Caballero en eterna Regresión - Capítulo 173

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¿Cuál era el muro original?

“Vencer al líder knoll, arriesgándome a salir herido.”

El líder knoll era asombrosamente rápido y blandía una daga envenenada.

“Una pelea donde ni un raspón es aceptable.”

Un combate en el que un solo cortecito podía decidirlo todo.

Se sentía como si ese muro hubiera sido levantado específicamente para él: exigía una velocidad de reacción a su altura y una coordinación tal que su cuerpo se moviera en el instante en que sus ojos percibían algo.

Era una pelea que parecía imposible de ganar sin alcanzar esas capacidades.

Encrid pensó en su rival como un muro y le añadió una leve inflexión a la idea. Podría considerarse una especie de truco.

“¿Y si lo enfrento sin herirme?”

Aunque le drenaría la resistencia, había un método posible.

Además, la mayoría de los colonos no tendría por qué morir.

Encrid hizo exactamente eso.

Ahora tocaba ver los resultados de sus acciones.

En pocas palabras, Encrid tenía que determinar si de verdad había superado el muro… o si solo había hecho una tontería.

La verificación era simple. Era cuestión de tiempo.

Y la conclusión:

“No regresa.”

Parpadeo, parpadeo, parpadeo, parpadeo.

Por más que parpadeaba, todo seguía igual.

La noche estaba profunda, y la hora de “volver” ya había pasado desde hace mucho.

Así que había superado el muro.

—¿Qué estás haciendo?

Era la voz de Krais, que lo había estado mirando.

Estaba tirado cerca, y Encrid ya llevaba rato escuchándolo.

—Qué mundo… qué vida… ¿tan mala suerte traigo este año?

Había estado murmurando cosas así, y luego le preguntó a Encrid.

—Siento que este año tengo buena suerte.

—Eso no está del todo mal. Si tuvieras mala suerte, probablemente no habrías regresado vivo. Pero ¿qué traes con los ojos? Pareces poseído. Da miedo, así que ya párale.

—¿Ah, sí?

Aun así, Encrid parpadeó unas cuantas veces más.

Mientras parpadeaba, se preguntó si era posible pasar un día completo con un truco así.

O si ese era el camino original.

O tal vez solo necesitaba superar el desafío que él llamaba muro.

No lo sabía. Había demasiadas cosas que no entendía.

Repetir el “hoy” solo era lo más reciente en una cadena de eventos incomprensibles.

“¿Saldrá en mis sueños esta noche?”

Quizá debería preguntarle al barquero.

No esperaba una respuesta agradable, pero preguntar era mejor que no preguntar.

Aunque, al final, todo era una pérdida de tiempo.

Gastar energía mental en eso no servía de nada; mejor daba unos cuantos espadazos más y ya.

De pronto, Esther, acurrucada en sus brazos, se apretó contra su pecho.

Tal vez era el costo de haberla usado tan intensamente hace rato; desde que regresaron, no se había despegado de su pecho.

Ni cuando se bañó. Se metieron juntos a una tina de madera con agua caliente que unos trabajadores les prepararon.

—Kyaa…

Parecía que lo disfrutaba bastante: en vez de un chillido agudo, soltó un sonido como de suspiro, se restregó contra el pecho de Encrid aquí y allá, y luego ronroneó mientras se quedaba dormida.

Él la sostuvo mientras se bañaba, por si se dormía y se ahogaba. Aunque, la verdad, era poco probable que Esther se ahogara.

Como sea, Encrid por fin reconoció que el día había terminado por completo.

Había superado el muro y sobrevivido. Hoy aprendió algo nuevo a partir de su sentido de evasión. Mañana lo esperaba.

—¿Ya es mañana?

Murmuró, hechizado por la noche, la luz de la luna y el viento.

—Todavía es medianoche.

La voz era de Frog, que volvió cubierta de tierra y con hojas pegadas… de Luagarne, que regresó con la luna a su espalda.

—¿Apenas volviste?

Se había estado preguntando cuándo regresarían. Al parecer, fue hasta después de que el día terminó del todo.

Fuera lo que fuera que hicieron, Luagarne no supo del ataque de monstruos y bestias.

—Nos fuimos muy lejos, más allá de la cantera. Ese tipo del que hablaste… sí era cultista. Se peló.

Encrid y Luagarne hablaron de los asuntos pendientes.

Luagarne dijo que había perdido el rastro del cultista.

—¿Me estás diciendo que se te escapó?

¿Frog… perdiendo a un humano? ¿Un simple humano? Aunque fuera un sacerdote de culto… ¿Frog perdiendo a un humano?

Esos pensamientos se le cruzaron a Encrid una y otra vez.

Luagarne sintió una incomodidad extraña crecerle por dentro. Con esa incomodidad como base, abrió la boca.

—Era entendible que se me escapara.

—Ah, ya. Sí… tiene sentido.

Tal vez se descuidaron. O tal vez Frog era medio mensa… podría ser, considerando que sigue aquí. Si no, ya habría vuelto a la capital hace rato.

—Qué raro.

—¿Qué?

—Se siente como si tus ojos dijeran otra cosa.

—¿Yo?

Encrid siguió tan calmado como siempre.

Eran sus ojos los que parecían contar otra historia.

Aunque Frog fuera medio mensa, era rápida para captar cosas.

—Oye.

—¿Sí?

—Nada.

El hecho era que se le escapó. Encrid no tenía intención de llamar “mensa” a Frog. Aunque su expresión se veía bastante insolente, probablemente no era a propósito.

El hecho seguía siendo que se le escapó.

Pero ¿por qué se sentía tan…?

—Debe ser alguien relacionado con los monstruos y bestias.

Dijo Encrid, y Luagarne asintió.

—Los que se retiraron hoy quizá no se dispersen.

Luagarne asintió otra vez.

Si el sacerdote cultista estaba involucrado, podía tomar fácilmente el control del liderazgo de la colonia.

Los monstruos y bestias atacantes no eran criaturas legendarias. Los knolls eran monstruos de bajo nivel.

Los monstruos de bajo nivel normalmente son brutos.

Entre ellos estaban los ghouls, de los que se decía que no tenían cerebro, así que los knolls no es que fueran muy listos.

Solo tendían a juntarse, pelear y emboscar.

De hecho, un knoll solo era más fácil de manejar que un ghoul.

Pero si estaban armados y organizados así, la cosa cambiaba.

—El equipo de los knolls estaba sorprendentemente bien preparado. Seguro fueron los cultistas. Puede que regresen mañana.

Concluyó Encrid.

En ese momento, a Luagarne le pareció que los ojos de Encrid estaban diciendo otra cosa.

“Esto pasó porque lo dejaste ir, ¿no?”

—Tus ojos…

Justo cuando iba a decir algo, Deutsche Pullman se acercó.

—¿Estás diciendo que no solo se retiraron?

Deutsche, que había estado rondando cerca, no podía quedarse callado mientras se decía algo tan importante.

—Parece que sí.

—¿Por qué?

Ante la pregunta de Deutsche, la mirada de Encrid parpadeó un instante hacia Luagarne. Luego habló.

—El que está detrás de la horda de monstruos sigue allá afuera.

—¿El que está detrás? Sí… algo sí se sentía raro.

Deutsche asintió. Tenía sentido.

Una horda armada.

Un número anormalmente grande de monstruos y bestias.

Y también lo del espía entre los suyos… especialmente si era uno de sus subordinados.

—Ah. El ayudante que falta era un cultista.

Encrid lo soltó, y fue un golpe fuerte.

“¿Ese cabrón?”

Deutsche negó con la cabeza, como tratando de acomodar sus ideas.

—Mandé una paloma, pero mínimo se va a tardar una semana en llegar refuerzo. No hay apoyo cerca.

No era algo que una banda mercenaria pequeña debiera manejar. Incluso si pudieran contratar mercenarios para una batalla a esa escala, costaría una cantidad brutal de kronas.

Además, juntar tantos mercenarios era un problema en sí.

Deutsche solo tenía una opción: pedir apoyo al noble que patrocinaba el pueblo.

La paloma ya iba en camino, pero aun en el mejor caso, la ayuda tardaría una semana.

—Puede tardar una semana.

Murmuró Encrid. No estaba claro si quería que alguien lo oyera; parecía perdido en sus pensamientos, como hablándose solo.

Deutsche no preguntó qué quiso decir. Tenía demasiadas cosas encima.

Tenían que prepararse para defender la barricada.

Si la horda que se retiró estaba conectada con los cultistas, tenían que estar listos para ataques mágicos.

Si el enemigo incluía cultistas, podían usar maldiciones para drenarles el espíritu.

Los cultistas eran impredecibles; algunos actuaban como dioses en pueblos de montaña, gobernando sobre la gente.

Y si el cultista seguía por ahí, tenían que estar listos para cualquier orden que le diera a los knolls.

—Yo me encargo del cultista.

Luagarne se lo dijo a Deutsche, y eso lo tranquilizó un poco.

—Gracias.

Dijo Deutsche con sinceridad.

Luagarne miró los ojos de Encrid. Esos ojos azules, entre su cabello negro, brillaban con una luz rara.

“¿Vienes a arreglar el desastre que hiciste?”, pensó Luagarne.

Hizo una mueca leve, pero no dijo nada. Después de todo, ella lo había perdido.

Sin embargo, lidiar sola con alguien que maneja magia de invocación era pesado.

Magia de invocación… quien no la ha enfrentado no lo entiende: pelear contra eso con puro hierro es casi imposible. Es difícil defenderte o contrarrestarla sin ayuda de hechizos.

—¿Qué traes?

Los ojos de Encrid seguían brillando, azules y punzantes.

Luagarne decidió que era mejor no meterse en una conversación con esos ojos. Si el cultista regresaba al día siguiente con monstruos y bestias, entonces ella se probaría ahí.

—¿Hoy no toca sesión de entrenamiento?

Preguntó Luagarne mientras se alejaba.

—Le pedí a Esther que hiciera algo y quedó en este estado… hoy no es buen día.

Respondió Encrid, acariciando la cabeza de la pantera que se le acurrucaba en el pecho.

No había mucho más que decir.

—Ya veo.

Luagarne se despidió con gracia y fue a lavarse. Vio un arroyo cerca y decidió que era buen lugar. Las Frogs, por naturaleza, amaban el agua.

Sintió unas ganas tremendas de clavarse en el agua fría.

—¿Tú crees que aguantemos?

Cuando Frog se fue, Krais preguntó, mirando a Encrid.

Encrid, que estaba ahí sin hacer nada, ladeó la cabeza.

—¿Aguantar?

—La horda de knolls va a volver mañana, ¿no?

—Ah… sí, van a volver.

Su actitud indiferente y su tono calmado sugerían que estaba pensando en otra cosa.

¿Y ahora qué trae este líder de pelotón?

Krais lo dijo con los ojos, y Encrid no se guardó nada. A ese tipo de cosas hay que pararlas desde temprano.

Thud.

Encrid le dio una patada en el pecho a Krais y lo hizo rodar hacia un lado.

—¡Auh!

Krais se quejó al caer.

—¿Por qué… por qué hiciste eso?

—¿No traías los ojos raros?

Dijo Encrid, y Krais supo que cuando su líder se decidía, lo hacía sin dudar.

Además, Encrid era observador, igual que él. Había notado la mirada de Krais. Encrid a veces aguantaba las bromas, pero cuando algo le parecía “mal”, actuaba en seco… como ahorita.

—Mis ojos…

—Sí. Tenlos derechos.

Encrid por fin quedó satisfecho.

Ya era hora de dormir. Descansar bien para estar al cien mañana era crucial.

Se había puesto ungüento en unos raspones.

Traía los músculos un poco tensos, pero con una noche de sueño estaría bien.

“Me pregunto qué tan bien pelea Frog cuando la hacen enojar.”

La idea le pareció interesante mientras se acomodaba para dormir.

Mientras Encrid dormía profundo, Deutsche Pullman, sus subordinados y los demás aldeanos se iban de la esperanza a la desesperación y de regreso.

—¿No se suponía que ya se habían ido?

—¿Van a regresar?

—¿Hay un cultista metido? Ay, Señor del Sol… mi Señor.

—Cuídanos, Señor.

—¡No! ¡Vienen demonios! ¡Demonios!

Los que estaban dominados por el miedo lloraban y decían babosadas.

Los fieles rezaban.

Los que tenían la cabeza fría pensaban en el peligro.

Los comandantes se enfocaban en lo inmediato.

Fue una noche llena de preocupaciones personales y obligaciones para todos.

La mayoría no tuvo opción más que quedarse despierta, con guardias vigilando hasta el amanecer.

Fue un día aguantado gracias a Encrid.

Para Deutsche, sin Encrid, la batalla se habría perdido.

Él había visto cómo peleó Encrid.

Era poco probable que pudiera hacerlo otra vez.

Había sido el resultado de un accidente con suerte, provocado por una situación retorcida.

Si no… ¿qué clase de persona se mete solo a una horda de bestias?

Cuando el día pasó y amaneció, un vigilante que cuidaba frente a la casa de Encrid vio salir al héroe de cabello azul oscuro.

Encrid empezó su mañana más tarde de lo normal.

Al salir, comenzó sus ejercicios, sudando a chorros mientras entrenaba con intensidad.

El vigilante se preocupó de que fuera demasiado: ¿estaba bien gastar tanta energía?

Con esa inquietud, se animó a hablar.

—Oiga… ¿nunca descansa? ¿Ni en un día como hoy?

Después de haberse exigido tanto ayer, no podían estar seguros de si hoy les esperaba otra crisis.

Encrid asintió a las palabras del vigilante.

—Tuve un buen sueño.

¿Eh? La pregunta era sobre descansar, pero esa fue su respuesta.

Encrid parecía concentrado solo en sus propios pensamientos, sin dejar de entrenar.

Entonces salió Frog.

—¿Un buen sueño? Te estabas moviendo mucho.

—Parece que hablé dormido.

Esa fue la conversación entre Frog y Encrid.

El vigilante ya no dijo nada y se hizo a un lado.

Al poco rato, también salieron la pantera y el soldado de ojos grandes.

El soldado bostezó y, cuando cruzó mirada con el vigilante, le hizo un pequeño gesto con la cabeza.

El vigilante respondió igual.

Por último, salió la arquera.

—Ah…

Exhaló hondo, y por su forma de caminar era evidente que no estaba bien.

—¿Para qué sales?

Preguntó Encrid al verla.

—Por lo menos debo disparar el arco.

Respondió ella.

—Está bien.

—Pero dijiste que podrían volver hoy.

—Probablemente.

—Si vienen, es bueno.

Eso fue lo que dijeron Encrid, Finn y luego otra vez Frog.

Al vigilante le costaba seguirles el hilo.

—Si vienen, es bueno.

Frog repitió las palabras una vez más, con un tono firme.

Había energía, amenaza y determinación en su voz.

Con solo verla, al vigilante le temblaron las rodillas.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Mientras el valor del vigilante se le desinflaba por un momento, una campana de emergencia sonó por todo el pueblo, llegando a los oídos de todos.

Dicen que lo peor siempre pasa, o que aquello que menos quieres enfrentar inevitablemente llega.

Ambas frases parecían decir lo mismo.

—¡Knolls!

Un mensajero corrió gritando desde el frente.

Era hora de que la estrategia defensiva de Deutsche, preparada durante la noche, entrara en acción.

Encrid también empezó a moverse.

Su cuerpo estaba listo; solo necesitaba su equipo.

Krais había limpiado sus dos espadas antes de dormir, puliéndolas con aceite hecho de grasa derretida hasta dejarlas brillando.

La cota de malla dentro de la armadura de cuero estaba un poco dañada, pero no era un problema serio.

Quizá le faltaban dagas arrojadizas, pero hoy a lo mejor solo se ocuparía esgrima. Estaba preparado.

—Entonces… ¿Luagarne?

Encrid llamó a Frog mientras se ponía la armadura, y Frog asintió.

Era hora de redimirse y mostrarle su valor al insolente de ojos de Encrid.

—Vámonos.

Respondió Luagarne, y pronto el grupo salió. Finn se les unió, queriendo observar por si no podía ayudar.

Krais suspiró hondo, murmurando sobre su mala suerte, pero sabiendo que quejarse no cambiaba nada, los siguió de inmediato.

Pasará lo que pasara, estaba claro que tenían que enfrentarlo juntos.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

La campana de emergencia seguía sonando sobre sus cabezas.

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