¡Bienvenido a la tienda de habilidades! - Capítulo 304
- Home
- All novels
- ¡Bienvenido a la tienda de habilidades!
- Capítulo 304 - El funeral (I)
Tras cerrar la puerta de la tienda, Chen Xuan siguió a Marilena por la larga avenida, avanzando entre la ciudad grisácea. A simple vista, el lugar parecía estar repleto de edificios y tener una gran escala, pero en las calles apenas se veían peatones. Incluso cuando aparecía uno que otro transeúnte, al ver la túnica negra de Marilena mostraban miedo en el rostro y bajaban la cabeza para apartarse.
Era evidente que aquel sitio no se encontraba en territorio francés.
—¿Dónde estamos? —preguntó Chen Xuan.
—En la ciudad de Londres —respondió Marilena—. En este momento, toda la cúpula del aquelarre de brujas está buscándolo. Yo tampoco esperaba encontrarlo en un lugar así.
Eso era porque ella era clienta de la tienda, y las otras brujas no.
La última vez que había estado por allí fue el día en que el ejército aliado de Oriente y Occidente lanzó la gran contraofensiva. En aquel entonces, él cruzó el Canal de la Mancha a bordo de una nave voladora para despedir a las tropas que partían a la guerra. Solo habían pasado unos meses… ¿y ahora las brujas ya podían moverse libremente por la ciudad de Londres?
¿Cuántos años habrían pasado realmente durante ese tiempo?
—Cuéntame… qué ocurrió mientras yo no estaba aquí —dijo Chen Xuan. No le preocupaba que ella dudara de su identidad; después de todo, Marilena mostraba claros signos de envejecimiento, mientras que él seguía igual que siempre. El hecho de no verse afectado por el paso del tiempo bastaba para convencer a cualquiera de su naturaleza extraordinaria.
—Sí —respondió Marilena con respeto—. Gracias a usted, vencimos.
Habían pasado nada menos que treinta años.
El ejército francés luchó codo a codo con los cultivadores de los clanes orientales y, al final, ocupó la isla principal de Inglaterra, expulsando a todos los demonios de vuelta al mar. La realeza británica fue destruida; los restos del ejército real huyeron a los bosques primitivos de Irlanda y perdieron por completo el control sobre Inglaterra.
El precio fue elevado, pero por primera vez en la historia, la amenaza proveniente del otro lado del canal desapareció por completo.
Según los planes posteriores del ejército aliado, Francia y los clanes orientales se repartirían Inglaterra para establecer allí una cabeza de puente que vigilara el mar. Francia continuaría limpiando Irlanda de los restos del ejército británico, mientras que los cultivadores, desde ese bastión, buscarían la forma de adentrarse en el océano para erradicar a los demonios.
Al oír esto, Chen Xuan por fin entendió por qué aquella ciudad, aparentemente próspera, se encontraba ahora tan desierta.
Porque el Reino de Gran Bretaña había desaparecido.
Los habitantes de la ciudad habían recibido a nuevos gobernantes. Un cambio de orden como ese traía consigo miedo e inseguridad, y solo el tiempo podría suavizarlo. Que la gente temiera a Marilena era de lo más normal: ella pertenecía a la clase gobernante y, al mismo tiempo, era una bruja, un grupo que había sido brutalmente perseguido en el pasado. Nadie quería problemas con alguien así.
Chen Xuan hizo un rápido cálculo mental y descubrió que Juana tenía ya setenta y cinco años. No podía decirse que hubiera vivido una vida especialmente larga, pero comparada con su destino original de morir quemada a los diecinueve, había recorrido un camino completamente distinto.
—Entonces, el rey actual de Francia es…
—Su Majestad Luis —respondió Marilena.
Eso no había cambiado. Debía de ser el que la posteridad llamaría Luis XI, pensó Chen Xuan. Sin embargo, a partir de ese punto, salvo los nombres, la situación del continente europeo ya había dado un vuelco total, y la historia que él conocía dejó de tener cualquier valor de referencia.
Al llegar a las afueras de Londres, Chen Xuan vio una nave de guerra suspendida en el aire.
En comparación con la flota que había partido a la guerra en su momento, esta nave voladora había mejorado de forma integral. No solo era más grande, sino que su superficie exterior brillaba con un resplandor azul pálido, como si estuviera recubierta por una armadura mágica. La quilla medía unos cien metros de largo, y el casco parecía un edificio entero. Un coloso así, flotando sobre la cabeza, ejercía una presión abrumadora.
Debajo de la nave de guerra se extendía un campamento militar.
Antes incluso de entrar, ya se podían ver cientos, miles de astas con cintas blancas ondeando en sus extremos.
Incluso los cultivadores de los clanes estaban de luto por la muerte de Juana.
Pero, en comparación con las honras fúnebres que ella merecía, aquel campamento parecía demasiado pequeño.
Cuando Chen Xuan estaba a punto de preguntar, Marilena se adelantó a explicarle:
—Ya casi llegamos. A través del Puente Urraca Número Cinco podremos regresar de inmediato a la ciudad de París.
—¿Puente Urraca Número Cinco?
—Sí. Es un círculo de teletransportación establecido por la Secta Nube de Loto. Cada Puente Urraca cubre un radio de novecientas millas. Nuestro ejército pudo resolver los problemas logísticos de la guerra transmarina gracias a estos nodos de transporte.
Chen Xuan quedó profundamente sorprendido.
¿Ji Yun y Ji Lian habían llegado a desarrollar una formación tan prodigiosa?
—¿Puede transportar cualquier cosa?
—Sí, aunque cuanto mayor sea el objeto, mayor será el consumo de energía mágica… o, como ellos la llaman, energía espiritual —Marilena sonrió, como en los viejos tiempos de viaje. Pero al girarse y ver las cintas blancas ondeando, su sonrisa se volvió pronto solemne.
Los guardias del campamento no los detuvieron; ni siquiera verificaron su identidad.
Chen Xuan notó cómo las miradas de quienes los rodeaban se posaban sobre él, mientras murmuraban entre sí. Cuando él devolvía la mirada, todos apartaban los ojos, como si no se atrevieran a sostenerla. Aprovechó para observarlos con la Técnica del Resplandor Celestial y descubrió que todos aquellos “soldados”, vestidos con túnicas de distintos colores, poseían energía espiritual, y no poca. Como mínimo, estaban al nivel de los cultivadores de élite que antaño formaban el núcleo de la Alianza Inmortal.
Eso demostraba que cazar demonios era, sin duda, un atajo formidable para aumentar la energía espiritual.
Independientemente de hasta dónde pudieran llegar en el futuro, tras absorber la energía de los demonios, la fuerza general de los cultivadores había aumentado de manera significativa.
Por supuesto, Chen Xuan no se sorprendía por ese cambio. Antes, los reinos secretos solo podían ser disfrutados por unos pocos dentro de unos pocos clanes; ahora, los demonios occidentales surgían en masa, tantos que no se podían exterminar todos. Era como si todos tuvieran acceso a recursos ilimitados: mientras no murieran en el campo de batalla, podían mejorar sin descanso. Que su progreso no se disparara sería lo extraño.
Lo único que le intrigaba era… esas personas no deberían conocerlo. Entonces, ¿por qué todas las miradas se concentraban en él?
Cuando planteó la duda a Marilena, ella suspiró suavemente.
—¿Cómo no iban a conocerlo los cultivadores…? El maestro de la Secta Nube de Loto mandó grabar su retrato y el del Inmortal Liu en ambas caras de las monedas de jade. Cada vez que sacan dinero, ven su rostro.
—¿Yo? —Chen Xuan perdió la compostura—. ¿Mi cara en las monedas de jade?
¡Eso era exagerado!
—Así es… —Marilena asintió—. De un lado está Su Excelencia, el Enviado Divino, portavoz del Señor; del otro, el maestro del cultivador más talentoso de la historia. Incluso Lady Juana decía que si la alianza entre Oriente y Occidente aún no se ha desmoronado, es enteramente por consideración hacia usted.
Marilena lo miró con una expresión que decía claramente “así que de verdad no sabía nada”.
—Al menos… debería prestar un poco más de atención a lo que ocurre aquí.
Eso sí que le daba algo de vergüenza.
Tampoco esperaba que la velocidad del tiempo fuera tan inestable.
Del lado de Liu Shuyue no había pasado nada parecido.
¿Sería porque aquí faltaba un dependiente de la tienda?
Al llegar al centro del campamento, Chen Xuan vio la formación del Puente Urraca Número Cinco, cuyo diseño recordaba al Templo del Cielo. Estaba construida íntegramente con bloques de jade blanco tallado y ocupaba unos mil metros cuadrados. Las escaleras se elevaban en capas hasta una plataforma circular situada a seis o siete metros del suelo. Sobre la plataforma estaban grabados densos talismanes; entre los caracteres fluía una luz resplandeciente. Bastaba una mirada para saber que no se trataba de algo ordinario.
Un cultivador se apresuró a acercarse y se inclinó profundamente ante Chen Xuan.
—Discípulo An Ran, de la Secta Nube de Loto, presenta sus respetos al Patriarca Ancestral.
Mientras Chen Xuan pensaba cómo responder, Marilena lo sacó del apuro:
—Active la formación. Su Excelencia, el Enviado Divino, desea regresar cuanto antes a la ciudad de París.
—¡Sí! —respondió de inmediato el cultivador, dando órdenes a un grupo de compañeros para que se pusieran manos a la obra.
Cuando la luz de la plataforma se concentró y formó un pilar luminoso que se alzaba directo hacia el cielo, Marilena fue la primera en entrar en él.
Su figura desapareció al instante.
Chen Xuan respiró hondo y la siguió.
En un parpadeo, todo dio vueltas. Su cuerpo parecía haber sido arrastrado a un vacío etéreo, y al momento siguiente ya se encontraba frente a otra formación. La experiencia se parecía bastante a la primera vez que atravesó un punto de invasión; pronto recuperó el equilibrio.
Era evidente que una sola teletransportación no bastaba.
Quién sabía cuántos Puentes Urraca había construido la Secta Nube de Loto en las islas británicas y en el continente europeo. Chen Xuan se teleportó cuatro veces en total antes de llegar finalmente a su destino.
Cuando la noticia se difundió, acudió aún más gente a recibirlo… Primero entró al palacio para reunirse con el rey Luis; después recibió, uno tras otro, a los principales cardenales y a un grupo de nobles; por último, a la delegación del aquelarre de brujas. Hasta tal punto que por momentos no sabía si todos estaban allí para el funeral de Juana o para organizar su propio encuentro oficial.
Tras pasar así la mayor parte del día, por fin vio a Juana.
Ella yacía en silencio sobre una cama de madera en la Catedral de Versalles, cubierta con una seda blanca como la nieve, rodeada de rosas.