Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 353

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  4. Capítulo 353 - El Dueño Original de Este Cuerpo, Alguna Vez de Buen Corazón
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Eso había sido, en efecto, hace cuatro años. Ocurrió uno o dos meses antes de que el dueño original de este cuerpo de Mu Yun sufriera un cambio drástico de temperamento.

Ese día, Mu Yun —el original— acababa de salir de su última clase y estaba sentado en una limusina con chofer camino a casa, cuando vio a un adolescente vendedor de hotcakes siendo acosado, con todas sus cosas tiradas por el suelo. Indignado de que tantas personas acosaran a un joven, hizo que el chofer se detuviera, bajó del coche y ordenó a sus guardaespaldas que les dieran una paliza a los abusivos.

Mientras tanto, Mu Yun se acercó al adolescente, quien tenía el rostro lleno de moretones y estaba tirado en el suelo. Lo ayudó a ponerse de pie y a recoger las cosas que estaban esparcidas por todas partes.

En ese momento, el joven, sin saber cómo agradecerle, le ofreció con timidez el único hotcake que no se había ensuciado, como muestra de gratitud por haberlo ayudado.

Mu Yun, sin importarle lo humilde del gesto, lo aceptó y se lo comió. También le preguntó por qué lo habían golpeado.

El adolescente le respondió:

—Mi primo envió a esas personas para insultarme y arruinar mi puesto. Dijeron que soy un pobre vendedor de hotcakes sin futuro.

Mu Yun lo consoló:

—¿Y qué tiene de malo vender hotcakes? ¡Un vendedor de hotcakes que vende bien sus productos vale tanto como cualquier otro! No hay vergüenza en eso. Probaré tus hotcakes otra vez cuando tenga oportunidad, y espero que me parezcan más ricos que este.

Ese día, Mu Yun también le regaló algo como símbolo de aliento. Parecía ser un objeto transparente.

Habían pasado cuatro años, pero sorprendentemente, ese chico aún lo recordaba. Al parecer era alguien que cumplía su palabra y no olvidaba la ayuda que recibía.

Y sí, en aquel entonces, el dueño original del cuerpo de Mu Yun era de muy buen corazón. Era una lástima que, después, cambiara radicalmente y se volviera prácticamente la encarnación del mal por culpa de un mensaje de texto de Chen Wan.

Mu Yun se preguntaba cómo reaccionaría Su Fan si supiera que la persona que consideraba su salvador se había convertido en alguien despreciable.

Mirándolo, Mu Yun dijo:

—¡Hiciste bien, y tus habilidades realmente han mejorado!

—¡Gracias, mi salvador! Por cierto, eso que me diste ese día era en realidad una piedra espiritual. Es muy valiosa. No creo que deba conservarla. Lástima que no contaba con encontrarte durante este viaje, si no, la habría traído para devolvértela —dijo Su Fan.

—¿Una piedra espiritual? —¿El objeto transparente que le dio el dueño original era una piedra espiritual?

—Sí, una piedra espiritual. Te prometo que te la devolveré la próxima vez que venga —dijo Su Fan.

Mu Yun agitó la mano.

—No es necesario. Te la di, y deberías conservarla. No necesito que me la devuelvas.

—¿De verdad?! ¡Muchas gracias, salvador mío! —exclamó Su Fan, emocionado. Había hablado en serio al ofrecer devolverla, pero que le permitieran conservarla le alegraba el corazón aún más.

—Por cierto, ¿vienes al Monte Wu porque alguien está tratando de cazarte, salvador mío? —preguntó Su Fan.

—¿Eh? ¿Alguien me está cazando? ¿De qué hablas? —Mu Yun no sabía que había carteles con su rostro por toda la Ciudad Wang, así que no entendía a qué se refería Su Fan.

—¿No lo sabías? Fui al Reino de Cultivo para hacer un encargo y encontré tu cara pegada por todas partes. Alguien puso precio por ti. Pero no te preocupes, ¡reemplazé todas esas fotos por las de otro! —informó Su Fan con voz alegre, dándose mentalmente una palmadita por su brillante idea.

¡Ese maldito viejo se había atrevido a intentar arrebatarle el hotcake que estaba destinado a su salvador, haciéndole perder la oportunidad de expresarle su gratitud en persona!

Mu Yun quedó asombrado. Se preguntaba quién había puesto precio a su cabeza. ¿Habría sido la Reina Oscura o Xiao Zhiyuan?

—Gracias. No lo sabía —dijo Mu Yun.

—¿Puedo preguntar a qué viniste por acá, salvador mío? —preguntó Su Fan.

—A despejarme un poco —respondió Mu Yun sin rodeos. Principalmente porque Su Fan le parecía bastante inocente.

—Ya veo. ¿Te gustaría visitar mi casa? Aunque mi familia es pobre, el paisaje del pueblo es agradable, lo que lo convierte en un buen lugar para descansar. Pero tengo un inquilino algo extraño que paga la renta y la comida con piedras espirituales del mundo demoníaco —Su Fan dudaba si invitar a Mu Yun o no. Si ese inquilino realmente venía del mundo demoníaco, ¿no estaría metiendo en problemas a su salvador al llevarlo?

—¿Qué dijiste? ¿Alguien te está pagando la renta y comida con piedras espirituales del mundo demoníaco? —preguntó Mu Yun, al escuchar eso.

Su Fan asintió.

—Sí. Una mujer. ¡Quiso arrebatarnos la cena a mi hermano y a mí cuando nos conocimos! Pero no la dejamos.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Mu Yun.

—En mi casa —respondió Su Fan. Luego miró a Mu Yun y añadió—: ¿La conoces, salvador mío?

—No estoy seguro por ahora. Tengo que ir a tu casa a comprobarlo —dijo Mu Yun, con tono serio.

—Está bien. Te llevaré. Salimos mañana —Su Fan accedió sin dudar.

—Quédate esta noche en mi casa. Así será más fácil partir mañana juntos —ofreció Mu Yun.

Pero Su Fan rechazó la oferta:

—Me registré en un hotel en cuanto llegué al Monte Wu. Ya le pagué al dueño, y no quiero que mi dinero se desperdicie. Si no uso la habitación esta noche, de seguro se la dará a otro. ¡No voy a dejar que cobre el doble por esa habitación! No te preocupes, salvador mío, mañana estaré aquí a tiempo.

Mu Yun dijo:

—¿En qué hotel estás? Dime y veo si puedo ayudarte a que te devuelvan el dinero.

—En el Hotel Dulces Sueños. Es carísimo —¡me cobró cincuenta por una noche! Ya que tienes un cuarto disponible para mí, volveré a pedirle un reembolso por mí mismo —se quejó Su Fan.

Mu Yun: “…”

Este tipo…

Pero al recordar la situación financiera de la familia de Su Fan, Mu Yun comprendió por qué había elegido un hotel tan barato.

—Vamos. Te ayudaré a recuperar tu dinero —dijo.

Las condiciones del hotel eran pésimas, lo que explicaba su bajo costo. Ya que viajarían juntos, era mejor que Su Fan se quedara esa noche en la villa, la cual ofrecía un alojamiento mucho mejor que un cuarto donde el baño se olía desde la entrada.

Su Fan estaba a punto de rechazarlo de nuevo cuando vio a Mu Yun avanzar. Tras pensarlo, se guardó las palabras y lo siguió.

Cuando llegaron al Hotel Dulces Sueños, Mu Yun se dirigía al mostrador, pero Su Fan lo detuvo. Subió primero a su habitación a empacar, luego bajó y, arrojando un condón usado sobre el mostrador, dijo airado:

—¡Dijiste que limpian los cuartos todos los días! Entonces, ¿cómo explicas esto? ¿Acaso este condón se abrió solo y se rellenó por sí mismo?

¿Se rellenó solo…?

El dueño del hotel lo miró y luego su cara se tornó gris.

—Bueno, ¿qué esperabas de una habitación que cuesta cincuenta pesos? ¿Quieres algo mejor? ¡Pues vete a un hotel cinco estrellas, si es que puedes pagarlo!

—¡Perfecto! ¡Devuélveme mi dinero y me largo a uno de esos hoteles con estrellitas! —respondió Su Fan, extendiendo la mano.

—Lo siento. No hay reembolsos bajo ninguna circunstancia —dijo el dueño con toda calma.

—Bah, lo que sea —dijo Su Fan, colgándose una bolsa de plástico al hombro. Luego le dijo a Mu Yun—: Vamos, salvador mío.

—¿Ya no quieres el reembolso? —Mu Yun se sorprendió. Su Fan se había comportado como un tacaño hasta hacía poco, así que lo desconcertó que se rindiera tan fácilmente.

—No —respondió Su Fan con tranquilidad.

Mu Yun pensó en intentarlo una vez más, pero Su Fan lo sacó directamente del hotel.

El dueño los miró, y le pareció que la bolsa de plástico en el hombro de Su Fan se veía… familiar. Bajó la vista, pensó un poco, y luego sus ojos se abrieron como platos. Se giró hacia el botones y le ordenó:

—¡Ve a la habitación 302 y revisa si falta algo, ya!

El botones subió a toda prisa. Minutos después, el teléfono fijo en recepción sonó. El dueño contestó.

—Jefe, ¡faltan alimentos!

—¿Cuántos? —preguntó el dueño, sintiendo una punzada en el pecho.

—Seis paquetes de fideos instantáneos, dos de ciruelas en vinagre, cinco botellas de refresco, dos paquetes de pistaches y dos botellas de yogurt. También dejó una nota con los precios de costo y de mercado, y un mensaje que dice… dice…

—¿Qué dice? —el dueño ya respiraba con dificultad.

—Dice que usted es un estafador, que todo lo de la habitación cuesta más que en el mercado… que el valor total de lo que se llevó es exactamente cincuenta pesos, según los precios reales…

¡Pum!

El dueño azotó el auricular.

¡Maldito loco!

Con razón se había ido sin decir nada.

Estaba echando humo cuando tres hombres entraron al hotel. Su porte era imponente. Por su ropa, se notaba que no eran gente común.

El dueño se recompuso y les sonrió amablemente.

—¿Puedo ayudarlos, caballeros?

Eran Luo Feng, Yuan Ge y Luo Qian. Luo Qian le mostró una fotografía.

—¿En qué cuarto está este sujeto?

El dueño la miró de reojo y frunció el ceño. ¡¿No era el loco que acababa de irse?!

—Se acaba de marchar —respondió tras respirar hondo.

—¿Se fue? ¿Por qué? —preguntó Luo Qian.

‘¡Y yo qué sé por qué ese loco se fue!’, rugió el dueño por dentro.

Pero respondió con tono respetuoso:

—No lo sé. Se fue hace unos minutos. Si salen ahora mismo, tal vez aún lo alcancen.

Ojalá lo fueran a perseguir por venganza. ¡Así le daban su merecido!

Luo Qian regresó con Luo Feng y dijo:

—¿Qué hacemos ahora, Maestro Feng?

—¡Seguimos buscando! —Los tres salieron rápidamente del hotel para continuar su búsqueda de Su Fan.

…

Al regresar a la Villa Tianmu, Mu Yun vio a Su Fan bajar su bolsa de plástico, ponerla sobre la mesa y sacar un paquete de pistaches.

—¿Por qué llevas tantos bocadillos en un viaje?

—Jamás saldría de viaje con tantos. Me los llevé del hotel. Como no quiso devolverme mis cincuenta pesos, me traje estas cosas. No me vas a creer, salvador mío: ¡todo en esa habitación cuesta más que en el mercado! Por suerte yo sí sé los precios reales, si no, habría salido perdiendo.

Mu Yun: “…”

No sabía qué decir.

Aunque… tenía algo de sentido.

—No te preocupes, salvador mío. Solo me llevé lo justo. Todo esto vale exactamente cincuenta pesos. Ni más ni menos —dijo Su Fan.

Mu Yun sonrió.

—Ya veo. Come si tienes hambre, y duerme temprano. Mañana partimos al amanecer.

—¡Sí! —asintió Su Fan.

Parecía no importarle lo que los demás pensaran de él. Lo único que parecía importarle era tener la conciencia tranquila.

Después de comer un paquete de fideos instantáneos, Su Fan se fue a dormir a la habitación que Mu Yun le había preparado.

A la mañana siguiente, Mu Yun despertó tras meditar. Después de cultivar toda la noche, se sentía fresco y descansado. Miró por la ventana y luego el reloj: eran las 6:30.

Se levantó, pensando en asearse antes de despertar a Su Fan y desayunar con él.

Pero al entrar a la sala, notó que el mayordomo y otros más estaban ahí con expresiones algo extrañas. Al verlo, todos miraron inexplicablemente hacia el comedor.

Mu Yun siguió sus miradas, y vio a Su Fan junto a la mesa del comedor, donde había colocado una estufa de inducción portátil —no sabía de dónde la había sacado.

Había hotcakes recién hechos. Al verlo, Su Fan exclamó:

—¡El desayuno está listo, salvador mío! ¡Ven a comer! Partimos después de llenar el estómago.

Mu Yun se acercó y vio que no solo había hotcakes, sino también dumplings fritos y, para su sorpresa, huevos cocidos al té.

—¿Te levantaste antes del amanecer? ¿Por qué no dormiste más? —Mu Yun notó que debió haberle tomado horas preparar todo.

—Es mi costumbre. En el pueblo me levanto todos los días a las 3 AM para amasar la masa y preparar hotcakes antes de repartirlos. Gano hasta cien pesos diarios con eso —respondió Su Fan, sonriendo mientras volteaba un hotcake.

Al escuchar eso, el mayordomo se sintió repentinamente menos molesto por la estufa portátil.

—Impresionante. Las personas autosuficientes siempre me parecen admirables —rió Mu Yun.

Su Fan sonrió con modestia. Luego sirvió un hotcake, lo puso frente a Mu Yun y le dio un huevo cocido al té.

—Por favor, prueba este huevo, salvador mío. Estoy pensando en venderlos también. No tardan en hacerse: solo hay que preparar la salsa y dejar que se cocinen mientras se hacen los hotcakes.

Mu Yun alzó las cejas, peló el huevo y dio un bocado. Sus cejas volvieron a elevarse, encantado.

—¡Este huevo sabe excelente! ¡Es el mejor que he probado! ¿Cómo lograste que supiera así?

Y no lo dijo solo por cortesía. De verdad estaba delicioso.

Su Fan respondió con aire misterioso:

—Tengo una receta secreta.

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