que Fu Hanjun le sujetaba la muñeca.
—Hermano.
Al ver que estaban a punto de marcharse, Jian Lin lo llamó inesperadamente.
—Ustedes…
Como si no pudiera creerlo, murmuró:
—¿Lo de ustedes es real?
—Eso no tiene nada que ver contigo —respondió Jian Xia, mirándolo.
Era evidente que no tenía intención de dar más explicaciones.
Sin embargo, Fu Hanjun apretó ligeramente los dedos alrededor de su muñeca y respondió con absoluta claridad:
—Sí.
La atmósfera se volvió tensa y silenciosa al instante.
Cuando Jian Lin finalmente consiguió recuperarse de aquella enorme conmoción, los dos ya se habían marchado juntos.
Jiang Fangrong y Jian Wei estaban esperando junto a la puerta y habían escuchado claramente la conversación.
Los cuatro bajaron las escaleras en silencio.
Solo cuando salieron del edificio de hospitalización y pisaron la fría luz de la luna, Jiang Fangrong se detuvo.
—¿Alguien puede explicarme qué significaba todo lo que dijeron hace un momento?
Jian Xia y Fu Hanjun intercambiaron una mirada.
Uno levantó involuntariamente la mano para cubrirse los ojos, mientras el otro tosió un par de veces con culpabilidad.
Jian Wei, por su parte, giró la cabeza con evidente incomodidad.
—Verás, mamá… —comenzó Jian Xia, improvisando una historia—. Fu Hanjun llevaba muchísimo tiempo enamorado de mí en secreto. Como tenía miedo de no conseguir conquistarme, recurrió a un pequeño engaño para hacer que me casara con él…
Jian Wei: «…».
Este muchacho sí que tenía descaro…
A diferencia de Jian Wei, con cada palabra que pronunciaba Jian Xia, el corazón de Fu Hanjun latía un poco más rápido bajo su expresión aparentemente tranquila.
Sus ojos oscuros permanecían fijos en Jian Xia.
Por un momento, casi creyó que Jian Xia ya conocía la verdad.
—Ay, mamá.
Jian Xia se aferró cariñosamente al brazo de su madre.
—¡Son pequeños juegos románticos para conquistar a alguien! Ahora que estamos tan bien juntos, ¿por qué vas a preocuparte por esas cosas?
—Más te vale que estés diciendo la verdad.
Jiang Fangrong dejó escapar discretamente un suspiro de alivio y le dio un fuerte golpecito en la frente con el dedo.
Lo hizo con tanta fuerza que Jian Xia no pudo evitar echar ligeramente la cabeza hacia atrás.
Al verlo, Fu Hanjun se apresuró a atraerlo hacia sí para protegerlo.
—Mamá, todo fue culpa mía —dijo—. No se enoje con Xia Xia. Si quiere golpear o regañar a alguien, hágalo conmigo.
—¿Y por qué iba a golpearlos o regañarlos?
Jiang Fangrong sintió que finalmente había comprendido la situación. Además, estaba sumamente satisfecha con la manera en que Fu Hanjun protegía a Jian Xia.
—Ustedes, los jóvenes, siempre quieren que todo tenga su ceremonia, su romanticismo y su emoción. Pero mientras los dos estén bien juntos, nada de lo demás importa.
Jian Xia no esperaba superar aquel interrogatorio con tanta facilidad.
No pudo evitar guiñarle un ojo a Fu Hanjun con aire triunfal.
Fu Hanjun no dijo nada.
Su mirada era profunda, pero también estaba llena de ternura.
En aquel momento, la luz de la luna era clara y brillante, completamente distinta de la luz del sol.
Sin embargo, las palabras de Jian Xia, «Fu Hanjun llevaba muchísimo tiempo enamorado de mí en secreto», hicieron que Fu Hanjun sintiera que había regresado de pronto al instante en que lo conoció.
Su corazón se estremeció ligeramente, acompañado de una emoción imposible de describir.
Si sus mayores no hubieran estado presentes, realmente habría perdido el control.
No habría podido evitar estrechar a Jian Xia entre sus brazos y besarlo durante un largo, largo rato.
Jian Xia quería que sus padres pasaran la noche en casa de Fu Hanjun.
Sin embargo, Jian Wei todavía se sentía algo cohibido ante él y, además, la joven pareja aún no había hecho pública oficialmente su relación…
Ante la insistencia de sus padres, finalmente el tío Wang los llevó a Jardines de Rosas.
Cuando Jian Xia y Fu Hanjun todavía fingían ser esposos, Jian Xia siempre había pensado que devolvería aquella propiedad cuando hicieran pública la verdad sobre su relación.
Pero después, su matrimonio ficticio se había convertido en uno verdadero.
Por eso, ahora consideraba que debía conservarla.
La vivienda de Jardines de Rosas se había entregado completamente amueblada y equipada. Además, Jian Xia siempre había contratado a alguien para que se encargara de su limpieza y mantenimiento, de modo que estaba lista para ser habitada en cualquier momento.
Durante el trayecto de regreso, Fu Hanjun conducía mientras Jian Xia ocupaba el asiento del copiloto, con la cabeza ligeramente inclinada hacia él.
—¿Por qué no dejas de mirarme? —preguntó Fu Hanjun, divertido, sin soltar el volante.
Jian Xia recordó la llamada que había escuchado desde las escaleras antes de salir hacia el hospital.
También pensó en que, incluso ahora, su padre seguía sin poder relajarse del todo cuando estaba a solas con Fu Hanjun.
No pudo evitar inclinarse un poco hacia él.
—Porque eres muy guapo —respondió—. Quiero mirarte una vez más, y luego otra, y otra.
Fu Hanjun sonrió.
Las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente y sus ojos se llenaron de alegría.
—¿Por qué estás tan dulce hoy?
—Mmm —respondió Jian Xia—. Puedo ser todavía más dulce.
—Dejemos lo de ser todavía más dulce para cuando lleguemos a casa.
Fu Hanjun sonrió y giró el volante para entrar en el complejo residencial del lago Gui.
—De lo contrario, me temo que no podré conducir bien.
Jian Xia soltó una carcajada.
Su risa clara y alegre resonó en la noche, especialmente agradable al oído.
El lago Gui estaba muy tranquilo a aquellas horas.
Aunque todavía era principios de primavera, ya se escuchaba el canto de los insectos.
Media luna colgaba del cielo y teñía la superficie del lago con destellos plateados.
Todo era extraordinariamente sereno y hermoso.
El automóvil avanzó hasta entrar en el patio.
Jian Xia acababa de desabrocharse el cinturón de seguridad y estaba a punto de bajar cuando Fu Hanjun lo sujetó inesperadamente de la muñeca y tiró de él hacia su lado.
—¿Qué pasa?
Jian Xia giró la cabeza hacia él, divertido.
—¿Quieres que hagamos algo emocionante dentro del auto?
Provocado por sus palabras, Fu Hanjun se inclinó hacia él y, aprovechando la cálida iluminación del interior del vehículo, bajó la cabeza para besarlo.
—Tu madre dijo que, cuando eras pequeño, incluso llevabas a Jian Lin a la escuela sobre tu espalda.
Después de un buen rato, sus labios finos finalmente se separaron de los labios enrojecidos de Jian Xia.
Le hizo aquella pregunta en voz baja.
—Mmm…
Jian Xia estaba tan aturdido por el beso que tardó un buen rato en reaccionar.
Aunque no entendía por qué Fu Hanjun le preguntaba aquello, se lo explicó de todas formas:
—Desde pequeño lo consintieron tanto que se volvió muy delicado. En aquella época estaba enfermo, así que lo llevé a cuestas hasta el salón de clases.
—¿Y tú no eras delicado? —volvió a preguntar Fu Hanjun.
—Yo…
Jian Xia sonrió ligeramente.
—Creo que no soy demasiado delicado, ¿verdad?
Después le devolvió la pregunta:
—¿Soy delicado?
Mientras hablaba, no pudo evitar echarse a reír.
—Oye, Fu Hanjun, ¿no me digas que otra vez estás celoso?
Fu Hanjun bajó la mirada hacia él sin responder.
—¿Cómo puedes sentir celos de todo el mundo? —preguntó Jian Xia entre risas—. ¡En aquella época éramos unos niños!
—Mmm —respondió Fu Hanjun, sosteniendo la mano de Jian Xia entre las suyas.
Jian Xia levantó la mirada hacia el exterior.
Xiaobai estaba afuera, moviendo la cola con entusiasmo y mirando hacia el interior del automóvil.
Evidentemente, no entendía por qué sus dueños habían llegado a casa y todavía no bajaban.
—Entonces yo también te llevaré a cuestas —dijo Jian Xia, conteniendo la risa mientras intentaba consentirlo—. Te llevaré hasta el piso de arriba y te dejaré directamente sobre la cama. ¿Qué te parece?
—No hace falta.
Fu Hanjun soltó su mano.
—No tienes que llevar a nadie a cuestas.
Mientras hablaba, abrió la puerta y bajó del automóvil.
Después rodeó rápidamente el vehículo y abrió la puerta del lado de Jian Xia.
—De ahora en adelante, yo te llevaré a ti.
Le dio la espalda y se inclinó ligeramente.
Jian Xia se quedó inmóvil.
Apretó suavemente los labios y sus ojos, abiertos de par en par, parecieron llenarse de la brillante luz de la luna.
Así que Fu Hanjun no estaba simplemente celoso.
Le dolía pensar en aquel Jian Xia de entonces, que, siendo todavía un niño pequeño, había tenido que cargar con otro niño sobre su espalda.
Era una sensación que rara vez había experimentado incluso con sus propios padres.
El amor de sus padres era inmenso, pero había cosas que, en aquel momento, ellos simplemente habían considerado anécdotas divertidas, o señales de que su hijo había crecido un poco más.
Sin embargo, a medida que los años seguían fluyendo como un río, resultaba que aquella pequeña ola del pasado todavía despertaba ternura y preocupación en alguien.
Fu Hanjun deseaba que él también pudiera ser un poco más delicado.
Que no tuviera que hacer nada más que dejarse querer y cuidar.
Los ojos de Jian Xia comenzaron a arderle ligeramente.
Así era.
¿Qué importaba que Fu Hanjun pudiera ser un poco intimidante?
Aunque fuera todavía más intimidante, aunque incluso su propio padre se sintiera algo cohibido al estar a solas con él…
Comparado con cualquier otra persona, Fu Hanjun seguía siendo su tesoro más, más, más preciado.
Jian Xia apretó los labios.
Una fina capa de humedad cubrió sus ojos, pero no pudo evitar sonreír.
Se levantó del asiento del copiloto y, adoptando una postura un tanto torpe, trepó a la espalda de Fu Hanjun.
Después le rodeó firmemente el cuello con los brazos.
—Tú lo dijiste —murmuró—. Tendrás que llevarme a cuestas toda la vida.
Como Jian Wei y Jiang Fangrong rara vez visitaban la ciudad, aprovecharon la ocasión para ir a ver a Jian Xia durante el rodaje.
Para poder pasar más tiempo con ellos, Jian Xia reservó especialmente una suite en el mismo piso donde se alojaba.
Al principio, se sentía un poco cohibido actuando delante de sus padres.
Por suerte, Wan Quan era muy profesional y enseguida conseguía ayudarlo a meterse en el personaje.
Lian Chuan se había vuelto un poco más demacrado.
Aquellos ojos que siempre parecían sonreír con encanto y coquetería ahora estaban mucho más apagados y sombríos.
Todo Jiangcheng sabía que el joven señor Lian, que tanto había jugado con fuego, finalmente se había quemado.
Después de pasarse la vida adiestrando halcones, esta vez uno le había picado los ojos.
Había creído que estaba jugando con Zhou Jin, pero resultó que Zhou Jin solo lo había utilizado como aperitivo.
Los dos habían terminado su relación.
Había sido Zhou Jin quien propuso la ruptura.
El motivo era muy sencillo: se había aburrido y quería probar algo nuevo.
Y había cumplido su palabra.
Últimamente, acudía a toda clase de eventos acompañado de su joven asistente.
El muchacho tenía un aspecto fresco y juvenil. Aunque no era tan atractivo como el joven señor Lian, tenía a su favor la novedad.
Aquella noche había otra recepción.
Los amigos de Lian Chuan, que normalmente no dejaban de parlotear y bromear, estaban más callados que nunca.
Nadie se atrevía a decir una palabra de más por miedo a equivocarse y provocar la ira del joven señor Lian.
Mientras bebían sin mucho entusiasmo, de pronto se escuchó un animado intercambio de saludos en la entrada del salón de banquetes.
Lian Chuan levantó la mirada.
Allí estaba Zhou Jin, elegante y refinado, socializando con los invitados mientras llevaba a su lado a aquel joven asistente de expresión radiante.
Lian Chuan apretó tanto la copa que parecía a punto de hacerla añicos.
Tenía los dientes firmemente apretados y la línea de su mandíbula se había endurecido.
Uno de sus amigos, incapaz de soportar aquella atmósfera, le dio un ligero codazo a Zhang An.
—En realidad, tampoco se puede culpar a Zhou Jin por favorecer a ese asistente —comentó Zhang An—. Fue su compañero de cursos inferiores cuando estudiaba en el extranjero. Ya tenían una buena relación desde entonces.
Lo que pretendía decir era que entre Zhou Jin y el joven asistente no existía ninguna relación ambigua.
Sin embargo, en cuanto abrió la boca, el rostro del joven señor Lian se ensombreció todavía más.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
Sus ojos atravesaron a Zhang An como dos espadas afiladas.
Zhang An: «…».
—Joven señor Lian —preguntó Zhang An, sin miedo a morir—, ¿no me digas que de verdad te enamoraste de él?
—¡Corten! —gritó Zhou Changshan.
Jian Xia y Wan Quan intercambiaron una mirada.
Solo entonces, la hostilidad que había impregnado sus ojos comenzó a disiparse poco a poco.
Al ver que todos tenían un descanso, Jiang Fangrong se apresuró a repartir entre los actores y el personal las cerezas que había llevado.
Como Jian Xia había pasado más de medio año rodando Cuento de hadas negro, sus padres y Zhou Changshan ya podían considerarse viejos conocidos.
—Profesor Zhou, coma usted también.
Jian Wei preparó una porción generosa y se la llevó.
Zhou Changshan le dio las gracias y después le dijo con una sonrisa:
—Quizás sea mejor que no estén presentes durante la siguiente escena.
—¿Por qué? —preguntó Jian Wei, desconcertado.
—Vamos a filmar una escena íntima en el baño —explicó Zhou Changshan—. Me preocupa que Jian Xia se sienta cohibido si ustedes están aquí.
Zhou Changshan lo dijo sin que se le alterara la expresión, pero el rostro de Jian Wei comenzó a calentarse.
Aunque sabía perfectamente que solo estaban actuando, como alguien ajeno al mundo del espectáculo, todavía le costaba un poco acostumbrarse.
—No hay problema, no hay problema.
Aceptó de inmediato.
Después de comer un poco de fruta con Jian Xia y Wan Quan, acompañó a Jiang Fangrong de regreso a la casa rodante para esperar allí.
Para el almuerzo, Jian Xia había encargado especialmente comida de Lai’an.
La familia, junto con Sun Peipei, Zhu Qian y Qi Ming, se acomodó como pudo dentro de la casa rodante para comer.
El ambiente era muy animado y las risas prácticamente no se detuvieron en ningún momento.
Durante la comida, el teléfono de Jian Xia vibró.
El sistema le había enviado una notificación con una noticia.
Se trataba de aquel hombre de los dientes de oro que había estado con Jian Lin.
Su nombre era Zhou Fugui.
En realidad, no era más que un pez pequeño dentro del círculo de inversionistas, así que la noticia pasó prácticamente inadvertida, como una piedra que se hunde en el mar.
Probablemente se la habían recomendado a Jian Xia porque últimamente había estado prestando especial atención a los movimientos de aquel hombre.
El titular era sencillo y directo, escrito en grandes letras negras sobre fondo blanco:
Tras sufrir pérdidas en sus inversiones, el inversionista Zhou Fugui anuncia oficialmente su bancarrota.
Una noticia tan sencilla y aparentemente insignificante que la mayoría de las personas, incluso si llegaban a verla, no se molestarían en investigar qué clase de individuo se ocultaba detrás del nombre «Zhou Fugui».
Mucho menos sabrían que, detrás de aquella bancarrota, se encontraba la inmensa ira de cierta persona.
Jian Xia apretó ligeramente los labios.
Después, con toda discreción, inició sesión en su cuenta secundaria y le dio «Me gusta» a la noticia.