Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 309

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  4. Capítulo 309 - ¡Sí existía una secta llamada Mundo Nublado!
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—¡Papá, ayúdame! ¡Me duele muchísimo! —gritaba Lu Yuan, jalándose el cabello como si hubiera perdido la razón.

Los ojos de Lu Zhen se enrojecieron de furia al ver en qué estado se encontraba su hija. Forcejeaba con desesperación tratando de soltarse de las cadenas de hierro, pero Mu Yun había puesto un hechizo de confinamiento sobre ellas, haciendo imposible que alguien como Lu Zhen —un cultivador de nivel inicial— pudiera romperlas.

En ese momento, Luo Feng entró a la sala, y Lu Zhen le gritó a ambos:

—¡Mu Yun! ¡Luo Feng! Puede que yo no sea un cultivador poderoso, y que mi maestro no sea una figura influyente en esta dimensión, ¡pero nuestra secta es prestigiosa y data de tiempos antiguos! Nuestro líder cuida mucho de sus discípulos. Si llega a enterarse de que un discípulo del Mundo Nublado fue asesinado por cultivadores de origen dudoso, ¡jamás se los perdonará!

—Un momento… ¿Qué dijiste? ¿Eres discípulo del Mundo Nublado? —preguntó Mu Yun, confundido.

Luo Feng frunció ligeramente el ceño al fijar la mirada en el rostro de Lu Zhen.

Luo Qian y Wu Wei también estaban sorprendidos. Y Bai, que estaba de pie a un lado, igual.

¿¡Qué acababan de oír!?

¿¡Mundo Nublado!?

¿No era ese el nombre de su antigua secta?

¿Desde cuándo Lu Zhen era parte de ella? ¿¡Y por qué nadie lo sabía!?

—Sorprendente, ¿verdad? Yo también me sorprendí cuando supe que sí existía una secta llamada Mundo Nublado. Cuando aún estábamos en el Monte Wu, tú ibas por ahí fanfarroneando y estafando a la gente, diciendo que eras miembro de la Secta Yiyan, la más grande del otro mundo. Pero al final te cacharon en la mentira y empezaste a decir que eras el líder del Mundo Nublado. En ese momento pensé que te lo habías inventado, ¡pero luego, por una fortuna inesperada, me convertí en aprendiz de un maestro y entré al Reino de la Cultivación! Fue entonces que descubrí que de verdad existía una secta llamada Mundo Nublado… ¡Y ahora soy discípulo de esa secta! ¡Mu Yun, pudiste haber sido una buena persona! ¿Por qué decidiste ser un farsante? Primero te hiciste pasar por miembro de Yiyan, ¡y luego hasta tuviste el descaro de hacerte pasar por el líder del Mundo Nublado para engañar a la gente! Déjame decirte algo: ¡esa secta no va a…

Mu Yun lo miró sin expresión alguna. Se agachó frente a Lu Zhen y preguntó:

—¿Estás diciendo la verdad? ¿Sí existe una secta llamada Mundo Nublado en esta dimensión?

—¿Y para qué preguntas? ¿Tienes miedo? —respondió Lu Zhen con una sonrisita de superioridad.

—Deja de imaginar cosas, ¿quieres? Respóndeme: ¿sí o no existe esa secta aquí? —insistió Mu Yun.

—¡Sí existe! ¿Y qué? —replicó Lu Zhen.

—Bueno, si es así, naturalmente iré a ver qué tipo de secta es ese tal Mundo Nublado —dijo Mu Yun con calma.

Lu Zhen estaba convencido de que Mu Yun solo fingía estar tranquilo, que en realidad estaba muerto de miedo.

—¡Puedes fingir todo lo que quieras! ¡Pero yo sé que ya te measte de miedo! ¡Fraudulento!

¡PAAAF!

Un bofetón seco resonó en la sala, y los labios de Lu Zhen se torcieron por el golpe.

Wu Wei, que había sido quien lo abofeteó, se sacudió la mano y dijo:

—¡Insulta a mi maestro otra vez y te desencajo la mandíbula! Ya veremos quién es el verdadero farsante.

—¡Tú…! —Lu Zhen estaba rojo de rabia.

En ese instante, Lu Yuan soltó un chillido y su comportamiento se volvió aún más demencial. Al verla así, Mu Yun le dijo a Bai:

—¡Suéltala o te va a hacer daño! ¡Perdió el control de su Chi!

Bai se alejó al instante, sin atreverse a acercarse más a Lu Yuan.

Despeinada y enloquecida, Lu Yuan ya no tenía nada de la belleza que había sido. Al quedar libre, se puso de pie con el rostro completamente enloquecido y se lanzó hacia Mu Yun:

—¡Mu Yun! ¡Tú eres el responsable de la muerte de mi hermano! ¡Fuiste tú! ¡Si no fuera por ti, él seguiría vivo y seguiríamos juntos! ¡Todo es tu culpa! ¡Nunca más podré ver su lado fuerte! Jajaja…

¡Aunque en el fondo es algo bueno! Al menos ya no andará con otras mujeres. ¡Ahora solo yo podré verlo!

Mu Yun sintió escalofríos. ¿¡Qué…!? ¡¿Esta mujer estaba enamorada de su propio hermano!?

Lu Zhen también se quedó pasmado al oírla. Miraba a su hija menor, incrédulo, incapaz de aceptar que había desarrollado sentimientos tan retorcidos hacia su hermano mayor.

Lu Yuan, ya completamente desequilibrada, lo contó todo sin el menor remordimiento, ignorando por completo los sentimientos de su padre:

—Seguro no lo sabían, pero yo siempre deseé que algún día le rompieran las piernas a mi hermano, para que acabara en silla de ruedas. Y cuando ustedes le rompieron una, pensé: “pues ya perdió una, no pasa nada si pierde la otra”. Así que fui yo quien le rompió la otra pierna.

Las palabras hicieron que Mu Yun y los demás se helaran.

Las mujeres… realmente no eran cosa de juego. Podían llegar a mutilar a alguien si se les cruzaban los cables.

¿Qué decía ese viejo dicho? Ah sí… «Las mujeres son como tigresas.»

Antes se reían de eso. ¿Cómo iban a ser tigresas si estaban hechas de agua?

Ahora ninguno de ellos se atrevía a ponerlo en duda.

Luo Qian le lanzó a Wu Wei una mirada significativa, como diciendo: “Más te vale tratar bien a Miaomiao… o vas a acabar como Lu Zhifeng.”

Wu Wei: “…”

Los ojos de Lu Zhen se abrieron de par en par. No podía creer lo que su hija había hecho tras su partida. Lu Zhifeng había sido su único hijo. Aunque estuviera discapacitado, ¡seguía siendo su sangre!

De no ser por eso, no se habría rebajado a buscar el favor del patriarca de la familia Chen, intentando usar su poder para matar a Mu Yun y a los demás en venganza, ni habría aceptado convertirse en un adulador para que un cultivador mediocre de Ciudad Wang lo aceptara como discípulo después de la muerte del anciano.

Todo lo que hizo fue por vengar a su hijo y a su hermanito… ¿y ahora qué?

¡Su propia hija fue quien destruyó a su hijo!

—Yuan… ¿c–cómo pudiste hacerle eso a tu hermano…? —preguntó Lu Zhen, con el corazón hecho pedazos.

—¡Cállate! ¿¡Quién eres tú para decirme qué hacer!? ¡Todos ustedes son unos malditos! —gritó Lu Yuan, temblando y jalándose más el cabello.

—¡Haz que pare! ¡Haz que pareee! —chillaba desesperada.

Lu Zhen no entendía qué le pasaba a Lu Yuan. Mu Yun lo explicó:

—Tomó una Píldora Intensificadora de Chi sin preocuparse por sus efectos secundarios fatales. ¿De qué otra forma crees que logró hacerse pasar por la Suma Sacerdotisa?

—¡Eso no puede ser! Yuan… ¿¡cómo pudiste hacer algo tan estúpido!? —Lu Zhen casi sollozaba.

—¡No necesito tu juicio! —gruñó Lu Yuan—. ¡Aunque me estuviera muriendo, no necesitaría nada de ti!

—Pues justo eso está pasando. Ahora que el Jade ya no está dentro de ti, tu cuerpo está a punto de explotar —respondió Mu Yun con indiferencia.

Lu Zhen se quedó helado. Miró a Mu Yun y gritó:

—¿¡Explotaaar!? ¡Eso no puede… Mu Yun, te lo ruego! ¡Tú puedes salvarla, verdad?! ¡Ya no quiero venganza! ¡Nunca más! ¡Solo… sálvala, por favor!

—Ajá… ¿Y ahora sí quieres hacer las paces? ¿Crees que soy un niño de tres años que se deja comprar con un dulce después de un golpe? Además, tu hijo y tu hermanito se lo buscaron. Uno quedó sin poderes ni mente, y el otro impotente y tullido. ¡Nada de eso habría pasado si no hubieran ido en mi contra!

—¡Te lo ruego, Mu Yun! ¡Si salvas a mi hija, haré lo que quieras! —suplicaba Lu Zhen, golpeando el suelo con la frente.

Su familia ya estaba en la ruina. No podía permitirse perder más.

—Lu Zhen, tu “lealtad” no me interesa, ¿entiendes? Tu hija está cosechando lo que sembró. ¿Por qué habría de arriesgarme a salvarla? ¿Qué hizo ella para merecer que yo me juegue el cuello por ella?

Las palabras de Mu Yun lo dejaron sin habla. Y así, sin poder hacer nada, vio cómo su hija se retorcía más y más… hasta que finalmente estalló frente a todos.

Pálido como la muerte, Lu Zhen se desplomó de rodillas. Ya no era el comerciante ambicioso y exitoso que Luo Feng recordaba. Ahora lucía viejo, sin alma… una sombra de lo que alguna vez fue.

Luo Feng lo liberó. No valía la pena tenerlo encerrado.

¿Si Lu Zhen buscaría venganza otra vez? No les importaba. Sin el Jade Absorbente de Vitalidad, Lu Zhen no era una amenaza. Además, ya había dicho que le mandó una señal a su maestro. Iban a tener que enfrentarlo de todas formas, con o sin Lu Zhen encerrado.

Mirando su silueta alejarse, Wu Wei comentó:

—Mi papá solía hacer negocios con él. Antes este tipo era muy bueno en eso. Todos sabíamos lo exitosa que era la familia Lu… y él tenía todo el mérito. Jamás pensé que terminaría así, y menos tan rápido.

—La obsesión lo arruinó. Es normal que quisiera venganza, pero ya no distinguía entre lo correcto y lo malo. Hizo demasiadas cosas atroces. Se lo buscó —dijo Luo Qian con frialdad.

—Pero bueno, eso ya no es asunto nuestro. Lo que ahora importa es encontrar a ese tal Zi Mu. Qian, ¿descubriste algo? —preguntó Mu Yun.

—Nada aún.

—No te preocupes. Yo me encargaré de Zi Mu. Sé cómo encontrarlo —dijo Luo Feng.

Ahora que había recuperado los recuerdos de hace diez mil años, también sabía qué hacer. Tenía una idea bastante clara de dónde hallarlo, y planeaba ajustar cuentas personalmente.

—¡Iré contigo! —dijo Mu Yun.

—No —replicó Luo Feng sin titubear. No iba a dejar que Mu Yun se viera otra vez con ese sujeto que tenía sentimientos ocultos hacia él.

—¿¡Por qué no!? —protestó Mu Yun.

—La respuesta es no. Y no hay nada que puedas decir que me haga cambiar de opinión —dijo Luo Feng, dándose la vuelta.

Mu Yun intentó seguirlo, pero Luo Feng desapareció en el acto… y además cortó el vínculo telepático entre ambos, dejándolo sin forma de localizarlo.

En ese momento, Luo Feng había dejado su residencia y se dirigía hacia el bosque que él y Mu Yun habían visitado antes.

Y como si ya lo esperara…

Zi Mu estaba allí, de pie entre los árboles, aguardando su llegada.

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