Caballero en eterna Regresión - Capítulo 152
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- Capítulo 152 - ¿Qué Hace Diferente a un Caballero?
De regreso, Aisia se sentía algo extraña.
“Debe ser la primera vez.”
Un hombre que aguantó solo con su cuerpo desnudo, aun sin saber cómo manejar la fuerza de un caballero.
No es que hubiera “superado” la presión. Simplemente la soportó.
No—cuando todo terminó, incluso logró dar un paso hacia adelante, aunque fuera solo la longitud de la yema de un dedo.
Como caballero novata, su aguda mirada había captado incluso el movimiento más mínimo.
Había intentado avanzar. Sí, había avanzado.
¿Cuántos soldados podían hacer eso?
¿Existía siquiera uno?
Probablemente no.
“Si se da cuenta… podría convertirse en un monstruo.”
Pero eso no era algo que se lograra tan fácilmente.
“Olvídalo.”
Ese idiota de Frok seguía ahí; él se encargaría.
Le habían pedido un favor, y ella ya había cumplido con su parte.
Así que, una vez regresara, todo terminaría.
Aisia borró a Encrid de su mente.
No había necesidad de recordarlo.
Aunque, tenía que admitirlo, su determinación y firmeza le resultaban bastante atractivas.
Y, bueno, su cara también era bastante agradable.
“No es como si lo fuera a volver a ver.”
El talento era algo cruel.
La diosa de la fortuna siempre había sido injusta.
Clop, clop.
Las pisadas del caballo golpeaban el suelo mientras avanzaba. Era hora de volver.
—
“¿Por qué?”
Benzense se sentía inquieto e intranquilo sin razón aparente.
Había venido un caballero a evaluar a Encrid. Habían revisado sus habilidades, e incluso Frok, el famoso evaluador de talento, se había presentado.
El resultado habían sido palabras crueles.
“¿Por qué llegar tan lejos?”
¿Querían que perdiera la motivación? ¿Les irritaba tanto su dedicación al entrenamiento?
Benzense ni siquiera podía empezar a imaginar qué estaba pensando el Capitán Marcus.
¿Por qué molestar a Encrid cuando solo estaba ahí parado?
Decirle que no podía convertirse en caballero, que ya tenía un límite marcado, y que mejor se rindiera.
¿Por qué? ¿Para qué?
Benzense no conocía el sueño de Encrid. Tampoco sabía qué había hablado con el Capitán Marcus.
Así que, naturalmente, se quedó con dudas.
Encrid nunca había ocultado del todo su sueño deslavado, pero tampoco era alguien que fuera por ahí gritándolo al oído de los demás.
—Ese maldito capitán tiene una personalidad de la fregada.
Murmurando para sí, Benzense se dirigió a los aposentos de Encrid.
Knock, knock.
—Soy yo, Benzense.
—¿Oh? Es el feo del líder de escuadra. ¿Qué se le ofrece?
La puerta se abrió, y la voz de Rem le irritó al instante.
Benzense lo ignoró. Si mordía el anzuelo y empezaba a hablar, acabarían peleando.
¿Y el resultado? Si se tratara de Encrid, una buena rodillazo en el muslo bastaría para bajarle los humos. Pero con Rem… ese ya era otro asunto.
En resumen, buscar pleito era una pésima idea.
—¿Dónde está Enki?
—Está dormido.
Más bien inconsciente.
Y aun así, este cabrón se veía de lo más tranquilo.
Benzense había asumido que estaría gritando algo como que iría a cortarle la cabeza a Marcus de un hachazo por aplastar el espíritu de su líder de escuadra.
Pero bueno, si fuera de los que hacen berrinche en los barracones, ya habría blandido el hacha hace mucho.
Sí, era muy de su estilo.
Dentro, Ragna estaba dormido otra vez.
Benzense revisó: realmente estaba dormido. No roncaba, solo se veía el leve subir y bajar de su pecho.
Jaxson, a un lado, estaba enrollando con cuidado una hoja de tabaco.
Impresionante nivel de dedicación.
Una mujer llamada Finn, al parecer, se les había unido, pero no estaba ahí.
Krys tampoco estaba.
Solo Frok, al que Benzense había visto durante la guardia de la mañana, seguía allí.
Ya casi era mediodía, hora de comer. ¿Pensaban acampar ahí para siempre?
Se veían sorprendentemente relajados—casi inquietantemente relajados.
¿No se supone que deberían consolar a Encrid cuando despertara?
O por lo menos, no sacar el tema.
¿Planeaban simplemente hacer como si nada?
Benzense carraspeó, tanteando el ambiente, y justo en ese momento, Encrid despertó.
Se incorporó con torpeza, frotándose los ojos.
—Oh, ya despertaste.
Benzense reaccionó primero.
Entonces—
—Dijeron que no puedes ser caballero. Ni la más mínima oportunidad, ni siquiera lo que cabe en el cerebro de un necrófago.
Rem lo soltó de golpe, con urgencia.
—Hermano, ya despertaste. Ten, come esto.
Audin, sentado a su lado, le ofreció un trozo de pan.
¿De dónde lo habría sacado? Era blanco y se veía suave y esponjoso.
Benzense había oído que recientemente había abierto una buena panadería en la ciudad—quizá era de ahí.
Espera, no era momento de pensar en eso.
Ragna siguió dormido.
Jaxson guardó con cuidado el tabaco recién enrollado en una bolsa de cuero.
—Mm, sí.
Encrid estaba tranquilo.
Respondió con indiferencia, le dio una mordida al pan, se levantó y salió.
Frok, que había estado observando en silencio, por fin habló.
—Dijeron que no puedes ser caballero. ¿De verdad estás bien con eso?
Encrid giró un poco la cabeza, hizo un leve gesto afirmativo y luego enderezó la espalda.
—Pues sí.
No sabía con certeza cuál era la posición de Frok, pero si había venido con una caballero novata, probablemente era al menos un aprendiz de caballero.
Y si él era quien evaluaba el talento, seguramente tenía un rango equivalente a la nobleza.
Encrid pensó un momento antes de abrir la boca.
En su expresión no había ni rastro de sorpresa.
Por coincidencia, Benzense estaba bloqueando la salida de los barracones. Parpadeó al ver a Encrid.
—¿Viniste a ajustar cuentas por el duelo de anoche?
preguntó Encrid.
—No, no es eso…
Benzense no fue capaz de admitir que estaba preocupado.
—¿Qué, feo líder, vienes a vengarte? Ándale, inténtalo.
Rem lo provocó, pero Benzense no mordió.
Ya habían peleado antes.
Su muslo todavía estaba morado por eso.
Encrid salió.
Benzense se quedó mirando su espalda, aturdido, antes de volverse por fin.
—Eh… ¿no se supone que alguien debería consolarlo?
preguntó Benzense, mirando la figura de Encrid alejarse.
Si no consolarlo, al menos mostrar algo de preocupación, ¿no?
¿Qué tal si de repente abandonaba la espada?
¿Qué tal si decidía renunciar?
¿Qué tal si simplemente… se detenía?
¿Y si las palabras de los caballeros, machacando su falta de talento, hubieran roto su espíritu?
Benzense sabía que estaba exagerando.
¿Por qué se estaba metiendo tanto?
¿Qué más le daba si Encrid renunciaba o no?
Pero no podía sacarse de la cabeza la forma en la que se habían dado las cosas.
Nadie le había pedido que se preocupara. No lo hacía por alguna razón lógica.
Simplemente no le parecía justo. (N/T: Me encanta el desarrollo de Benzense. Muy bien ahí, Autor-nim.)
No podía simplemente hacerse de la vista gorda.
Al oírlo, Rem soltó una risita.
Esa risa—era la misma de siempre. No sonaba fingida ni forzada.
—¿Se supone que a quién tenemos que consolar? ¿Al líder?
Rem, y—
—Jajaja, hermano, no conoces muy bien a nuestro líder de escuadra.
Audin también soltó una risita.
—El líder es el líder.
Hasta Jaxson metió su cuchara.
—Hmm, ¿el líder?
Ragna, que acababa de despertar, preguntó con calma. Benzense señaló instintivamente hacia afuera.
—Se fue. ¿Entrenando?
¿Cómo iba a saberlo?
Ragna ni siquiera esperó respuesta. Tronó el cuello de un lado a otro, agarró su espada y salió.
Benzense tuvo que hacerse a un lado otra vez. Ragna pasó sin siquiera saludar.
¿Qué fue eso?
No pudo evitar sentirse algo ignorado.
—El líder estará bien.
concluyó Rem.
Al oír eso, Frok por fin reaccionó.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro?
—Experiencia.
Tras ese breve intercambio, Frok se sacudió el polvo y se puso de pie.
Experiencia—es decir, que solo se entiende después de haber pasado por lo mismo.
Entonces, solo quedaba una cosa por hacer.
Ir a verlo con sus propios ojos.
Ver cómo era realmente ese tal Encrid.
Ragna ya había salido, y ahora Frok lo siguió.
La cabeza de Benzense era un caos.
¿En serio estaba bien dejar las cosas así?
—Las habilidades de nuestro líder… ¿siempre han sido así? ¿Crees que su nivel actual tenga sentido? ¿Tú qué opinas, feo líder?
Rem seguía hablando, revolcándose en la cama. Luego estiró la mano para intentar picar a Esther.
Esther enseñó las uñas y le lanzó un zarpazo.
Rem retiró el dedo justo a tiempo, esquivando el rasguño.
Los ojos azules de Esther se clavaron en él.
Rem sonrió y levantó la palma abierta.
Parecía significar: Está bien, ya no te molesto.
Benzense los miró un momento, en silencio, antes de soltar algo entre dientes y darse la vuelta.
—Debe ser bonito ser guapo, cabrón.
O algo por el estilo.
¿Por qué lo llamaban feo todo el tiempo?
Con solo ver la cara de Rem ya se le subía la bilis.
¿Cómo podía alguien ser tan hábil y encima tener una cara así?
Bueno, al menos había un consuelo—
Ese tipo tenía una personalidad completamente chiflada. No por nada a su escuadra le llamaban la Escuadra Loca.
Por lo menos en carácter, Benzense sentía que llevaba ventaja.
Aunque el mundo entero pareciera no reconocerlo.
Benzense volvió a sus aposentos, inmerso en sus pensamientos.
En especial en las últimas palabras de Rem.
—Las habilidades de nuestro líder… ¿siempre han sido así? ¿Crees que su nivel actual tenga sentido? ¿Tú qué opinas, feo líder?
Paso, paso.
No tenía sentido.
Por más que lo pensara, no lo tenía.
Especialmente su ritmo de crecimiento.
El Encrid que conocía antes—por más que blandiera la espada, era un idiota sin remedio, atrapado siempre en el mismo lugar.
—Si fuera yo, ya habría renunciado hace mucho.
Algunos soldados solían decir eso mientras lo miraban.
Benzense recordaba haber oído esas palabras con sus propios oídos.
En aquel entonces, había un montón de gente que criticaba a Encrid sin dudarlo.
—No hay forma de que ese imbécil se haya vuelto líder de escuadra por habilidad. El sistema definitivamente tiene huecos, ¿no?
Incluso había quienes escupían cosas así, llenos de desprecio.
A Benzense tampoco le caía bien Encrid en ese entonces.
—Pero tú ni siquiera tienes los huevos para blandir la espada todos los días, ¿y aun así te burlas de alguien que sí lo hace? Estás mal de la cabeza.
¿Y qué hizo con ese tipo?
Cierto—lo hizo morder el polvo.
Simplemente porque no le caía bien.
Ese tipo, sus palabras, y el propio Encrid—ese Encrid que se mantenía terco, entrenando la espada día tras día.
En aquel tiempo, muchos insultaban a Encrid.
Y ahora, uno de esos estaba justo frente a él.
—Tú.
lo llamó Benzense.
—¿Sí, líder de escuadra?
Un soldado se acercó.
—¿Crees que las habilidades del Líder Encrid tienen sentido ahora?
—…¿Perdón?
—Pregunté por su habilidad.
—Eh, bueno… ha mejorado.
El soldado, que en el pasado se había burlado de Encrid, ahora tenía otros sentimientos en la mirada.
Admiración. Y determinación.
—¿Y por qué crees que mejoró?
—¿Eh?
“¿Y ahora qué le pasa a este?”
Benzense podía leer ese pensamiento en la cara del soldado. Chasqueó la lengua internamente.
—Olvídalo.
Lo dejó ir y volvió a reflexionar.
Solo había una razón.
Esa determinación inquebrantable.
¿Qué fue lo que le permitió mantenerse así?
No sabe cómo rendirse.
No entiende de desesperación ni de abandonar.
Quizá por eso, incluso cuando no le gustaba Encrid, Benzense nunca pudo odiarlo de verdad.
La razón por la que le fastidiaba era la misma por la que le fascinaba.
Encrid no daba la vuelta. No retrocedía. Seguía adelante imaginando un futuro.
Soñaba.
Un hombre que avanzaba por su propia vida.
Y por eso, brillaba.
Y porque brillaba, atraía a otros hacia él.
—Maldición.
De pronto, a Benzense le dieron ganas de blandir la espada.
La próxima vez que entrenara con él, quería poder aguantar un poco más.
Decidió convertir eso en su meta.
Dejó a un lado sus preocupaciones, tomó su espada.
Era hora de entrenar.
Dentro de la unidad, la fiebre del entrenamiento se había extendido, y él también se sumaría.
—
Lo primero que pasó por la mente de Encrid al despertar fue:
Entrenamiento.
Se había saltado el entrenamiento matutino.
Y justo hoy, de todos los días, tenía muchas cosas que hacer.
Empezando por la Técnica de Aislamiento, Percepción de la Evasión, Corazón de la Bestia, Enfoque en un Solo Punto, Corazón de Fuerza Monstruosa, Percepción de la Hoja, Combate Estilo Valaf y los ejercicios fundamentales de espada.
Como me salté la sesión de la mañana, tendré que pasarlo todo a la tarde.
Recortaría su tiempo de descanso.
Sabía lo importante que era el reposo, pero—
Esta era una situación especial.
Había perdido tiempo después de desmayarse en la mañana.
Fuera lo que fuera que Aisia, la caballero novata, hubiera hecho—dejaría ese asunto de lado por ahora.
Tenía cosas que hacer primero.
La repetición diaria.
El entrenamiento que jamás debía descuidar.
Entonces, justo cuando estaba por levantarse, escuchó algo extraño.
Estaban diciendo algo de que no podía convertirse en caballero.
¿Y por qué había venido Benzense?
Encrid simplemente masticó el pan que Audin le había dado, luego se dirigió al campo de entrenamiento y empezó sus ejercicios.
Hoo.
El sudor lo cubrió rápidamente. Su ropa interior se empapó en nada de tiempo.
Sorprendentemente, a pesar de haberse desmayado, la cabeza no le pesaba y nada le dolía.
En ese momento, había sentido como si fuera a morir.
Incluso mientras se concentraba en entrenar, sus pensamientos seguían corriendo.
El manejar dos espadas lo había acostumbrado a hacer varias cosas a la vez.
¿Qué fue eso, exactamente?
Ahora sabía cómo generar ímpetu.
Una vez, había paralizado a un gato con solo mirarlo fijamente.
Pero hacer que alguien viera una ilusión que no debería ser capaz de percibir…
Eso era imposible.
Y sin embargo, él la había visto.
Espadas—una tormenta abrumadora de espadas.
Una tormenta tan feroz que no podía dar ni un paso hacia adelante.
Una tormenta de espadas que le dejaba claro que, si no retrocedía, moriría.
Era a la vez una urgencia y una orden.
Como si la espada de Aisia hubiera sido la que pronunciaba esas palabras.
¿Su oponente siquiera había desenvainado la espada en ese momento?
Probablemente no.
Hoo.
Exhalando profundamente, estabilizó su respiración.
Luego, de nuevo—entrenar, entrenar y seguir entrenando.
Cuando por fin terminó de ponerse al corriente con el entrenamiento de la mañana—
—Te dijeron que no puedes ser caballero. ¿De verdad no te afecta?
Era Frok. Se acercó con grandes zancadas y preguntó directamente.
—¿Afecta?
¿Afectarme? ¿A qué se refería?
Con ese pensamiento exacto, Encrid devolvió la pregunta.
—Este tipo, en serio.
Frok se rascó la nariz con un dedo grueso.
—Eres interesante.
Y con ese comentario—
Ragna se acercó por detrás.
—¿Qué viste?
Encrid volvió la mirada hacia Ragna.
Ragna avanzó, levantando la espada, sosteniéndola en vertical, cubriendo parte de su propio rostro con ella.
El filo partía su reflejo, dejando ver solo media cara.
Todavía no caía por completo la tarde. La luz del sol se extendía suavemente por los alrededores, el día deslizándose poco a poco hacia el atardecer.
De pie, en medio de esa luz tenue, estaba Ragna.
Encrid detuvo la espada que estaba balanceando y se concentró en él.
Entonces, Ragna habló de nuevo.
—¿Qué hace diferente a un caballero?
Sus palabras no sonaron como una pregunta.
Encrid escuchó con atención.
Diera igual si Frok lo escuchaba o no.
¿Qué le había mostrado el caballero?
Lo que Ragna estaba por decir—era algo que él también quería entender.
Había tenido la intención de preguntarlo después de terminar de entrenar.
Pero como Ragna se le había adelantado—
Era momento de escuchar.