Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 354
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- Capítulo 354 - El Llanto de Dahuang
—Si les vendes este tipo de huevos a los comensales de desayuno, seguro se te acaban todos —comentó Mu Yun, dando otra mordida al huevo cocido al té.
—Tus palabras me dan mucho ánimo, salvador mío —respondió Su Fan, quien en efecto planeaba vender huevos cocidos al té para ganar un ingreso extra que le permitiera pagar la colegiatura de su hermanito cuanto antes.
Después de escuchar esto, el mayordomo dejó atrás su último rastro de desagrado hacia Su Fan. Estaba completamente de acuerdo con Mu Yun y también le parecía admirable la gente que se valía por sí misma.
Después del desayuno, Mu Yun y Su Fan partieron juntos rumbo a una pequeña aldea cercana a la Ciudad Du.
Cuando se acercaban a la casa de Su Fan, Mu Yun se detuvo y dijo:
—Voy a mantenerme oculto y esperar el momento oportuno. Tú actúa como si yo nunca hubiera estado aquí. Compórtate con normalidad.
—Tranquilo. Tengo talento para actuar —respondió Su Fan con confianza.
Después de que Mu Yun se volvió invisible, Su Fan siguió avanzando. Al entrar a su casa, vio a su hermanito y a aquella mujer lanzándose miradas asesinas. Al verlo, el niño corrió hacia él y, señalando a la Reina Oscura, dijo acusadoramente:
—¡Fan, se comió todas las piernas de pollo del refri! ¡Ya no vamos a tener para el resto de la semana!
Al oírlo, Su Fan preguntó:
—¿Dónde está Dahuang? ¡¿Por qué no la detuvo?!
—Lo mandé a cazar algo al bosque, ¡y entonces esta mujer salió del cuarto y se zampó todas las piernas de pollo del refri! —respondió el niño.
La mirada de Su Fan se tornó filosa al ver a la Reina Oscura, y explotó:
—¡Tú no pagaste por esas piernas de pollo! ¡Eso es robo!
La Reina Oscura estaba que se moría del coraje. ¡Este tipo era increíble! ¡Las piedras espirituales que le había dado eran suficientes para comprar miles de piernas de pollo!
—¡Te di piedras espirituales! —gruñó entre dientes.
—Eso fue para el arroz, no para las piernas de pollo —respondió Su Fan, como si fuera lo más obvio del mundo.
La Reina Oscura: “…”
¡Este tipo no tenía madre!
¡¿Qué había hecho para merecer convivir con estos dos hermanos tan desquiciados?!
—Además, esas piernas eran de aves que atrapó Dahuang. Son carne de caza, ¡y podría haberlas vendido a buen precio en un restaurante! Mi hermano y yo ni siquiera nos las comemos por no perder ese dinero. ¿Quién te crees tú para venir y comértelas? —la reprendió Su Fan con ira.
‘¿No se las comen? Entonces ¿qué fue eso que devoraron frente a mí antier?’, pensó amargamente la Reina Oscura.
Con eso, Su Fan le lanzó las piedras espirituales y dijo:
—¡Estas piedras tuyas están raras! Tómalas y lárgate de mi casa ahora mismo.
—¡¿Cómo que están raras?! —la Reina Oscura se puso de inmediato en alerta. No esperaba que este tipo tuviera tan buen ojo.
—Tus piedras son distintas de las que he visto antes. ¡Y odio las cosas falsas más que nada! Una vez, a un tipo que me pagó con billetes falsos, le di una golpiza que acabó en hospital. ¡Y tú intentas darme piedras falsas! Tal vez deba hacerte lo mismo —amenazó Su Fan.
—¡Te estoy dando la oportunidad de que salgas con vida, mocoso! —bramó la Reina Oscura. Durante los últimos días había recuperado buena parte de su fuerza. Las palabras de Su Fan la colmaron de furia y sintió deseos de matarlo.
—¿Y por qué iba a tirar mi cara? Si está tan guapo este rostro… Yo jamás lo tiraría —replicó Su Fan con toda seriedad.
La Reina Oscura: “…”
Ya no tenía ganas de discutir con este tipo. En su lugar, le lanzó un ataque. En cuanto usó su poder, el Chi Oscuro dentro de ella se manifestó.
¡Ella era la Reina Oscura!
Mu Yun apareció de inmediato y se abalanzó sobre la Reina Oscura, impidiéndole hacerle daño a Su Fan.
Jamás se imaginó la Reina Oscura que había una cuarta persona presente en el patio. Por un instante, se quedó desconcertada, pero al ver que el atacante era Mu Yun, le lanzó una catarata de insultos a Su Fan en su mente. ¡Ese maldito la había engañado! ¡Definitivamente lo subestimó!
Retrocedió de inmediato, intentando huir.
Un momento antes, al intercambiar golpes con Mu Yun, se dio cuenta de cuán superior era a ella. Además, había una altísima probabilidad de que Mu Yun fuera el mismísimo Jefe Divino. Naturalmente, sus poderes no eran nada frente a los de él. Sumado a la gran pérdida de fuerza que había sufrido, enfrentarlo de frente era un suicidio.
Pero no había forma de que Mu Yun la dejara escapar así como así. Sacó directamente de su anillo espacial una caja negra capaz de devorarlo todo en el mundo, abrió la tapa y la apuntó hacia la Reina Oscura.
Ella de inmediato sintió una succión elemental que la arrastraba hacia la caja, y su rostro palideció al instante.
¡¿E–Esa no era la Caja del Vacío?! ¡El fetiche que supuestamente podía reducir cualquier cosa del mundo a la nada!
¡Este tipo sí era el Jefe Divino! ¡Solo él poseía esa cosa! ¡Y solo él podía usarla!
Aterrada pero también llena de rabia, la Reina Oscura sacó algo y lo arrojó al suelo. El objeto desapareció sin dejar rastro en cuanto tocó la tierra.
Estaba luchando con todas sus fuerzas contra la succión cuando de repente, el Sabueso Infernal apareció corriendo desde la puerta y se lanzó hacia ella. Ese instante de distracción fue suficiente para que la caja la absorbiera por completo.
Justo antes de ser tragada, la Reina Oscura lanzó un grito de desesperación:
—¡Me las vas a pagar!
Y desapareció dentro de la Caja del Vacío.
El patio recuperó la calma.
Los dos hermanos estaban pasmados con lo que acababan de presenciar, sus ojos llenos de asombro y reverencia.
El niño corrió hasta Mu Yun y le dijo emocionado:
—¡Señor, ¿puede aceptarme como su aprendiz?! ¡Soy dócil e inteligente! ¡Le prometo que seré el mejor aprendiz que haya tenido!
Su Fan se tapó la cara con la mano. Una vez le había dicho eso al niño para animarlo, pero no esperaba que este descarado lo repitiera sin vergüenza frente a su salvador.
Mu Yun soltó una carcajada.
—Pero el cultivo requiere mucho esfuerzo. Un niño gordito como tú terminaría hecho un palo si me sirves como aprendiz, y nadie te vería adorable ya.
—¡Ah, entonces paso! —dijo el niño, dándose la vuelta sin pensarlo.
Mu Yun: “…”
¿Y qué pasó con “seré el mejor aprendiz que haya tenido”?
Su Fan volvió a llevarse la mano a la frente, avergonzado. ¿Serviría de algo si desheredaba a ese mocoso ahora mismo?
Pero luego, Mu Yun se sintió divertido. Creyó que el niño se había echado para atrás por miedo a volverse flaco y perder su ternura, pero entonces lo escuchó murmurar mientras se veía sus llantitas:
—Engordar así me costó un trabajo… ¿Cómo voy a desperdiciarlo? Todo lo que comí no serviría de nada si bajo de peso.
Mu Yun: “…”
Su Fan empujó directamente a su hermanito dentro de la casa, no fuera que dijera más tonterías frente a su salvador.
Era su culpa. Debería haberle enseñado un poco más de modales. “Eso se piensa, pero no se dice”, pensó.
—Mi hermano es algo ignorante. Espero que no le moleste, salvador mío —dijo Su Fan, algo incómodo.
—Para nada. Es un niño muy simpático —respondió Mu Yun, sin molestarse en lo más mínimo. Miró la casa. Estaba muy deteriorada, y una de las paredes del otro lado se había venido abajo.
—¿Por qué no han reparado esa pared? Ve por unas piedras, yo se las levanto —ofreció.
—No hace falta. La dejamos así a propósito. Cada año hay programas de apoyo a la pobreza del gobierno… —dijo Su Fan, lanzándole una mirada de “tú me entiendes”.
Mu Yun sí lo entendía… y se quedó sin palabras.
Después de caminar un rato por la casa, se sentó en un banquito y comenzó a reflexionar.
Parecía que la Reina Oscura había sido contenida, pero ¿a qué se refería con esas palabras antes de ser absorbida?
Mu Yun, sin poder resolverlo, decidió quedarse uno o dos días en esa casa, para verificar si realmente había sido atrapada. Si se había escapado, tenía que quedarse a proteger a los hermanos.
Y si ya había sido eliminada… entonces lo tomaría como unas vacaciones.
Su Fan se puso feliz al saber que se quedaría y se puso a limpiar un cuarto para él.
Mu Yun salió a caminar solo por la aldea. Al ver a unos ancianos conversando bajo un árbol, se acercó y se sentó con ellos.
—¿Vives con Fan? Es un buen chico, pero lo que ha pasado es muy triste —suspiró una anciana.
—¿Dónde están sus padres? —preguntó Mu Yun.
—Murieron hace tiempo, dejaron a esos dos niños solos. Pobrecitos. Recibieron una indemnización, pero su tío se quedó con todo. Ellos no vieron ni un centavo…
—Sí, los dos hermanos dan lástima. Por suerte Fan es muy listo. Tan joven y ya sabe ganarse la vida vendiendo hotcakes. Al menos no pasan hambre.
—Ya viste lo fea que está su casa. El jefe del pueblo les consiguió un subsidio por pobreza por lástima. Eso les ayudó algo…
…
Los viejitos contaban uno tras otro, y cada historia sorprendía más a Mu Yun.
En realidad, no había mucha información sobre la familia de Su Fan en la memoria del dueño original de este cuerpo. Solo sabía que no andaban bien de dinero, pero no imaginaba que fuera tan grave.
Le sorprendía que Su Fan y su hermano hubieran pasado por todo eso. De repente, le pareció totalmente comprensible por qué Su Fan era tan tacaño, por qué dejaba la pared rota a propósito.
Con esa situación económica, Su Fan debía mantener a su hermano menor por sí solo. Por eso había desarrollado ese hábito de cuidar cada centavo.
Tal vez Su Fan pensaba en cómo ganar dinero y mejorar su vida todo el tiempo, aunque no fuera fácil.
Al volver a la casa, Mu Yun vio a los dos hermanos muy felices en la cocina. Inesperadamente, su melancolía desapareció al ver esa escena.
Tal vez, a los ojos de los demás, los hermanos eran miserables, pero ellos no lo sentían así. De hecho, creían estar viviendo felices.
El hermano mayor tenía a su hermanito, y el pequeño tenía a su hermano, siempre cuidándolo. Eso era más que suficiente.
Al darse cuenta de eso, Mu Yun se sintió en paz.
Estaba por ir a la cocina cuando sintió algo tirando de su pantalón. Miró hacia abajo y vio al perro Dahuang mordiéndole el borde del pantalón, con los ojos llorosos.
Sorprendido, Mu Yun lo miró. El perro parecía estar llorando.
Se agachó, acarició la cabeza del perro y dijo:
—Gracias por lo que hiciste hace rato.
Recordaba que fue gracias a que este perro se lanzó sobre la Reina Oscura que ella se distrajo y fue absorbida por la caja.
Pero apenas terminó de decirlo, Dahuang comenzó a sollozar. Sonaba como si realmente estuviera llorando.
Mu Yun se sorprendió aún más. No podía evitar sentir que la mirada del perro tenía algo extraño. Como si… lo conociera.
Impactado por esa idea, lo observó más de cerca.
Mientras lo hacía, Su Fan apareció:
—¿Eh? Parece que Dahuang te tomó cariño. Nunca había hecho eso con nadie más que conmigo y mi hermano.
—¿Tú lo criaste? —preguntó Mu Yun.
—No. Llegó solo hace dos años y desde entonces vive con nosotros —explicó Su Fan.
—Ya veo… —Mu Yun lo miró fijamente. Le daba la impresión de que el perro quería decirle algo con los ojos. Las lágrimas, sobre todo, le dolían en el corazón.
—¿Por qué está llorando? —preguntó.
—No lo sé. Ahora que lo pienso… siempre llora cuando ve la piedra espiritual que me diste, salvador mío —dijo Su Fan.
Jamás le había contado eso a nadie. Mu Yun era el primero. No solo porque confiaba en él, sino porque esperaba que tal vez pudiera resolver el misterio.
Después de lo que había visto, Su Fan sospechaba que su salvador era un cultivador sumamente poderoso. Tal vez él sabría por qué Dahuang lloraba cada vez que veía la piedra.
—¿En serio? —preguntó Mu Yun, sorprendido.
Su Fan asintió, se levantó y fue a una habitación. Regresó con una cajita en las manos.
La abrió, revelando una piedra espiritual del tamaño de una uña.
—Esta es. Cada vez que la ve, Dahuang llora como si le rompieran el alma. Recuerdo que la primera vez que intenté guardarla, me mordió la mano como loco. Como si estuviera quitándole lo más preciado.
—¿Acaso esta piedra tiene algún vínculo especial con él? —Mu Yun extendió la mano para tocarla, pero en cuanto la rozó, su cuerpo se tensó y comenzó a temblar violentamente, con los ojos cerrados.
Su Fan se asustó muchísimo. Abrió la boca para decir algo, pero en ese momento, una figura sombría apareció de golpe y lo tumbó de una palmada…