¡Bienvenido a la tienda de habilidades! - Capítulo 146
—Si nos convertimos en su enemigo… ¿acabaremos así también? —preguntó Wang Baihu, acercándose solo después de un buen rato; su rostro aún estaba pálido.
—Quién sabe. Por ahora tampoco está confirmado que sea nuestro enemigo —dijo Honglian—. No hay ninguna señal de combate alrededor, lo que significa que Lu Lixin no opuso resistencia alguna antes de quedar en este estado.
—Fue algo instantáneo… seguramente tampoco esperaba que el otro fuera tan despiadado —murmuró él—. Si esta persona realmente quisiera aportar algo al mundo, ¿por qué no se uniría a la Agencia de Dimensiones?
—…Ni idea, ¿por qué tantas preguntas? —Honglian le lanzó una mirada de fastidio—. Tal vez nuestra propaganda no fue suficiente, tal vez tiene su propio trabajo, tal vez…
A mitad de la frase, de pronto cerró la boca.
—Tú también estás preocupado por esa posibilidad, ¿verdad? —suspiró Wang Baihu—. Primero la Hada de Blanco cruzando el río, luego la invasión del jardín botánico… si a eso le sumamos el caso de asesinato en el club abandonado, la actividad de los habilitados en estos últimos seis meses ha sido demasiado frecuente. Si esta persona resulta estar en el mismo grupo que la mujer de la máscara, ¿qué vamos a hacer?
—Si el cielo se cae, el capitán Xiao lo sostendrá. ¿De qué tienes miedo?
—¡Claro que tengo miedo! El capitán es obviamente un genio administrativo, se la pasa sentado en la oficina haciendo llamadas. ¡Los que vamos al frente somos nosotros! —se quejó Wang Baihu.
Era la primera vez que Honglian veía a su compañero hablar sin parar de esa manera.
Aunque antes ya decía bastantes tonterías, rara vez se ponía tan parlanchín mientras hacía su trabajo.
De verdad estaba asustado… Honglian se dio cuenta de que sus emociones estaban siendo afectadas por esa habilidad tan extraña e impredecible.
—No pasa nada, tú ve un paso detrás de mí y listo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Wang Baihu, confundido.
—¿No dices que te da miedo ir al frente? Yo voy primero, tú segundo. Total, en todas las evaluaciones siempre sacas peores notas que yo —dijo Honglian con desdén.
Al ser provocando así, Wang Baihu no se quedó callado.
—Bah, ¿por qué no haces todo el trabajo por mí?
—Claro, pero dame también tu sueldo.
—¿Solo el sueldo? Te puedo dar el doble.
Honglian lo miró con desconfianza, como si quisiera comprobar si hablaba en serio o solo por despecho. Al final negó con la cabeza.
—Olvídalo. Ahora mismo solo te tengo a ti como compañero. Cuando Xiao Jiu se entrene un par de años más, ya te puedes largar.
—¿Están peleando? —preguntó Zhang Yingzi, acercándose con una laptop en brazos.
—No —negó Wang Baihu—. Es nuestra forma de fortalecer la amistad.
De inmediato, Honglian puso una expresión de total desprecio.
—Le pedí a la policía las grabaciones del momento. Vengan a verlas —dijo Zhang Yingzi, buscando una silla para sentarse. Los dos salieron de la zona acordonada y se colocaron detrás de ella.
El video era extremadamente claro; por el ángulo, parecía estar ubicado en una esquina del escenario.
—¿Qué está predicando este tipo? ¿Que los habilitados son superiores? —dijo Wang Baihu con expresión grave.
Cuando escucharon a Lu Lixin gritar “mentor de la máscara”, los corazones de los tres se hundieron al mismo tiempo.
—Si el enemigo de verdad es un grupo organizado, entonces nuestros problemas serán enormes —suspiró él.
—Cierto, pero mirándolo por el lado bueno, al menos ese hombre no es uno de ellos —dijo Honglian con tono burlón—. Por lo menos no tendremos que enfrentarnos al mismo tiempo a un estratega que conoce la agencia al dedillo y a un asesino con una habilidad aterradora.
—¡Miren, ya viene! —señaló Zhang Yingzi a la pantalla.
En el video, un hombre salió de entre el público y subió paso a paso al escenario. Su rostro estaba completamente cubierto, sin dejar ver ningún rasgo.
—Maldita sea, sí que iba bien prevenido —refunfuñó Wang Baihu.
—Eso es una buena noticia —dijo Zhang Yingzi, en cambio, con alivio.
—¿Por qué?
—Porque no quiere exponerse ante tanta gente, lo que demuestra que actúa con cautela. Alguien que confía plenamente en su habilidad, o que es excesivamente arrogante, no se molestaría en hacer algo así. Desde el punto de vista psicológico, esto es una señal de que está dispuesto a retroceder.
—Estoy de acuerdo —asintió Honglian—. El ejemplo contrario es Lu Lixin. Si yo fuera ella, habría seguido interpretando el papel de presentadora, en lugar de quitarme el disfraz… así habría evitado que las cámaras registraran los rasgos óseos de su rostro.
Mientras hablaban, el hombre de pronto se impulsó hacia adelante una corta distancia.
—¡Alto! ¿Qué acaba de pasar? —exclamó Wang Baihu—. ¿Se teleportó?
No era de extrañar que se sorprendiera; incluso Honglian pensó que el video había perdido cuadros.
Zhang Yingzi retrocedió unos segundos y reprodujo en cámara lenta. Esta vez los tres lo vieron con claridad: en el instante en que él subió al escenario, Lu Lixin ya había lanzado un ataque. La situación era completamente distinta a lo que habían imaginado. Ellos creían que el otro había atacado primero por sorpresa, tomando desprevenidos a los nueve criminales.
Ante la cámara de alta resolución, una sombra gris salió disparada desde los pies de Lu Lixin, rodeó al hombre y atacó desde un costado. Todo el proceso duró menos de medio segundo.
—Es la Técnica de Saqueo Forzado —reconoció Honglian.
Aunque no se sabía con certeza de dónde provenía, el Saqueo Forzado era una habilidad que aparecía con bastante frecuencia en los registros, porque tenía una característica especial: una vez que alguien era despojado por ella, existía una alta probabilidad de que la víctima también adquiriera la técnica, como si fuera un virus del mundo de las habilidades.
Esquivar ese ataque no era difícil; lo realmente complicado era hacerlo con tanta naturalidad, como si paseara tranquilamente.
—¿Cómo lo hizo? ¿También con una habilidad? —preguntó Zhang Yingzi, desconcertada.
—No… parece que fue pura fuerza física —concluyó Honglian tras verlo varias veces—. Miren bien, en el instante de arrancar hace un movimiento claro de impulso contra el suelo. Si el escenario hubiera sido de madera, habría dejado una huella.
Tener una fuerza enorme no era lo más aterrador. Por ejemplo, la agencia había capturado antes a un criminal con habilidad de Frenesí: podía atravesar una puerta de hierro de un puñetazo y las esposas eran tan blandas para él como fideos. Sin embargo, al activar su habilidad era incapaz de controlar su cuerpo; acciones que normalmente hacía de forma instintiva debía ejecutarlas de manera rígida y deliberada, lo que reducía enormemente su capacidad de combate.
Ahora ese sujeto cumplía condena en la sede de la agencia, completamente distinto a la arrogancia inicial.
El hombre del video era diferente. Cada uno de sus movimientos era natural, como si hubiera nacido con esa fuerza aterradora. Esa capacidad de control preciso era el punto más crucial.
Para sorpresa de los tres, el hombre no contraatacó de inmediato. Pasó de largo junto a Lu Lixin y no se detuvo hasta llegar aproximadamente a la mitad posterior del escenario. Entonces se dio la vuelta, encaró al público y, al segundo siguiente, Lu Lixin se desplomó por completo.
—Dios mío… —Wang Baihu se frotó la frente con expresión de dolor—. ¿Cómo se supone que uno se defienda de eso? No hay ninguna señal previa; con solo levantar la mano, una persona se convierte en carne triturada.
Y no solo eso… pensó Honglian. Incluso podía aplicar esa habilidad sobre varios objetivos al mismo tiempo. La razón por la que pasó de largo junto a Lu Lixin antes de actuar era porque desde la parte trasera podía ver a todos.
En otras palabras, mientras estuvieran dentro de su campo visual, su habilidad podía activarse.
Activación por visión, un efecto aparentemente imposible de esquivar y casi sin movimiento inicial… incluso en la base de datos de la Agencia de Dimensiones, una habilidad así estaría fácilmente entre las diez más peligrosas.
Según la experiencia habitual, cuanto más increíble es una habilidad, más estrictas suelen ser sus limitaciones. Ojalá esta no fuera la excepción.
Tras media hora de investigación en el lugar, la información reunida por la agencia comenzó a aumentar.
En primer lugar, la policía localizó a muchos testigos. Aunque las cámaras del canal de televisión habían fallado, la mayoría del público eran clientes habituales del canal urbano. A través de los registros de compra de entradas y los contactos de los revendedores en WeChat, identificaron a varios cientos de personas y las llamaron por teléfono para que regresaran al lugar a declarar.
Algunos de ellos, tras ver el video del incidente, reconocieron al hombre que subió al escenario. Aunque llevaba unos lentes de sol adicionales, su gorra y su ropa no habían cambiado demasiado. Además, no lo recordaban porque fuera especialmente llamativo, sino porque iba acompañado de una chica extremadamente adorable. Varios espectadores incluso les habían tomado fotos.
Al recibir esta información, la policía se animó enormemente y siguió investigando por esa línea, encontrando rápidamente a uno de los fotógrafos.
La agencia también obtuvo esas fotos clave.
Entonces, un dato de enorme importancia apareció ante sus ojos: la acompañante del hombre no llevaba ningún tipo de disfraz. Su rostro, su peinado y sus características físicas estaban completamente expuestos en las fotografías.