Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 320
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- Capítulo 320 - ¡Un Buscador del Destino Amoroso y un Robo de Hilos del Amor!
Esa noche, Mu Yun no durmió en su habitación. En lugar de eso, salió a caminar solo.
Habían pasado la prueba de recitación del reglamento de la secta, pero Wan Yuan seguía sin llevarlos a la Cumbre Luyuan. Mu Yun sabía que estaba postergándolo deliberadamente.
Justo acababa de recibir un mensaje de texto de Luo Feng informándole que Shu Mingwei podría haber llegado a la Ciudad Wang. La noticia lo había sorprendido mucho. ¿Cómo era posible que Shu Mingwei hubiera aparecido allí?
Le dijo a Luo Feng que intentara averiguar si realmente se trataba de él.
En ese momento, Mu Yun caminaba hacia un árbol gigantesco que, según se decía, tenía una historia milenaria. Su intención era verificar si el árbol había desarrollado conciencia. Todo el mundo decía que tenía miles de años, así que Mu Yun creía que en su interior debía haber surgido un espíritu.
Para su sorpresa, había un montón de personas holgazaneando bajo el árbol, coqueteando, bebiendo, charlando, jugando con el celular, jugando cartas… Una escena de completa dejadez. Lo que estaban haciendo resultaba asquerosamente inapropiado para una secta de prestigio como Mundo Nublado.
Mu Yun sintió una oleada de ira al ver esa escena. Observando a esas personas, movió los dedos instintivamente, y al siguiente segundo todos se abotonaron bien los abrigos.
—Qué raro… ¿por qué hace tanto frío? —dijo alguien mientras se acurrucaba y salía corriendo.
En ese momento, otra voz exclamó:
—¡E–Este tipo se congeló!
Todos giraron alarmados y vieron que un joven que había estado tallando la corteza del árbol hacía apenas segundos, ahora era una escultura de hielo, con el cuchillo aún suspendido sobre la corteza.
—¡No mames! ¡Esto es cosa de fantasmas!
Algunos se asustaron y huyeron despavoridos, y otros —para sorpresa de Mu Yun— sacaron sus celulares y comenzaron a tomar fotos. Había todo tipo de reacciones, pero nadie fue a socorrer al congelado.
La escena dejó a Mu Yun decepcionado. Esta secta estaba podrida hasta la médula. Un lugar así no tardaría en colapsar.
—¡Quítate, gordo de mierda! ¡Estás estorbando! —gritó alguien, intentando empujar a Mu Yun.
Mu Yun le sujetó la muñeca y la quebró con la misma facilidad que partir una rama seca.
—¡¡¡AAAAARGH!!!
El grito desgarrador atrajo la mirada de todos, que se volvieron a ver a Mu Yun con horror. Nadie había imaginado que ese gordo feo fuera tan temible.
Mu Yun les devolvió la mirada. Todos desviaron la vista de inmediato y salieron corriendo como animales asustados.
La rabia de Mu Yun aumentó aún más.
Una voz repetía en su cabeza: “¡Esto no debería ser así! ¡Esto no debería ser así!”
Pero… ¿qué era exactamente lo que no debía ser así? Mu Yun no podía encontrar una respuesta. Solo sentía que esas personas no debían ser tan flojas, desunidas y cobardes.
Una risa repentina lo sacó de su furia. Alzó la vista y vio a una mujer vestida de rojo sentada en una rama del árbol colosal.
Llevaba un atuendo de estilo antiguo.
Mu Yun entrecerró los ojos y preguntó:
—¿Eres un espíritu del árbol?
—Nada mal, chiquillo. Supiste ver lo que soy realmente. Dime, ¿por qué te infiltraste en esta secta? —preguntó la mujer mientras descendía lentamente al suelo y se acercaba a Mu Yun.
—No es asunto tuyo. Solo eres una inmortal atada a este árbol. Pero tengo curiosidad: ¿por qué tú, una inmortal, te rebajaste a convertirte en espíritu arbóreo y fundirte con un árbol? —dijo Mu Yun con indiferencia.
La mujer arqueó las cejas y esbozó una sonrisa seductora.
—¿Y por qué habría de responder si tú no respondiste primero?
—Hilos del Amor… —dijo Mu Yun, alzando las cejas al ver los hilos de luz blanca entrelazados detrás de la frente de la mujer.
Su sonrisa se congeló de inmediato. Lo observó con intensidad y exigió:
—¿Quién eres tú?
Este mocoso no era lo que aparentaba. No podía creer que hubiera sido capaz de ver los Hilos del Amor que la ataban.
—Soy un discípulo recién reclutado —respondió Mu Yun.
—Ja, ¿en serio crees que me voy a tragar eso? —replicó ella, sin apartar la vista de él.
Mu Yun giró con intención de marcharse, pero la mujer lo interceptó y gritó:
—Eres el primer ser en milenios capaz de ver lo que soy en realidad, de notar que estoy atada por los Hilos del Amor. ¡No puedes irte!
Mu Yun se quedó sin palabras.
—Vaya metiche fui. No habría dicho nada si lo hubiera sabido.
—¡Tienes que ayudarme! —dijo la mujer, ignorando su sarcasmo.
—¿En qué?
Para sorpresa de ella, Mu Yun no rechazó la petición de inmediato.
—Ayúdame a encontrar al hombre que amo —respondió ella, sonriendo con una mezcla de nostalgia y timidez.
—Una tonta enamorada… —comentó Mu Yun, negando con la cabeza con desaprobación.
—Sí. Estoy enamorada. Esperaré otros diez mil años si hace falta, hasta que él regrese por mí —dijo la mujer con determinación.
—¿Y si ya te olvidó y se casó con otra?
—¡Imposible! ¡Me prometió que volvería a casarse conmigo! —rió ella, sin tomarse en serio sus palabras.
—Lo conocí bajo este árbol. Era increíblemente talentoso y poderoso. Luego supe que había venido a buscar un maestro, pero el que él quería no quería tomarlo como discípulo. Luego de insistir medio año, el maestro finalmente aceptó verlo, pero le dijo que debía salir a entrenarse por un año y que después sí lo aceptaría. Antes de irse, vino a despedirse y me prometió que volvería en un año para casarse conmigo.
—¿Y tú le creíste? ¿Te enredaste sin darte cuenta en los Hilos del Amor y te quedaste esperándolo todos estos años? —preguntó Mu Yun.
—Sí. Estoy segura de que volverá —sonrió la mujer.
—¿Sabes por qué el maestro lo hizo salir a viajar?
La mujer rió.
—Para fortalecer su carácter, claro. Solo si era suficientemente maduro, el maestro lo aceptaría.
—¿Y aun sabiendo eso, has sido tan ingenua? Claramente el tipo falló la prueba. Quizá durante el año se distrajo con banalidades, olvidó que debía fortalecerse, olvidó que debía regresar… y te olvidó a ti también.
—¡Imposible! —esta vez, el rostro de la mujer se puso pálido. Su dulce sonrisa desapareció.
—Tú ya sabías la respuesta —dijo Mu Yun, dándole la espalda y alejándose.
La mujer no quiso aceptarlo y comenzó a gritar. Esa noche, toda la secta escuchó su llanto desesperado.
Mu Yun negó con la cabeza, suspirando. Sentía compasión por ella, pero también sabía que no habría terminado así de no estar tan obsesionada. El hecho de que hubiera sido atrapada por Hilos del Amor era suficiente prueba de que no estaba destinada a la cultivación.
Luego de un leve suspiro, Mu Yun cerró los ojos y se durmió.
Mu Yun no supo que, en plena madrugada, la mujer dejó de gritar de repente cuando una figura sombría descendió frente a ella.
La silueta era alta y delgada. Parado frente a ella, dijo:
—¿Quieres librarte de la miseria que te causan los Hilos del Amor? Puedo ayudarte.
—Y–Yo…
Antes de que terminara de hablar, la sombra alzó una mano hasta dejarla a centímetros de su frente. Una niebla negra salió de su palma, cubriendo el rostro de la mujer. En medio de esa niebla, hebras brillantes de luz blanca fueron succionadas desde la frente de ella hacia la mano de la figura.
Después de unos diez segundos, retiró la mano y la mujer colapsó en el suelo.
—Gracias por tus Hilos del Amor —dijo la figura, y desapareció sin dejar rastro.
Poco después del amanecer, la secta entera cayó en caos.
Wu Wei sacudió a Mu Yun y lo empujó hasta que este despertó, refunfuñando:
—¿Qué haces? ¡Aún no es hora de levantarse!
—Hay un gran problema, Maestro. Hace un rato, cuando salí a comprar desayuno, pasé junto al árbol gigante y ¡está marchito! Toda la secta está en pánico. Dicen que es un mal presagio, que Mundo Nublado podría estar en graves problemas —le informó Wu Wei.
Mu Yun se puso completamente alerta. Saltó de la cama y salió corriendo sin decir nada, y se dirigió directamente al árbol colosal que había visitado la noche anterior.
Una gran multitud lo rodeaba, e incluso había una línea de vigilancia. Al verlo, Mu Yun usó un hechizo de ocultamiento y voló por encima del círculo, hasta quedar justo arriba del centro. Desde ahí pudo ver que el árbol, que anoche estaba exuberante, ahora estaba marchito y con el tronco hueco.
El rostro de Mu Yun cambió de inmediato. Se apresuró a revisar el interior y logró distinguir, vagamente, el alma disolviéndose de la mujer de rojo.
Para su sorpresa, había un agujero en el centro de su frente.
Mu Yun entrecerró los ojos y pensó:
—¡Alguien le robó los Hilos del Amor!
¿Quién había hecho esto? ¿Por qué?
Enredarse con Hilos del Amor era algo totalmente prohibido para los cultivadores, especialmente si eran por amor no correspondido, pues perjudicaban gravemente la cultivación. La única forma de romper esos hilos era dejar atrás a la persona amada, lo cual requería tiempo. Todo cultivador lo sabía.
No había forma de que esa mujer hubiera sido tan estúpida como para dejarse arrancar los Hilos del Amor voluntariamente.
En otras palabras, alguien le arrancó los Hilos a la fuerza.
¡Eso era brutal! ¿No sabían que al hacerlo ella perecería sin dejar rastro y jamás reencarnaría?
—¿Esto es culpa mía? —pensó Mu Yun, frunciendo el ceño.
Esa mujer había estado allí durante milenios, y justo después de que se toparon la noche anterior, le ocurrió algo tan terrible.
Mientras pensaba esto, la expresión de Mu Yun se volvió aún más sombría. Luego de observar por un rato, se alejó volando de la escena.
Salió solo de Mundo Nublado, regresó a su vivienda, entró al cuarto donde Luo Feng leía, y sin decir nada se sentó en sus piernas, dejando caer todo el peso de su enorme cuerpo sobre él. Luo Feng puso los ojos en blanco varias veces por la sorpresa y estuvo a punto de soltarlo.
Una vez estabilizado y acostumbrado al peso, Luo Feng notó una leve tristeza en Mu Yun. Lo abrazó y preguntó:
—¿Qué pasó? ¿Alguien te molestó en Mundo Nublado?
Mu Yun apoyó la cabeza en su pecho y dijo con voz apagada:
—¿Quién crees que podría molestarme?
—Ya sé que nadie, pero luces deprimido. ¿Qué ocurrió?
Con el rostro aún enterrado en el pecho de Luo Feng, Mu Yun explicó:
—Creo que cometí un error sin querer, y por mi culpa le pasó algo terrible a alguien.
—¿Cómo?
Mu Yun le contó lo ocurrido la noche anterior y luego, levantando la mirada, añadió:
—Pero esta mañana, el árbol apareció marchito, le arrancaron los Hilos del Amor y su alma se está desintegrando.
Si… Si no hubiera ido anoche, si no le hubiera dicho nada de los Hilos, ¿crees que nada le habría pasado? Tal vez seguiría ahí, esperándolo con esperanza…
—No. Tú no tuviste la culpa —dijo Luo Feng, dándole unas palmaditas en la espalda—. Solo hay un tipo de personas capaces de hacer algo así.
—¿Qué tipo?
—Buscadores del Destino Amoroso —respondió Luo Feng.
Mu Yun, perplejo, escuchó mientras Luo Feng continuaba:
—Si tú y la persona que amas no están destinados a estar juntos, solo hay una manera de remediarlo: debes pasarte al Lado Oscuro, y como medio demonio, robar Hilos del Amor de personas con amores no correspondidos y usarlos para conectarte con tu ser amado. Es la única forma.
—¡Pero eso va contra las leyes divinas! ¡Y se castiga con retribución celestial! —exclamó Mu Yun.
Había escuchado ese rumor en su vida anterior, cuando fue Long Yun, pero siempre lo creyó una leyenda. Nunca pensó que alguien realmente lo haría.
Pasarse al Lado Oscuro, desafiar la ley divina, cometer maldades, acumular karma… condenarse a ser demonio para siempre. Casi nadie estaba dispuesto a pagar ese precio.
Pero alguien lo había hecho… justo en esa secta.
Alguien había caído en semejante locura solo para alterar su destino amoroso. Y si bien era una atrocidad, Mu Yun no pudo evitar sentir cierta admiración por ese lunático… y ganas de saber quién era.