Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 302

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  4. Capítulo 302 - Herida profundamente por una muestra pública de afecto
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Liao Ziyun por fin encontró el nuevo lugar donde se estaban quedando. Apenas entró, se dejó caer directo sobre el sofá, demasiado cansada incluso para mover un dedo.

Gu Miaomiao trotó hacia ella y, picándole las costillas con un dedo repetidamente, le preguntó:

—¿Y el labial? ¡Ya quiero probarlo! Cualquier tono me queda bien con mi piel clara.

—Ya no lo tengo. Se lo di a una molestia como compensación —dijo Liao Ziyun agotada, con los pies palpitándole del dolor por los tacones. En ese momento, lo único que quería era dormir.

—¿Qué pasó? Me pareció escucharte regañar a alguien por teléfono. ¿Quién te hizo enojar? —preguntó Gu Miaomiao, sentándose junto a ella.

Liao Ziyun se incorporó de golpe y respondió con el ceño fruncido:

—¿Quién más podría ser, si no esa mujer Lu Yuan? No es como que me haya hecho algo directamente, pero no sé por qué, me da una vibra de doble cara insoportable. ¡Y no entiendo qué he hecho yo para tener tan mala suerte! ¡Me topé con ella tres veces hoy! ¡Tres veces! ¡Ni a mi futuro esposo me lo encontraré tres veces en un solo día!

—¿Y qué hizo? —preguntó Gu Miaomiao. En realidad, ella también tenía una mala impresión de Lu Yuan. Aunque casi no había tratado con ella, siempre había sentido que no era buena persona.

—Ay, todo empezó con un tipo guapísimo que me tenía embobada. Me pidió que le ayudara a escoger un regalo de disculpas para su novia, y como me dijo que era bonita, pues le dije que sí sin pensarlo. Y ahí fue cuando comenzó mi desgracia.

Jamás imaginé que ese tipo del que me había enamorado fuera el mismo con el que Lu Yuan intentó coquetear esa noche. ¿Te acuerdas de la foto que te enseñé? Pues era él. Después fuimos juntos al centro comercial y ahí nos topamos con Lu Yuan, que también andaba comprando. No quise intercambiar saludos hipócritas con ella, así que me despedí del chico.

Luego fui a un restaurante a almorzar… ¡y ahí estaban otra vez! Al verme, ella se acercó a saludarme como si fuéramos íntimas. ¡Yo quería decirle que ni al caso! Después me pidió que fuéramos a comprar labiales y que la ayudara a escoger uno. Le dije que no. Terminando de comer, me fui, compré un labial, y luego te llamé. Venía caminando rápido mientras hablaba contigo, así que no vi a una mujer que venía de frente y choqué con ella. Lo que traía en las manos salió volando… y resultó ser Lu Yuan otra vez. Lo que mandé a volar fue una caja con labiales que ella había comprado.

Y me dio un coraje, neta. Un coraje de esos raros que no sabes ni de dónde vienen. Ella era la última persona con la que quería toparme, ¡y ahí estaba de nuevo! Me sacó tanto de quicio que le grité y le di el labial que acababa de comprar como compensación.

Terminando su historia con molestia, Liao Ziyun tomó su taza y dio un sorbo de agua.

Gu Miaomiao comentó:

—Pues sí, parece que sí tuviste un mal día.

—Así que la próxima vez que la vea, juro que me le voy a escabullir y la voy a ignorar, diga lo que diga. Hoy nada más perdí un labial por su culpa. ¡Pero quién sabe qué me toque perder si me la vuelvo a topar!

—Ya, ya, no te enojes. Te traje unos antojitos. La comida del restaurante al que fuimos hoy estaba buenísima. Sé que te encantan los postres pegajosos, así que te traje unos dulces de arroz glutinoso sabor a flor de osmanthus. Están riquísimos. Déjame ir por ellos al refri —dijo Gu Miaomiao, levantándose y trotando hasta el refrigerador. Al poco rato regresó con una cajita preciosa, que colocó sobre la mesa frente a Liao Ziyun.

Al ver el bocadillo, Liao Ziyun dejó de hacer berrinche y de inmediato mandó al fondo de su mente todo lo desagradable del día.

Esa noche, Luo Feng y Mu Yun, tras terminar de cenar, se dirigieron a la puerta con intención de salir. Liao Ziyun, abrazando un cojín, les dijo desde el sofá:

—Tsk, tsk, tsk. Ustedes van a exhibirse en público, ¿verdad?

Mu Yun soltó una risita:

—¿Estás celosa? Pues consíguete un novio, entonces. Feng, ven, déjame darte un beso.

Y con eso, Mu Yun le plantó un beso en la mejilla a Luo Feng.

Liao Ziyun se sintió herida en lo más profundo.

¡¿Para qué hablaba de más?!

Ahora su boca estaba llena de “comida para perro”. Y lo peor… ¡era probable que se atragantara con ella!

Durante el camino, Luo Feng llevaba una sonrisa tonta en la cara, lo cual le causaba dolor de cabeza a Mu Yun.

—Ya deja de sonreír, o se te va a paralizar la cara —dijo Mu Yun, casi sin palabras.

—Estoy feliz, por eso sonrío —respondió Luo Feng.

Mu Yun curvó ligeramente los labios con una sonrisa, miró hacia el camino al frente y preguntó:

—¿Por qué aceptaste la Píldora de Elixir del jefe del clan? Yo ya había pensado en fabricar una Píldora Solidificadora del Alma y llevaba días buscando las Hierbas de Elixir.

—No me sentía bien y podía pasar algo grave en cualquier momento. Por supuesto que no iba a dejar pasar la oportunidad de conseguir una píldora que necesitaba —contestó Luo Feng.

—Además, él se ofreció a ser mi Fantasma Títere. Creo que fue un buen trato.

—¿Traes puesto el anillo? —preguntó Mu Yun con un leve gesto de cabeza.

Luo Feng levantó la mano izquierda para mostrárselo.

—Sí. El jefe dijo que este anillo puede detectar a la Suma Sacerdotisa falsa y señalar su dirección si le inyecto mi Qi.

—Entonces empecemos —dijo Mu Yun.

Habían salido para probar si el anillo que el jefe del clan le había dado a Luo Feng realmente podía guiarlos hacia la impostora.

Cuando Luo Feng comenzó a inyectar su Qi lentamente en el anillo, una gema incrustada en él empezó a brillar. Luo Feng dijo:

—Está brillando en verde, lo que significa que la impostora no está a más de tres calles de nosotros. ¡Sigue en el Reino de la Cultivación!

Mu Yun suspiró aliviado.

—Temía que se fuera del Reino en cuanto obtuviera el Jade. Me sorprende que siga aquí. Es una buena noticia, pero tenemos que apurarnos. Podría abandonar esta dimensión en cualquier momento, y si lo hace, será mucho más difícil encontrarla.

—Sí. Vámonos. Este anillo jala mi dedo hacia allá, así que creo que la impostora está en esa dirección —dijo Luo Feng, señalando hacia la derecha.

Cuando llegaron a una calle, tomaron un taxi, y Luo Feng le indicó al conductor que siguiera la dirección que él señalaba.

Después de unos treinta minutos de trayecto, Luo Feng sintió que el anillo vibraba con más fuerza. Al mismo tiempo, la voz del jefe del clan sonó junto a su oído:

—Ya estamos cerca. Por cómo está temblando el anillo, debe estar muy cerca. Podemos bajarnos y caminar.

Luo Feng le pidió al conductor que se detuviera, pagó la tarifa y siguieron caminando en la dirección que indicaba el anillo.

Pero tras casi diez minutos caminando, el anillo de pronto dejó de vibrar. Luo Feng frunció el ceño.

—¿Qué demonios pasa? ¿Por qué ya no vibra?

Después de un silencio, el jefe del clan dijo:

—Esto no puede estar pasando. Ella no sabe de este anillo. No hay forma de que haya sentido su presencia.

—¿Qué quieres decir? ¿Que se escondió? —bufó Luo Feng.

—Parece que sí —respondió el jefe con cierta frustración—. El anillo es un artefacto mágico que hice con mis propias manos. ¡Es mi carta bajo la manga! ¡Jamás se lo mostré a nadie más que a ti! ¡Ni mi esposa sabe de su existencia! ¿Cómo demonios pudo detectarlo?

—Bueno, sí está por aquí cerca, ¡sigamos buscándola! ¿Puedes reconocerla si la ves? —preguntó Mu Yun.

—Claro que sí. En cuanto la vea, sabré que es ella —respondió el jefe con seguridad.

—Entonces sigamos buscando. Si hubiera sabido que tu anillo iba a fallar, habría traído a Wei y los demás para que nos ayudaran —dijo Mu Yun.

El jefe del clan, avergonzado, guardó silencio.

Mu Yun y Luo Feng reanudaron la búsqueda. Pero sin la ayuda del anillo, todo era al azar. Daban vuelta tras vuelta sin rumbo fijo. Así no la encontrarían nunca.

Al final, se rindieron. Mu Yun dijo:

—Esto es una pérdida de tiempo. Vamos a tener que esperar a que fabrique una herramienta capaz de localizar el Jade para volver a intentarlo.

—Pero para cuando termines, puede que ya se haya ido —dijo el jefe con preocupación.

Mu Yun resopló:

—¿Crees que soy tan poco confiable como tú?

El jefe del clan: “…”

—Uy, ¿qué hacen esas personas allá? —Mu Yun notó un grupo reunido más adelante y le dio curiosidad.

Se acercaron al grupo y vieron a un anciano sentado en una silla, con una palangana de agua frente a él y una pequeña daga en la mano.

—Quien logre hacer que salga un chorro de agua de esta palangana, se llevará este cuchillo mío —anunció el viejo.

—Eso está fácil. Yo puedo hacerlo con una palmada —dijo uno del público.

El anciano sonrió:

—Lo que quiero es un chorro, un chorro completo de agua, y no pueden usar su Qi. Este es un enigma que llevo tiempo tratando de resolver. He probado de todo y no lo he logrado. ¡Creo que seguirá siendo un misterio para siempre!

Bueno, quizá debería dejar de perder tiempo en este lugar. Yo—

Justo cuando el viejo estaba a punto de levantarse para recoger sus cosas, vio a un hombre lanzar un puñetazo hacia el agua de la palangana, y se oyó un chapoteo. Entonces una voz femenina y aguda le dijo:

—Ahí está tu chorro de agua, viejo.

Frente a él, le mostraban un celular con un video pausado justo en el momento en que el chorro de agua salía disparado.

El anciano se quedó mirando la imagen unos segundos antes de voltear hacia el joven que sostenía el celular.

—Eres muy listo, muchacho. ¡Te voy a tomar como discípulo!

—¿Ni siquiera te importa preguntarme si quiero? —Mu Yun casi se atragantó. ¿Acaso este anciano tenía demencia senil? ¿Por qué ofrecía tomar discípulos así nada más?

—¡Te estoy ofreciendo ser mi discípulo, y tú esperas que te pida permiso primero! ¡Todo el mundo quiere ser mi aprendiz! ¡Eres apenas el segundo al que yo mismo he ofrecido enseñar! —dijo el anciano.

—¿Y quién fue el primero? —preguntó Mu Yun.

—Tu hermano mayor de secta —respondió el viejo con una gran sonrisa.

—Lo siento, pero yo ya soy un maestro, y tengo varios discípulos. Si me vuelvo tu aprendiz, ¿qué va a pasar con ellos?

Jamás había considerado tener un maestro. Aunque el viejo era un cultivador poderoso, Mu Yun estaba en el mismo nivel que él: el Reino Pre-Inmortalidad.

El problema era que el viejo había elegido un método de cultivo incorrecto; si no, ya habría alcanzado la inmortalidad hace tiempo.

—¡Eres apenas un mocoso y dices que ya tienes discípulos! ¡No seas arrogante! ¡Apenas estás en el Reino del Alma Naciente! Deja de hacerte el maestro. Si me reconoces como tu maestro, ¡te haré alcanzar el Reino de Transformación Divina en dos años!

—El Maestro Xiao nunca hace promesas que no puede cumplir. Acéptalo, chico. Ser discípulo del Maestro Xiao es algo con lo que todos soñamos. No es cualquier cosa. ¿Sabes quién fue su primer aprendiz? ¡El subalcalde de Ciudad Central! ¡Ciudad Central, nada menos! No cualquiera consigue llamar la atención del alcalde. Si dejas pasar esta oportunidad, ¡te vas a arrepentir! —dijo uno de los curiosos.

—Gracias, Maestro Xiao, pero tengo cosas que hacer. No me interesa tomar un maestro ni convertirme en el cultivador más fuerte del mundo. Solo quiero cultivar con mis amigos —dijo Mu Yun, acercándose a Luo Feng para irse con él.

Maestro Xiao, molesto, le apuntó con el dedo y gritó:

—¡¿Cómo te atreves a rechazarme así?! ¡Hoy te vuelves mi discípulo sí o sí! ¡Si te atreves a irte, te destruyo ahora mismo!

Y con eso, Mu Yun sintió un golpe de palma feroz acompañado de una ráfaga de viento viniendo hacia él…

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