Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 349
- Home
- All novels
- Amar al hombre más guapo de la capital
- Capítulo 349 - Un sabueso infernal con pérdida de memoria
Media hora después, Chee seguía sobre la boca de la Reina Oscura. Hasta el momento, todos sus intentos por usar sus poderes oscuros para quitarse a Chee de los labios habían sido inútiles.
Entró en pánico, y era la primera vez en su vida que experimentaba ese sentimiento.
Antes, siempre había tenido todo bajo control, pero ahora, por primera vez, sentía que estaba en una situación que no dominaba completamente. Aunque muchos semi-demonios la estaban cazando, sabía que no tendría nada que temer cuando recuperara todo su poder.
Pero esa cosa extraña que cubría su boca parecía ser completamente inmune a sus poderes oscuros. Había intentado todo lo que se le ocurría, pero esa cosa rara llamada Chee no se movía ni tantito.
Ahora no podía hablar, por más que lo quisiera, porque tenía la boca completamente bloqueada por esa cosa rara.
Observó cómo los dos hermanos terminaban de comerse sus muslos de pollo. Luego pusieron los huesos en un tazón a un lado, y en ese momento, un perro amarillo entró olfateando.
El niño dijo:
—Dahuang, hoy es tu día de suerte. ¡Son huesos de pollo!
El perro miró a los hermanos con ojos lastimeros. Esos dos huesos ni siquiera contaban como botana para él, ¿ok?
La Reina Oscura miró al perro y se dio cuenta de que el tal Dahuang, con el que la habían amenazado antes, ¡en realidad era un perro!
Pero en cuanto lo vio, empezó a temblar de pies a cabeza.
¡Un sabueso infernal! E-Ese era un sabueso infernal…
Esa criatura era la perdición de la Reina Oscura. Nadie sabía que los sabuesos infernales eran lo que más la aterrorizaba, que el simple olor de uno la hacía estremecerse.
A simple vista, el perro frente a ella parecía de lo más común, pero en realidad era un sabueso infernal, ¡el tipo de criatura que más miedo le daba!
Cuando un sabueso infernal se disfrazaba de perro común, casi nadie podía distinguirlo, pero la Reina Oscura no era una persona común. Tenía una habilidad congénita para detectar su presencia, derivada precisamente de ese temor innato que les tenía. Podía percibir la existencia de uno mucho más rápido que nadie.
¿Quién diablos eran esos dos hermanos? ¿Por qué vivían en el mundo de los no cultivadores con un sabueso infernal a su lado?
¿Y qué demonios era esa cosa negra pegada a su boca? La Reina Oscura estaba segura de que eso tampoco era lo que parecía, ¡y menos si un sabueso infernal estaba en ese lugar!
En ese momento, los dos hermanos espiaban por una rendija entre la ventana y su marco. Al notar que la mujer miraba con recelo a su perro, el niño murmuró:
—Fan, ¿por qué le tiene tanto miedo a Dahuang? ¿Crees que lo conoce?
El joven negó con la cabeza y, asomado por la rendija con las manos apoyadas en el alféizar, respondió:
—Vamos a esperar y ver qué pasa.
—¡Wow! ¡Ya sabes usar modismos, Fan! ¡Qué chido! —exclamó el niño, con una expresión de pura admiración.
El joven: «…»
Su hermanito tonto probablemente era el único en el mundo que podía admirar a un hermano mayor bueno para nada como él. Suspiró por dentro, considerando juntar algo de dinero vendiendo más hotcakes para poder mandar al niño a la escuela el próximo año, no fuera a ser que cualquier vato por la calle que supiera un par de modismos se lo llevara.
Y si resultaba ser un tratante de personas, ya valió.
Los dos hermanos se apartaron de la ventana y se sentaron en el suelo a platicar. El joven dijo:
—¿Qué te parecería si el próximo año te mando a la escuela? Todos los profes ahí saben usar modismos y referencias literarias. Te van a dejar boquiabierto.
—¡Va! Pero ya tengo diez años. ¿En qué grado empezaría? —preguntó el niño, pensando si le tocaría entrar al kínder.
—Eso lo decidiremos después. A lo mejor empiezas en primero de primaria —respondió el hermano tras una breve pausa.
—¿Primero? ¿No voy a hacer sentir inseguros a los demás niños? ¡Voy a ser el más grande de todos! —dijo el niño, preocupado.
Su hermano mayor respondió impasible:
—Ja, ojalá. Hasta los más chiquitos que tú saben más cosas, ¿ok?
El joven, que había vivido con el niño durante años, era el único que entendía lo que su hermanito quería decir con “hacer sentir inseguros a los demás”. Creía que, por ser mayor, aprendería más rápido que sus futuros compañeros. Pero en realidad, esos niños ya llevaban ventaja desde el preescolar.
Sin embargo, luego miró con algo de culpa a su hermanito y dijo:
—Lun, perdóname por ser un hermano tan inútil. No logré meterte a la escuela cuando era tu edad. ¡Te prometo que lo voy a compensar en cuanto tenga el dinero!
El niño negó con la cabeza y le contestó con comprensión:
—No es tu culpa, Fan. ¡La culpa es de nuestro tío y tía! ¡Nosotros ya estaríamos estudiando si no se hubieran clavado la compensación por la muerte de nuestros papás y nos hubieran echado a la calle!
A pesar de tener apenas diez años, el niño entendía muy bien la situación. Sabía perfectamente que no había podido ir a la escuela porque esos parientes suyos, después de la muerte de sus padres, se habían apropiado de la compensación que legalmente les pertenecía, se habían mudado a la cabecera municipal y comprado una residencia grande con ese dinero, dejando a él y a su hermano en esta casa desvencijada, sobreviviendo como podían.
En ese entonces, su hermano tenía apenas catorce años y era demasiado ingenuo para recuperar el dinero. Al final no tuvo otra opción más que irse de trabajador migrante para mantenerlos.
Por eso, el niño jamás culpó a su hermano. ¡A quienes odiaba era a esos familiares miserables!
—No te preocupes, Lun. Eres muy inteligente, así que no creo que empezar tarde la escuela te perjudique tanto. Como dicen, el oro siempre brilla —dijo el joven, animándolo.
El niño le regaló una enorme sonrisa, encantado.
En ese momento, Dahuang soltó un ladrido afuera, lo que captó de inmediato la atención de los hermanos. Corrieron hacia la entrada y vieron que el perro daba vueltas alrededor de la mujer extraña, que temblaba de pies a cabeza como si le tuviera miedo.
Desde que encontraron a Chee —que, curiosamente, solo se alimentaba de energía negativa—, nunca habían dudado que Dahuang no era un perro común. Sin embargo, por más que lo intentaron, nunca lograron averiguar qué tipo de perro era.
Pero esa mujer sí parecía conocerlo… y le tenía un miedo enorme.
¿Sería Dahuang… un perro celestial venido del cielo? ¿Habría llegado a su casa porque eran unos de los pocos afortunados elegidos por el destino? ¿El destino los había bendecido con Dahuang para… compartir su comida?
Solo de pensarlo, los hermanos se emocionaron un poco, aunque ninguno lo mostró.
El joven se acercó a la Reina Oscura y le preguntó:
—Parece que le tienes mucho miedo a Dahuang. ¿Lo conoces?
—¿Tú no sabes qué es? —la voz de la Reina Oscura temblaba ligeramente.
Chee ya se había despegado de su boca.
—No. Ese día simplemente entró sin aviso y trató de robarnos el almuerzo a mi hermano y a mí, pero Chee le dio una lección. Desde entonces ya no se atreve a hacer nada y se come lo que le damos —respondió el joven.
Mientras hablaba, la observaba de reojo, tratando de sacarle algo de información sobre Dahuang.
—Yo… tampoco sé qué es… —La Reina Oscura de repente cayó en cuenta de que había algo raro con ese sabueso infernal. ¡Quizás ni él mismo sabía que lo era! De lo contrario, ya habría detectado sus poderes oscuros y la habría atacado, con lo agudo que era su olfato.
Pero hasta ahora no la había atacado. Solo estaba dando vueltas a su alrededor, inquieto. Eso significaba que probablemente no sabía lo que era.
¿¡Un sabueso infernal con pérdida de memoria!?
Al darse cuenta de eso, la Reina Oscura sintió un alivio repentino. Pensó que no tenía nada que temer de la criatura.
Aun así…
De repente decidió quedarse con los hermanos, así que preguntó con cautela:
—¿No les da miedo que la Reina Oscura descubra que ustedes tienen una criatura tan poderosa?
—¿La Reina Oscura? ¿Quién es esa? —preguntó el niño.
Al oír la pregunta, la Reina Oscura comprendió que los hermanos ni siquiera sabían quién era ella, mucho menos que tenía una orden de arresto, lo que reforzó su decisión de quedarse con ellos.
Quizá ese sabueso infernal y esa cosa indefinible llamada Chee podrían convertirse en sus protectores.
Todos sus problemas se resolverían si lograba hacerse amiga de los hermanos.
Los miró y dijo:
—Soy Lin Weiwei. Mi familia no acepta que tenga novio, así que me escapé para obligarlos a que aprueben nuestro matrimonio. ¿Creen que podría quedarme en su casa unos días? No tengo a dónde ir. No voy a quedarme de gorra. Les pagaré y también ayudaré con los quehaceres.
Después de oírla, los hermanos se fueron a un rincón a consultar en voz baja.
—Fan, dice que nos va a pagar. ¿La dejamos quedarse? —dijo el niño con cara seria.
—Es peligroso aceptar a alguien que no conocemos. Además, ¿cómo sabemos si dice la verdad? No olvides que hace rato intentó robarnos la cena —respondió el hermano mayor, muy serio.
—Pero dice que nos dará dinero —replicó el niño.
El joven suspiró con resignación. Ver que su hermanito, por la pobreza que siempre habían vivido, ya tenía ese deseo por el dinero a tan temprana edad, le pesó en el corazón.
Definitivamente era su culpa. A partir de mañana se levantaría más temprano para hacer más hotcakes.
—Podemos pedirle que pague por adelantado. Y si resulta ser una farsante, ¡la delatamos! —agregó el niño.
—Yo estaba pensando exactamente lo mismo.
Los dos llegaron a un acuerdo. Tras su breve junta secreta, se acercaron a la Reina Oscura y el joven dijo:
—Está bien, pero tienes que pagarnos por adelantado, si no, no hay trato.
La Reina Oscura se sorprendió de lo astutos que eran. Si les pagaba por adelantado, no tendrían que preocuparse de que los estafara, y seguramente la echarían a la primera señal de problemas.
Pero ya estaba harta de andar de escondite en escondite, así que sacó una piedra espiritual y se la entregó.
—¿Puedo pagar con esto?
—¿Una piedra espiritual? —El joven la tomó y se la guardó en cuanto la vio.
—¿Vienes del Monte Wu?
—No, vengo de un lugar más maravilloso. Te aseguro que si me ayudas te conseguiré cosas mejores —dijo la Reina Oscura, tratando de engatusarlo.
—Oh… Podemos hablar de eso después —respondió el joven, totalmente indiferente, negándole a la Reina Oscura la oportunidad de presumir su estatus. En realidad, ni le interesaba.
Ella apretó los labios un momento antes de preguntar:
—¿Puedo comer algo?
El joven la miró y dijo:
—No pagaste por comida.
—¿¡Cómo que no!? ¡Si acabo de darte una piedra espiritual! —¿Estaba haciéndose el tonto con ella?
—Eso fue por el alojamiento. ¿Cuándo pagaste por la comida? —dijo el joven, con expresión confundida.
La Reina Oscura: «…»
‘¡Te di una piedra espiritual y aún así quieres que pague por separado la comida?! ¡Esa piedra vale más de diez mil, ¿ok?! ¿De verdad crees que no alcanza para cubrir comida y techo en este cuchitril tuyo?!’ pensó con rabia.
Aunque estaba furiosa, logró contener su enojo. Luego sacó otra piedra espiritual de su bolsillo, se la dio al joven y dijo:
—¿Con esto basta?
—Ve por un tazón de arroz para ella —dijo el joven a su hermano menor, que estaba a su lado.