aventura en otro mundo con mi enciclopedia de hechicería - Capítulo 1051

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  4. Capítulo 1051 - Templado Corporal (2)
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Yu Su yacía en el suelo sin preocuparse por mantener las apariencias. Todo su cuerpo le dolía y estaba cubierto de sangre. No le importaba. Miraba fijamente el cielo con expresión ausente.

El intenso olor a sangre que inundaba sus fosas nasales era insoportablemente nauseabundo, pero después de más de un mes soportándolo, ya se había acostumbrado y podía enfrentarlo sin inmutarse.

Al verlo tirado en el suelo fingiendo estar muerto sin responder, Ye Buyang chasqueó la lengua.

—Está bien, deja de hacerte el niño. Hoy vuelve a remojarte en el baño medicinal y mañana te llevaré a otro lugar.

Yu Su soltó una burla para sus adentros. ¿Quién se está haciendo el niño?

Entonces respondió:

—No lo hagas sonar como si me fueras a dar un descanso. Cambiar de lugar solo significa matar bestias en otro sitio.

Antes de esto, sabía que podía derrotar cultivadores de Alma Naciente en etapa inicial aun estando en un reino inferior, pero jamás imaginó que sería capaz de abatir de un solo espadazo a una bestia demoníaca del mismo nivel.

Todo aquello era gracias al entrenamiento inhumano del último mes.

Ese viejo de Ye Buyang jamás lo había tratado como a un ser humano.

¡Jamás lo reconocería como su shifu!

Ye Buyang respondió:

—Esta vez no te llevaré a matar bestias. Ya exterminamos todas las de esta zona. Tendrá que pasar un tiempo antes de que aparezcan más. Si quieres seguir matando, tendremos que ir a otro lugar.

—¿Entonces adónde me llevas? —preguntó Yu Su.

—A robar a alguien.

Yu Su se quedó sin palabras.

¿Había oído bien?

¿Ye Buyang iba a llevarlo a robar?

Lo miró con incredulidad.

—¿Eres un bandido?

Ye Buyang resopló.

—¿Bandido? No lo pongas tan feo. Aquí las cosas funcionan así: uno roba al otro. El que gana demuestra que tiene la capacidad.

Yu Su pensó para sí:

Eso es exactamente lo que hace un bandido, y encima intentas justificarlo.

Ye Buyang añadió:

—No te preocupes. Si tu shifu se considera el segundo, nadie se atrevería a decir que es el primero. Ganaremos sin falta. No saldrás perdiendo.

Yu Su alzó la cabeza.

—¿Qué shifu? Todavía no te he reconocido como mi shifu.

Ye Buyang lo levantó de un tirón y emprendió el camino de regreso al campamento temporal.

—No seas tan terco, mi querido discípulo.

—¡Ya te dije que no soy tu discípulo! ¡Suéltame, viejo! Puedo caminar solo.

—¿Viejo? Tu shifu es apuesto y elegante, el hombre más gallardo entre toda la raza humana. Siempre joven, eternamente de dieciocho años.

—¡Viejo! ¡Viejo! ¡Viejo…!

Durante todo el camino de regreso, Yu Su no dejó de repetir «viejo».

Aquella noche, Ye Buyang volvió a arrojarlo al baño medicinal.

Después de otra noche de sufrimiento absoluto, a la mañana siguiente Yu Su salió de la tina y se dejó caer sobre un montón de paja suave, donde durmió de corrido durante todo el día.

—Je, je…

Ye Buyang observó cómo dormía completamente despatarrado, sin el menor rastro de dignidad. Una pizca de diversión brilló en sus ojos.

—Has recorrido un largo camino desde aquel muchacho delicado que eras al principio.

Yu Su dormía profundamente. No podía oír la voz de Ye Buyang, ni siquiera los truenos que resonaban en el exterior.

Ye Buyang lo contempló un momento más. Sonrió sin decir nada y salió de la cueva.

Al levantar la vista hacia el cielo nocturno, completamente negro, la sonrisa desapareció de su rostro y fue reemplazada por una expresión seria.

…

Yu Su durmió un día y una noche completos.

Cuando despertó, ya era el tercer día.

Lu Yan seguía sin aparecer.

Ye Buyang le explicó que Lu Yan había salido en una misión con alguien llamado Anciano Yan, un cultivador con raíz espiritual de Fuego Celestial que había creado innumerables técnicas del atributo fuego. Nadie conocía mejor que él la forma de guiar el crecimiento de Lu Yan.

Aunque Yu Su discutía con Ye Buyang todos los días, sabía que era una persona confiable.

Como Ye Buyang le aseguró que Lu Yan estaba entrenando con el Anciano Yan, no hizo más preguntas.

—¿No ibas a llevarme a robar? ¿Por qué aún no nos hemos ido? —preguntó.

Ye Buyang estaba asando carne de bestia frente a la cueva, y el aroma era bastante apetitoso.

—Antes de salir a robar, primero hay que llenar el estómago. Ven a comer.

Yu Su se sentó, arrancó un trozo de carne tierna y comenzó a comer.

Aquella carne de bestia era distinta de las que había cazado durante el último mes. Estaba repleta de una densa energía espiritual.

En cuanto la tragó, una cálida corriente se extendió por todo su cuerpo y una fuerza pura recorrió sus extremidades y huesos.

Ye Buyang no comía; simplemente observaba a Yu Su.

—¿No vas a comer? —preguntó Yu Su.

—La energía espiritual de esta carne ya no me sirve de nada. Cómela tú.

Yu Su se sintió conmovido durante apenas un segundo, antes de volverse cauteloso.

—¿Ahora qué estás tramando?

Ye Buyang resopló.

—Otra vez estás malinterpretando a tu shifu. Esto es pura buena voluntad.

Yu Su bufó y le recordó:

—Todavía no te he aceptado como mi shifu.

Ye Buyang sonrió con naturalidad.

Esta vez no siguió bromeando con él. En cambio, volvió la mirada hacia el cielo del exterior, con una expresión más sombría de lo habitual.

Yu Su siguió la dirección de su mirada y vio extraños copos flotando en el aire, muy parecidos a los que había visto cuando acababa de llegar.

Su expresión cambió.

—¿Vienen las arañas demoníacas?

Ye Buyang negó con la cabeza.

—Las arañas demoníacas no son nada. Eso que ves ha llegado flotando desde el Reino Demoníaco. Solo desaparecerá cuando la Puerta Demoníaca quede completamente sellada.

Yu Su pensó en el Dios Maligno sellado diez mil años después y dijo con firmeza:

—Desaparecerán.

Luego añadió:

—Cuando llegamos por primera vez, estabas matando arañas demoníacas. Has pasado más de un mes conmigo. ¿No retrasará eso tus propios asuntos?

Ye Buyang le lanzó una mirada que parecía decir: Mira nada más, al final sí te preocupas por tu shifu, y respondió:

—No te preocupes. No lo hará.

Solo mucho después Yu Su descubriría que, incluso mientras Ye Buyang lo entrenaba, sus subordinados jamás habían dejado de exterminar demonios y criaturas malignas. El lugar donde habían permanecido durante todo ese tiempo ya era considerado una zona relativamente tranquila.

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