Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 311
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- Capítulo 311 - Apaciguar a su enamorado
‘Al demonios… Sí está enojado conmigo’, suspiró Luo Feng para sus adentros, resignado.
—Sólo estaba bromeando contigo. No puedo creer que te lo tomaras en serio —dijo Luo Feng, dándoles una palmada a Luo Qian y Wu Wei en el hombro y pasando a su lado con aire despreocupado.
Wu Wei y Luo Qian intentaron detenerlo, pero descubrieron que no podían moverse ni un centímetro.
—¡Te estás pasando, hermano de secta! El Maestro fue muy claro: ¡los aprendices no deben usar magia entre ellos! ¡Acabas de romper otra regla de la secta! —gritó Wu Wei.
Luo Qian lo miró con cara de «¿es en serio?» y dijo:
—¿Eres tonto o qué? ¿De verdad crees que las reglas de la Secta Mundo Nublado le importan? ¡Es el futuro esposo del líder de la secta! ¡La secta es tanto suya como del Maestro! ¡Las reglas son para nosotros, no para él! ¿Entiendes?
—Eso es tan injusto… —Wu Wei parecía al borde del llanto.
Al ver entrar a Luo Feng a la habitación, Mu Yun volvió a maldecir mentalmente a Luo Qian y Wu Wei una y otra vez. ¡Esos dos eran realmente unos inútiles!
Sus fosas nasales se ensancharon al percibir un delicioso aroma. Mu Yun miró el pastel de matcha frente a él, fingiendo indiferencia.
—¿De verdad crees que voy a dejarlo pasar con un simple pastel? ¿Qué te pasa? ¿Crees que soy un niño de tres años?
—¿De verdad estás enojado? —preguntó Luo Feng, dejando el pastel a un lado y sentándose junto a Mu Yun, con los ojos fijos en su rostro. Un dolor sordo le atravesó el pecho al recordar cómo Mu Yun había arriesgado su vida para salvarlo en la encarnación anterior.
—Veo que ya todos se sienten muy gallitos como para mostrar respeto a su maestro —Mu Yun sí estaba un poco molesto. Ese tal Zi Mu ya les había causado problemas varias veces. Hacía tiempo que quería retarlo a un duelo, pero Luo Feng le rechazó la idea tajantemente y se fue, ignorando completamente sus sentimientos.
—Eso no es cierto. Nunca me burlaría de ti. Dios sabe cuánto me duele el corazón cada vez que estás molesto —dijo Luo Feng.
Mu Yun se estremeció de inmediato.
—Ay, qué asco. ¿Desde cuándo dices cosas tan cursis? Me estás dando escalofríos…
Luo Feng soltó una carcajada.
—Zi Mu no merecía un duelo contigo. Tus aprendices eran más que suficientes para encargarse de él. Todos somos tus discípulos, así que si nosotros nos ocupamos de él, también te estamos honrando, ¿no crees?
Mu Yun lo miró de reojo y preguntó:
—¿Qué le hiciste a Zi Mu?
—Lo maté —respondió Luo Feng con franqueza.
Mu Yun se quedó pasmado.
—¿Lo mataste? ¡Yo quería un buen duelo con él! No puedo creer que fuera tan enclenque…
—Justamente eso. Que tú pelearas contra alguien como él sería como usar un mazo para romper una nuez. Cualquiera de tus discípulos podría derrotarlo —dijo Luo Feng, tomando el pastel y ofreciéndoselo de nuevo—. Ya no te enojes. Este pastel es recién hecho. Pruébalo.
Mu Yun dejó de fingir estar molesto, tomó el pastel y empezó a comer. Estaba bastante bueno, y su humor mejoró un poco.
Al ver el polvo de matcha en los labios de Mu Yun, Luo Feng lo besó directamente, envolviendo sus labios con los suyos. Mu Yun abrió los ojos como platos y gruñó por lo bajo, pero Luo Feng no le prestó atención, lo tomó en brazos y se dirigió hacia la cama.
Cuando terminaron, Luo Feng llevó a Mu Yun, sudoroso, al baño para ducharse. Luego de limpiarse, lo acostó de nuevo para que descansara, mientras él se quedó de pie al lado de la cama. Al observar el rostro dormido de Mu Yun, pensó: A partir de ahora, yo seré tu protector.
Al día siguiente, Yuan Ge regresó, pero Pei Rong no estaba con él.
—¿Dónde está Pei Rong? —preguntó Luo Feng.
—Se fue solo. No sé a dónde —respondió Yuan Ge con desánimo.
—¿Le pasó algo a Pei Jie? —inquirió Luo Feng.
Yuan Ge asintió.
—Murió. Encontraron su cuerpo. Él se lo llevó y se fue. Tal vez regresó al clan Ghoo.
—¿Zi Mu está muerto? ¿Entonces por qué ella fue asesinada? —preguntó Luo Feng, desconcertado.
—Fue una mujer vestida de negro quien se la llevó, y también la que la mató. Revisé el cuerpo. Parece que le extrajeron toda la energía con algo… presumo que fue un gusano Gu —dijo Yuan Ge.
—¿Un gusano Gu? —Luo Feng frunció el ceño.
—Sí… —Yuan Ge lo miró y preguntó—. Maestro, ¿acaba de decir que Zi Mu está muerto?
—Lo maté ayer —dijo Luo Feng.
Una mirada de asombro cruzó por los ojos de Yuan Ge. Por un momento pareció a punto de preguntar algo, pero al final bajó la cabeza, en silencio.
Su maestro apenas acababa de recuperar sus recuerdos en este nuevo cuerpo. ¿Cómo era posible que hubiera vencido a Zi Mu? En su último duelo, Zi Mu había salido ileso. Teóricamente, su maestro no debería haber sido rival para él.
Yuan Ge tenía muchas preguntas en la cabeza, pero en ese momento sólo podía pensar que Leng Yi realmente había tomado la decisión equivocada. Si hubiera permanecido leal al Maestro, no habría terminado con su alma destrozada y reducido a la nada.
Sin embargo, cada quien toma sus propias decisiones. Que él fuera leal tras diez mil años no significaba que otros hicieran lo mismo.
Diez mil años cambian muchas cosas. Había pasado la mayoría de esos milenios en el Reino del Cultivo, y el resto viajando por fuera.
Pero Leng Yi era diferente. Había vivido demasiado tiempo en el mundo secular, con muchas identidades distintas, y su mente se había secularizado. Su determinación de servir al Maestro junto a su compañero se había erosionado con el tiempo.
—Si estás preocupado por Pei Rong, puedes ir a buscarlo —dijo Luo Feng.
Yuan Ge negó con la cabeza.
—No hace falta. Sólo necesita algo de tiempo. Hablaré con él cuando esté listo.
Luo Feng no dijo nada más sobre el tema. Miró el silencioso salón y dijo:
—Me pregunto dónde estarán los demás. Ve a buscarlos y tráelos de vuelta. Necesito hablar con todos.
—Sí, Maestro.
Yuan Ge se fue, y Luo Feng fue a la cocina a preparar el desayuno de Mu Yun.
A Mu Yun le gustaban los bollos al vapor rellenos de carne y el atole de mijo, así que Luo Feng preparó ambos, los puso en una bandeja y los llevó arriba. Al entrar en la habitación, vio que Mu Yun salía del baño, al parecer ya se había aseado.
Dejó el desayuno sobre la mesa a su lado y se dirigió al armario para buscarle ropa.
—¿Qué planes hay para hoy? —preguntó Luo Feng, entregándole la ropa.
—Ir a ver ese tal Mundo Nublado. Me sorprendió que la secta tenga el mismo nombre que la nuestra —dijo Mu Yun, vistiéndose. Luego se sentó en el sofá, agarró un bollo y empezó a morderlo.
—Entiendo. Iré contigo.
Después del desayuno, los dos bajaron.
Estaban por salir cuando Luo Qian entró trotando con Wu Wei en la espalda. Lo acomodó en el sofá y Mu Yun se acercó de inmediato. Al ver que Wu Wei estaba cubierto de heridas, su rostro se endureció. Gu Miaomiao, con los ojos enrojecidos, corrió hacia él, se arrodilló junto a Wu Wei y sollozó:
—Maestro, Wei necesita tratamiento urgente. Por favor, ayúdelo.
—¿Qué pasó? ¿Cómo se hirió tanto? —preguntó Mu Yun, alzando la vista.
Liao Ziyun respondió:
—El otro día estábamos en un bar y un tipo se le insinuó a Miaomiao. Yo lo ahuyenté, pero parece que se ofendió. Hoy nos lo encontramos de nuevo y trató de llevarse a Miaomiao. Wei no se lo permitió y pelearon, pero ese tipo tenía un montón de secuaces, así que Wei fue derrotado rápidamente. Por suerte, Qian y yo llegamos a tiempo, si no habría sido peor.
—¿Quién era ese tipo? —preguntó Mu Yun.
—Sólo escuché que sus sirvientes lo llamaban Joven Maestro Xiao —dijo Liao Ziyun.
—¿Se apellida Xiao? ¿Será familiar de ese Maestro Xiao, por casualidad? —preguntó Mu Yun.
Había estado en esta ciudad un par de días y ya había recorrido casi todo. No lo sabía todo, pero sí lo suficiente.
La familia Xiao era la única con ese apellido en Ciudad Wang. Eran una familia grande, poderosa e influyente.
—Primero sanaré sus heridas. Ya después nos ocupamos de ese tal Joven Maestro Xiao. Además, apenas llegamos a esta ciudad, no es buena idea hacer enemigos tan pronto —dijo Mu Yun.
Gu Miaomiao no objetó nada. Sólo pensaba en cómo sanar a Wu Wei.
Mu Yun no la decepcionó. En menos de quince minutos, todas las heridas de Wu Wei sanaron, y este volvió en sí.
Aliviada, Gu Miaomiao lo abrazó con fuerza.
—No vuelvas a hacer esas tonterías —le dijo con voz temblorosa.
Wu Wei no respondió, mirando al vacío.
Mu Yun, sin prestarle atención al silencio, dijo:
—Tú quédate aquí a descansar. Miaomiao, cuídalo. Los demás, vengan conmigo.
Ese último comentario iba para Liao Ziyun, Luo Qian y Yuan Ge.
Gu Miaomiao asintió, observando cómo salían del cuarto.
—¿A dónde vamos, Maestro? —preguntó Liao Ziyun.
Mu Yun pidió un taxi y respondió:
—A ver esa secta que se llama igual que la nuestra.
—¿De verdad hay una secta con el mismo nombre? —se sorprendió Liao Ziyun.
—Sí. La coincidencia es rarísima, pero estoy seguro de que no es simple casualidad —dijo Mu Yun. Luego le dijo al conductor—: Llévenos al Mundo Nublado, por favor.
—Entendido.
El auto arrancó. Tras un largo trayecto, se detuvo al pie de una colina. Desde ahí se veían casas en lo alto.
El conductor dijo:
—No sé qué vienen a hacer aquí, pero déjenme advertirles algo: el Mundo Nublado está en decadencia. Antes era una secta prestigiosa, pero ahora está hecha un caos. Se dividieron en dos bandos: los que apoyan al líder actual, y los que apoyan al anterior. Pero los seguidores del líder actual son mayoría, y los otros han sido expulsados a una colina pequeña y están aislados.
—¿Una colina pequeña? —Mu Yun se extrañó.
—Tal vez no lo saben, pero el Mundo Nublado abarca un área enorme. Posee varias colinas. Cada una era custodiada por un maestro, excepto la más pequeña, que es donde están confinados los seguidores del antiguo líder.
Mu Yun asintió tras un momento de silencio.
—Gracias. ¿Podría venir por nosotros más tarde? Le pagaré el doble.
—Con gusto. Este es mi número. Sólo llámeme cuando quieran irse —dijo el chofer, le dio su número a Mu Yun y se marchó.
—Vamos a echar un vistazo —dijo Mu Yun.
—Maestro, la situación está muy revuelta en esa secta. ¿Cree que nos meteremos en problemas al subir? —preguntó Liao Ziyun.
—Sólo vamos a mirar. ¿Qué podría salir mal? No creo que sean unos salvajes —respondió Mu Yun con despreocupación.
Liao Ziyun asintió, y comenzaron a subir juntos. No tardaron en llegar a la entrada de un edificio imponente. Sobre el dintel de la puerta principal colgaba un gran cartel con dos palabras escritas con caligrafía vibrante: Mundo Nublado.
Al ver esas dos palabras, Mu Yun de repente se llevó la mano al pecho, con una expresión de sorpresa y sospecha.
No sabía por qué, pero al ver esas palabras, una sensación extraña surgió en él, como si hubiera algún tipo de vínculo entre él y ese nombre.
Era muy raro… Claramente era la primera vez que visitaba ese lugar. ¿Por qué sentía eso?
Luo Feng, a su lado, había estado observando la expresión de Mu Yun todo el tiempo. Al notar ese destello de asombro, apartó la mirada y la dirigió hacia las puertas cerradas frente a ellos…