Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 366
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- Capítulo 366 - Una Convención de Alquimistas
Después de que Xiao Zhiyuan fue golpeado casi hasta la muerte, la señora Xiao solicitó el divorcio, lo cual causó otra gran conmoción en la Ciudad Wang e incluso en todo el Reino de la Cultivación.
Se había oído hablar de parejas jóvenes que se divorciaban, también de personas de cincuenta o sesenta años que se separaban, ¡pero nadie jamás había escuchado de alguien de ochenta años pidiendo el divorcio!
Sin embargo, la señora Xiao insistió en divorciarse de Xiao Zhiyuan.
Estaba segura de que alguien había conspirado contra su esposo y había intentado usarla para derribarlo, pero estos hechos eran reales, no invenciones, por lo que estaba decidida a divorciarse de su marido.
En cuanto a quienes la habían usado para ir contra su esposo, ¡juró que les haría pagar después de que el divorcio se concretara! ‘¡Nadie me usa sin pagar el precio!’, pensó furiosa.
La señora Xiao tenía la avanzada edad de 80 años, pero gracias a su cultivo y al consumo regular de tónicos, no parecía tener ochenta en absoluto, aunque tampoco podía decirse que aparentara estar en la mediana edad. Su belleza se había desvanecido, pero su presencia imponente permanecía intacta. Muchas personas le tenían miedo, incluido su esposo.
Por lo tanto, muchos no se sorprendieron de que la señora Xiao tomara esa decisión.
Sabían que no había forma de que la señora Xiao se tragara una humillación como la que se le había infligido inexplicablemente.
Cuando el drama finalmente terminó, se le entregó a Xiao Zhiyuan un certificado de divorcio, y con eso fue echado de la casa. La familia Xiao sufrió un declive desastroso. Su exesposa, que no tenía interés en quedarse con los negocios familiares, regresó a vivir con sus hermanos.
Sus hijos ya estaban casados y tenían sus propias familias, así que no tenía que preocuparse por ninguno de ellos.
En cuanto al hijo ilegítimo de su exesposo, sus hombres aún no lo encontraban, ¡pero no pensaba dejarlo escapar! ¡Su mera existencia era una humillación para ella! Haría que él y su hijo desaparecieran de la faz de la Tierra, ¡a como diera lugar!
Cuando Mu Yun se enteró de ello, miró a Luo Qian y a los demás, y sonrió.
—Parece que su habilidad para hacer las cosas ha mejorado. No esperaba que derribaran a la familia Xiao, la más poderosa de la Ciudad Wang, en tan poco tiempo, pero si mal no recuerdo, Feng les dijo que expulsaran a toda la familia Xiao de la ciudad, y hasta ahora sólo han echado a Xiao Zhiyuan. ¿Qué piensan hacer con los demás?
—Tranquilo, Maestro. Haremos exactamente lo que él quiere. Apenas han pasado dos días. Todavía nos queda un día más, y eso es más que suficiente para sacarlos de la ciudad —respondió Luo Qian con una expresión de entusiasmo.
—¿Qué más tienen preparado? —preguntó Mu Yun.
—Bueno, todas las familias poderosas tienen uno o dos esqueletos en el clóset. Si encontramos uno, podremos hacer que el resto de la familia Xiao sea exiliada de la Ciudad Wang o incluso eliminada —dijo Luo Qian.
Mu Yun lo pensó por un momento y no estuvo de acuerdo.
—No deberías medir a todos con la misma vara. Mi padre no tiene ningún esqueleto en el clóset.
Luo Qian se quedó algo sin palabras. ‘Bueno, como diga el jefe’, pensó.
—De cualquier manera, ya descubrimos algunas de las cosas sucias que ha hecho la familia Xiao, y podemos hacer que toda la ciudad los vea como enemigos si las divulgamos —añadió Luo Qian.
Yuan Ge, que estaba junto a ellos, intervino:
—La tan esperada convención de alquimistas es mañana, ¿cierto? El primogénito de Xiao Zhiyuan, Xiao Guofeng, también asistirá.
—¿Después de lo que le pasó a su padre todavía tiene ánimos para ir a la convención? —dijo Wu Wei, algo escéptico.
—Al igual que su padre, Xiao Guofeng valora mucho la fama. Tendría que morir su padre o su madre para que se perdiera un evento tan grandioso donde puede mejorar su reputación —respondió Yuan Ge—. Es un alquimista muy poderoso. Muy a menudo usa sangre humana como catalizador para elaborar Píldoras de Elixir de primera clase, pero nadie más que nosotros lo ha descubierto. Pueden apostar a que usará esa alquimia maligna en el evento de mañana. Si lo desenmascaramos en el acto, será públicamente deshonrado. El escándalo por sí solo pondrá a toda la familia Xiao en la lista negra de muchos, y seguro tendrán que huir de la Ciudad Wang.
—¡¿Cristo?! ¿Usa sangre humana? ¡He oído hablar de esa clase de alquimia! ¡Se supone que está prohibida! ¡La Federación Inmortal la proscribió desde hace mucho! ¿Ese tipo aún la usa para hacer píldoras? ¡Debe tener ganas de morir! —exclamó Liao Ziyun, asombrada.
Yuan Ge la miró de reojo y dijo:
—No tomes tan en serio a la Federación Inmortal. Sólo es una ONG, no un departamento del gobierno. Es cierto que la Federación es más conocida y tiene más seguidores que el Ministerio, pero eso se debe a que ciertos cultivadores oportunistas la promovieron para su propio beneficio. La verdadera autoridad está en el Ministerio de Cultivación. Ellos son quienes protegen los derechos de los cultivadores.
Liao Ziyun se sorprendió momentáneamente. Nunca se le había ocurrido que la Federación Inmortal fuera solo una sociedad civil. Pensaba que esa organización con un nombre tan imponente era la autoridad del Reino de la Cultivación, por eso prestaba tanta atención a los mensajes que emitía.
Al oír el nombre “Federación Inmortal”, Mu Yun recordó al hombre y a la mujer que había visto en la pantalla el otro día, así como la «Federación Inmortal» que habían mencionado. Esta organización parecía muy interesada en su Jade de Nube Cálida también.
Yuan Ge retomó el tema.
—Aunque está prohibido, las píldoras elaboradas con ese método son increíblemente efectivas, por eso siempre ha habido gente que lo usa en secreto para ganar fama, arriesgándose a ser descubiertos y perder sus poderes.
—Ese tipo no merece menos que la muerte. ¡Mañana debemos exponer a Xiao Guofeng y mostrarle al mundo qué clase de monstruo es! —resopló Liao Ziyun.
Mu Yun asintió con aprobación.
—Espero con ansias ver lo que harán mañana.
…
La convención de alquimistas era un evento muy esperado en el Reino de la Cultivación. Los alquimistas, como cultivadores con habilidades especiales, siempre habían recibido mucha atención de otros cultivadores. Para muchos que buscaban aumentar su poder, las Píldoras de Elixir eran su mejor opción. Era muy común que una familia poderosa tuviera su propio alquimista talentoso.
Y la convención ofrecía una excelente oportunidad para que los cultivadores contrataran alquimistas que sirvieran exclusivamente a sus respectivas familias.
Mu Yun y Luo Feng llegaron puntualmente a la entrada principal con boletos en mano y entraron al recinto de la convención. En el primer piso había una fiesta de convivencia donde los cultivadores bebían e intercambiaban opiniones; el segundo piso era donde se reunían los alquimistas; y el tercer piso albergaría el plato fuerte del evento.
Habría una competencia de alquimia en el tercer piso. En las dos semanas previas, el Ministerio había organizado una serie de clasificatorias, de las cuales veinte alquimistas se habían ganado su lugar para la ronda final superando a miles de competidores.
Casi todos los alquimistas clasificados para esta ronda serían contratados por familias poderosas, ya que habían demostrado su valía al destacar entre varios miles. Incluso los quince que no quedaran entre los tres primeros eran sumamente competentes y aún tenían margen para mejorar. Por ello, los veinte concursantes en este piso eran aptos para ser alquimistas de casa.
La competencia aún no comenzaba, así que los veinte participantes seguían en la sala de preparación. Se les tenía incomunicados con los espectadores, como medida para garantizar la equidad del evento y la estabilidad emocional de los concursantes. Si alguna familia poderosa intentaba reclutarlos antes del concurso, podrían volverse arrogantes o perder la concentración, lo que arruinaría el evento.
Luo Feng y Mu Yun tomaron una copa de vino en la fiesta del primer piso y comenzaron a pasearse entre la multitud.
—¿Crees que deberíamos contratar a un alquimista también? —preguntó Luo Feng.
—¿Tú conoces a alguien que sea mejor alquimista que yo? —respondió Mu Yun tras tomar un sorbo.
Luo Feng esbozó una leve sonrisa.
—Probablemente no, pero pensé que quizá podrías usar un ayudante que comparta un poco tu carga.
—Las píldoras que hago yo mismo son las únicas en las que confío. Nunca debes depender demasiado de un solo alquimista. Imagínate si un día amanece de malas y decide echarle un ingrediente raro a las píldoras. Estarías en graves problemas —dijo Mu Yun.
—Está bien. Sólo lo decía. Vamos al segundo piso a echar un vistazo —sugirió Luo Feng, señalando las escaleras.
—Ahí es donde están los alquimistas. No hay mucho que ver. Mejor llenamos la panza aquí y luego vamos directo al tercer piso —respondió Mu Yun, sin mucho entusiasmo por la idea.
—Xiao Guofeng está allá arriba ahora mismo —susurró Luo Feng al oído de Mu Yun.
Al oír eso, Mu Yun cambió de opinión y lo siguió al segundo piso.
Cuando llegaron arriba, una mujer miró en dirección a la que ellos acababan de ir, sacó su teléfono y envió un mensaje de voz a alguien.
Mu Yun y Luo Feng apenas habían llegado cuando vieron a un conocido.
—¡Eh, Nan! ¡Qué pequeño es el mundo! —dijo Mu Yun alzando la mano al acercarse a Gong Cangnan.
—¿Yun? —Gong Cangnan dijo algo al hombre con el que estaba conversando y luego se dirigió a Mu Yun. Al ver a Luo Feng, asintió respetuosamente—. Hola, Joven Luo. ¿También están interesados en esta convención?
Por alguna razón, Mu Yun tenía la sensación de que Gong Cangnan siempre era particularmente deferente con Luo Feng, como si estuviera a punto de arrodillarse ante él.
‘Seguramente sólo es una alucinación…’ pensó Mu Yun.
—Oímos que iba a haber un buen espectáculo —sonrió.
Gong Cangnan, sin saber nada de su plan, se mostró desconcertado por las palabras de Mu Yun.
Mu Yun miró a su alrededor antes de preguntar:
—Nan, ¿Xiao Guofeng está aquí también?
—Claro que sí. Nunca se pierde una convención. Para él, esto es una oportunidad de oro para realzar su reputación y hacer una fortuna vendiendo píldoras. No la dejaría pasar por nada —respondió Gong Cangnan con un tono algo burlón.
—Me alegra que esté aquí. Sería aburrido si no —sonrió Mu Yun con indiferencia.
—¿Qué quieres decir? ¿Ese espectáculo que mencionaste tiene algo que ver con él? —preguntó Gong Cangnan, que, aunque no estaba al tanto de su plan, ya sabía que Mu Yun y los demás habían estado actuando contra la familia Xiao últimamente.
Después de todo, ahora él también era instructor de cultivo en Cloud World, y había estado enseñando técnicas a Mu Xuan, quien lo mantenía informado sobre las acciones recientes de Mu Yun.
—Sí, él tiene un papel en esto —respondió Mu Yun mientras recorría con la mirada a los presentes. Casi todos eran alquimistas consumados. Entre ellos estaban los jueces.
No cabía duda de que Xiao Guofeng, uno de los jueces, estaba ahora en una sala vendiendo Píldoras de Elixir hechas por él mismo y que poseían un poder milagroso. Se decía que había límite de compra. Muchos cultivadores habían viajado hasta aquí sólo para comprarle una.
Tras recorrer el segundo piso, Mu Yun y Luo Feng, con la ayuda de Gong Cangnan, finalmente encontraron a Xiao Guofeng, quien estaba preparando píldoras para un par de cultivadores dentro de una sala VIP, los cuales habían venido sólo por admiración hacia él.