Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 350
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El niño corrió a la cocina. Al poco tiempo, regresó con un tazón de arroz con verduras encima. Al verlo, la Reina Oscura se acercó y comenzó a comer. ¡Sorprendentemente sabía delicioso!
El joven se dio la vuelta directamente y, saliendo por la puerta con su hermanito, le dijo:
—Limpiaré tu cuarto, pero tú vas a lavar tu tazón. Y si quieres usar agua, tendrás que pagar primero; si quieres una lámpara en tu cuarto, también debes pagar la luz.
La Reina Oscura: «…»
De repente, la comida le supo menos sabrosa. ¿¡Estaba tratando con un extorsionador!?
¡Tenía que aguantarse!
No le quedaba otra más que tolerar esa situación hasta recuperar toda su fuerza, si no quería que la atraparan y su destino fuera aún más miserable.
Así que les aventó otro par de piedras espirituales a los hermanos, pero esta vez, antes de pagar, llegó a un acuerdo con ellos: no tenía que hacer ningún quehacer y ellos se encargarían de todo.
Tentados por tantas piedras espirituales, los hermanos aceptaron.
La Reina Oscura por fin consiguió una cama cómoda y se fue a dormir, sin saber que los hermanos se habían reunido otra vez en el cuarto de al lado, hablando en susurros sobre algo.
—¿Ves? Te dije que esa mujer no era lo que aparentaba. O sea, está demasiado bien preparada para haberse escapado de la casa de sus papás, ¿no crees? Además, con esas piedras espirituales podría pagar cualquier hotel de lujo en la ciudad. Si solo quería alejarse de su familia, ¿era necesario venir a un lugar tan perdido como este? Encima, trae un montón de piedras espirituales. ¿Cuándo has visto a una persona común cargar tantas en el bolsillo? Dijo que no era del Monte Wu, así que creo que viene del Reino de la Cultivación. Además, estas piedras espirituales son distintas a las que hemos visto. Mira, tienen como un gas negro adentro. Saca tu piedra espiritual, vamos a compararlas —dijo el joven.
Su hermanito rápidamente sacó una cajita de un cofre bajo la cama, y de ahí una piedra espiritual transparente del tamaño de una uña. Luego dijo:
—¡Veamos si hay diferencia!
Los dos compararon la piedra pequeña con una de las grandes que les dio la Reina Oscura y descubrieron que esta última tenía una especie de gas negro flotando dentro, mientras que la primera era de color uniforme, impecable y brillaba con fuerza bajo la luz de la lámpara. Además, al sostenerla se sentía una sensación muy reconfortante, cosa que no pasaba con la piedra que les había dado la mujer.
—¿Lo ves? Esta piedra grande es muy distinta a la nuestra. Esta chiquita me la dio alguien que me ayudó mucho ese día, y siempre me hace sentir bien al tenerla en la mano. Pero la de esa mujer no da esa sensación. ¡Definitivamente está escondiendo algo! —concluyó el joven.
—¿Y qué hacemos? Ya aceptamos sus piedras espirituales —dijo el niño con cara de preocupación.
—No dijimos cuántos días cubría ese pago, ¿verdad? Si hay problemas, la delatamos de inmediato. ¡Nuestra seguridad va primero! Yo veré la forma de ir al Reino de la Cultivación y buscar a alguien que autentique estas piedras.
—¿Y yo, Fan? —preguntó el niño. Siempre había querido ir con su hermano al Reino, pero este nunca lo había llevado.
—Tú no puedes ir aún. A los no cultivadores los agarran fácilmente allá. Si te marcan con un Símbolo de Servidumbre, ya valiste. Sé un buen niño y espérame en casa.
El niño, con resignación en su rostro, dijo de mala gana:
—Está bien…
La Reina Oscura seguramente se enfurecería si supiera que los hermanos planeaban delatarla al primer indicio de problemas, y que, tras notar algo raro en sus piedras espirituales con energía oscura, pensaban hacerlas autenticar en el Reino.
Si el joven iba al Reino, su intento por refugiarse con ellos sería lo mismo que entregarse al enemigo. Porque, para empezar, las piedras del mundo demoníaco eran muy distintas a las del Reino. Y ni se diga de las que llevaba la Reina Oscura.
…
A la mañana siguiente, la Reina Oscura despertó de un estado de cultivo. Sentía que poco a poco sus poderes regresaban, lo cual la llenó de alegría.
¡Pero no iba a quedarse aquí esperando hasta volver a ser la de antes para vengarse de Luo Feng!
¡Tenía que hacer algo!
Pero justo cuando pensaba eso, sus ojos se posaron sobre una cabeza de perro apoyada en el alféizar. Era Dahuang, el mismo que la había rodeado la noche anterior.
Temblando, la Reina Oscura corrió a cerrar la ventana.
Al ver eso, el niño fue directo con su hermano y le dijo:
—¡Fan, estoy seguro de que la mujer le tiene miedo a Dahuang! Deberíamos dejar a Dahuang vigilándola para que no se atreva a hacer nada malo.
El joven asintió:
—Está bien. Haz que Dahuang se quede en la puerta de su cuarto. Pero primero tráelo acá. No ha tocado la piedrita espiritual en días. Hay que darle un premio para que haga bien su trabajo.
El niño salió corriendo, trajo a Dahuang, sacó la pequeña piedra espiritual y la colocó en el suelo frente al perro, que de inmediato se sentó y la observó en silencio, como siempre, con los ojos llenos de lágrimas.
Los hermanos nunca entendían por qué Dahuang lloraba cada vez que veía esa piedrita espiritual. Además, siempre obedecía cualquier orden cuando llevaban esa piedra con ellos.
Media hora después, el niño le ordenó a Dahuang vigilar la puerta de la Reina Oscura. El perro obedeció sin ladrar, mientras el joven salía del pueblo rumbo al Reino de la Cultivación.
…
Mu Yun fue a la biblioteca temprano en la mañana. En los últimos días, había notado que el progreso de Wu Wei, Liao Ziyun, Gu Miaomiao y Luo Qian se había ralentizado. Parecía que sus métodos de cultivo ya no eran adecuados para ellos. Mu Yun tenía almacenado en su mente el contenido de muchos libros de técnicas de cultivo, y necesitaba un lugar tranquilo para revisarlos y buscar métodos más apropiados para sus aprendices.
Originalmente pensaba ir al lugar donde solía estudiar, pero por alguna razón, al entrar a la biblioteca, alzó la mirada hacia el último piso y se dio cuenta de que nunca había subido ahí. Tal vez hoy era el día de hacerlo.
Faltaban un par de días para la convención de alquimistas, y quería leer algunos libros sobre alquimia antes de asistir.
Al llegar al último piso, vio que todos los libros eran antiguos. Casi todos tenían un aspecto muy viejo y estaban escritos en lenguas arcaicas.
Sin embargo, increíblemente, podía leer todas esas lenguas. Y más extraño aún, esas palabras le resultaban muy familiares. Era como si ya las hubiera leído antes. Incluso podía recordar su contenido con solo ver los títulos.
Pero… no recordaba haberlos leído jamás…
En ese momento, notó algo dorado en una esquina cerca del techo. Parecía un libro.
Intrigado, voló lentamente hasta él y extendió la mano para tomarlo, pero apenas lo tocó, sintió que algo comenzaba a desgarrarlo, y un torbellino violento surgió de la nada a su alrededor, envolviéndolo, ¡amenazando con hacerlo pedazos en cualquier momento!
—¡AAAAAAARGH! —gritó Mu Yun de dolor.
—¡¡¡YUN!!! —Luo Feng apareció justo a tiempo, se lanzó dentro del torbellino, lo abrazó con fuerza y lo sacó con todo su poder.
El torbellino desapareció, pero Mu Yun había perdido el conocimiento. Luo Feng miró fijamente el libro de tapa dorada que aún sostenía Mu Yun, con una sonrisa amarga y silenciosa en los ojos.
—Este libro es tuyo, después de todo. Siempre lo encuentras, sin importar cuán bien lo esconda. Pero aún no tienes la fuerza para resistir el poder que contiene. Confía en mí, haré que vuelva a ti cuando alcances la inmortalidad.
Y con eso, el libro desapareció de las manos de Luo Feng, desvaneciéndose en el aire.
Sosteniendo a Mu Yun entre sus brazos, salió de la biblioteca y volvió a su habitación. Después de infundirle algo de Chi, Mu Yun comenzó a recobrar la conciencia.
Al abrir los ojos y mirar a Luo Feng, muchas imágenes extrañas comenzaron a pasar por la mente de Mu Yun, todas relacionadas con eventos que no recordaba haber vivido.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tenía tantas imágenes raras en la cabeza?
¿Por qué se veía a sí mismo y a Luo Feng en esas escenas? ¿Por qué estaban peleando? ¿Cuándo había pasado eso? ¿Por qué no recordaba nada?
Mu Yun yacía en la cama, mirando fijamente al techo. Luo Feng le hablaba al oído, pero él no parecía oírlo.
Pasó media hora antes de que Mu Yun comenzara a reaccionar. Mirando a Luo Feng, cuyo rostro mostraba preocupación, dijo:
—Quisiera distraerme un par de días antes de la convención.
—¿A dónde quieres ir? Yo voy contigo —respondió Luo Feng enseguida.
—No hace falta. Solo necesito tiempo a solas —dijo Mu Yun.
Como fue tan insistente, Luo Feng asintió sin decir más.
Esa misma tarde, Mu Yun partió, dejando una botella de píldoras espirituales en su cuarto, destinadas a Luo Xin. Nadie, excepto Luo Feng, sabía que se había ido. Luo Feng informó a los discípulos que el líder de la secta había entrado en una sesión prolongada de cultivo a puerta cerrada.
…
Cuando Pei Rong se acercó, Yuan Ge fue a su encuentro y le preguntó:
—¿Tienes planes hoy? ¿Qué te parece si salimos a pasear?
—¿Pasear? ¡Va! —Pei Rong aceptó de inmediato.
Ambos se cambiaron de ropa por algo más ligero y salieron de la secta.
Yuan Ge llevó a Pei Rong a una tienda de ropa y le ofreció comprarle algo.
Pei Rong hizo un gesto con la mano para rechazar:
—Tengo mucha ropa, Ge. No necesito más.
—Pero yo quiero comprarte —respondió Yuan Ge mientras revisaba prendas.
Pei Rong se quedó inmóvil un momento y luego, mirando a Yuan Ge con incredulidad, preguntó:
—¿Por qué?
Yuan Ge lo miró y sonrió:
—Hay tantas cosas que quiero comprarte.
Esas palabras tan extrañas dejaron a Pei Rong confundido. Solo se quedó siguiéndolo en silencio, dejándose medir la ropa mientras Yuan Ge le presionaba distintas prendas contra el cuerpo para ver si le quedaban bien. Después de un rato, Yuan Ge eligió tres conjuntos y los compró para él.
Mirándolo, le preguntó:
—¿Te gustan?
—Y-Yo podría malinterpretar tus intenciones si sigues siendo tan bueno conmigo —respondió Pei Rong en voz baja, bajando la cabeza.
Yuan Ge sonrió ligeramente y dijo:
—Hace un par de días, el Maestro me preguntó qué sentía por ti. Me sorprendió mucho. Quiero decir, mis intenciones hacia ti, ¿no eran ya bastante obvias?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Pei Rong, mirándolo sin poder evitarlo.
—Me gustas —respondió Yuan Ge con franqueza. Pei Rong se quedó en shock, mirándolo sin creerlo y sin poder reaccionar por un buen rato.
—¿T-Tú estás comprometido con alguien, no? ¿Cómo es posible que…? —Pei Rong estaba seguro de haber escuchado mal. ¿Cómo era posible que Yuan Ge tuviera… sentimientos por él?
Recordaba perfectamente que Yuan Ge tenía una prometida.
—Sí, estoy comprometido. Pero esa persona olvidó el compromiso. Cuando éramos niños, prometimos casarnos al crecer, pero ahora resulta que soy el único que lo recuerda. Esa persona lo olvidó —dijo Yuan Ge con resignación.
Las palabras le apretaron el corazón a Pei Rong. Miró hacia otro lado y dijo, casi en un susurro:
—Entonces ¿por qué dices que tienes sentimientos por mí? Si tanto te importa tu prometida, deberías cuidarla, no decirme esas cosas a mí.
Apartó la ropa que Yuan Ge sostenía y añadió:
—No necesito esto. Llévatelo.
Y dio la vuelta para irse, pero Yuan Ge lo sujetó del brazo y le preguntó:
—¿Por qué te vas?
—¿¡Qué no sabes por qué?! —Pei Rong estaba molesto. Sí sentía algo por este hombre, pero eso no significaba que iba a soportar todas las humillaciones que le lanzara.
—Mi prometida, de niña, me prometió matrimonio a cambio de un dulce que tenía en la mano. Se comió mi dulce pero luego olvidó la promesa. No es muy honesto de tu parte, ¿no crees, Rong?
Pei Rong se quedó congelado. Miró a Yuan Ge con la boca abierta y balbuceó:
—¿D-De qué estás hablando? No entiendo.
—Tú eres mi prometida. Me hiciste esa promesa cuando eras pequeño, pero la olvidaste —dijo Yuan Ge, con cara de víctima.
—¿Q-Q-Q… Qué tontería es esa? Y-Yo nunca… —Pei Rong tartamudeó, con desconcierto escrito en todo su rostro. No recordaba nada de eso. Y si lo había dicho, seguro había sido jugando. ¿¡Cómo podía habérselo tomado en serio!?
Pero no lo negó. Y sorprendentemente, su estado de ánimo mejoró.
—¿Crees que yo bromearía con algo así? Piensa: ¿por qué más crees que siempre he estado cuidándote, si no es porque estamos comprometidos? No soy alguien que se mete en la vida de los demás sin razón —dijo Yuan Ge.
—¿D-De verdad? Pero yo… yo no recuerdo nada —murmuró Pei Rong, asombrado.
—Claro que es verdad. ¿Acaso parezco el tipo de persona que inventa estas cosas por diversión?
—¡No lo pareces! —respondió Pei Rong con fuerza.
Yuan Ge soltó una risita y, despeinando a Pei Rong, dijo:
—Anda. Te voy a comprar otras cosas.
—Tengo todo lo que necesito. Yo— —Pei Rong se detuvo de golpe y, mirando fijamente al frente, exclamó:
—¡Ge, mira! ¡Son fotos de nuestro líder de secta!
Yuan Ge inmediatamente volteó hacia donde señalaba y, efectivamente, vio que por toda la calle estaban pegadas imágenes de Mu Yun, cada una con las palabras: «¡SE BUSCA! ¡Asesino! ¡Gran recompensa por información que lleve a su captura!»
Frunciendo el ceño, Yuan Ge dijo furioso:
—¿¡Qué demonios!? ¿Quién puso esto aquí?
Arrancó un par de los carteles y los llevó de inmediato a la secta para mostrárselos a Luo Feng.
En cuanto los vio, una mirada fría y asesina cruzó los ojos de Luo Feng.
Justo en ese momento, llegó el anciano de apellido Cao. Al entrar a la habitación, dijo con urgencia:
—¿Dónde está Yun? ¿Dónde está? ¡Tenemos un gran problema! ¡Hay carteles de búsqueda por toda la ciudad con su nombre y foto!
—Salió a despejarse —le dijo la verdad Luo Feng, mirándolo directo.
—¿A despejarse? ¿¡En un momento así!? ¿¡En qué estaba pensando!? ¿Puedes encontrar la manera de hacer que regrese?
—Veré si puedo comunicarme con él.
El anciano, tras pensarlo un momento, miró a Luo Feng otra vez y preguntó:
—¿Por qué salió a despejarse? ¿Pasó algo?