Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105
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Jian Xia recibió la llamada de Jian Lin varios días después de regresar al país.

Ya casi era la hora del almuerzo.

Todavía quedaba una última escena por rodar aquella mañana y Jian Xia acababa de ponerse un nuevo vestuario con ayuda del estilista.

El joven señor Lian era elegante y mujeriego, por lo que tenía una cantidad extraordinaria de vestuarios en la película. Casi nunca repetía uno.

La escena que iban a rodar consistía en una conversación entre el señor Lian y su único hijo antes de asistir a una recepción.

El estilista terminó de ajustarle la corbata y sacó un poco la cadena del reloj de bolsillo decorativo que llevaba en el traje, dejándola caer sobre su pecho.

Jian Xia levantó los ojos y, en el espejo, apareció la expresión despreocupada del joven señor Lian.

—Listo.

El estilista retrocedió un paso y lo contempló satisfecho.

Al ver que habían terminado de arreglarlo, Zhu Qian se acercó y le tendió su teléfono.

—Te llama Jian Lin —dijo—. ¿Quieres contestar?

Jian Xia tomó el teléfono, algo sorprendido.

Hacía mucho tiempo que no hablaba con Jian Lin.

La última vez que se habían visto había sido durante el rodaje de El maestro demonio, cuando Jian Yuan y su familia realizaron aquella supuesta «visita al set».

Había pasado aproximadamente un año.

Incluso se había enterado por otras personas de que Jian Lin había firmado un contrato con Hongguo Entertainment.

Entonces, ¿por qué lo llamaba de repente?

—¿Cómo van el señor Wan y el señor Cui? —preguntó Jian Xia.

—El señor Wan todavía está retocándose el maquillaje —respondió Zhu Qian—. El señor Cui ya está preparado.

El señor Cui era Cui Qin, el veterano artista con quien Jian Xia compartiría escena aquel día.

En Sin nada, Cui Qin interpretaba al padre de Lian Chuan, el señor Lian.

—Mmm.

Jian Xia asintió.

Si la llamada hubiera sido de Jian Yuan o de su esposa, Zhao Wen, probablemente no habría contestado.

Pero se trataba de Jian Lin.

Cuando el negocio familiar todavía prosperaba, su familia y la de su tío habían mantenido una relación bastante buena. Además, Jian Xia era dos o tres años mayor que Jian Lin, por lo que desde pequeño lo había querido y cuidado mucho, prácticamente como si fuera su hermano menor.

Más tarde, cuando su familia sufrió aquel revés, las acciones de sus tíos sobrepasaron por completo sus límites.

Aunque Jian Xia se había distanciado de ellos, nunca había culpado realmente a Jian Lin por lo sucedido.

Después de todo, por aquel entonces ni siquiera era mayor de edad.

Jian Xia caminó en silencio hacia un rincón del camerino y contestó.

Allí había un enorme espejo de cuerpo entero que reflejaba por completo sus ojos ligeramente bajos y su esbelta figura.

—Hola, Jian Lin.

—Hermano —lo llamó Jian Lin desde el otro extremo.

—Mmm.

Jian Xia alzó ligeramente las cejas, sin añadir una sola palabra.

—Ya estás descansando, ¿verdad, hermano? —preguntó Jian Lin.

—Todavía no. Acabo de cambiarme y dentro de un rato tengo que rodar otra escena.

—En nuestra escuela ya es hora de almorzar —se quejó Jian Lin—. ¿Cómo es que ustedes todavía no descansan?

Jian Xia vio que su reflejo fruncía ligeramente el ceño.

Era evidente que Jian Lin tenía alguna petición difícil de expresar. De lo contrario, con su personalidad, no estaría dando tantos rodeos.

—Estoy a punto de ir a rodar —le recordó.

—Hermano…

Esta vez, Jian Lin no tuvo más remedio que ir al grano.

—Hay algo en lo que quisiera pedirte ayuda.

Jian Xia nunca había responsabilizado a Jian Lin por los acontecimientos del pasado.

Sin embargo, hacía mucho tiempo que había dejado de poder tratarlo con la misma cercanía de antes.

Aunque sus seguidores lo consideraban alguien que perdía la cabeza por amor, en realidad, fuera cual fuera el tipo de relación, Jian Xia estaba muy dispuesto a entregarse a los demás, pero una vez que lo decepcionaban, también sabía cortar los lazos con absoluta determinación.

Jian Lin no había cometido aquellas faltas, así que nunca lo había culpado.

Pero eso no significaba que su comportamiento durante aquellos acontecimientos no lo hubiera decepcionado profundamente.

Si lo que iba a pedirle no era demasiado excesivo, quizá estaría dispuesto a ayudarlo por el cariño que se habían tenido de pequeños.

Pero si volvía a hacerle alguna petición que sobrepasara sus límites…

Probablemente ya no volvería a ocuparse de él.

Al otro lado de la línea se hizo el silencio.

Jian Lin se apresuró a explicarse:

—No voy a insistir en que me ayudes a firmar con Xia Ri Entertainment. Tampoco se trata de levantar el embargo de la casa. No te preocupes, para ti esto es algo muy sencillo.

Después de decirlo, alargó la voz y comenzó a mimarlo como hacía antes.

—Hermanooo…

—Primero dime de qué se trata —respondió Jian Xia, sin otra alternativa.

—Últimamente, mi empresa tiene un guion que me queda muy bien y el inversor también tiene muchas expectativas puestas en mí —explicó Jian Lin—. Ahora vamos a negociar la colaboración, pero yo no tengo experiencia. ¿Podrías venir y ayudarme a revisar las condiciones?

—Xiaxia —lo llamó Zhu Qian desde lejos—. Estamos a punto de empezar.

Jian Lin debió de escucharla, porque comenzó a hablar más deprisa.

—Hermano, ¿tienes tiempo mañana por la noche? Es en un hotel que queda cerca de donde están rodando.

Negociar una colaboración no era algo que pudiera resolverse en unos instantes. Aunque Jian Xia quisiera ir, tendría que encontrar un momento en el que no estuviera rodando.

—Mañana tengo rodaje y no puedo ausentarme —respondió con calma—. Ya firmaste un contrato. Para esas cosas basta con que se encargue tu representante.

—Nuestra empresa es pequeña y no está muy bien organizada —dijo Jian Lin, bajando la voz con un tono lastimero—. Además de mí, lleva a varios artistas más y tiene sus favoritos…

Jian Xia se apoyó contra la pared que tenía detrás y se quedó ligeramente distraído.

Cuando eran pequeños, Jian Lin siempre lo llamaba de aquella manera.

Cada vez que se ponía cariñoso con él, daba igual lo que le pidiera…

—No es que no quiera ayudarte —dijo Jian Xia con una leve sonrisa—. Tengo que recuperar las escenas de los días que estuve fuera. Como muy pronto, podré sacar tiempo la próxima semana. Lo siento.

—¡Entonces la próxima semana! —respondió Jian Lin inmediatamente—. Lo de mañana es solo un primer contacto. Después todavía tendremos que concretar los detalles.

Como ya había dado su palabra, Jian Xia no siguió buscando excusas para negarse.

Sin embargo, por alguna razón, una extraña sensación de que algo no encajaba comenzó a surgir en su interior.

—Ya hablaremos —dijo—. Tengo que ir a rodar.

—Hermano —volvió a llamarlo Jian Lin, con tono suplicante—, ¿podrías mantener esto en secreto por ahora? No se lo cuentes a nadie, especialmente al joven señor Fu.

Y se apresuró a explicar:

—Me preocupa que, si sigo molestándote, termine hartándose de mí.

En cuanto escuchó aquellas palabras, Jian Xia volvió a experimentar esa inexplicable sensación de que algo no estaba bien.

Instintivamente, levantó una mano y apoyó la palma sobre el lugar del pecho donde llevaba colgados su anillo y su colgante de paz.

Pero no tuvo tiempo de pensar demasiado, porque el rodaje estaba a punto de comenzar.

Wan Quan y Cui Qin ya habían regresado frente a las cámaras.

Cui Qin estaba comentando con Zhou Changshan la escena que iban a rodar. Al ver acercarse a Jian Xia, sonrió y le hizo una seña.

La familia Lian poseía una enorme fortuna, pero el señor Lian solo había tenido un hijo, Lian Chuan, por lo que lo había consentido especialmente desde pequeño.

Precisamente por eso, incluso en una época en la que las relaciones homosexuales no podían salir a la luz, el señor Lian era capaz de hacer la vista gorda ante los excesos de su hijo.

Siempre y cuando la persona que finalmente entrara en la familia Lian como su esposa fuera una mujer, estaba dispuesto a no intervenir en nada.

Ese era su límite.

Y Lian Chuan lo conocía perfectamente.

Sin embargo, esta vez había ido demasiado lejos.

A diferencia de sus aventuras anteriores, en esta ocasión se había involucrado con el joven señor de la familia Zhou.

Su relación había causado un gran revuelo y los rumores circulaban por toda la ciudad.

En aquella escena, el señor Lian había invitado a Zhou Jin a su casa para que escuchara con sus propios oídos qué clase de persona era su hijo en cuestiones amorosas.

Prefería no enfrentarse directamente con su hijo mientras pudiera evitarlo. Primero intentaría intervenir a través de Zhou Jin.

Lo que no sabía era que Zhou Jin conocía perfectamente la verdadera naturaleza de Lian Chuan.

Y, aun así, había acudido.

Cuando estaban juntos en la intimidad, Zhou Jin siempre amenazaba a Lian Chuan con matarlo si alguna vez le era infiel.

Pero lo cierto era que siempre había sabido que Lian Chuan no solo tenía interés en una segunda persona, sino incluso en una tercera.

Para él, todo aquello no era más que un juego.

El único que se lo tomaba en serio era Zhou Jin.

Cuanto más tiempo pasaban juntos, más comprendía que le resultaría imposible mantener a un hombre como Lian Chuan atado a su lado.

Zhou Jin y Lian Chuan eran diferentes.

Lian Chuan era el único hijo de la familia, por lo que su padre le concedía mucha libertad y era sumamente tolerante con él.

Pero Zhou Jin no podía permitirse lo mismo.

Su situación familiar era muy complicada.

Además de su hermano menor, su padre tenía un hijo ilegítimo fuera del matrimonio.

La relación con Lian Chuan no era más que jugar con fuego. Para él, solo podía traerle perjuicios.

Sin embargo, aunque comprendía perfectamente todo aquello, seguía siendo incapaz de dejarlo ir.

Bastaba con que Lian Chuan le sonriera, con que tomara su mano y depositara un suave beso sobre ella, o con que lo mirara una sola vez con aquellos ojos seductores y llenos de ternura…

Y Zhou Jin perdía el control, enredándose de nuevo con él en un abrazo apasionado.

A veces deseaba sinceramente cumplir sus amenazas: aprovechar que aquel hombre estuviera profundamente dormido para clavarle un cuchillo y acabar con todo de una vez.

Pero nunca lo había hecho.

Lian Chuan siempre tenía un sinfín de palabras dulces para él.

Sin embargo, aquel día Zhou Jin quería escucharlo decir la verdad.

Lian Chuan, vestido con gran elegancia, bajó las escaleras y enseguida vio a su padre sentado en la planta baja, tomando té.

—¿Hoy ha vuelto tan temprano? —preguntó despreocupadamente, con una mano metida en el bolsillo.

—Tengo que ir a la recepción de la familia Jia.

El señor Lian sopló el té de su taza y dirigió discretamente una mirada hacia el biombo que tenía delante.

—Mmm —respondió Lian Chuan—. Jia Er se marcha, así que iré a despedirlo.

—He oído que ese joven de la familia Zhou también asistirá —comentó su padre.

—Ah, Zhou Jin.

Lian Chuan sonrió con indiferencia.

—¿Qué pasa? ¿Le gusta? ¿Qué le parecería que se convirtiera en su nuera?

—¡Maldito mocoso!

El anciano golpeó la mesa, furioso, y el té se derramó.

—Solo estaba bromeando…

Al ver que su padre se había enfadado, Lian Chuan se acercó con una sonrisa descarada.

—¿Ya no se le puede hacer una broma?

Tenía las cosas muy claras.

Si realmente llevaba a un hombre a casa, no recibiría ni un centavo de la fortuna familiar.

Su padre preferiría donarla toda.

—Solo me estoy divirtiendo con él —dijo con una risita desdeñosa—. ¿Por qué se lo toma tan en serio?

Detrás del biombo, Zhou Jin escuchaba en silencio, con la mirada ensombrecida.

Aunque ya sabía que aquella sería la respuesta, no pudo evitar sentir un dolor tan intenso que parecía retorcerle el corazón.

Está bien así, pensó.

—Me voy.

Lian Chuan levantó una mano y jugueteó despreocupadamente con la cadena dorada del reloj de bolsillo que llevaba sobre el pecho.

Pero, en cuanto se dio la vuelta, la sonrisa desapareció por completo de su rostro.

Había conseguido aquel reloj antiguo especialmente porque Zhou Jin le había dicho que le gustaban mucho los relojes de bolsillo, que le gustaba la sensación de tener el tiempo entre las manos.

Cuando Zhou Jin se lo había contado, lo había abrazado con especial fuerza.

Como si Lian Chuan fuera su propio tiempo.

O como si estuviera dispuesto a compartir con él todo el tiempo que le quedaba.

Lian Chuan empujó la lengua contra el interior de una mejilla y, de pronto, aquel reloj de bolsillo le pareció completamente insípido.

Instintivamente, quiso sacarlo del bolsillo y tirarlo.

Sin embargo, por alguna razón, después de enrollar varias veces la cadena alrededor de sus dedos, terminó soltándola.

—¡Corten!

Zhou Changshan frunció el ceño y miró a Jian Xia.

—¿Hay algo que te preocupa?

Jian Xia: «…».

Su expresión se congeló un instante. Luego levantó una mano y se frotó el rostro.

—Ve a despejarte un poco —dijo Zhou Changshan, poniéndose de pie—. Volveremos a rodar esta toma dentro de un rato.

—Lo siento, maestros.

Jian Xia se disculpó educadamente con todos los presentes.

—Voy a retrasarles el almuerzo. La próxima vez los invitaré a comer.

—No pasa nada —respondieron todos entre risas—. Son cosas normales de un rodaje.

Wan Quan incluso se acercó un paso.

—¿Necesitas ayuda con algo?

—Gracias, señor Wan.

Jian Xia sonrió y negó con la cabeza.

—Creo que me bastará con estar tranquilo un par de minutos.

Jian Xia se sentó en una silla, en un rincón silencioso.

Su piel era nívea, su cabello negro estaba ligeramente rizado y esponjoso, y la cadena dorada del reloj de bolsillo que llevaba sobre el pecho despedía un tenue brillo…

No había un solo detalle de su aspecto que no fuera exquisito y hermoso.

Sin embargo, en aquel momento su expresión había perdido por completo la despreocupación y el aire desenfadado de Lian Chuan.

Parecía especialmente serio, incluso con una frialdad distante difícil de describir.

Ni siquiera Sun Peipei y Zhu Qian se atrevieron a acercarse para molestarlo.

La verdad era que la llamada de Jian Lin sí lo había afectado.

Había demasiadas cosas en aquella conversación que no le cuadraban y, por alguna razón, le habían provocado una inquietud persistente.

Por mucho que intentara concentrarse en la actuación, aquella sensación no dejaba de invadir su corazón y le impedía entregarse por completo a la escena.

Empezando por lo más evidente…

En primer lugar, ¿por qué tenía que mantenerlo en secreto?

Si se trataba simplemente de que Jian Lin temía a Fu Hanjun, sus padres ya habían acudido más de una vez a él y a sus padres por el asunto de levantar el embargo de sus propiedades, intentando por las buenas y por las malas que intercedieran ante Fu Hanjun.

Eso demostraba que, cuando había intereses de por medio, a veces el miedo no significaba absolutamente nada.

Además, aunque el representante de Jian Lin tuviera sus favoritos, ¿por qué creía Jian Lin que él, alguien ajeno a la empresa, podría hacerlo cambiar de opinión?

Incluso suponiendo que solo quisiera pedirle ayuda para revisar el guion y el equipo de producción, en realidad todo aquello podía resolverse perfectamente sin necesidad de verse en persona.

Por otra parte, un recién llegado como Jian Lin prácticamente no tenía ninguna oportunidad en Hongguo Entertainment.

Si por fin había conseguido una, tampoco estaba en condiciones de ponerse exigente ni de escoger a su antojo…

Entonces, ¿qué sentido tenía insistir en que fuera personalmente?

Había otro detalle que preocupaba especialmente a Jian Xia.

Él ni siquiera había dicho qué día tendría tiempo libre.

Sin embargo, Jian Lin parecía completamente seguro de que, precisamente el día en que Jian Xia pudiera acudir, ellos estarían negociando los detalles de la colaboración.

¿Cómo era posible?

A menos que…

A menos que fuera el propio Jian Lin quien estuviera organizando la fecha.

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