Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 348
- Home
- All novels
- Amar al hombre más guapo de la capital
- Capítulo 348 - Hermanos excéntricos
Cuando la Píldora Espiritual descendió por su garganta, todo el cuerpo de Luo Xin fue envuelto en un capullo de suave resplandor. Puntos de luz entraban en él desde todas las direcciones, haciendo que brillara de blanco.
Al ver lo que le ocurría a Luo Xin, Xu Yang se emocionó un poco, apretando con fuerza las manos de Luo Xin, sus ojos fijos en él sin parpadear, como si Luo Xin pudiera abrir los ojos en cualquier momento en medio de esa luz deslumbrante.
Sin embargo, después de un cuarto de hora, una leve decepción se reflejó en el rostro de Xu Yang al observar que el cuerpo de Luo Xin volvía a la normalidad. Pensó que probablemente eso era lo que la píldora hacía normalmente en quien la tomaba. Su ansiosa expectativa, que había durado un buen rato, fue recibida con desilusión.
En realidad, no era precisamente una buena persona, pero la gente tiende a madurar y a aprender a controlar y ocultar mejor sus emociones con el paso de los años.
Por eso Xin lo admiraba, por su actitud contenida y su madurez. Además, era un cultivador, así que Xin siempre había sido muy correcto al tratar con él, como si intentara no cometer errores en su presencia.
Xin siempre había tenido una fe incondicional en él, creía en cada una de sus palabras y seguía todas sus instrucciones sin hacer preguntas.
¿Pero qué había hecho él? Siempre había tenido intenciones ligeramente deshonrosas hacia Xin y, en ocasiones, aprovechándose de la obediencia y la confianza de Xin, descaradamente lo hacía quedarse sentado en la villa durante horas. ¿Cómo podía considerarse una buena persona después de lo que había hecho?
Después de permanecer otra media hora más en la habitación, se puso de pie y salió. Se preparó una cena sencilla en la cocina y luego, tras llenarse el estómago, dio un paseo por la secta antes de regresar, calentar un poco de agua, darse un baño caliente y volver a la habitación a descansar.
Naturalmente, compartía habitación con Luo Xin. Lo acomodó en sus brazos, lo empujó un poco más hacia el fondo de la cama para hacerse espacio, luego se acostó a su lado, pasó el brazo por encima de los hombros de Luo Xin y cerró los ojos.
…
—Maestro, ¿dónde está exactamente la Reina Oscura? No puedo creer que ni usted pueda encontrarla —Yuan Ge estaba de pie en la cámara de cultivo, preguntando sobre el paradero de la Reina Oscura.
—Desde que comenzó a sospechar de mi identidad, naturalmente ha tomado precauciones contra mí. La razón por la que se atrevió a desafiar la autoridad del Sumo Dios fue porque tenía un artefacto poderoso que le ayudaba a ocultar su rastro y volverse inlocalizable. Ese objeto le pertenecía al Sumo Dios, pero lo perdió. Ella lo obtuvo hace diez mil años —respondió Luo Feng mientras caminaba de un lado a otro por la cámara.
—¿Y qué hacemos ahora? Mientras ella siga suelta, estaremos en constante peligro. Esa mujer tiene un montón de cosas malignas a su disposición, y quién sabe qué pueda hacer con ellas —dijo Yuan Ge con aprensión.
—No te preocupes. Xiao Mang le quitó parte de sus poderes. Ya no puede hacerle daño grave a nadie, por más que quiera. Esfuérzate más en la búsqueda. Envía al jefe del clan y también a Bai. Qin Hui está recuperándose. Lo haré unirse a ustedes cuando esté completamente restablecido.
—Sí, Maestro.
Entonces Luo Feng miró a Yuan Ge y preguntó:
—Sé que tu vida privada no es asunto mío, pero aún así quiero preguntarte algo— considéralo una preocupación de amigo—. ¿Te diste cuenta de que Pei Rong siente algo por ti?
Yuan Ge, tras un breve instante de sorpresa, asintió levemente con la cabeza.
—Sí.
—Entonces, ¿qué piensas al respecto? ¿Tú sientes lo mismo por él? Por lo que he visto, está loco por ti. Si no sientes nada por él, deberías ponerle fin a su ilusión lo antes posible. No querrás que guarde ese afecto secreto por siempre, porque eso sería cruel —dijo Luo Feng, mirándolo fijamente.
Yuan Ge, quien había estado escuchando con calma con la cabeza baja, respondió:
—Sé lo que tengo que hacer.
Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó.
Cuando se fue, Mu Yun salió de detrás de una puerta y dijo:
—Feng, ¿tú qué crees que está pensando Yuan Ge? Yo también tengo la sensación de que las cosas entre él y Pei Rong están medio raras.
—Pues creo que deberíamos dejar que ellos lo resuelvan solos. ¿Por qué me haces preguntar ese tipo de cosas? —respondió Luo Feng, que jamás habría sacado el tema de no ser por la insistencia de Mu Yun.
—¿Te molesta? ¿O será que tus recuerdos recién recuperados te están dando aires de superioridad? —Mu Yun se mostró ligeramente molesto.
Luo Feng se apresuró a sonreír con tono zalamero.
—¿De qué hablas? No importa cuán poderoso me vuelva, siempre seré tu aprendiz, y jamás me atrevería a presumir frente a ti.
—Ya, ya. Mejor ponte a pensar en cómo sacar a esa bruja de su escondite. Es una verdadera maestra para ocultarse. Y eso que apenas han pasado un par de horas, y no hay rastro de ella —dijo Mu Yun, frunciendo el ceño.
—Cualquiera puede esconderse si se lo propone. Y de igual manera, no hay nadie a quien no se pueda encontrar si uno está decidido a hallarlo. Tranquilo, la encontraremos —dijo Luo Feng para tranquilizarlo.
—Bien. Se dice que habrá una convención de alquimistas. Me gustaría ir a dar una vuelta. ¿Qué te parece si me acompañas?
—¿Cuándo será?
—En aproximadamente una semana. No hay prisa. Te avisaré cuando llegue la hora de partir.
…
En ese momento, la Reina Oscura, consciente de que la buscaban por todas partes, se había escondido cerca de un pequeño pueblo, ocultando su Chi y disfrazándose cuidadosamente.
Era el anochecer, y la mayoría de los aldeanos estaban cocinando la cena. Al ver el humo salir de las chimeneas, la Reina Oscura pudo oler el delicioso aroma de la comida incluso desde la entrada del pueblo, lo cual hizo que se le hiciera agua la boca y le rugiera el estómago.
Jamás imaginó que algún día, ella, la monarca del mundo demoníaco, terminaría en esta situación. Ni siquiera se atrevía a comer en un restaurante decente, y en su lugar tenía que esconderse en un pueblito así.
Solo de pensar que tendría que pedirle comida a los aldeanos, la Reina Oscura se exasperó. Estaba furiosa de que el chico al que crió durante doce años se hubiera vuelto contra ella, de que Luo Feng hubiera usado a su nieto para derribarla.
«¡Luo Feng! ¡Mi nieto jamás me habría traicionado si no fuera por ti! ¡Espera a que recupere mis poderes! ¡Te juro que me las vas a pagar!» pensó con amargura.
Su nieto le había absorbido una gran parte de sus poderes, y de no ser por el artefacto mágico que llevaba, ya la habrían capturado y llevado de regreso hace tiempo. Ese objeto era lo que ocultaba su rastro.
Entró al pueblo y, tras visitar un par de casas al azar, vio a un joven lavando verduras en su patio delantero, junto a un niño de unos once o doce años —presumiblemente su hermano menor— agachado a su lado.
El mayor lavaba verduras mientras el menor lo observaba. Como si hubiese sentido su presencia, el niño levantó la vista y luego, dándole un codazo a su hermano, dijo:
—¿Quién es ella, Fan? ¿Por qué está parada en nuestra puerta? ¿Crees que tiene hambre?
Las palabras del niño conmovieron a la Reina Oscura. Parecía que los niños eran los más bondadosos e inocentes. No existían niños calculadores, solo ingenuos y adorables. Pensando esto, miró al niño con una sonrisa cada vez más dulce.
El hermano mayor levantó la vista y dijo:
—Sí parece tener hambre. Vamos a…
Al oír al joven decir eso, la Reina Oscura, creyendo saber lo que diría a continuación, se adelantó a entrar para saludarlos, pero justo entonces escuchó cómo terminaba la frase:
—Vamos a dejarla que huela el aroma un rato mientras cocinamos.
¿¡Qué demonios!? ¿Dejarla oler el aroma? ¿No se supone que la invitarían a cenar?
La sonrisa de la Reina Oscura se congeló en seco.
Tras escuchar las palabras de su hermano, el niño asintió con desgano y dijo:
—Está bien. Espero que no huela demasiado, porque podría perder el control y tratar de quitarnos la comida. Apenas si tenemos para nosotros.
La Reina Oscura: «…»
Aunque era la reina del mundo demoníaco, le costó aguantarse las ganas de soltar una maldición tras oír eso.
¿Qué clase de raritos eran esos dos hermanos? Cualquier persona normal, en esas circunstancias, la habría invitado amablemente a pasar a comer, ¿no? Pero no solo no tenían intención de compartirle comida, ¡sino que temían que les robara la cena por olerla demasiado!
—Relájate. Si se atreve a hacerlo, soltaré a Dahuang. Últimamente ha desarrollado habilidades bastante letales. No hay por qué tenerle miedo —dijo el joven, poniéndose de pie y llevando la canasta de verduras al interior.
El niño miró de reojo con desconfianza a la Reina Oscura, aún parada en la puerta, y con gesto serio la advirtió:
—Solo puedes quedarte ahí cinco minutos. Si sigues ahí después, soltaré a Dahuang.
¿¡Qué carajos era Dahuang!?
La Reina Oscura pensó que esos dos hermanos no estaban bien de la cabeza. Ni modo. Lo mejor sería ignorarlos e intentar con otra familia.
En el peor de los casos, podría desenterrar unos camotes en los campos y asarlos para cenar.
No se iba al monte a cazar un conejo o algo por el estilo porque no vivía en la antigüedad, y no era tan fácil encontrar animales salvajes por esa zona. Además, había perdido muchos poderes y Chi, por lo que no se atrevía a andar merodeando a menos que recuperara sus fuerzas, por miedo a ser descubierta y capturada por sus antiguos subordinados.
También estaba acostumbrada a que la atendieran sirvientes, y casi nunca había hecho cosas como esa, así que su primer pensamiento fue pedir comida en vez de prepararla por sí misma.
Y además, era muy exigente con la comida, por eso después de dar la vuelta por todo el pueblo, no encontró ninguna cena que fuera de su agrado. Finalmente fue atraída por un delicioso aroma que, al seguirlo, la llevó hasta la casa de esos dos hermanos.
En ese momento, los hermanos estaban sentados bajo el alero de su casa, comiendo en una mesita. Al verla, el niño abrazó con fuerza los platos y tazones sobre la mesa y dijo:
—¡Mira, Fan! ¡Te dije que no debiste haber sido tan blando al dejarla quedarse oliendo la comida! ¡Ahora regresó, y estoy seguro de que quiere robarnos la cena!
El hermano mayor le dijo a la Reina Oscura, que seguía de pie afuera:
—Lo siento, pero no tenemos comida de sobra para ti.
—¿¡Ja, te atreves a negarme lo que quiero!? —La Reina Oscura siempre había sido una mujer dominante y autoritaria, y jamás la habían tratado así, por lo que de inmediato lanzó un ataque contra los hermanos, con la intención de esclavizarlos y hacerlos sus cocineros.
Sin embargo, antes de siquiera acercarse al joven, sus manos extendidas fueron inmovilizadas por algo.
La Reina Oscura vio esta escena con asombro por un instante, luego alzó la cabeza para mirar al joven frente a ella y exigió:
—¿¡Quién eres tú!? ¿¡Y qué demonios es esto!?
No sentía ninguna onda de energía proveniente del joven. Además, no estaba en el Reino de la Cultivación, sino en el mundo de los no-cultivadores. Aunque había cultivadores en esa dimensión, ella podía sentirlos cuando se topaba con uno. Sin embargo, no percibía nada en ese joven que indicara que lo fuera, lo cual la dejó atónita.
—No necesitas saber quién soy ni qué es esto, y no voy a responder ninguna de tus preguntas —respondió él con calma.
La Reina Oscura: «…»
Agitó los brazos con fuerza intentando zafarse de aquello negro, pero no importaba cuánto se esforzara, todos sus intentos fueron en vano. Mirando al joven con furia, exigió:
—¡Quítame esta cosa de encima!
—Lo siento. No puedo —dijo el hombre, encogiéndose de hombros.
—¿¡Cómo que no puedes!? ¡¡Tú eres el dueño de esto!!
—Sí, es mío, pero aún no descubro cómo controlarlo.
—¿¡Cómo me lo quito!? —La Reina Oscura ya estaba medio resignada. ¿Contra qué clase de oponente tan excéntrico se había topado? ¡Ni siquiera ella, la monarca de otra dimensión, podía controlar la situación!
El joven se lo pensó un momento antes de responder:
—Creo que se soltará por su cuenta cuando le dé la gana.
—¡Una palabra más de esas estupideces y te corto la lengua! —soltó ella furiosa.
Apenas había terminado de decirlo cuando aquella cosa que envolvía sus manos desapareció repentinamente. Encantada, estaba a punto de atacar al joven cuando descubrió que no podía hablar: ¡tenía la boca sellada!
La Reina Oscura: «…»
El joven dijo:
—Parece que está de mal humor. Te sugiero que te quedes calladita. Ya perdí suficiente tiempo contigo. Si me disculpas, voy a cenar.
Dicho esto, los hermanos tomaron sus respectivos tazones y, sentados frente a la Reina Oscura, comenzaron a devorar su comida. Viéndolos comer, la Reina Oscura no pudo evitar tragar saliva una y otra vez.
—Fan, está generando mucha energía negativa —susurró el niño, acercando la cabeza a su hermano.
—Sí. Tráenos un muslote de pollo cada uno, y generará más rápido. Así Chee se saciará —respondió el joven solemnemente.
El niño corrió a la cocina y poco después regresó con dos muslos asados, gordos y brillantes, que despedían un aroma delicioso, y le entregó uno a su hermano mayor, quien lo recibió y empezó a devorarlo con el niño justo frente a la Reina Oscura.
Los hermanos hablaban en voz baja, pero en teoría la Reina Oscura debería ser capaz de escucharlos. Sin embargo, por alguna razón desconocida, no escuchaba ni una sola palabra de su conversación. Estaba sin palabras, y llegó a la conclusión de que esos dos hermanos definitivamente no estaban cuerdos.