Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 331

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  4. Capítulo 331 - Un reencuentro entre abuelo y nieto
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—Gracias. Qué amable de tu parte —dijo Gong Cangnan, aceptando el ofrecimiento sin sonrojarse.

—Nan, ¿ya le confesaste tus sentimientos a mi hermano o no? —preguntó Mu Yun, curioso.

Con una leve sonrisa, Gong Cangnan negó con la cabeza.

—Todavía no.

—¿Hablas en serio, Nan? Ha pasado tanto tiempo. No puedo creer que aún no le hayas dicho lo que sientes. Pareces un tipo rudo, ¿y te comportas como una niña tímida cuando se trata de mi hermano? —Mu Yun lo miró incrédulo. Pensaba que Gong Cangnan ya le había dicho claramente a su hermano mayor lo que sentía, o al menos le había dado alguna pista, considerando su manera de manejar las cosas… pero se equivocaba.

¿Acaso era porque…?

—¿Mi hermano anda con alguien? —preguntó Mu Yun con suspicacia.

Gong Cangnan asintió.

—La hija de un amigo de tus padres. Han estado saliendo por casi dos meses.

Al oír esto, Luo Feng dijo:

—Señor Gong, cuando es momento de actuar, se actúa. Si sigue callado así, Xuan tarde o temprano se casará con otra, y cuando eso pase, ya no tendrá otra oportunidad.

—Lo sé. Estoy actuando justo ahora —dijo Gong Cangnan con tono significativo, la mirada fija en algún punto.

Mu Yun alzó las cejas. Sabía que Gong Cangnan no mentía al decir que estaba tomando acción, que definitivamente estaba haciendo algo al respecto.

Tenía curiosidad por saber cuántas chispas saldrían cuando Nan y su hermano, dos hombres igual de posesivos, comenzaran una relación.

Dado lo tercos que eran ambos, inevitablemente habría un problema: ¿quién sería el que estuviera encima del otro?

¿Nan debajo de su hermano? Pues… eso sería un espectáculo…

¿Y al revés? Eh… mejor dejaba de imaginar eso y que ellos lo resolvieran por su cuenta…

—¡Dale, Nan! ¡Tú puedes! Bueno, con su permiso, necesito visitar una tienda de antigüedades. Ustedes sigan platicando —dijo Mu Yun, levantándose y yendo hacia la puerta.

La voz de Gong Cangnan sonó detrás de él:

—Te has vuelto toda una celebridad. Allá afuera todos hablan del nuevo líder de la secta Cloud World. Todos tienen curiosidad por ti. Saben que eres un gordito, pero ninguno sabe tu nombre.

Tras una breve pausa, Gong Cangnan soltó una risa contenida.

—Probablemente habrá otra conmoción cuando descubran que tu gordura es solo un disfraz.

—Bueno, no es la primera vez que soy una celebridad. Digo, cuando estaba en el Monte Wu, todos conocían mi nombre, y creo que por eso no me causa nada especial causar revuelo en esta ciudad.

Dicho esto, Mu Yun miró a Luo Feng.

—De hecho, lo que Nan acaba de decir me sirve como advertencia. Seguro me van a rodear si salgo así. Dame el antídoto. Necesito volver a ser yo. Me volveré a poner el disfraz cuando regrese.

Sin decir palabra, Luo Feng le arrojó una píldora, que Mu Yun se tomó tras salir de la secta. Unos momentos después, había recuperado su apariencia. Entonces fue a visitar nuevamente la calle de las tiendas de antigüedades.

—¿Escuchaste? Cloud World tiene un nuevo líder otra vez, un gordito.

—¿Y cómo no iba a escuchar? Cloud World es una de las pocas sectas fundadas en la antigüedad. Sus tradiciones y técnicas se han mantenido hasta hoy. Es cierto que ya no tiene la influencia de antes, pero eso no cambia el hecho de que es una secta ancestral, así que la gente sigue queriendo unirse a ella. Sigue siendo famosa.

—Sí, pero es extraño. El Líder Wei sigue vivo, ¿no? ¿Cómo es que ese tipo ocupó su lugar?

—Quién sabe. Cloud World ha estado hecha un caos desde hace un tiempo.

—Me pregunto si este nuevo líder podrá devolverle a la secta su antigua gloria.

—¿Devolverle su antigua gloria? ¡Por favor! Escuché que el nuevo líder tiene apenas veinte años, tal vez menos. Los discípulos deberían darse por bien servidos si la secta no se desmorona en un año.

—Ja, ja…

Una carcajada interrumpió su conversación. Voltearon y vieron a un anciano jugando con una pequeña tetera mientras reía.

—¡Ay nanita, es el Doctor Cao, ¿verdad?! Doctor Cao, ¿cómo puede reírse si Cloud World está en crisis? —preguntó alguien al reconocer al anciano.

Con una sonrisa, el anciano miró al pequeño grupo curioso.

—Cloud World está en muy buen estado, y va a mejorar aún más. No tienen de qué preocuparse. Me reía porque mi nieto vino a visitarme con regalos.

—¿Doctor Cao, está bromeando? Todos saben que su hija es su única hija, quien le dio un nieto increíble. ¿Cómo que tiene un nieto paterno? —todos pensaban que el anciano sufría de demencia senil, pero no se atrevían a burlarse, porque además de todo, era un médico milagroso capaz de salvar o quitar vidas con la misma facilidad. Solo los suicidas se metían con él.

—Crean lo que quieran, pero sí lo tengo —respondió el viejo.

El tendero se rió y dijo:

—El Doctor Cao me contaba a diario lo maravilloso que era su nieto, y parecía que hablaba en serio. Yo creo que debe tener un hijo adoptivo, por eso sigue diciendo que tiene un nieto paterno. ¿Estoy en lo cierto, Doctor Cao?

El anciano sonrió sin responder. Solo señaló la tetera en sus manos.

—El color de esta tetera está levemente disparejo. ¿Tienes otras cosas buenas? Me gustaría verlas.

Al escuchar eso, el tendero supo que el anciano no tenía ni un pelo de senil. Nadie con demencia detectaría un defecto tan diminuto.

—Esta es la única tetera que tengo, pero hablando de objetos raros, tengo uno, aunque no es muy bonito.

—¿Qué es? —preguntó el anciano.

—Un orinal —respondió el tendero, dándose la vuelta para sacarlo.

Era la segunda vez que Mu Yun visitaba esa calle de antigüedades. Recorrió muchas tiendas pero seguía sin encontrar lo que necesitaba. Había cosas valiosas, sí, pero ninguna servía para forjar una herramienta mágica que equilibrara el Qi Yin.

La residencia donde Bai y Qin Hui cultivaban era una Morada Yin, algo muy raro. Sería muy útil para ellos si el Qi Yin se mantenía estable ahí.

Para lograrlo, debía encontrar algo valioso, forjarlo en una herramienta mágica y usarlo para mantener el Qi Yin.

Al mirar el letrero que decía Tienda de Antigüedades Yubao, Mu Yun entró y enseguida sintió una emanación peculiar de algo mágico y precioso. Se apresuró a mirar a su alrededor hasta que sus ojos se fijaron en una botella negra en manos de un hombre de mediana edad. Rápidamente se acercó y la agarró, posando su otra mano sobre ella también.

Mu Yun volteó a ver al hombre y estaba por decir: “Suéltala”, cuando al ver su rostro exclamó con asombro:

—¡Abuelo!

El gesto dejó boquiabiertos a todos los presentes, y sus ojos se dirigieron al anciano y a Mu Yun. Todos pensaban lo mismo: Parece que el viejo no tiene demencia. ¡Sí tiene un nieto paterno! Y el chico está bastante guapo. Hasta se parece a una versión joven del anciano.

Mu Yun se sintió ligeramente confundido por todas las miradas. Al notar la sorpresa en los ojos ajenos, miró al anciano y preguntó:

—¿Todos te conocen?

—¿Ah? Oh… —el anciano titubeó antes de voltear al tendero y decir—: Sobre este orinal, yo…

—¡Lo compro! ¿Cuánto cuesta? —interrumpió Mu Yun con prisa. Le había costado encontrar ese objeto adecuado, así que no lo iba a dejar ir.

—Cinco millones —respondió el tendero.

Mu Yun lo miró de reojo.

—Entré aquí por las palabras “Honestidad y Autenticidad” en tu letrero. Pero ahora veo que son puro adorno.

—Oye, soy honesto, y mis cosas auténticas —se defendió el tendero.

—¿Me vas a cobrar cinco millones por un orinal y todavía dices que eres honesto? ¡Nos estás robando en la cara! Este orinal está hecho de material común, lo usó gente común. Su único valor es que es viejo, ¿no? Pero por mucho tiempo que haya pasado, sigue siendo un recipiente donde la gente hacía pipí. ¿Acaso se va a convertir en una tetera? ¡Cinco millones! ¿Estás bromeando? ¿“Honestidad y Autenticidad”? ¡Deberías ponerle “Deshonestidad e Inautenticidad”! —espetó Mu Yun.

El tendero se puso rojo de vergüenza y no supo qué decir.

Este tipo está comparando un orinal con una tetera… ¡Maldito viejo! ¡Con razón dicen que de tal palo, tal astilla!, pensó el tendero furioso.

Con una sonrisa, el anciano dijo:

—Li, mi nieto tiene razón. Este orinal tuyo jamás será una tetera, ¿verdad? Para mí vale, como mucho, un millón. Si no te gusta el precio, nos vamos.

—¿U–Un millón? Doctor Cao, su sentido del humor es único. Usted mejor que nadie sabe lo valioso que es esto, ¿no?

Ese era exactamente el precio al que él lo había comprado. ¿No podía el abuelo y su nieto dejarle aunque fuera un poco de ganancia?

—Te damos diez mil más. Es nuestra última oferta. Acéptalo o guárdalo —dijo Mu Yun.

El tendero no sabía qué hacer. Quería guardarlo, pero no se atrevía. El viejo lo miraba como si fuera a envenenarlo si se negaba. ¿Qué elección tenía?

—¿Podrían ofrecer un poco más? —suplicó el tendero.

El anciano miró directamente a Mu Yun, con afecto en el rostro.

—Vamos, Yun. El abuelo te llevará a otra tienda a comprar algo mejor.

—¡Oh, está bien! —respondió Mu Yun, siguiéndole el juego.

Al oír eso, el tendero soltó una risa nerviosa.

—Era broma, pura broma. ¡Usted ha sido mi cliente de años, Doctor Cao, siempre un honor! Se lo dejo al precio que dijo. Se lo empaco ahora mismo.

—Me alegra oírlo —dijo Mu Yun, fingiendo a regañadientes.

Una vez empaquetado el orinal, Mu Yun lo tomó y se fue con su abuelo.

Ya que se habían ido, los clientes se agruparon alrededor del tendero.

—¿Qué onda?! ¿Sí tiene un nieto paterno?!

—Parece que sí. ¡Y está bien guapo!

—Me pregunto qué nivel de cultivo tendrá.

—El viejo es un médico milagroso. ¿Cómo no iba a haberle enseñado bien a su nieto? Seguro es fuerte también.

—Ojalá pudiera ser suegro del viejo. Con ese rostro, a mi nieta le encantaría.

—Ja, ja… ¡Sigue soñando! ¿De verdad crees que tu familia le interesa al viejo?

—Hace rato escuché que lo llamó “Yun”. ¿Se llama Cao Yun?

—Seguro. Es su nieto, deben compartir apellido.

…

Mientras todos murmuraban sobre el abuelo y el nieto, ellos ya iban en un auto. Dentro, Mu Yun miró al anciano con una sonrisilla.

—Abuelo, me da la impresión de que eres toda una celebridad por aquí. Todos te conocen. Hasta eres cliente frecuente de esa tienda de antigüedades durante este ‘viajecito’ tuyo.

—Bueno, no tanto. Apenas lo conocí… El tendero estaba bromeando —dijo el anciano con una risa forzada, aunque por dentro se alarmó. ¡¿Por qué este mocoso es tan agudo?! ¿No puede ser un poquito más lento?

—Ahora te admiro más, abuelo. Lograste que alguien que acabas de conocer te vendiera una antigüedad sin ganarle nada, y encima conoce tu fama como médico milagroso. ¡Qué impresión me dejas! —Mu Yun lo miraba fijamente.

Ese mismo anciano le había dicho que no tenía herederos ni familiares, que después de venderle la Villa Tianmu se iría de viaje por el mundo.

¡Viejo farsante!

¿Un anciano sin herederos ni familia? ¿Un viaje por el mundo?

Ahora veía que todo había sido una mentira.

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